2025 comenzó con buen pie con nuestra asamblea anual, que tuvo lugar del jueves 9 al domingo 12 de enero. Fue un momento de profunda reflexión, evaluación y planificación, en el que echamos la vista atrás al año pasado y nos preparamos para el viaje que tenemos por delante.
Momentos de formación
A lo largo de la asamblea, evaluamos nuestras actividades, las reuniones de formación y el servicio que prestamos. También revisamos y actualizamos nuestros estatutos, asegurándonos de que siguen guiándonos eficazmente en nuestra misión. Además, evaluamos nuestro informe financiero y trazamos planes concretos para el año 2025.
Un momento particularmente especial fue la celebración de nuestros miembros que se preparan para su experiencia de misión en Kitelakapel. Su compromiso es un hermoso testimonio de la llamada que todos compartimos: salir y proclamar el Evangelio.
Lo que más destacó de esta asamblea fue el sentido de responsabilidad compartida y el deseo de crecimiento. Fue inspirador ver hasta qué punto cada miembro está implicado en la configuración del futuro de nuestra misión. El énfasis en la formación, el servicio y la planificación cuidadosa muestra un fuerte compromiso no sólo con la acción, sino con un trabajo misionero sostenible y significativo.
Nuevo equipo coordinador
Entre los planes para 2025, uno de los principales es apoyar a quienes se preparan para la misión en el extranjero y garantizar que estén bien equipados espiritual y prácticamente. También hay un fuerte compromiso con el fortalecimiento de nuestras iniciativas locales, la mejora de la forma en que acompañamos a las comunidades y el fomento de un compromiso misionero más profundo.
Al entrar en este nuevo año, pedimos a Dios que bendiga abundantemente nuestra misión. Que Él guíe nuestros pasos y fortalezca nuestra determinación. Y que nuestro amado San Daniel Comboni interceda por nosotros mientras seguimos caminando en la fe y el servicio.
La LMC toledana Tere Monzón ha participado en la celebración del centenario de la evangelización de la diócesis de Mbaïki, R. Centroafricana, que pastorea desde 2021 el comboniano burgalés Mons. Jesús Ruíz, que fuera primer formador de los LMC en los años noventa.
La celebración ha tenido lugar el primer fin de semana de febrero en la comunidad de Mongoumba, donde los LMC mantenemos desde el 2000 una comunidad internacional, que actualmente componen Tere y Elia (Portugal). Y es que la evangelización de esta diócesis se inició en este pueblo, en la frontera con la ciudad de Betu, RD Congo, de donde llegaron los primeros misioneros remontando el río Ubangui.
«Nuestra diócesis ha organizado una peregrinación de todas las parroquias. Este fin de semana hemos recibido a más de 40 sacerdotes y religiosas de diferentes congregaciones, países y continentes. El encuentro ha contado con una parte formativa, sobre la historia evangelizadora, pasado, presente y futuro. El sábado por la tarde, el obispo Mons. Ruíz inauguró el monumento conmemorativo y después, las congregaciones religiosas explicaron sus distintos carismas y los trabajos que desarrollan en la diócesis. También contamos con testimonios de catequistas y otras personas comprometidas en sus parroquias.»
Mons. Ruíz (Archivo)Tere Monzón en la celebraciónUbicación de MbaïkiUltimando el monumento conmemorativo
Nuestra querida comunidad de Mongoumba sigue siendo un ejemplo de presencia continuada de la Familia Comboniana, al servicio del Pueblo de Dios.
Del 9 al 15 de diciembre de 2024, se celebró la VII Asamblea General de los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) en la Casa de la Comunidad Comboniana en Maia. El lema de la asamblea fue «¡Todos juntos por la misión!».
Los 29 participantes – 20 LMC y 9 misioneros combonianos – venían de 16 países de tres continentes: África (9), América (9) y Europa (11). España envió 2 representantes a esta Asamblea que se celebra cada 6 años. De los cinco miembros del actual Comité Central, estaban presentes los laicos Alberto de la Portilla (España) y Marco Piccione (Italia), así como el Padre Arlindo Pinto (Roma), referente del Consejo General para los LMC.
La mañana del primer día se dedicó a la oración. El Padre Fernando Domingues, Superior Provincial de Portugal, presidió la misa de apertura.
El miércoles 11, se celebró una reunión en línea con los representantes de los Consejos Generales de la Familia Comboniana. El jueves por la tarde, los participantes peregrinaron al Santuario Mariano de Fátima. El martes y el viernes se escucharon testimonios online de LMC que trabajan en comunidades internacionales, en Mozambique, Kenia, República Centroafricana, Perú y Brasil.
Los principales temas discutidos durante la Asamblea fueron: la presentación del camino recorrido por cada grupo de LMC de los diferentes países, durante los últimos seis años, en todos los niveles (formación, misión, economía y organización) y la reflexión y aprobación del estatuto de los LMC, que será presentado al Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en el Vaticano. Los últimos dos días se dedicaron a profundizar en la responsabilidad común por la misión, en especial la misión fuera de nuestras fronteras, así como el documento de Metodología Misionera que reflexiona sobre espiritualidad, estilo de vida y modelo de intervención LMC.
El sábado 14 fueron elegidos los miembros del nuevo Comité Central que coordinará los LMC durante los próximos seis años: Flavio Schmidt, de Brasil, Mukami Anne Mutheede, de Kenia, Anna Obyrtacz, de Polonia, y Alberto de la Portilla, de España, que fue reelegido, y que seguirá siendo también el coordinador general. El padre Arlindo Pinto continuará en su cargo de referente del Consejo General.
Alberto, en el comunicado que dirigió a los LMC y a toda la Familia Comboniana, subrayó las esperanzas que nacen de esta nueva asamblea: «una asamblea que esperamos nos ayude a madurar y profundizar nuestra vocación en todos los rincones del mundo, y a adquirir responsabilidad en nuestro camino de autonomía a todos los niveles». En cuanto a su reelección, añadió: «Espero que no sea sólo un servicio de continuidad, sino una consolidación de los aspectos importantes y los avances que necesitamos como movimiento internacional. Los verdaderos protagonistas son todos y cada uno de los LMC, todas y cada una de nuestras comunidades y grupos, a la escucha y a disposición del Espíritu Santo’.
Los trabajos concluyeron el sábado 14 de diciembre por la tarde, con una Misa presidida por el Padre David Domingues, Vicario General. Al día siguiente, Tercer Domingo de Adviento y Día Internacional de los LMC, el Padre David también presidió la Misa en presencia de los participantes en la asamblea, junto con el pueblo de Dios, en la capilla de la casa Maia.
Deseándoles abundantes bendiciones en su vida misionera les saludamos Mercedes y Carolina Laicas Misioneras Combonianas de Guatemala.
Queremos compartir con ustedes, un poco de nuestra historia personal.
Mi nombre es Mercedes, soy viuda y tengo 80 años, soy madre de 3 hijos, 6 nietos y 3 bisnietos.
Antes de ser misionera trabajé en comunidades pastorales en preparación de lectores, acólitos, infancia misionera, y fui instituida como ministra de la eucaristía, también formando cenáculos abiertos en casa; a pesar de todo este trabajo realizado para el Señor, me surgió la inquietud de conocer la misión y comencé a misionar con los Laicos Misioneros Combonianos de Guatemala viajando a San Luis Peten, una vez por año, durante cuatro años. Dentro de las actividades que realizábamos era visitar aldeas marginales en la profundidad de las montañas, sin acceso a luz ni agua. Misionaba escuchando las necesidades de la gente, compartiendo y conviviendo con ellos.
Ya tengo catorce años de estar en el camino misión y del carisma comboniano, en diversas situaciones y proyectos, así como en Santa Cruz Chinautla, municipio con alta población indígena evangelizando niños y mujeres de escasos recursos, trabajando en el programa de evangelización, formación y nutrición de niños en Santa Catarina Pinula en unas aldeas de periferia y haciendo algunas experiencia de vida comunitaria, tanto en el Salvador en un barrio de periferia como en Santo Domingo Xenacoj, en aldeas indígenas marginales. Cada vez ha sido mayor mi deseo de salir de misión fuera de Guatemala.
Mi nombre es Carolina, soy soltera y tengo 68 años, madre de 2 hijos y 3 nietos. Antes de estar en la misión, trabaje por muchos años en un grupo católico Cristocéntrico, en retiros abiertos y cerrados de primera evangelización, también dando platicas de crecimiento personal a personas adultas que se incorporaban de los retiros al grupo, al mismo tiempo a los niños que se reunían los viernes en la reunión de asamblea de grupo.
Durante cuatro años Mercedes me compartió sobre la misión y su experiencia en ella, hasta que un día accedí ir a los Laicos Misioneros Combonianos y me quedé, tengo ocho años de estar en la misión y en el camino del carisma comboniano. Estuve en formación por dos años, luego fui al visiteo a una aldea llamada la Salvadora en Santa Catarina Pinula y he trabajado con la gente del lugar, he visto sus necesidades y he sentido ese llamado fuerte de querer salir a misionar fuera de Guatemala.
Al igual que Mercedes, estuve con ella en Santa Cruz Chinautla y En la experiencia de vida comunitaria en el Salvador.
EN ESTE MOMENTO nos encontramos viviendo nuestra experiencia de vida comunitaria y preparación específica, para poder partir, en unos días a Villa Ecológica en Arequipa, Perú.
Esta experiencia la estamos viviendo en un Hogar Para Ancianas ubicado en Quetzaltenango a cinco horas de la ciudad de Guatemala, que es donde vivimos, hemos dejado nuestro hogar, familias, seres queridos y todo nuestro trabajo habitual para prepararnos a la misión Ad Gentes.
Esta experiencia que estamos viviendo nos ha permitido convivir juntas, conocernos mejor. Nuestro día lo hemos organizado con un horario diario de estudio, ayuda en el hogar en lo que se nos solicite, Alberto de la Portilla nos ha dado formación, que han sido muy enriquecedora para discernir nuestra vocación, hemos orado juntas y nos hemos hechos preguntas si realmente queremos salir afuera de Guatemala por todos los problemas que conlleva llegar a un lugar de diferente cultura y costumbres, pero la respuesta ha sido siempre SÍ, confiando en la providencia divina que va adelante de nosotras. No ha sido fácil adaptarnos al clima, pues aquí es muy frío y ha llovido mucho, por lo demás, hemos sido acogidas con mucho cariño por las hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, de las que hemos aprendido mucho sobre la organización del Asilo, la forma en la que cosechan sus propios alimentos y atienden a las 32 ancianas que tiene a su cargo. Siempre el misionero debe aprende todo lo que pueda para poder servir en el camino de misión.
Todos estamos ocupados preparando la próxima asamblea internacional de los Laicos Misioneros Combonianos (LMC), que se celebrará del 9 al 15 de diciembre de 2024, en Maia (Portugal), un acontecimiento fundamental en la vida de nuestro movimiento misionero. Sólo cada seis años tenemos la oportunidad de conocer a hombres y mujeres de los tres continentes (Europa, África y América) y de más de 21 países en los que estamos presentes.
Sin duda es un momento de mucha emoción que queremos preparar bien. Un momento que determinará el rumbo de los próximos 6 años. Este año en particular, con la vista puesta en el reconocimiento de nuestro carisma por parte de la Iglesia universal en un futuro próximo, signo de nuestro progreso a lo largo de los años y de nuestra madurez.
No podemos ni queremos olvidar nuestro servicio misionero en nuestros países de origen, sabemos que la misión está en todas partes, pero seguimos teniendo presente nuestro llamado a servir más allá de nuestras fronteras. En medio de todo esto, una nueva emergencia de continuidad se presenta nuevamente en una de nuestras misiones, en este caso Mongoumba, que recientemente celebró nuestro 25 aniversario de presencia continua.
No podemos olvidar nuestro primer amor … Cada uno de nosotros fuimos llamados a la misión y en particular la LMC nació con el objetivo de hacer posible ese sueño misionero de ir a otros países a compartir nuestra vida con otros pueblos, a ser misioneros. dondequiera que el Señor nos llame.
No podemos olvidar nuestro primer amor … De nada sirven nuestras asambleas internacionales, continentales o nacionales si no respondemos a este primer amor. Si entre todos no somos capaces de dar continuidad y apoyo a nuestras presencias misioneras. Cada organización que queremos tener, todos nuestros documentos tienen como único propósito servir a la misión, crear un movimiento fuerte que haga posible el servicio misionero, un movimiento que nos ayude a permanecer fieles a nuestro llamado.
No podemos olvidar nuestro primer amor … Porque sabemos lo difícil que nos resulta partir en muchos momentos de nuestra vida, siempre es necesario volver a nuestro primer amor. Para que la organización de nuestra vida no nos enrede demasiado y no nos permita salirnos ahora ni en el futuro. Para que las presencias misioneras estén presentes en nuestras vidas donde estamos y donde están nuestros hermanos y hermanas. Presente en nuestros pensamientos, en nuestras oraciones, en nuestra organización, en nuestra economía…
No podemos olvidar nuestro primer amor … Cada uno de nosotros fue llamado a la misión. El amor que hemos recibido de Dios nos desborda y nos empuja a entregarnos. Es este amor el que queremos transmitir y ofrecer a nuevas personas. Que esté siempre presente en nuestros grupos y que sepamos transmitirlo. Que pensemos en cómo abrir nuestros grupos a nuevas personas que vienen a nosotros con cada nuevo curso, no olvidemos darnos a conocer, decir «Estamos dispuestos a acompañar a todo aquel que sienta vocación misionera». Cada vez que alguien llama a nuestra puerta o hacemos animación misionera, sabemos presentar nuestra vocación y en particular la llamada y el compromiso común de servir a la misión. La Iglesia necesita voces que clamen en el desierto y proclamen que es necesario seguir saliendo personalmente al servicio de nuestros hermanos más pobres y abandonados .
No podemos olvidar nuestro primer amor … Y damos gracias a Dios por cada LMC que dejó hogar, familia, país, para servir en la misión. En particular, en este momento tenemos presente a Agnieszka, quien, a pesar de estar sola, permanece en Arequipa esperando apoyo, alivio. Esperamos que Mercedes y Carolina puedan completar sus preparativos y partir hacia Arequipa. A Xoancar que después de tantos años sigue siendo constante en Piquiá, o a Anna y Gabriele que también tendrán que ser reemplazados dentro de seis meses después de dos años de misión, o a Flavio y Liliana que después de tantos años ahora se tomarán un descanso. después de haber acompañado a una familia fidei domun que cuida de Ipê Amarelo. Y con estas próximas salidas nuestra situación en Brasil volverá a ser frágil. Gracias a Elia que regresó a Mongoumba para acompañar a Cristina que pronto regresará a Portugal y a quien agradecemos su dedicación. Si Dios quiere, noticias de última hora, Teresa regresará para responder a este llamado de necesidad en RCA. Misioneros que, con el paso de los años, siguen respondiendo a su primer amor. Pero no son suficientes para una misión como la de África Central y necesitan ayuda. Gracias a los jóvenes representados por Linda, Marzena y Pius en Kenia. Están persiguiendo con entusiasmo el desafío de ser pioneros en Kitelakapel, nuestra última presencia misionera. Probablemente en unos meses Iza se una a nosotros desde Polonia para dar aún más estabilidad a nuestra presencia. Gracias a Regimar y Tito que renovaron su presencia en Carapira, porque es necesario tiempo para hacernos espacio, nuestra misión no habla de inmediatez sino de caminar con paciencia. También a IIaria y Federica que se han sumado a Carapira y poco a poco van entrando a la realidad del pueblo Macua. Y por último María Augusta, una gran veterana, que literalmente regresa a su primer amor en Mozambique después de haber estado en Mongoumba o Camarate en Portugal. Vemos que el Señor no sólo llama a los más jóvenes, o tal vez sí, sino en espíritu. Pronto tendremos Mercedes a los 79, pero tenemos más de una persona a los sesenta. La edad no es un límite para salir, aunque sabemos que seguramente el Señor les pedirá otro tipo de presencia, no con el vigor de la juventud sino aprovechando la madurez de los años. En cualquier caso, hay que completar estas comunidades y preparar al personal.
No podemos olvidar nuestro primer amor … No podemos dejar de cuidar de nuestros hermanos, y especialmente de nuestras hermanas LMC, que son la mayoría, en su vida diaria. Para nosotros dos personas no son suficientes, no está bien, es demasiado cansado, necesitamos comunidades de 4 o 5 personas. Aunque luego tengamos más tiempo para entendernos y sepamos que no siempre es fácil, si ponemos al Señor en el centro él lo hará posible. Pero para completar nuestras comunidades debemos prepararnos, para que el idioma no sea un problema para dar continuidad, por ejemplo en Mongoumba. Nuestra voluntad de ir a donde la necesidad es mayor debe ir acompañada de la capacitación necesaria para ir a esos lugares. Sabemos que no es sólo una cuestión de buena voluntad, por eso desde el principio proponemos la misión, pero al mismo tiempo recordamos que debemos ofrecer el mejor servicio y para ello debemos ser Santos y Capaces como quería Comboni.
Misioneros combonianos y laicos combonianos en Milán (Italia).
No podemos olvidar nuestro primer amor … Por último, pero quizás lo más importante, es hora de aceptar el desafío lanzado a cada uno de nuestros países. Cada uno de nuestros países está llamado a enviar LMC a nuestras comunidades. No es con el esfuerzo de unos pocos que será posible, sino con la colaboración de todos. Que sea un desafío para cada país preparar, acompañar y apoyar la salida de un misionero de nuestro país en los próximos meses o años. Sabemos que a veces no es fácil tener ese tiempo disponible, también sabemos que a veces hay dificultades económicas para afrontar estos envíos, pero si cada uno de nosotros como LMC, y cada uno de nuestros países ponemos de nuestra parte, será posible. , será sostenible en el tiempo, incluso será extensible. Si cada uno aporta con su granito de arena pronto tendremos una montaña, si cada vez que podemos animamos la misión y proponemos una salida misionera, pronto tendremos más gente dispuesta, y con el apoyo de los que por el momento estamos en la retaguardia, haremos posible ser fieles a nuestro primer amor, a nuestro primer sueño por el cual nacimos como LMC de servir la misión donde el Señor quiera enviarnos.
Mis mejores deseos para todos ustedes.
Te invitamos a orar con esta canción, en español…
Comité Central de los Laicos Misioneros Combonianos