La semana pasada pudimos disfrutar de una formación sobre Espiritualidad Misionera Comboniana a cargo del misionero Comboniano, padre Vittorio Moretto.
Una formación que recorre los aspectos centrales de esta espiritualidad misionera y nos da pistas de como vivir nuestra vocación misionera como Laicos Misioneros combonianos.
Esta es la canción de la ciranda, bailada en círculo, cada miembro abrazando a sus compañeros y moviéndose al ritmo zapateando. Esta canción es una danza vinculada a la tradición folclórica brasileña.
Hola, somos Anna y Gabriele, y esto es ciranda, el podcast sobre nuestra experiencia misionera en Brasil. En el que intentamos acercaros a las experiencias cotidianas de quienes viven en esta parte del mundo.
Partimos de una pregunta que nos han hecho en varias ocasiones a lo largo del último año: ¿qué significa partir con los laicos misioneros combonianos? ¿Quiénes son ellos? ¿Y por qué precisamente a Brasil?
Conocimos la realidad de los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) después de algunos contactos de boca en boca en la zona de Venegono. Los LMC fueron creados siguiendo el carisma de San Daniel Comboni. Un sacerdote, de la primera mitad del siglo XIX, que dedicó su vida a la misión de una manera nueva para la época y probablemente también para hoy, con el objetivo, como él decía, de “salvar África con África”.
Los misioneros laicos combonianos continúan este espíritu en las diversas misiones del mundo, acompañando la presencia comboniana sobre el terreno.
Para comprender mejor esta nueva forma de hacer y ser misión, diferente de la que habíamos conocido en el pasado, emprendimos un camino de dos años de conocimiento de los LMC, al final del cual, junto con nuestro grupo de referencia, se nos propuso hacer un período de experiencia en una realidad internacional. Nos habíamos propuesto para las áreas de misión de América Latina, y al mismo tiempo en la misión de Brasil, había surgido la urgencia de encontrar un par de voluntarios que pudieran continuar la presencia de los Laicos, que ya estaban insertos desde hacía varios años en la realidad de Piquià. Así, en mayo de 2022, dejamos nuestra casita de Cuneo para ir a Brasil, en el estado de Maranhão, municipio de Acailândia, concretamente en el pequeño distrito de Piquià. Esta experiencia de 3 meses nos permitió experimentar el modo de vida comboniano, aprender portugués y observar la realidad de los diversos proyectos en los que la familia comboniana está implicada. Se trata principalmente de tres realidades: la casa familiar rural (una escuela para niños de zonas rurales), la realidad de Piquià de Baixo (una comunidad afectada por la contaminación de las industrias siderúrgicas) y las familias del interior que viven en el campo, aisladas y afectadas por el agronegocio (es decir, la deforestación y el monocultivo de soja y eucalipto).
El tiempo que pasamos en Piquià fue corto, pero suficiente para darnos cuenta de que ése sería nuestro hogar durante los tres años siguientes.
La particularidad de esta experiencia es también la elección de convivir con los combonianos, que viven en la casa contigua a la nuestra. Por lo tanto, no sólo estamos incluidos en la parroquia y participamos en las diversas actividades pastorales, sino que también compartimos con ellos los momentos de oración, las cenas y otros momentos de la vida cotidiana, tomando decisiones en común. Esta es la familia comboniana, donde laicos y padres combonianos hacen misión juntos.
Hace casi medio año que llegué a Kitelakapel. Es increíble lo bien que me siento aquí desde el principio. Llena de paz y alegría porque lo que tanto deseaba se está haciendo realidad. Nos quedamos los tres en Kitelakapel, junto con Linda, que vino primero, y Pius, que lleva aquí desde hace casi un año. Estos primeros meses han sido un tiempo de conocer gente, conocernos en la comunidad y observar todo lo que ocurría a mi alrededor. Sé que esta aventura no acabará nunca. Y no quiero que termine. Quiero seguir explorando, aprendiendo, saboreando esta vida en África que es un gran regalo para mí.
En Kitelakapel nos va bien, estamos muy ocupados con un montón de actividades diferentes. Seguimos pasando mucho tiempo aprendiendo suahili. Linda es nuestra profesora. Tenemos mucho trabajo pastoral como: catequesis, Grupo de Jóvenes Misioneros (grupo St. Bakhita), YCS (reuniones con chicos de secundaria), Escuela Dominical y asistencia a Jumuiyas (pequeñas comunidades cristianas). Todos los sábados y domingos organizamos juegos en el recinto para los niños.
He empezado a ofrecer mis servicios al dispensario de la misión de Kacheliba, y al pequeño dispensario de Kitelakapel. Mi gran sueño es trabajar aquí en Kenia como fisioterapeuta. No es sólo mi profesión, sino también una gran pasión. Ya he dado algunos pasos oficiales para poder ejercer mi profesión aquí. Pius y Linda siguen enseñando “habilidades para la vida” en dos escuelas y dando clases particulares en la escuela primaria. Desde que llegué aquí, he tenido el placer de observar su trabajo durante casi tres meses. Lo hacen de maravilla, implicando a niños y adolescentes en diversas actividades. También hemos empezado a impartir talleres semanales a los profesores para mejorar la calidad de la enseñanza. Los talleres los imparte en línea una organización de Polonia, Why Blue Sky. Ahora que los colegios están de vacaciones también hacemos otras actividades.
Participamos en unos talleres muy interesantes en Nairobi organizados por el padre Maciej Zieliński. Se trataba de los tipos de personalidad. También estamos planeando ir a Uganda durante una semana para organizar algunos talleres para profesores y enfermeras.
Ahora estamos intentando montar una tienda permanente para hacer actividades con niños y adultos en caso de mal tiempo, y nos gustaría tener un pequeño parque infantil con columpios, tobogán y tiovivo para los más pequeños. .
Os enviamos un cordial saludo y os rogamos que nos tengáis presentes en vuestras oraciones
Mons. Jesús Ruiz Molina, misionero comboniano, de nacionalidad española y obispo de la diócesis de Mbaïki, a donde pertenece nuestra misión de Mongoumba, luego de agradecer a los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) su labor misionera, a quienes nombró uno por uno -un total de 18 durante todo este tiempo- resaltó algunas de sus características:
Primera: Una misión de laicos con impronta femenina. Sucede que a la misión de Mongoumba han venido más laicas que laicos. 15 mujeres por 3 varones. Esta misión por parte de los laicos lleva impronta femenina desde su comienzo, pues fue una misionera laica italiana, Marisa Caira, quien abrió esta misión para los laicos, habiéndole dedicado más de 20 años de su vida. Esta presencia femenina contrasta con una iglesia local, como la centroafricana, cuyos movimientos y fraternidades, donde la mayoría son mujeres, son dirigidos por hombres.
Segunda: La internacionalidad. La misión no es de una sola nacionalidad, sino católica, es decir, universal. Y los LMC han dado testimonio que se puede vivir la fraternidad, aún con las diferencias culturales, bajo la guía de una misma fe. Aquello que nos hace diferentes, lejos de ser un obstáculo, llega a ser una oportunidad para el enriquecimiento mutuo y el crecimiento como misioneros, pues la misión nos impulsa no a encerrarnos, sino a abrirnos a lo novedoso y a asumir los retos que implica vivir con personas de otras nacionalidades.
Tercera: Una misión específica. Sin dejar de estar abiertos al servicio de todos, los LMC han encontrado algunos campos de acción donde realizar su misión específica: la educación, la salud, y el pueblo Aka o pigmeos. Esto comporta una adecuada preparación en el terreno profesional y una atenta sensibilidad para el trato con un sector de la misión como los Aka, históricamente marginado y discriminado en el contexto nacional.
Mons. Jesús Ruíz, animó a los LMC a no desfallecer frente a las pruebas que continuamente como misioneros nos vemos sometidos. Es por ello que les recordó la experiencia de los discípulos de Emaús para dejarse acompañar por el Señor que con su palabra y la eucaristía nos abre los ojos para reconocerlo vivo y sentirlo que camina entre nosotros. “Si olvidamos la eucaristía, fuente y culmen de nuestro ser cristiano, -señaló Mons. Jesús Ruíz- nuestra misión se reduce a una labor humanitaria o filantrópica, pero no la de los testigos del Resucitado que contagian vida nueva”.
Cristina Souza, LMC, de Portugal, acompañada de las laicas Elia, también de Portugal, Cristina de Brasil y Anna de Polonia, en nombre de los laicos que han llevado acabo su servicio misionero en Mongoumba, agradeció a todos el apoyo y la confianza recibidos, así como la paciencia para acercarse y entender a la gente de la misión. Hizo mención de los compromisos adquiridos por los laicos en la educación, la salud, caritas y el pueblo Aka que no hubieran sido posible sin el acompañamiento de todos.
El padre delegado de Misioneros Combonianos en Centroáfrica, Víctor Hugo Castillo, reconoció la labor de los LMC para una misión donde no basta un interés personal, sino la fe bien puesta en el Señor Jesús que los ha llamado y enviado. Invitó a la gente a reflexionar sobre el testimonio de los laicos que han dejado su país, su gente y su cultura para insertarse en una realidad muy diferente sorteando no pocas veces las dificultades que esto comporta, así como el de vivir la fraternidad con personas de otras nacionalidades. Animó a los jóvenes de la misión a decidirse a servir como laicos misioneros en otros países, dado que ellos también desde su cultura tienen riquezas por compartir en otras latitudes. Y finalmente alentó a los LMC a no ver este año jubilar como un punto de llegada, sino de partida, para continuar la obra del Señor que no deja de invitar a sus elegidos a darle continuidad.
Misión de Mongoumba, Centroáfrica. 22 de octubre. Domingo mundial de las misiones
El pasado 12 y 13 de octubre celebramos en Cracovia la asamblea de representantes de los LMC de Europa. Un encuentro que ha estado postpuesto varias veces por causa de la Covid o de la invasión de Rusia a Ucrania y la crisis de refugiados que ha generado. Finalmente, hemos podido encontrar unos días para compartir.
Ha sido grande la alegría de todos los participantes por poder encontrarnos presencialmente. Después de muchos años trabajando y compartiendo encuentros online la posibilidad del encuentro personal la hemos vivido como un momento de gracia. Es la alegría de la familia que se encuentra, la alegría de soñar juntos, de rezar juntos, de reflexionar juntos…
Ha resultado un encuentro sencillo. Donde nos hemos sentido en casa en todo momento por la maravillosa acogida recibida por los LMC y los MCCJ de Polonia. Aquellos que llegamos antes tuvimos la oportunidad de visitar el Santuario de la Divina Misericordia y encomendar al Sagrado Corazón de Jesús los días a compartir.
Al día siguiente, y con todos ya presentes, hemos comenzado un análisis compartido de la realidad de cada uno de nuestros grupos. Paso a paso, tema a tema, hemos ido compartiendo y profundizando en la riqueza de nuestra vida misionera, en las dificultades que afrontamos en cada país (muchas de ellas comunes a todo el continente) y en los sueños que tenemos.
Una vez que hemos tenido una idea más clara del camino recorrido durante estos años y cómo nos encontramos en cada país llegó el momento de adentrarnos en los temas fundamentales del encuentro.
En primer lugar, tuvimos tiempo para profundizar sobre nuestra vocación LMC y el compromiso de vida que ella implica. Descubrir a qué estamos llamados como misioneros en Europa. Comprender las dificultades y desafíos que nuestro continente nos presenta. Una Europa cada vez más secularizada, donde el peligro del individualismo y la indiferencia se cierne frente a los muchos problemas que deberían ser afrontados de manera solidaria. Un estilo de vida que tantas veces se contrapone a los valores del evangelio y a la búsqueda del bien común.
Pero frente a todas las dificultades encontramos el antídoto a usar, las características ideales del buen misionero que deben ayudarnos a superar todas estas dificultades (aquí debimos emplear nuestra faceta más artística).
Y de ahí ir profundizando y entendiendo que nuestra comunidad LMC es nuestra principal fortaleza, que solos es difícil pero que en comunidad y colocando a Jesús en el centro todo es posible.
Reconocer que estamos implicados en muchos aspectos de la vida, que la vida laical con todos sus aspectos familiares, laborales, de implicación pastoral y social no es sencilla, que debemos aprender a priorizar. Ser conscientes que nuestra vida no está compartimentada en nuestros muchos quehaceres sino unida por una sola vocación que se expresa en los diversos ámbitos donde estamos presentes y compartimos nuestra vida. Que la oración, la formación y el acompañamiento comunitario como LMC son pilares básicos que nos ayudan y fortalecen la fidelidad a nuestra vocación. Somos consciente de las dificultades de muchos de nuestros LMC en vivir su vocación en el día a día, que muchas veces el regreso de la misión en otros países no es sencillo y el encontrar lo que el Señor nos pide cada día es un desafío, pero que desde el discerniente personal y comunitario es posible.
También tuvimos tiempo para reflexionar sobre nuestra responsabilidad con la misión fuera de nuestro continente. Que la diversidad con la que nacimos cada grupo nos trae mucha riqueza que no queremos perder, pero a la vez la esencia de una sola vocación LMC y el compromiso de afrontarla entre todos es fuerte. Nuestros grupos LMC son la expresión local de un solo compromiso global, ser parte del LMC nos hace pertenecer a una gran familia internacional con la que nos sentimos comprometidos al servicio del Reino de Dios. Hacer misión allá donde estamos en cada momento no nos quita el tener presentes las demás responsabilidades que tenemos a nivel global, comenzando con nuestras comunidades internacionales presentes en África o América y todo lo que tiene que ver con nuestra pertenencia a nivel internacional.
Los numerosos acuerdos que tenemos a nivel internacional, los documentos aprobados conjuntamente y las herramientas que hemos creado (como el plan de formación internacional o la guía de comunicación) son herramientas importantes que nos pueden ayudar en nuestro caminar.
Por último, dedicamos un tiempo para visualizar que tipo de servicio se espera del Comité Europeo en los próximos años, dónde centrar las prioridades de trabajo del mismo y de qué manera puede ser instrumento de ayuda para los diferentes grupos en Europa.
Sin duda unos días muy intensos, que como siempre se hacen cortos porque uno disfruta mucho cuando está en familia. Pero no toca ahora hacer tres tiendas sino bajar a la realidad y hacer posible el sueño de Comboni en y desde Europa.
Gracias a todos y todas las que habéis hecho posible estos días (tanto a los que habéis asistido como los que lo habéis preparado con anterioridad) y mucho ánimo para hacer vida nuestra vocación LMC.
Un saludo
Alberto de la Portilla, Coordinador Comité Central LMC.