MUNDO NEGRO Y AGUILUCHOS NOVIEMBRE 2024

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Sudán, una guerra más contra las mujeres

La guerra de Sudán, que ha dado lugar a la mayor crisis de desplazados internos del mundo, tiene efectos catastróficos para las mujeres y las niñas, según informó recientemente ONU Mujeres en una alerta de género titulada: Mujeres y niñas de Sudán: Fortalezas en medio de las llamas de la guerra.

De acuerdo con la agencia de Naciones Unidas, el número de personas que necesitan servicios relacionados con la violencia de género ha aumentado en un 100% desde que estallaron los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF, por sus siglas en inglés) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) a mediados de abril de 2023. En los últimos meses, un nuevo grupo se ha unido a los combates contra las RSF, the Armed Struggle Movements (Join Forces) que defiende los intereses de los grupos zaghawa en Darfur Norte. Lo que ha provocado nuevas olas de civiles desplazados internos y refugiados.

Unos 6,7 millones de mujeres y niñas están afectadas por este conflicto. Pero se estima que la cifra sea mayor. Si bien los hombres y los niños también son víctimas de la violencia de género, la mayoría de estos casos involucran a mujeres y niñas. La violencia registrada, en particular en los estados de Jartum, Darfur y Kordofán, ha exacerbado los riesgos a los que se enfrentan las mujeres y las niñas: explotación sexual y abuso se han convertido en un arma más de guerra en esta situación.

Como siempre, las guerras son cosa de hombres y las mujeres y los niños son sus principales víctimas. Las desigualdades de género se incrementan durante los conflictos y por ello las mujeres sufren más durante ellos. Según Naciones Unidas, las niñas tienen un 90% menos de posibilidades de tener acceso a la educación que los niños en zonas de conflicto. También son víctimas de matrimonios infantiles, de trabajo esclavo o, incluso, pueden ser reclutadas como niñas soldados.

Las labores domésticas, las normas sociales, normalmente restrictivas de la movilidad, y otros factores pueden hacer que las mujeres tengan, por lo general, menos capacidad de huida cuando la población civil es atacada, afirma Amnistía Internacional. Si lo consiguen, muchas se convierten en desplazadas internas o refugiadas, lo que las puede exponer a peligros como el tráfico de personas y la trata con fines de explotación sexual. Además, las mujeres detenidas o encarceladas pueden ser recluidas en instalaciones inadecuadas y, a menudo, corren el riesgo de ser sometidas a torturas basadas en el género, como la violación y otras formas de abuso sexual, a manos de sus carceleros o incluso otros reclusos.

Al partir muchos hombres al frente a luchar, durante los conflictos son las mujeres las que tienen que hacerse cargo de la familia. La alimentación y el cuidado básico de niños y ancianos recae, mucho más, sobre ellas, que se convierten en cabezas de familias monoparentales.

En Sudán, casi 5.8 millones (54%) de los desplazados internos sudaneses, son mujeres y niñas. Y, aproximadamente 3 millones de ellas son menores de 18 años que enfrentan riesgos de protección específicos. Ellas son particularmente vulnerables. Y muchos casos de abuso no se denuncian debido a la falta de apoyo adecuado y al temor al estigma y las represalias.

Además, Sudán se enfrenta a los peores niveles de inseguridad alimentaria jamás registrados en el país. El 84% de las mujeres en Sudán no pueden satisfacer la dieta mínima aceptable, lo que supone un aumento del 5% con los números del año pasado. Al menos el 80% de las mujeres desplazadas internamente en Sudán tienen dificultades para acceder a agua potable segura debido a razones de seguridad, de calidad y de distancia de las fuentes.

ONU Mujeres también alerta de que 1.2 millones de mujeres embarazadas y lactantes en los estados de Jartum, Darfur y Kordofán sufrirán desnutrición este año y se enfrentarán a graves complicaciones de salud durante el parto y después de él. Y más de 7.000 nuevas madres y 220.000 niños gravemente desnutridos, en las mismas zonas, corren el riesgo de morir en las próximas semanas y meses si no pueden acceder a servicios de salud materna y apoyo nutricional.

Igualmente, la crisis de la educación en Sudán es otro de los resultados devastadores del conflicto. Más de 2,5 millones de niñas, lo que representa el 74% de las menores en edad escolar, no asisten a la escuela. Circunstancia que aumenta el riesgo de que sean sometidas a prácticas nocivas como el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina.

Por todo esto, ONU Mujeres demanda que se tomen medidas urgentes para garantizar la protección física de las mujeres y las niñas, así como el acceso seguro a alimentos, agua potable y servicios de salud sexual y reproductiva.

Estas acciones deberían realizarse en colaboración con grupos locales y organizaciones dirigidas por mujeres, con el fin de fortalecer la resiliencia y garantizar el acceso a servicios humanitarios esenciales para mujeres y niñas, pero también para hombres y niños afectados por la crisis. No se puede dejar a estos fuera si se quiere atender a la población.

Sin embargo, para poner en marcha estas medidas y paliar la situación de los sudaneses, hace falta dinero. Y el conflicto de Sudán es una más de esas guerras olvidadas y solapadas por otras crisis que no dejan de copar las primeras páginas de los medios de comunicación, como puede ser la de Ucrania, la invasión de Gaza por Israel o la creciente tensión en Oriente Próximo. De ahí que a las agencias internacionales les sea difícil recaudar fondos. En consecuencia, poco variará la situación actual de las mujeres y las niñas de Sudán. Es un conflicto que queda lejos y a nadie parece importar.

Publicado por Chema Caballero en Mundo Negro| octubre 2024

Proyecto de Salud Mental y Educación en Kitelakapel (Kenia)

Un saludo para todos.

Os dejamos un video que nos han enviado desde Kenia contándonos el proyecto que la comunidad LMC de Kitelakapel-Kenia está realizando en temas de Salud Mental en colaboración con Hani (LMC de Egipto).

En él podréis escuchar de primera voz cómo se está desarrollando y la continuidad que se quiere dar. Es un bonito ejemplo de colaboración con la presencia de Hani y después la segunda vez con la llegada de Mira (candidata de Egipto) y donde se ha recibido ayuda económica por parte de España.

Gracias a todos por vuestras oraciones y el apoyo a nuestro servicio LMC en los lugares donde estamos presentes.

Un Plan tan antiguo y tan nuevo

«El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque el Señor me ha ungido
para llevar buenas nuevas a los humildes; Me ha enviado a vendar a los quebrantados de corazón,
a proclamar la libertad a los esclavos, la apertura de la cárcel a los presos
y a proclamar el año de gracia del Señor».
( Isaías 61,1-2a)

«El católico, acostumbrado a juzgar las cosas con la luz que le incide desde arriba, miraba a África no a través del miserable prisma de los intereses humanos, sino a través del puro rayo de su Fe; y allí vio una infinita miríada de hermanos pertenecientes a su misma familia, teniendo un Padre común arriba en el cielo […]
Entonces, transportado por el ímpetu de aquella caridad encendida con llama divina en la ladera del Gólgota, y emergiendo del lado del Crucifijo a abrazar a toda la familia humana, sintió que los latidos de su corazón latían con mayor frecuencia». ( Escritos , 2742)

Queridos hermanos,
¡paz y bien en el Señor Jesús, misionero del Padre!

Con profundo sentimiento de alegría y de gratitud os saludamos con motivo de la solemnidad de san Daniel Comboni . Esta celebración nos recuerda que debemos hacer «memoria» ( anamnesis ) tanto de la vida del Fundador, vivida con inmensa pasión, como de su muerte, aceptada como don de amor por los más pobres y abandonados, para que la vida y misión de cada uno, que su hijo e hija espirituales lleguen a ser verdaderamente “amor encarnado” en nuestro servicio misionero.

Esta memoria del nacimiento a la vida eterna ( dies natalis ) de nuestro santo Fundador nos interpela a profundizar en su carisma, como herencia viva que debe animarnos en cada acontecimiento de la misión en el mundo de hoy como «discípulos misioneros» de Jesús, según el estilo comboniano.

Recientemente recordamos el 160° aniversario de la experiencia carismática fundacional vivida por Comboni el 15 de septiembre de 1864 durante el triduo de preparación a la beatificación de Margarita María Alacoque, mientras rezaba ante la tumba de San Pedro en Roma. Fue una experiencia que le llevó a concebir el Plan para la Regeneración de África. Este Plan no es sólo un texto, una simple estrategia operativa o un sueño acariciado, sino el fruto de una inspiración «de arriba», es decir, del Espíritu Santo, que «llamó» a Comboni y lo envió a anunciar el Evangelio. de Jesús a los más pobres y abandonados.

Gracias a su gran pasión por la salvación de los africanos y a su entusiasmo misionero, con su vida «dio carne» a este Plan . Después de él, sus misioneros -auténticos «hijos suyos» al hacer suyo su sueño- continuaron «encarnando» ese Plan con su vida, su generosidad, su espíritu de sacrificio y su valentía apostólica. Hoy seguimos haciéndolo, ampliando y actualizando la inspiración original del Fundador, ya no sólo en África, sino en todos los continentes, con el mismo espíritu ( carisma ), en el mundo de hoy, todavía habitado por personas y pueblos que sufren, que son marginados, explotados, vilipendiados, víctimas de atroces injusticias e incluso asesinados. En los últimos meses, la situación en Sudán se ha vuelto especialmente dramática debido a un conflicto que no parece tener fin.

Somos «herederos» de un verdadero tesoro, «inspirados y vivos» más que nunca. Y nos hace bien recordar una vez más en nuestro corazón las principales intuiciones de ese Plan . Quiero enumerar algunos de ellos.

En primer lugar, la convicción de que la evangelización de África debe ser realizada por los propios africanos, que no pueden quedarse en simples espectadores, sino que deben convertirse en protagonistas de su nueva historia de liberación y de dignidad.

En segundo lugar, el llamamiento sincero dirigido a toda la Iglesia para que se comprometa enteramente en la promoción de la evangelización de África, convocando y comprometiendo todas las fuerzas misioneras existentes en el mundo de entonces e invitándolas a cooperar con un verdadero espíritu sinodal.

En tercer lugar, la visión de la misión como combinación inseparable de «anuncio del Evangelio» y «promoción humana». Tuvieron que pasar 100 años antes de que la Iglesia convocara el Concilio Vaticano II (1962-65) y el Papa Pablo VI anunciara la convocatoria regular del sínodo de los obispos (1965). El tercer Sínodo, en 1971, produjo un documento muy fuerte, capaz de sostener la acción activa de la Iglesia sobre los problemas de la justicia y la paz a nivel global. Es espléndidamente valiente y profética la siguiente declaración de los obispos: «Actuar por la justicia y participar en la transformación del mundo se nos presenta claramente como una dimensión constitutiva de la predicación del Evangelio, es decir, de la misión de la Iglesia para el bien de la humanidad. la redención del género humano y la liberación de todo estado opresivo» ( La justicia en el mundo, 6).

No podemos dejar de captar la profecía , la actualidad y la urgencia de la propuesta misionera formulada en el Plan , caracterizada por un auténtico espíritu misionero y por estrategias válidas también para nuestro tiempo y para nuestra humanidad de hoy. No es extraño percibir en la visión de Comboni una verdadera sintonía también con el tema del Sínodo sobre la sinodalidad que se está celebrando estos días en Roma y que nosotros, los hijos de Comboni de hoy, estamos llamados a hacer nuestro.

Sin embargo, para descubrir la riqueza de la visión del Plan y hacerla operativa en nuestras vidas, debemos adoptar la actitud de profunda oración y docilidad al Espíritu que tuvo el Fundador. Pedimos al Espíritu Santo que descienda sobre nosotros como él descendió sobre él, permitiéndole «ver la hora de África» ​​y sentir en sí un deseo incontenible de dedicarse todo como «don gratuito» a un nuevo africano. misión que respondía a las urgencias y desafíos de su tiempo.

Se trata, en definitiva, de tener la valentía de partir siempre de nuevo del Señor, de dejarse llevar por su Espíritu, sin caer nunca en la tentación de la autorreferencialidad, que no sólo empobrece la misión, sino que también la destruye, como nos recuerda las Reglas de 1871: «El Misionero de África, completamente despojado de sí mismo y privado de todo consuelo humano, trabaja únicamente para su Dios, para las almas más abandonadas de la tierra, para la eternidad» ( Reglas del Instituto de Misiones para África , 1871; Escritos 2702).

Es evidente que el Plan concebido por Comboni, antes de convertirse en un documento escrito, fue también un sueño y una pasión, una fuerza incontenible en su corazón que desbordaba en la caridad. Podemos decir que el Plan es la expresión de un amor tan genuino y sentido que se convierte en fuente de misión.

¡Nosotros también necesitamos ese amor! Preguntémonos: ¿qué pasiones me impulsan a vivir la misión hoy? ¿Cómo salta mi corazón cuando encuentro injusticia, opresión, fría indiferencia y muchos otros males de nuestra sociedad actual? En el día a día de mi vida, ¿hay todavía espacio, tiempo y apertura a Dios para que Su Espíritu entre en mi corazón y lo sostenga? ¿Hasta qué punto mi amor por los pobres me obliga a darme todo por ellos, suscitando en mí tal fuerza que transforma mi vida en don de amor?

En este octubre, «mes misionero», tenemos la oportunidad de seguir y vivir el Sínodo de los Obispos. Aprovechemos esta experiencia de comunión eclesial, en la escucha sincera, en la acogida fraterna y en el caminar juntos, conscientes de que el Espíritu que inspiró a Comboni puede también inspirarnos y ayudarnos a superar nuestras debilidades y producir frutos que sean expresión de la perenne preocupación que Dios tiene por todos sus hijos e hijas, especialmente por los más débiles y los que más sufren.

Pedimos para nuestra Familia Comboniana el don de llenarnos de un amor que se haga real, como respuesta concreta a los desafíos de la misión de hoy, siempre dispuestos a hacer causa común con los pobres.

¡Mis mejores deseos a todos en esta alegre solemnidad!

Roma, 10 de octubre de 2024
El Consejo General