LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI

Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2016

No hay texto alternativo automático disponible.En Bangui,la capital de la martirizada República Centroafricana, la gente los llama los ‘mellizos de Dios’. Y eso que son muy diferentes en casi todo. Uno es el cardenal Nzapalainga, alto y fornido, arzobispo de Bangui y, lógicamente, católico. El otro es el imán Kobine Layama, pequeño, delgado, líder musulmán de la capital y, como es lógico, musulmán. Distintos, pero iguales en su lucha por conseguir la paz a través del diálogo y buscar un futuro mejor y reconciliado para su pueblo.

Los dos mellizos están en Madrid, para recoger el premio ‘Mundo negro a la Fraternidad 2016’ y participar, como ponentes, en el ‘XXIX Encuentro África’, que organiza anualmente la revista ‘Mundo negro’ de los misioneros combonianos.

El lema de las jornadas de este año es ‘Islam y cristianismo, diálogo bajo un mismo techo’ y encaja a la perfección con lo que piensan y viven estos dos líderes religiosos centroafricanos. Los dos se han entregado, desde hace años, a la búsqueda de la paz. Y no sólo de forma teórica, sino jugándose la propia vida.

Desde que, en marzo de 2013, las milicias de la Seleka (musulmanas) tomaron el poder, se encontraron con la réplica de los milicianos ‘anti Balaka’ (cristianos). Desde entonces, el arzobispo y el imán se convierten en constructores de paz, negando con su propia experiencia que se trate de una guerra religiosa.

«La guerra de Centroáfrica no es ni nunca fue una guerra religiosa. Es una guerra militar y política, en la que se ha instrumentalizado a la religión. No hay nada religioso en ella», asegura, con convicción, el cardenal Nzapalainga. Y añade: «La violencia la sufren los pobres por ser pobres y, para hacerle frente, caen también ellos en ella».

Y pone varios ejemplos de amistad y paz entre ambas comunidades religiosas. «Abrimos las puertas de nuestras casas y de nuestras parroquias, que se llenaron de refugiados musulmanes, y lo mismo hicieron los musulmanes con los cristianos, abriendo para ellos sus casas y su mezquitas, con riesgo de sus propias vidas», explica el purpurado.

De hecho, el cardenal acogió en su propia casa, durante más de 9 meses, al imán Lamaya y a toda su familia, al que los milicianos le habían quemado su mezquita y su propio hogar. «Lo acogí, para mostrar a todos nuestra amistad», dice el purpurado. Un gesto criticado por los radicales de uno y otro bando, que recelaban de esta forma de acogida y respeto mutuo.

Con el paso del tiempo y la visita del Papa Francisco, la búsqueda de la paz se hizo más ardiente, la gente empezó a valorar el gesto y comenzó a llamar ‘mellizos de Dios’ al prelado y al imán.

Poco a poco, la gente fue entendiendo que era posible «tratarse como hermanos» y los ‘mellizos de Dios’ crearon una plataforma interreligiosa, que actúa como «los bomberos, apagando muchos fuegos en el país». Y con reconocimiento exterior, tanto en Usa como en Alemania u Holanda, donde el imán y el cardenal recibieron varios premios.

Vayan donde vayan, ofrecen la receta de la educación para romper la espiral de la violencia. «Hay que educar y formar, para convencer de que, en la sociedad, no es la fuerza física, sino la estima y el respeto las que tienen la última palabra. Porque, muchas veces, el que no responde a la violencia es tachado de débil, cuando es todo lo contrario», dice Nzapalainga.

Desde el Islam, el imán Lamaya dice que «la violencia descansa sobre la ignorancia religiosa. Sólo el creyente que no conoce bien su religión puede responder con la violencia. Muchos extremistas son ignorantes religiosos». Y cita, en apoyo de su tesis, una sura del Corán.

Precisamente porque les parece violenta, ambos líderes religiosos denuncian la decisión del presidente USA, Donald Trump, de cerrar sus fronteras a siete países musulmanes. «Una decisión nada sabia. Es una muestra más de la instrumentalización política de la religión. Hay que llamar gato al gato y perro al perro y diferenciar al criminal del creyente», explica el imán.

«No es una buena solución, porque en esos países hay gente de bien que nada tiene que ver con el extremismo. Meter a todos en el mismo saco es el mejor camino para radicalizar a los buenos y, además, toma como rehenes a toda la población de un país», añade el cardenal. Y concluye: «No queremos que los políticos manipulen la religión y tampoco queremos meternos nosotros en política, porque no somos políticos».

Los ‘mellizos de Dios’ se levantan, tras la rueda de prensa y se dan la mano para las fotos. Se palpa el buen feeling que hay entre estos dos constructores de paz y, por eso mismo, hermanos y amigos.

 

De paso por Bangui

Ania LMCLlegamos a Bangui para buscar a Irene, LMC procedente de Kinshasa, ella es del grupo de Congo, y estará aproximadamente un mes con nosotros. ¡Es muy simpática! Dios permita que podamos para darle un buen testimonio misionero y que sea, para ella, una experiencia inolvidable también.
Hemos traído con nosotras una de las huérfanas que ayudamos con la leche materna, la pequeña Mervelle, que nació con 1,850 Kg. Ahora tiene cinco meses. Estaba creciendo normalmente, pesando ya cerca de cinco kilos. El día 2 apareció con 900g menos, la abuela dijo que tenía diarrea. La enviamos a la UNT y fue hospitalizada Estaba desnutrida, tenía fiebre todos los días… El director del hospital, junto con otro técnico médico, Tenda, la observaron y pensaron que podía ser meningitis. Este miércoles decidieron transferirla a Bangui.
El viernes, llegamos a Emergency, una ONG italiana que trabaja en Bangui en el área pediátrica del hospital, llegamos hacia el mediodía y nos fuimos a las cuatro. Con pruebas de un lado para otro, con radiografía en los pulmones, y finalmente Maravilla se quedó hospitalizada en cuidados intensivos por neumonía, síntomas de meningitis, anemia y malaria. Inmediatamente comenzaron a darle oxígeno. Con gran dificultad pudieron obtener la sangre para el análisis… Que el Señor le ayude a recuperarse rápidamente, si esa es su voluntad! Que Él la guarde. ¡Gracias a Dios, hoy, domingo, estaba un poco mejor, según el enfermero!

El 8 de diciembre tuvimos la clausura del Año de la Misericordia, con la participación de personas de todas partes de la parroquia. Fue una Eucaristía larga, tres horas, pero todo el mundo estaba contento. A las seis de la mañana rezamos el rosario juntos, acompañado de muchas canciones, con la imagen de María en procesión por todas las comunidades Mongoumba. ¡Los rostros de la gente brillaban de alegría y devoción a la Madre del Cielo!
El Jubileo de las familias resultó muy bueno. Hubo catequesis para padres e hijos. Fue bueno ver en la Eucaristía a los padres junto con todos los niños (normalmente están todos separados). Después de la misa cada matrimonio fue a buscar a una pareja que no ha recibido el sacramento del matrimonio, quedando con la responsabilidad de catequizarlos, de manera que pronto ellos también reciben el Sacramento.

¡También queremos compartir con todos que tenemos nuevo coche! Gracias a la generosidad de los Combonianos de seis provincias, que compartieron con nosotros lo que les ofrecen a ellos sus bienhechores. Agradecemos a Dios por haberles dado la virtud de ayudarnos, de ser solidarios, de amar.
No se olviden de rezar por nosotras. Nosotras rezaremos por todos ustedes también.
LES DESEAMOS A TODOS UNA SANTA NAVIDAD Y UN BUEN 2017 PLENO DE PAZ, ALEGRIA Y MUCHO AMOR.

Besos de las LMC Anna y Maria Augusta (Mongoumba, RCA)

«La misión no se hace sin amor»

LMC PortugalElia María Cabrita Gomes nació el 29 de enero de 1955 y es natural de Paderne (Albufeira). Es enfermera, ya jubilada. En 2006 tuvo su primer contacto con el continente africano en un proyecto de siete meses con la Asistencia Médica Internacional (AMI) en la República Democrática del Congo. En 2011 se fue con los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) durante dos años a la República Centroafricana. Terminó quedándose cinco años en esta misión.

Cuando sólo tenía 16 años de edad se presentó la oportunidad de hacer una experiencia de dos meses en Angola que ella considerada como “el click para cumplir un sueño.” Por desgracia, su padre no estaba de acuerdo y no salió. Mientras está estudiando enfermería seguía pensando en salir, pero en 1976 al terminar su formación comienza a trabajar en el Hospital de Faro, donde permaneció hasta la fecha de su retiro, se casó y tiene una hija. En 2006, finalmente, tiene su primera experiencia cuando parte por siete meses para la República Democrática del Congo con la AMI. “Fue una experiencia de sólo siete meses que me sirvió de estímulo y aumentó mi deseo de volver a África, de salir de mis comodidades e ir al encuentro de otros pueblos”, compartir.

Empezó como voluntaria en el Hogar de la Parroquia de Paderne, su parroquia natal, y descubrió los LMC por la revista Além-mar que encuentró en sus primeros días de trabajo. “Hice la formación con los LMC (2008 – 2010), conocí a Comboni, su lema” Salvar África con África” tenía todo el sentido para mí, así como salir, salir a los más pobres y abandonados, contribuir a la mejora de la calidad de la vida y el desarrollo humano”, nos dice.

¡Fue por dos años y permaneció cinco!
En febrero de 2011 llegó a Bangui (capital de la República Centroafricana – RCA, a Mongoumba, por un período de dos años, “sin expectativas, preparada para a aceptar y dar lo que la misión me pidiese”. Terminó quedándose cinco años “con experiencias de vida muy intensas. Los primeros momentos fueron de aprendizaje: ver y oír, aprender a estar, aceptar y respetar, en fin, dar los primeros pasos en una cultura y costumbres tan diferentes de los nuestros “, nos dice. Acerca de su destino en Mongoumba nos comenta que es la sede de uno de los diez municipios del distrito Mbaiki: “es un pueblo de unos 8.000 habitantes, situada a 190 km de Bangui, en plena selva ecuatorial, haciendo frontera con la República Democrática del Congo y Congo Brazzaville. El municipio de Mongoumba tiene una población de 25.000 personas de diferentes grupos étnicos contando entre ellos los pigmeos Aka. Los pigmeos son discriminados por el resto de la población que los utilizan como mano de obra barata, son los más desfavorecidos de la sociedad, que viven en diferentes campamentos dispersos en la selva, casi todos viven en casas de hoja, son pocos los que hacen casas de barro y ladrillo, se alimentan de lo que recogen en la selva. Sus bienes se reducen a lo que pueden llevar cuando cambian de campamento y se adentran en la selva, para las temporadas de pesca, recolección de miel, orugas… productos que venden o cambian por sal, telas para cubrirse y pequeños adornos. Rara vez tienen dinero y lo poco que tienen no es suficiente para pagar la atención médica.

La prioridad de la misión de Mongoumba es la evangelización de los pigmeos y la mayor parte de nuestras actividades están dirigidas a la mejora de las condiciones de vida de las personas y su integración social. En una pastoral de proximidad y trabajando en la sensibilización y promoción de la salud me permitió visitar muchos campamentos, visitar a los enfermos, desparasitar niños y en los dos primeros años, con la colaboración del ejército francés, hicimos varias campañas de tratamiento del pian (enfermedad contagiosas e incapacitante). Hice muchos kilómetros a pie en la selva… En una dura realidad que no se puede cambiar, sólo retocar con un poco de creatividad y esperar que las semillas sembradas den frutos. Después de varios años de trabajo, donde la Misión sirvió como puente entre el pueblo y el centro de salud pública, el resultado empieza a ser visible y gratificante, los pigmeos siguen siendo los últimos en ser atendidos en las consultas, pero son atendidos y cuando necesitan ser hospitalizados lo hacen en la misma sala que el resto de la población. Durante cinco años, una de mis actividades vigilar a los pigmeos hospitalizados, para que no sean olvidados, ¡porque es muy fácil olvidar el tratamiento o dar la inyección a los que no tiene voz! Ayudándome en este trabajo siempre conté con la valiosa colaboración de los dos trabajadores de la salud que trabajan en el centro de rehabilitación física de la Misión. Gran parte de nuestro trabajo es despertar conciencias porque todo el mundo es persona en Sango “Zo Zo kwe” y como tales deben ser tratados y respetados”.

Nos dice que después del golpe de estado en de marzo de 2013 “el país se sumergió en el caos viviendo bajo el imperio de las armas durante tres años. La pobreza y el sufrimiento de la población alcanzaron niveles nunca antes imaginables. A pesar de las muchas organizaciones no gubernamentales en el campo, la misión católica es casi la única institución que sigue, de manera constante, trabajando para defender y promover la dignidad de este pueblo tan sufrido, desarrollando actividades en las áreas de educación, salud, promoción humana, pastoral, justicia y paz… En los últimos dos años, mi gran dedicación fue la detección y el tratamiento de los niños desnutridos, la sensibilización y educación de los padres sobre la higiene y la nutrición. Un trabajo agotador tanto física como psicológicamente, pero con la recompensa de cada niño que se recuperó y volvió a sonreír. Tuve la posibilidad de trabajar con un buen equipo, gente de la localidad, disponible e interesada”.

Partir sin ninguna expectativa, regresar llena de sueños
Finaliza diciendo que a pesar de haber llegado en 2011 sin expectativas, vuelve en 2016 con el sueño de algún día regresar a la misión en RCA y encontrar “casas que no sean arrasadas por la lluvia, con techos que no sean llevados por el viento; niños sanos y bien alimentados que tienen libros y van a la escuela; carreteras sin agujeros (incluso los caminos de tierra) y medios de transporte que aproximen las aldeas, pueblos y ciudades; pigmeos que conocen sus deberes y son capaces de luchar por sus derechos; una nueva legislación en que las “brujas” no van al tribunal, sino las que las denuncian y atacan; centros de salud y hospitales que trabajen con médicos y enfermeras con formación, donde se hacen operaciones, análisis y pruebas, donde hay nombre y la causa de la enfermedad, dejando de existir enfermedades místicas; sueño que voy a encontrar un país donde los pilares de la educación, los maestros, van a la escuela y tienen más que el sexto o noveno grado; y, porque “Dios ama a su pueblo”, tengo fe en que el odio que todavía existe conducirá a una paz duradera en un clima de amor y tolerancia. Es un sueño y una esperanza de que la riqueza del país no sólo va a parar a los bolsillos de algunos, sino que sirvan para mejorar la calidad de vida para todos.

¡La misión no se hace sin amor! Me gusta el país y me gusta la gente, un pueblo que sufre, pero continúa riendo, canta y baila. ¡Es mi pueblo! Los más pequeños son los que guardo con más cariño en mi corazón, recordar a los niños, sus sonrisas puras y sinceras serán calor en las noches frías de invierno”.

Texto de Catherine Anthony, FEC – Fundación Fe y Cooperación