«SALIR A LA MISIÓN». REFLEXIÓN PARA LA JORNADA MUNDIAL DEL DOMUND 2016

“La misión hace a la Iglesia y la mantiene fiel al querer salvífico de Dios”, recordaba el papa Francisco, el pasado 4 de junio, a los directores nacionales de las OMP. Expresaba así el fundamento y la fuerza de la misión evangelizadora de la Iglesia, que apunta a su origen, Dios mismo. Del origen y fin de la misión brota el mandato que Cristo entrega a sus discípulos: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos…” (Mt 28,19-20). Este mandato, dice el Papa en su Mensaje para el DOMUND, “no está agotado, es más, nos compromete a todos, en los escenarios y desafíos actuales, a sentirnos llamados a una nueva «salida» misionera” (n. 6).

Tiene su fuente en la misión del Hijo y en la del Espíritu Santo, y su fin en hacer participar a los hombres en la comunión que existe entre el Padre y el Hijo en su Espíritu de amor. Para diseñar el recorrido que une el origen con el fin, nace la Iglesia en su condición de itinerante. Por eso, no es posible entender esta hermosa realidad de la Iglesia si no es desde la perspectiva dela peregrinación. Esta convicción está explícitamente expuesta en Ad gentes: “La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre. Este designio dimana del «amor fontal» o de la caridad de Dios Padre, que, siendo Principio sin principio, engendra al Hijo, y a través del Hijo procede el Espíritu Santo” (AG 2).

La contemplación del Misterio encarnado que nace de Dios para llegar a los hombres es la manifestación más genuina de su amor maternal por nosotros.Dios “sale” de su misterio, desvela su intimidad, en la persona de su Hijo, que se hace presente en el tiempo y en el espacio; la misericordia divina “sale” de su mismidad para ir al encuentro de la creación, y en especial de aquel que puede reconocer el amor que justifica esta peregrinación. “La manifestación más alta y consumada de la misericordia se encuentra en el Verbo encarnado”, afirma Francisco (n. 3).

El Mensaje para este DOMUND solo puede entenderse desde esta perspectiva: el misterio de amor tiene un carácter itinerante, que entraña el compromiso de estar en movimiento, en un continuo recorrido, jalonado por diversas etapas.

Punto de partida

La Jornada Mundial de las Misiones tiene su origen en el corazón de una laica muy sensible al compromiso de la fe. Paulina Jaricot siente la necesidad de “salir” de su pequeño mundo, para ayudar a sus amigos misioneros que, desde la otra orilla, le piden ayuda (cf. Hch 16,9). Lo que inicialmente fue una respuesta solidaria de un pequeño grupo de personas cercanas se convirtió en una corriente de caridad en la que la Iglesia entera se siente implicada. Ella se pone en camino, y con ella, millones de personas, que hacen posible un verdadero movimiento misionero, en el que el Papa ve reflejada la deseada “Iglesia en salida”.

De esto habla en su Mensaje, cuando invita a los cristianos a salir al encuentro del otropara poner a disposición del Evangelio sus propios talentos y capacidades. Este salir supone primariamente un romper las cadenas que aherrojan a la persona en sus egoísmos y condicionamientos internos. “Salir” como discípulos misioneros, enviados por el Espíritu, enviados por la Iglesia: “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (n. 6; EG 20).

El Mensaje evoca la experiencia de la madre que da a luz a su hijo. Es el mejor referente para entender del sentido de fe que embarga el trabajo del misionero que recorre los caminos mostrando el rostro de Dios, rico en misericordia. Cuando el misionero sale de su tierra, tiene bien experimentada la “salida” de sí mismo y la certeza de que es su madre, la Iglesia, quien le envía y acompaña: “[…] la Biblia para referirse a la misericordia remite al seno materno: es decir, al amor de una madre a sus hijos, esos hijos que siempre amará, en cualquier circunstancia y pase lo que pase, porque son el fruto de su vientre” (n. 2).

Destino: la misión ad gentes

Alguien definió el mundo actual diciendo: “Nunca se corrió tan deprisa hacia ninguna parte”. Cuando se pierde el punto de mira y la meta desaparece en el horizonte, todos los vientos son adversos, como para el navegante que no ve el faro. No es así en la misión ni puede serlo en la vida de un cristiano. La meta está clara. El destino es llevar la Buena nueva de la ternura y del amor de Dios a los hombres; un mensaje de misericordia que penetra en el interior de quien lo recibe y provoca la conversión. Destinatarios de esta salida son todas las personas, sin distinciones: “Todos los pueblos y culturas tienen el derecho a recibir el mensaje de salvación, que es don de Dios para todos” (n. 6).

La principal característica de la Jornada Mundial de las Misiones es hacer visible la universalidad de la Iglesia. Losdestinatarios más inmediatos del DOMUND son los mismos cristianos, que descubren el infinito amor de Dios con la predilección por la oveja perdida y la urgente invitación a las otras noventa y nueve para que salgan del redil en busca de las que todavía no conocen al Buen Pastor y andan perdidas por el mundo. Es el mandato misionero, para hacer partícipes a otros del amor de Dios.

La misión ad gentes tiene comodestinatarios principales a quienes aún no conocen el Evangelio. Así comenzó esta singladura peregrinante, en la que se puede afirmar con certeza que la vitalidad de las comunidades cristianas se puede medir por su vibración misionera. Amplios son aún los espacios geográficos, culturales y sociales que están esperando la luz del Evangelio, y por eso Francisco no duda en afirmar que la misión ad gentes es una “grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material” (n. 1).

El Papa reitera la predilección que vivió Jesús en la tierra: “los pequeños, los descartados, los oprimidos” (n. 2). Ya expresó la misma inquietud con motivo de la Jornada del pasado año: “¿Quiénes son losdestinatarios privilegiados del anuncio evangélico? […] Los pobres, los pequeños, los enfermos, aquellos que a menudo son despreciados y olvidados, aquellos que no tienen cómo pagarte. La evangelización, dirigida preferentemente a ellos, es signo del Reino que Jesús ha venido a traer” (Mensaje DOMUND 2015). Dios Padre “se dirige también con amor a los más frágiles, porque su grandeza y su poder se ponen de manifiesto precisamente en su capacidad de identificarse” con ellos (n. 2).

Equipamiento para la misión

En este 90 aniversario del DOMUND, Francisco hace un claro reconocimiento de la mujer en el ámbito de la misión. Fue una mujer, Paulina Jaricot, quien puso en marcha esta corriente de solidaridad misionera, y se cuentan por millones las mujeres que han salido de su tierra para mostrar el amor materno de Dios a la humanidad. Nadie mejor que una misionera puede vivir el anuncio del Evangelio como el ejercicio de la caridad que nada puede romper, porque para una mujer lo primero son las personas; solo después, las estructuras. Ellas, que viven la fidelidad y la ternura maternal de Dios con todos, son fuente de inspiración para la actividad misionera de la Iglesia.

7e13f351-c769-4e2c-8a62-88e827dcaf83Aun cuando la respuesta a la vocación de Dios es personal, esta necesita insertarse en el seno de una comunidad cristiana. Así ocurrió al principio, cuando la llamada de Dios maduraba y se discernía en aquella “pequeña Iglesia” que crecía escuchando la Palabra de Dios, celebrando la fe y compartiendo sus dones. Aparentemente eran grupos pequeños, pero que se iban expandiendo, y de su interior el Espíritu hacía salir a algunos para la misión que les estaba reservada. Del mismo modo sucede hoy, cuando la semilla sembrada por el misionero comienza a enraizarse en el corazón de algunos, insertándose en la comunidad cristiana donde crecen y maduran, para después “salir” a otros lugares y dar gratis lo que gratis han recibido.

El envío, por la Iglesia, de un misionero a la misión hay que situarlo dentro de un período muy largo de formación y discernimiento. Ellos han dedicado tiempo a su preparación. Bien saben que la fuerza les llega de lo más profundo de sí, donde ha arraigado la fe en Jesucristo. De ahí la alusión del papa Francisco a la tarea educativa de los misioneros. El misionero bien formado puede ser considerado como el sembrador que, con paciencia y confianza en la fecundidad del corazón, lanza la semilla del Evangelio en los lugares más insólitos de la Tierra: “Anunciamos el don más hermoso y más grande que él nos ha dado: su vida y su amor” (n. 5).

La celebración del DOMUND es un don para la Iglesia, porque le ayuda a reconocer su propia identidad eclesial; algo esencial para recorrer el camino de la fe y hacer posible la misión en el seno de la humanidad. El misionero, al constatar esa identidad, descubre la raíz de pertenencia en la comunidad cristiana en la que ha sido alumbrado. Su testimonio se trueca en anuncio, muchas veces silencioso, que interpela al otro a interesarse por su forma de ser y de vivir. Estilo y talante misioneros que hoy adquieren unas modalidades especiales, al mostrarse en diálogo respetuoso con todas las culturas y religiones, con la certeza de que Dios abre caminos y precede en el corazón y en la mente del otro.

Llegada y meta final

En el horizonte de este peregrinar misionero aparece con fuerza persuasiva la meta, esa frontera que el atleta, exhausto por el desgaste del recorrido, vislumbra como alcanzable. La misión ad gentes tiene como primera meta y finalidad la universalidad del mensaje. La Iglesia “tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio” (n. 1; MV 12), y de proclamarla por todo el mundo, hasta que llegue a toda mujer, hombre, anciano, joven y niño. El misionero es enviado a ellos para que “todos se salven y experimenten el amor del Señor” (n. 1).

Claras y definitorias son las últimas palabras de Francisco, urgiendo a la donación espiritual y material en favor de la misión ad gentes con motivo de la Jornada, para destinar al DOMUND “todas las ofertas que las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos eclesiales de todo el mundo pudieran recibir para auxiliar a las comunidades cristianas necesitadas y para fortalecer el anuncio del Evangelio hasta los confines de la tierra”. Este es su llamamiento: “No dejemos de realizar también hoy este gesto de comunión eclesial misionera.No permitamos que nuestras preocupaciones particulares encojan nuestro corazón, sino que lo ensanchemos para que abarque a toda la humanidad” (n. 7).

Hacemos nuestra su petición final: “Que Santa María, modelo misionero para la Iglesia, enseñe a todos, hombres, mujeres y familias, a generar y custodiar la presencia viva y misteriosa del Señor Resucitado, que renueva y colma de gozosa misericordia las relaciones entre las personas, las culturas y los pueblos”.

Anastasio Gil García

Director Nacional de OMP España

Encuentro de Asociaciones de laicos y laicas misioneras

LAICADO MISIONERO

Encuentro misionero

Tarragona, 8 de octubre 2016

11:00-16:00 horas

Finalidad:

Domund

  1. Presentar la realidad de la vocación específica misionera en los laicos.
  2. Describir algunas experiencias misioneras protagonizadas por ellos mismos o por otros laicos de su comunidad o asociación.
  3. Reconocer y agradecer la labor misionera de tantos laicos y laicas, muchos de ellos familias, al servicio de la misión.
  4. Promover la cooperación con la actividad misionera de la Coordinadora de Asociaciones de Laicos Misioneros.

Preside: Excmo. y Rvdmo D. Sebastiá Taltavull, obispo auxiliar de Barcelona

Intervienen:

  • Juan Carlos García Hernández y Virginia Cuenca Nieto-Márquez matrimonio misionero en Brasil
  • Teresa Sarabia Jarabo y Rubén Fernández del Castillo, matrimonio misionero en Méjico
  • María Asunción Melero Martínez y Antonio Polo Moya, matrimonio misionero en Perú, regresados

Moderadora:

Dª Lola Golmayo, Presidenta de la Coordinadora de Asociaciones misioneras de laicos (CALM)

Programa:

11:00 Acogida y Oración misionera

11:30 El laicado y la misión ad gentes: Mons. Sebastiá Taltavull, obispo auxiliar de Barcelona

12:00 Testimonios misioneros: Coloquio e intercambio de experiencias

13:30 Información sobre la CALM y su servicio de acompañamiento

14:00 Comida

15:30 Visita guiada a la Exposición

16:00 Clausura y despedida

 

Os dejamos tambien los programas del Domund para este año 2016

Programa-Domund-2016-castellano

Programa-Domund-2016-catalan

MENSAJE DEL PAPA – DOMUND 2016

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Se va acercando el mes de octubre,  mes dedicado a las misiones.
En los próximas semanas iremos subiendo algunos recursos que nos ayuden para preparar este tiempo con la mirada y el corazón puestos en la misión.
Hoy os dejamos el mensaje del Papa para la jornada del Domund que este año nos invita a a “salir” de nuestra tierra, y de nuestras «fronteras», como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana.

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA EL DOMUND 2016

Iglesia misionera, testigo de misericordia

Queridos hermanos y hermanas:

  1. El Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que la Iglesia está celebrando, ilumina también de modo especial la Jornada Mundial de las Misiones 2016: nos invita a ver la misión ad gentes como una grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material. En efecto, en esta Jornada Mundial de las Misiones, todos estamos invitados a “salir”, como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana. En virtud del mandato misionero, la Iglesia se interesa por los que no conocen el Evangelio, porque quiere que todos se salven y experimenten el amor del Señor. Ella “tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio” (bula Misericordiae vultus, 12), y de proclamarla por todo el mundo, hasta que llegue a toda mujer, hombre, anciano, joven y niño.
  1. La misericordia hace que el corazón del Padre sienta una profunda alegría cada vez que encuentra a una criatura humana; desde el principio, Él se dirige también con amor a las más frágiles, porque su grandeza y su poder se ponen de manifiesto precisamente en su capacidad de identificarse con los pequeños, los descartados, los oprimidos (cf. Dt 4,31; Sal 86,15; 103,8; 111,4). Él es el Dios bondadoso, atento, fiel; se acerca a quien pasa necesidad para estar cerca de todos, especialmente de los pobres; se implica con ternura en la realidad humana del mismo modo que lo haría un padre y una madre con sus hijos (cf. Jer 31,20). El término usado por la Biblia para referirse a la misericordia remite al seno materno: es decir, al amor de una madre a sus hijos, esos hijos que siempre amará, en cualquier circunstancia y pase lo que pase, porque son el fruto de su vientre. Este es también un aspecto esencial del amor que Dios tiene a todos sus hijos, especialmente a los miembros del pueblo que ha engendrado y que quiere criar y educar: en sus entrañas, se conmueve y se estremece de compasión ante su fragilidad e infidelidad (cf. Os 11,8). Y, sin embargo, Él es misericordioso con todos, ama a todos los pueblos y es cariñoso con todas las criaturas (cf. Sal 144,8-9).
  1. La manifestación más alta y consumada de la misericordia se encuentra en el Verbo encarnado. Él revela el rostro del Padre rico en misericordia, “no solo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica” (Juan Pablo II, encíclica Dives in misericordia, 2). Con la acción del Espíritu Santo, aceptando y siguiendo a Jesús por medio del Evangelio y de los sacramentos, podemos llegar a ser misericordiosos como nuestro Padre celestial, aprendiendo a amar como él nos ama y haciendo que nuestra vida sea una ofrenda gratuita, un signo de su bondad (cf. bula Misericordiae vultus, 3). La Iglesia es, en medio de la humanidad, la primera comunidad que vive de la misericordia de Cristo: siempre se siente mirada y elegida por Él con amor misericordioso, y se inspira en este amor para el estilo de su mandato, vive de él y lo da a conocer a la gente en un diálogo respetuoso con todas las culturas y convicciones religiosas.
  1. Muchos hombres y mujeres de toda edad y condición son testigos de este amor de misericordia, como al comienzo de la experiencia eclesial. La considerable y creciente presencia de la mujer en el mundo misionero, junto a la masculina, es un signo elocuente del amor materno de Dios. Las mujeres, laicas o religiosas, y en la actualidad también muchas familias, viven su vocación misionera de diversas maneras: desde el anuncio directo del Evangelio al servicio de caridad. Junto a la labor evangelizadora y sacramental de los misioneros, las mujeres y las familias comprenden mejor a menudo los problemas de la gente y saben afrontarlos de una manera adecuada y a veces inédita: en el cuidado de la vida, poniendo más interés en las personas que en las estructuras y empleando todos los recursos humanos y espirituales para favorecer la armonía, las relaciones, la paz, la solidaridad, el diálogo, la colaboración y la fraternidad, ya sea en el ámbito de las relaciones personales o en el más grande de la vida social y cultural; y de modo especial en la atención a los pobres.
  1. En muchos lugares, la evangelización comienza con la actividad educativa, a la que el trabajo misionero le dedica esfuerzo y tiempo, como el viñador misericordioso del Evangelio (cf. Lc 13,7-9; Jn 15,1), con la paciencia de esperar el fruto después de años de lenta formación; se forman así personas capaces de evangelizar y de llevar el Evangelio a los lugares más insospechados. La Iglesia puede ser definida “madre”, también por los que llegarán un día a la fe en Cristo. Espero, pues, que el pueblo santo de Dios realice el servicio materno de la misericordia, que tanto ayuda a que los pueblos que todavía no conocen al Señor lo encuentren y lo amen.En efecto, la fe es un don de Dios y no fruto del proselitismo; crece gracias a la fe y a la caridad de los evangelizadores que son testigos de Cristo. A los discípulos de Jesús, cuando van por los caminos del mundo, se les pide ese amor que no mide, sino que tiende más bien a tratar a todos con la misma medida del Señor; anunciamos el don más hermoso y más grande que Él nos ha dado: su vida y su amor.
  1. Todos los pueblos y culturas tienen el derecho a recibir el mensaje de salvación, que es don de Dios para todos. Esto es más necesario todavía si tenemos en cuenta la cantidad de injusticias, guerras, crisis humanitarias que esperan una solución. Los misioneros saben por experiencia que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede traer alegría y reconciliación, justicia y paz. El mandato del Evangelio: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28,19-20) no está agotado, es más, nos compromete a todos, en los escenarios y desafíos actuales, a sentirnos llamados a una nueva “salida” misionera, como he señalado también en la exhortación apostólica Evangelii gaudium: “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (n. 20).
  1. En este Año Jubilar se cumple precisamente el 90 aniversario de la Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe y aprobada por el papa Pío XI en 1926. Por lo tanto, considero oportuno volver a recordar la sabias indicaciones de mis predecesores, los cuales establecieronque fueran destinadas a esta Obra todas las ofertas que las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos eclesiales de todo el mundo pudieran recibir para auxiliar a las comunidades cristianas necesitadas y para fortalecer el anuncio del Evangelio hasta los confines de la tierra. No dejemos de realizar también hoy este gesto de comunión eclesial misionera. No permitamos que nuestras preocupaciones particulares encojan nuestro corazón, sino que lo ensanchemos para que abarque a toda la humanidad.
  1. Que Santa María, icono sublime de la humanidad redimida, modelo misionero para la Iglesia, enseñe a todos, hombres, mujeres y familias, a generar y custodiar la presencia viva y misteriosa del Señor Resucitado, que renueva y colma de gozosa misericordia las relaciones entre las personas, las culturas y los pueblos.

Francisco

Vaticano, 15 de mayo de 2016,

Solemnidad de Pentecostés

XX Capítulo General de las Misioneras Combonianas

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Del 05 al 30 de septiembre tendrá lugar en Verona (Italia) el XX capítulo general de las misioneras combonianas bajo el lema: “OSAR LA MÍSTICA DEL ENCUENTRO PARA VIVIR LA MISIÓN COMBONIANA HOY”.

 “…La vida misionera está hecha de encuentros y desencuentros o choques y, a veces, también de indiferencia: encuentro con Dios, encuentro con las personas, encuentro con nosotras mismas, encuentro con la realidad, encuentro con la Creación. Insertos/as en un mundo globalizado y plural, estamos desafiados/as a cultivar y nutrirnos de una mística del encuentro, para que la otra/o se convierta en una compañera/o de camino, una hermana, un hermano y no una amenaza de eliminar o de la que huir.
Hoy, cuando las redes y los instrumentos de la comunicación humana han alcanzado un desarrollo inaudito, sentimos el reto de descubrir y transmitir la “mística” de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos del brazo, de apoyarnos, de participar a esta marea un poco caótica que puede transformarse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinación” (EG 87).
Mirando los retos de nuestra vida misionera, de ayer y mucho más de hoy, notamos que se focalizan en las relaciones, sobre el encuentro con las muchas diversidades de nuestro mundo, con una misión plural, con el ser misión más que con el hacer misión.” (tomado de la carta del Consejo General)

 

Como familia Comboniana nos unimos en oración a todas las hermanas y pedimos, por intercesión de S. Daniel Comboni, que este tiempo sea un tiempo de gracia y de escucha para descubrir los retos que la misión plantea al mundo de  hoy.

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Presencia Comboniana en la JMJ de Cracovia

 Los misioneros combonian13873031_1059913760764271_6100231482766587638_nos estuvieron presentes en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2016 en Cracovia, con miembros de otros institutos religiosos, con este motivo, se organizó una exposición misionera de carácter vocacional para los miles de jóvenes de todos los continentes, que llegaron esa ciudad. El P. Guillermo Aguiñaga, mexicano, que trabaja en Varsovia (Polonia), y el P. Rafael Pérez, español, que trabaja en Valencia (España) han sido los misioneros combonianos que se inscribieron como voluntarios para colaboraren en la JMJ 2016.

Rafael Pérez, secretario de la Evangelización de los combonianos en España nos comparte su experiencia:

“Mi participación en la JMJ  ha sido como voluntario. Toda una experiencia maravillosa para poner en práctica la gran misión del servicio, la disponibilidad y la ayuda. Han sido unos días muy intensos en los que los jóvenes de multitud de países de mundo entero han compartido con el Papa Francisco momentos intensos de oración, de testimonios de entrega generosa al servicio del Evangelio, junto a la alegría de sentirse llamados a ser valientes discípulos de Jesús. La presencia y los mensajes de Papa Francisco, siempre han animado a los jóvenes a renovar su vocación y fortalecerla cuando están comprometidos en la cercanía del necesitado. Así es como los jóvenes se convierten en un futuro de esperanza para el mundo de hoy en el nombre de Jesús. Desde la fe y la respuesta vocacional, muchas necesidades de nuestro mundo están siendo respondidas.’’

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También Sergio y Dori, LMC de Chiclana, acompañaron a un grupo de jóvenes de su diócesis de Cádiz y Ceuta a la JMJ de Cracovia . Allí, junto a miles de jóvenes  peregrinos celebraron la fe  y la alegría de ser testigos de la esperanza, seguidores de Jesús y misioneros de su mensaje.

 

 

 

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