‘El catequista contagia esperanza’ es el lema de la Jornada del Catequista Nativo y del IEME que se celebra cada 6 de enero. Se trata de una jornada promovida por las Obras Misionales Pontificas (OMP) que busca concienciar sobre la importancia de sostener y acompañar a los catequistas y predicadores de la Palabra que mantienen viva la fe en Jesucristo en los lugares más recónditos del planeta donde no es posible la presencia permanente del clero.
En palabras del papa Francisco, “muchos catequistas capaces y tenaces desempeñan una misión insustituible en la transmisión y profundización de la fe”, mientras que una “larga fila” de beatos, santos y mártires catequistas “han marcado la misión de la Iglesia”, constituyendo “una fuente fecunda para toda la espiritualidad cristiana”.
Asimismo, es una oportunidad para conocer y apoyar la labor del IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras), un órgano que facilita a los sacerdotes diocesanos españoles servir como misioneros en los lugares más difíciles de evangelizar. Desde el año 1919 medio millar de sacerdotes han llevado a cabo esta misión.
Un año más terminamos nuestra Campaña de Navidad agradeciendo a todas las personas y parroquias que han colaborado en ella. Gracias a vuestra colaboración y apoyo, se han recaudado 4102 € que irán destinados al proyecto misionero: “APRENDIENDO JUNTOS”. Un proyecto que busca mejorar la educación de los niños pigmeos Aka en Mongoumba en la República Centroafricana.
Desde la parroquia de San Jorge, nuestra comunidad LMC está comprometida en promover la integración de los Aka, a través del apoyo y acompañamiento de la red de escuelas de Ed. primaria.
Gracias a la participación de todos/as se abordarán los siguientes campos de trabajo: Formación de profesores, mantenimiento de las escuelas y realización de actividades de animación y sensibilización dirigidas a familias.
Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.» Él les contesto: «¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.
DEJAR A JESÚS ENTRAR EN NUESTRA CASA
Necesitamos ante todo buscar, cuidar y desarrollar un proyecto sano, digno y dichoso de familia que pueda plasmarse en la vida concreta de cada hogar. Jesús, acogido con fe y convicción en nuestra familia, nos puede ayudar a corregir y mejorar nuestro modo de vivir y nos puede descubrir un camino nuevo más digno de seguidores de su Evangelio.
Dejar a Jesús entrar en nuestra casa significa arraigar la familia con más verdad, más pasión y más ilusión en su persona, su mensaje y su proyecto del reino de Dios. Muchas cosas habrá que hacer los próximos años para reavivar nuestras familias, pero nada más decisivo que poner a Jesús en el centro del hogar, confiando en su promesa: «Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo» (Mateo 18,20). No estáis solos. En el centro de vuestro hogar está Jesús. Él os reúne, os alienta y os sostiene. Con Jesús todo es posible.
Acoger a Jesús en el hogar es tarea de toda una vida. Lo primero es aprender a vivir en el hogar con un corazón nuevo y un espíritu renovador. Esto significa empezar a vivir una relación nueva con Jesús, una adhesión más viva. Una familia formada por cristianos que apenas conocen a Jesús, que solo lo confiesan de vez en cuando y de manera abstracta, que nunca leen el evangelio, que se relacionan con un Jesús mudo del que no escuchan nada especial, nada de interés para el hombre y la mujer de hoy, un Jesús apagado que no atrae ni seduce, que no toca los corazones…, es una familia que difícilmente podrá sentir su fuerza renovadora.
Si ignoramos a Jesús y desconocemos su mensaje, no podremos orientar nuestra vida de familia desde su Evangelio. Si no sabemos mirar el mundo, la vida, las personas, los hijos, los problemas… con los ojos con que Jesús miraba, diremos que contamos con la luz privilegiada de la revelación, pero seremos una familia ciega que no sabe mirar la vida como la miraba Jesús. Y si no escuchamos el sufrimiento de la gente con la atención, la sensibilidad y la compasión con que Jesús escuchaba a los que encontraba sufriendo en su camino, seremos familias sordas. Y si no sintonizamos con el estilo de vivir de Jesús, con su pasión por hacer un mundo más justo, con su ternura hacia los niños, con su perdón a los despreciados…, no sabremos transmitir lo mejor que Jesús transmitía, lo más valioso, lo más atractivo: su Buena Noticia.
Se trata de vivir en nuestras familias esta experiencia: caminar los próximos años hacia un nivel nuevo de convivencia familiar, más inspirada y motivada por Jesús, y hacia una dinámica y un estilo de vida mejor orientados a abrir caminos al reino de Dios, es decir, a ese mundo nuevo más humano y dichoso que quiere el Padre para todos, empezando por los últimos. Después de veinte siglos de cristianismo, las familias cristianas necesitan un «corazón nuevo» para vivir y comunicar la Buena Noticia del Dios revelado en Jesús en medio de la sociedad actual. Lo decisivo es no resignarnos a vivir hoy en familia sin Jesús
Del 9 al 15 de diciembre de 2024, se celebró la VII Asamblea General de los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) en la Casa de la Comunidad Comboniana en Maia. El lema de la asamblea fue «¡Todos juntos por la misión!».
Los 29 participantes – 20 LMC y 9 misioneros combonianos – venían de 16 países de tres continentes: África (9), América (9) y Europa (11). España envió 2 representantes a esta Asamblea que se celebra cada 6 años. De los cinco miembros del actual Comité Central, estaban presentes los laicos Alberto de la Portilla (España) y Marco Piccione (Italia), así como el Padre Arlindo Pinto (Roma), referente del Consejo General para los LMC.
La mañana del primer día se dedicó a la oración. El Padre Fernando Domingues, Superior Provincial de Portugal, presidió la misa de apertura.
El miércoles 11, se celebró una reunión en línea con los representantes de los Consejos Generales de la Familia Comboniana. El jueves por la tarde, los participantes peregrinaron al Santuario Mariano de Fátima. El martes y el viernes se escucharon testimonios online de LMC que trabajan en comunidades internacionales, en Mozambique, Kenia, República Centroafricana, Perú y Brasil.
Los principales temas discutidos durante la Asamblea fueron: la presentación del camino recorrido por cada grupo de LMC de los diferentes países, durante los últimos seis años, en todos los niveles (formación, misión, economía y organización) y la reflexión y aprobación del estatuto de los LMC, que será presentado al Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en el Vaticano. Los últimos dos días se dedicaron a profundizar en la responsabilidad común por la misión, en especial la misión fuera de nuestras fronteras, así como el documento de Metodología Misionera que reflexiona sobre espiritualidad, estilo de vida y modelo de intervención LMC.
El sábado 14 fueron elegidos los miembros del nuevo Comité Central que coordinará los LMC durante los próximos seis años: Flavio Schmidt, de Brasil, Mukami Anne Mutheede, de Kenia, Anna Obyrtacz, de Polonia, y Alberto de la Portilla, de España, que fue reelegido, y que seguirá siendo también el coordinador general. El padre Arlindo Pinto continuará en su cargo de referente del Consejo General.
Alberto, en el comunicado que dirigió a los LMC y a toda la Familia Comboniana, subrayó las esperanzas que nacen de esta nueva asamblea: «una asamblea que esperamos nos ayude a madurar y profundizar nuestra vocación en todos los rincones del mundo, y a adquirir responsabilidad en nuestro camino de autonomía a todos los niveles». En cuanto a su reelección, añadió: «Espero que no sea sólo un servicio de continuidad, sino una consolidación de los aspectos importantes y los avances que necesitamos como movimiento internacional. Los verdaderos protagonistas son todos y cada uno de los LMC, todas y cada una de nuestras comunidades y grupos, a la escucha y a disposición del Espíritu Santo’.
Los trabajos concluyeron el sábado 14 de diciembre por la tarde, con una Misa presidida por el Padre David Domingues, Vicario General. Al día siguiente, Tercer Domingo de Adviento y Día Internacional de los LMC, el Padre David también presidió la Misa en presencia de los participantes en la asamblea, junto con el pueblo de Dios, en la capilla de la casa Maia.