El cardenal español, Miguel Ángel Ayuso Guixot, misionero comboniano y Prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, ha fallecido hoy a los 72 años.
El Cardenal Miguel Ángel Ayuso Guixot, M.C.J., Prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, nació el 17 de junio de 1952 en Sevilla (España) en el seno de una familia numerosa y profundamente católica. En septiembre de 1973 ingresa en la congregación Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, donde hizo su profesión perpetua el 2 de mayo de 1980. Ordenado sacerdote el 20 de septiembre del mismo año, en la parroquia del Corpus Christi de Sevilla. Prosiguió su formación eclesiástica en Roma, en la Pontificia Universidad Urbaniana y en el Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islámicos (Pisai), donde obtuvo la licencia en 1982. En 2000 se doctoró en Teología Dogmática por la Universidad de Granada. A principios de 2016, el Papa Francisco lo elevó al obispado titular de Luperciana. Él mismo le confirió la ordenación el 19 de marzo en la Basílica de San Pedro, y desde entonces ha sido una sucesión de compromisos, de viajes a todos los rincones del mundo para testimoniar a sus hermanos musulmanes, hindúes, budistas, sijs, sintoístas, confucianos o de religiones tradicionales que precisamente a través de la amistad personal es posible el diálogo.
El Papa Francisco ha hecho del diálogo interreligioso una prioridad de su pontificado, como demuestran las diversas visitas que ha realizado a países donde los católicos son minoría y en las que Ayuso Guixot ha participado en el séquito papal: las de Emiratos Árabes Unidos y Marruecos en febrero y marzo de 2019. Y en este sentido, tiene un valor significativo el Documento sobre la Fraternidad Humana para la Paz Mundial y la Convivencia Común firmado conjuntamente en Abu Dhabi por el Pontífice y el Gran Imán de Al Azhar (la institución académica suní más importante).
Fue creado Cardenal por el Papa Francisco en el Consistorio del 5 de octubre de 2019, de la Diaconía de San Jerónimo de la Caridad en Via Giulia.
Como familia comboniana nos unimos en oración y damos gracias a Dios por su vida y su servicio a la misión y a la Iglesia. Descanse en paz
En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.» Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a los discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»
NEUROSIS DE POSESIÓN
Una de las aportaciones más valiosas del evangelio al hombre contemporáneo es la de ayudarle a vivir con un sentido más humano en medio de una sociedad enferma de «neurosis de posesión».
El modelo de sociedad y de convivencia que configura nuestro vivir diario está basado no en lo que cada persona es, sino en lo que cada persona tiene. Lo importante es «tener» dinero, prestigio, poder, autoridad… El que posee esto sale adelante y triunfa en la vida. El que no logra algo de esto queda descalificado.
Desde los primeros años, al niño se le educa más para «tener» que para «ser». Lo que interesa es que se capacite para que el día de mañana «tenga» una posición, unos ingresos, un nombre, una seguridad. Así, casi inconscientemente, preparamos a las nuevas generaciones para la competencia y la rivalidad.
Vivimos en un modelo de sociedad que fácilmente empobrece a las personas. La demanda de afecto, ternura y amistad que late en todo ser humano es atendida con objetos. La comunicación queda sustituida por la posesión de cosas.
Las personas se acostumbran a valorarse a sí mismas por lo que poseen. Y, de esta manera, corren el riesgo de irse incapacitando para el amor, la ternura, el servicio generoso, la ayuda solidaria, el sentido gratuito de la vida. Esta sociedad no ayuda a crecer en amistad, solidaridad y preocupación por los derechos del otro.
Por eso cobra especial relieve en nuestros días la invitación de Jesús a valorar a la persona desde su capacidad de servicio y solidaridad. La grandeza de una vida se mide en último término no por los conocimientos que posee, ni por los bienes que ha conseguido acumular, ni por el éxito que ha podido alcanzar, sino por la capacidad de servir y ayudar a otros a vivir de manera más humana.
Cuántas gentes humildes, como la viuda del evangelio, aportan más a la humanización de nuestra sociedad con su vida sencilla de solidaridad y ayuda generosa a los necesitados que muchos protagonistas de la vida social, política o religiosa, hábiles defensores de sus intereses, su protagonismo y su posición.
Deseándoles abundantes bendiciones en su vida misionera les saludamos Mercedes y Carolina Laicas Misioneras Combonianas de Guatemala.
Queremos compartir con ustedes, un poco de nuestra historia personal.
Mi nombre es Mercedes, soy viuda y tengo 80 años, soy madre de 3 hijos, 6 nietos y 3 bisnietos.
Antes de ser misionera trabajé en comunidades pastorales en preparación de lectores, acólitos, infancia misionera, y fui instituida como ministra de la eucaristía, también formando cenáculos abiertos en casa; a pesar de todo este trabajo realizado para el Señor, me surgió la inquietud de conocer la misión y comencé a misionar con los Laicos Misioneros Combonianos de Guatemala viajando a San Luis Peten, una vez por año, durante cuatro años. Dentro de las actividades que realizábamos era visitar aldeas marginales en la profundidad de las montañas, sin acceso a luz ni agua. Misionaba escuchando las necesidades de la gente, compartiendo y conviviendo con ellos.
Ya tengo catorce años de estar en el camino misión y del carisma comboniano, en diversas situaciones y proyectos, así como en Santa Cruz Chinautla, municipio con alta población indígena evangelizando niños y mujeres de escasos recursos, trabajando en el programa de evangelización, formación y nutrición de niños en Santa Catarina Pinula en unas aldeas de periferia y haciendo algunas experiencia de vida comunitaria, tanto en el Salvador en un barrio de periferia como en Santo Domingo Xenacoj, en aldeas indígenas marginales. Cada vez ha sido mayor mi deseo de salir de misión fuera de Guatemala.
Mi nombre es Carolina, soy soltera y tengo 68 años, madre de 2 hijos y 3 nietos. Antes de estar en la misión, trabaje por muchos años en un grupo católico Cristocéntrico, en retiros abiertos y cerrados de primera evangelización, también dando platicas de crecimiento personal a personas adultas que se incorporaban de los retiros al grupo, al mismo tiempo a los niños que se reunían los viernes en la reunión de asamblea de grupo.
Durante cuatro años Mercedes me compartió sobre la misión y su experiencia en ella, hasta que un día accedí ir a los Laicos Misioneros Combonianos y me quedé, tengo ocho años de estar en la misión y en el camino del carisma comboniano. Estuve en formación por dos años, luego fui al visiteo a una aldea llamada la Salvadora en Santa Catarina Pinula y he trabajado con la gente del lugar, he visto sus necesidades y he sentido ese llamado fuerte de querer salir a misionar fuera de Guatemala.
Al igual que Mercedes, estuve con ella en Santa Cruz Chinautla y En la experiencia de vida comunitaria en el Salvador.
EN ESTE MOMENTO nos encontramos viviendo nuestra experiencia de vida comunitaria y preparación específica, para poder partir, en unos días a Villa Ecológica en Arequipa, Perú.
Esta experiencia la estamos viviendo en un Hogar Para Ancianas ubicado en Quetzaltenango a cinco horas de la ciudad de Guatemala, que es donde vivimos, hemos dejado nuestro hogar, familias, seres queridos y todo nuestro trabajo habitual para prepararnos a la misión Ad Gentes.
Esta experiencia que estamos viviendo nos ha permitido convivir juntas, conocernos mejor. Nuestro día lo hemos organizado con un horario diario de estudio, ayuda en el hogar en lo que se nos solicite, Alberto de la Portilla nos ha dado formación, que han sido muy enriquecedora para discernir nuestra vocación, hemos orado juntas y nos hemos hechos preguntas si realmente queremos salir afuera de Guatemala por todos los problemas que conlleva llegar a un lugar de diferente cultura y costumbres, pero la respuesta ha sido siempre SÍ, confiando en la providencia divina que va adelante de nosotras. No ha sido fácil adaptarnos al clima, pues aquí es muy frío y ha llovido mucho, por lo demás, hemos sido acogidas con mucho cariño por las hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, de las que hemos aprendido mucho sobre la organización del Asilo, la forma en la que cosechan sus propios alimentos y atienden a las 32 ancianas que tiene a su cargo. Siempre el misionero debe aprende todo lo que pueda para poder servir en el camino de misión.
Todos estamos ocupados preparando la próxima asamblea internacional de los Laicos Misioneros Combonianos (LMC), que se celebrará del 9 al 15 de diciembre de 2024, en Maia (Portugal), un acontecimiento fundamental en la vida de nuestro movimiento misionero. Sólo cada seis años tenemos la oportunidad de conocer a hombres y mujeres de los tres continentes (Europa, África y América) y de más de 21 países en los que estamos presentes.
Sin duda es un momento de mucha emoción que queremos preparar bien. Un momento que determinará el rumbo de los próximos 6 años. Este año en particular, con la vista puesta en el reconocimiento de nuestro carisma por parte de la Iglesia universal en un futuro próximo, signo de nuestro progreso a lo largo de los años y de nuestra madurez.
No podemos ni queremos olvidar nuestro servicio misionero en nuestros países de origen, sabemos que la misión está en todas partes, pero seguimos teniendo presente nuestro llamado a servir más allá de nuestras fronteras. En medio de todo esto, una nueva emergencia de continuidad se presenta nuevamente en una de nuestras misiones, en este caso Mongoumba, que recientemente celebró nuestro 25 aniversario de presencia continua.
No podemos olvidar nuestro primer amor … Cada uno de nosotros fuimos llamados a la misión y en particular la LMC nació con el objetivo de hacer posible ese sueño misionero de ir a otros países a compartir nuestra vida con otros pueblos, a ser misioneros. dondequiera que el Señor nos llame.
No podemos olvidar nuestro primer amor … De nada sirven nuestras asambleas internacionales, continentales o nacionales si no respondemos a este primer amor. Si entre todos no somos capaces de dar continuidad y apoyo a nuestras presencias misioneras. Cada organización que queremos tener, todos nuestros documentos tienen como único propósito servir a la misión, crear un movimiento fuerte que haga posible el servicio misionero, un movimiento que nos ayude a permanecer fieles a nuestro llamado.
No podemos olvidar nuestro primer amor … Porque sabemos lo difícil que nos resulta partir en muchos momentos de nuestra vida, siempre es necesario volver a nuestro primer amor. Para que la organización de nuestra vida no nos enrede demasiado y no nos permita salirnos ahora ni en el futuro. Para que las presencias misioneras estén presentes en nuestras vidas donde estamos y donde están nuestros hermanos y hermanas. Presente en nuestros pensamientos, en nuestras oraciones, en nuestra organización, en nuestra economía…
No podemos olvidar nuestro primer amor … Cada uno de nosotros fue llamado a la misión. El amor que hemos recibido de Dios nos desborda y nos empuja a entregarnos. Es este amor el que queremos transmitir y ofrecer a nuevas personas. Que esté siempre presente en nuestros grupos y que sepamos transmitirlo. Que pensemos en cómo abrir nuestros grupos a nuevas personas que vienen a nosotros con cada nuevo curso, no olvidemos darnos a conocer, decir «Estamos dispuestos a acompañar a todo aquel que sienta vocación misionera». Cada vez que alguien llama a nuestra puerta o hacemos animación misionera, sabemos presentar nuestra vocación y en particular la llamada y el compromiso común de servir a la misión. La Iglesia necesita voces que clamen en el desierto y proclamen que es necesario seguir saliendo personalmente al servicio de nuestros hermanos más pobres y abandonados .
No podemos olvidar nuestro primer amor … Y damos gracias a Dios por cada LMC que dejó hogar, familia, país, para servir en la misión. En particular, en este momento tenemos presente a Agnieszka, quien, a pesar de estar sola, permanece en Arequipa esperando apoyo, alivio. Esperamos que Mercedes y Carolina puedan completar sus preparativos y partir hacia Arequipa. A Xoancar que después de tantos años sigue siendo constante en Piquiá, o a Anna y Gabriele que también tendrán que ser reemplazados dentro de seis meses después de dos años de misión, o a Flavio y Liliana que después de tantos años ahora se tomarán un descanso. después de haber acompañado a una familia fidei domun que cuida de Ipê Amarelo. Y con estas próximas salidas nuestra situación en Brasil volverá a ser frágil. Gracias a Elia que regresó a Mongoumba para acompañar a Cristina que pronto regresará a Portugal y a quien agradecemos su dedicación. Si Dios quiere, noticias de última hora, Teresa regresará para responder a este llamado de necesidad en RCA. Misioneros que, con el paso de los años, siguen respondiendo a su primer amor. Pero no son suficientes para una misión como la de África Central y necesitan ayuda. Gracias a los jóvenes representados por Linda, Marzena y Pius en Kenia. Están persiguiendo con entusiasmo el desafío de ser pioneros en Kitelakapel, nuestra última presencia misionera. Probablemente en unos meses Iza se una a nosotros desde Polonia para dar aún más estabilidad a nuestra presencia. Gracias a Regimar y Tito que renovaron su presencia en Carapira, porque es necesario tiempo para hacernos espacio, nuestra misión no habla de inmediatez sino de caminar con paciencia. También a IIaria y Federica que se han sumado a Carapira y poco a poco van entrando a la realidad del pueblo Macua. Y por último María Augusta, una gran veterana, que literalmente regresa a su primer amor en Mozambique después de haber estado en Mongoumba o Camarate en Portugal. Vemos que el Señor no sólo llama a los más jóvenes, o tal vez sí, sino en espíritu. Pronto tendremos Mercedes a los 79, pero tenemos más de una persona a los sesenta. La edad no es un límite para salir, aunque sabemos que seguramente el Señor les pedirá otro tipo de presencia, no con el vigor de la juventud sino aprovechando la madurez de los años. En cualquier caso, hay que completar estas comunidades y preparar al personal.
No podemos olvidar nuestro primer amor … No podemos dejar de cuidar de nuestros hermanos, y especialmente de nuestras hermanas LMC, que son la mayoría, en su vida diaria. Para nosotros dos personas no son suficientes, no está bien, es demasiado cansado, necesitamos comunidades de 4 o 5 personas. Aunque luego tengamos más tiempo para entendernos y sepamos que no siempre es fácil, si ponemos al Señor en el centro él lo hará posible. Pero para completar nuestras comunidades debemos prepararnos, para que el idioma no sea un problema para dar continuidad, por ejemplo en Mongoumba. Nuestra voluntad de ir a donde la necesidad es mayor debe ir acompañada de la capacitación necesaria para ir a esos lugares. Sabemos que no es sólo una cuestión de buena voluntad, por eso desde el principio proponemos la misión, pero al mismo tiempo recordamos que debemos ofrecer el mejor servicio y para ello debemos ser Santos y Capaces como quería Comboni.
Misioneros combonianos y laicos combonianos en Milán (Italia).
No podemos olvidar nuestro primer amor … Por último, pero quizás lo más importante, es hora de aceptar el desafío lanzado a cada uno de nuestros países. Cada uno de nuestros países está llamado a enviar LMC a nuestras comunidades. No es con el esfuerzo de unos pocos que será posible, sino con la colaboración de todos. Que sea un desafío para cada país preparar, acompañar y apoyar la salida de un misionero de nuestro país en los próximos meses o años. Sabemos que a veces no es fácil tener ese tiempo disponible, también sabemos que a veces hay dificultades económicas para afrontar estos envíos, pero si cada uno de nosotros como LMC, y cada uno de nuestros países ponemos de nuestra parte, será posible. , será sostenible en el tiempo, incluso será extensible. Si cada uno aporta con su granito de arena pronto tendremos una montaña, si cada vez que podemos animamos la misión y proponemos una salida misionera, pronto tendremos más gente dispuesta, y con el apoyo de los que por el momento estamos en la retaguardia, haremos posible ser fieles a nuestro primer amor, a nuestro primer sueño por el cual nacimos como LMC de servir la misión donde el Señor quiera enviarnos.
Mis mejores deseos para todos ustedes.
Te invitamos a orar con esta canción, en español…
Comité Central de los Laicos Misioneros Combonianos
Queremos compartir con vosotros un video sobre la atención sanitaria que nuestra comunidad internacional de Laicos Misioneros Combonianos desarrolla en Mongoumba, República Centroafricana.
En el Cristina nos cuenta las diferentes actividades que realizan y nos presenta la realidad de atención sanitaria y en especial la dedicación a la población Aka.
Gracias a todos por vuestras oraciones y el apoyo a nuestro servicio LMC en los lugares donde estamos presentes.