El sábado 23 de junio de este año, durante la reunión de la familia comboniana en Cracovia, Paweł e Iza se unieron solemnemente al movimiento de los Laicos Misioneros Combonianos.
El acontecimiento tuvo lugar antes de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, que tanto amaba el fundador de la congregación, Daniel Comboni. Él escribió muchas veces en sus cartas tener siempre “los ojos fijos en Cristo”, estas palabras son el fundamento de la vida de un misionero.
Durante la Santa Misa solemne, ambos candidatos leyeron el acta de adhesión manuscrita y y se la entregaron al Padre Adam Zagaja, responsable del LMC en Polonia en nombre de la Congregación de los Misioneros Combonianos.
LMC, familiares y amigos estuvieron presentes en este día tan importante para Paweł e Iza.
Siempre asociamos el verano con el tiempo para el descanso y la desconexión, y es que, después de todo un curso repleto de actividades pastorales también el Señor nos invita a cada uno de nosotros a ir a un lugar desierto para descansar y reponer fuerzas.
En este contexto de descanso, los LMC de España celebraremos nuestra Asamblea anual en el mes de agosto. En ella, además de celebrar la vida como familia, abordaremos diversos temas en torno a nuestra presencia misionera como laicos misioneros combonianos.
Pero además, este verano es especial ya que varios LMCs de España se encuentran en diferentes lugares de África acompañando a jóvenes en su experiencia misionera en diversas comunidades.
Nuestros compañeros Fayna y Luis de Gran Canaria se encuentran en Mozambique con un grupo de jóvenes de su diócesis que han ido a conocer de primera mano el trabajo que algunos misioneros canarios están realizando en aquel país.
Por otro lado, Carmen Aranda y su familia se encuentran en Uganda, concretamente en el Orfanato de St. Jude (Gulu) donde Carmen trabajó durante tres años. Sin duda un bonito y emotivo reencuentro.
Por último, nos acercamos a Kenia donde este verano tenemos dos presencias misioneras. Por un lado, Alberto de la Portilla, coordinador general de los LMC, se encuentra visitando y acompañando a las diferentes comunidades de LMC que hay en el país. Seguro que su visita servirá para dar un impulso al Movimiento LMC en Kenia.
También en Kenia se encuentra Tere Monzón, LMC de Toledo, que junto con el p. Justus y la hna Lily están acompañando a un grupo de jóvenes de “Combojoven” que han estado todo el año formándose para tener esta experiencia misionera.
Como veis, este verano “sabe a misión” y desde aquí os iremos compartiendo las noticias que nos llegue.
Un abrazo y ¡Feliz Verano!
Alberto de la Portilla junto a un grupo de LMC de KeniaFayna y Luis (de azul) en la ceremonia misionera de envíoGrupo jóvenes CombojovenTere Monzón (3ª por la derecha) junto al grupo de Combojoven
quí estamos, LMC de Kenia, en la reciente fiesta de los Amigos de Comboni en Utawala, el día de la Ascensión, para despertar el entusiasmo de la gente sobre el trabajo misionero, sobre lo que significa ser LMC, ya sea en Nairobi, o en West Pokot, o donde quiera que estemos. Construir puentes entre nuestra misión en Kitelakapel y esta parroquia comboniana dentro de Nairobi, y todos los Amigos de Comboni allí reunidos.
A medida que seguimos llegando a nuevas parroquias con nuestras animaciones misioneras, cada vez más gente nos conoce, abraza nuestra causa, se implica, nos apoya espiritual y económicamente y, lo que es más importante, aumenta nuestro número. Ahora somos tantos que estamos buscando un nuevo lugar para nuestras reuniones mensuales, pues ya no cabemos en la casa de huéspedes que hemos estado utilizando hasta ahora.
La misión es una pasión, que puede impulsar a cada uno de nosotros a contribuir a su manera: a los que están en el campo, en el extranjero o haciendo servicio en el lugar donde viven, a los que apoyan económicamente cerca y lejos, a los que dedican su tiempo y servicio a recaudar fondos, a dar a conocer nuestro trabajo y carisma, a construir relaciones, a involucrar a nuevos miembros y formarlos, a conectar con las otras ramas del LMC y permanecer unidos.
Y mientras agradecemos a la familia comboniana por involucrarnos en este ejercicio, queremos enviar un mensaje de ánimo a todo el LMC: ¡no perdamos la esperanza y sigamos llegando a nuevos lugares, física y virtualmente (¡medios sociales!) con nuestra animación misionera! La única herramienta para que sigamos creciendo, en número y en fuerza, para que no se desperdicie el buen trabajo que estamos haciendo en todas partes del mundo, y especialmente en las comunidades internacionales donde tanta falta nos hacen más misioneros.
Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
ALIENTO DE VIDA
Los hebreos se hacían una idea muy bella y real del misterio de la vida. Así describe la creación del hombre un viejo relato, muchos siglos anterior a Cristo: «El Señor Dios modeló al hombre del barro de la tierra. Luego sopló en su nariz aliento de vida. Y así el hombre se convirtió en un [ser] viviente».
Es lo que dice la experiencia. El ser humano es barro. En cualquier momento se puede desmoronar. ¿Cómo caminar con pies de barro? ¿Cómo mirar la vida con ojos de barro? ¿Cómo amar con corazón de barro? Sin embargo, este barro ¡vive! En su interior hay un aliento que le hace vivir. Es el Aliento de Dios. Su Espíritu vivificador.
Al final de su evangelio, Juan ha descrito una escena grandiosa. Es el momento culminante de Jesús resucitado. Según su relato, el nacimiento de la Iglesia es una «nueva creación». Al enviar a sus discípulos, Jesús «sopla su aliento sobre ellos y les dice: Recibid el Espíritu Santo».
Sin el Espíritu de Jesús, la Iglesia es barro sin vida: una comunidad incapaz de introducir esperanza, consuelo y vida en el mundo. Puede pronunciar palabras sublimes sin comunicar el aliento de Dios a los corazones. Puede hablar con seguridad y firmeza sin afianzar la fe de las personas. ¿De dónde va a sacar esperanza si no es del aliento de Jesús? ¿Cómo va a defenderse de la muerte sin el Espíritu del Resucitado?
Sin el Espíritu creador de Jesús podemos terminar viviendo en una Iglesia que se cierra a toda renovación: no está permitido soñar en grandes novedades; lo más seguro es una religión estática y controlada, que cambie lo menos posible; lo que hemos recibido de otros tiempos es también lo mejor para los nuestros; nuestras generaciones han de celebrar su fe vacilante con el lenguaje y los ritos de hace muchos siglos. Los caminos están marcados. No hay que preguntarse por qué.
¿Cómo no gritar con fuerza: «¡Ven, Espíritu Santo! Ven a tu Iglesia. Ven a liberarnos del miedo, la mediocridad y la falta de fe en tu fuerza creadora»? No hemos de mirar a otros. Hemos de abrir cada uno nuestro propio corazón.
Celebración del día de los familiares y amigos de la Familia Comboniana en Granada.
La jornada comenzó con una mesa redonda en torno a la vocación misionera en la que participaron el P. Dreyfus, mccj centroafricano; Lilly Navarrete, comboniana mejicana y David Aguilera, LMC español.
Además, tuvimos la oportunidad de celebrar como familia comboniana la renovación de votos de los 9 escolásticos que están estudiando en Granada.
Damos gracias a Dios por este renovado «Sí» y por este encuentro festivo de toda la familia comboniana presente en Granada.