Categoría: Vida LMC
En el distrito de El Porvenir,en las afueras de Trujillo (Perú),vive y trabaja una comunidad de Misioneros Combonianos y de Laicos Misioneros Combonianos. Su trabajo se desarrolla en medio de una durísima realidad social marcada por la violencia de los grupos mafiosos y sus extorsiones
«Estaba en la cárcel y fuisteis a visitarme»

Entre las diversas actividades pastorales de la parroquia de Santo Domingo, dirigida por los misioneros combonianos en Nova Contagem, también existe la Pastoral Penitenciaria, realizada por 15 voluntarios, entre ellos los Laicos Misioneros Combonianos, que forman parte de la parroquia.
Todos los martes y miércoles por la mañana, el grupo se reúne para visitar los pabellones de la prisión de máxima seguridad Nelson Hungría, situado en Nova Contagem, con cerca de 2.000 reclusos. La cita es a las 08:00 en la plaza junto a la cárcel.
Las prisiones en Brasil, como en otras partes del mundo, sufren un alto hacinamiento debido a un sistema penitenciario con poca atención a la recuperación de los detenidos.
Las prisiones de Minas Gerais, por ejemplo, pueden recibir 32.000 presos, divididos en 144 prisiones, en realidad son 54.000 personas presas entre las varias unidades. Esta situación sólo puede empeorar las condiciones de vida de los presos, con una finalidad más de castigo que de re-educación y re-socialización, con graves violaciones de los derechos humanos.
La acción y el compromiso del grupo de Pastoral Penitenciaria, en su mayoría compuesto por mujeres, es creer en el trabajo de promover la dignidad humana, el respeto por los derechos humanos, y la superación de los límites del sistema penitenciario actual en favor de un modelo que permita la recuperación y la reintegración efectiva de la persona encarcelada.
Lo más importante de nuestra acción pastoral es el testimonio de un Dios que no discrimina a ninguna persona en un lugar marcado por el desprecio, los prejuicios y la violencia, haciendo nuestras las palabras del Evangelio: “Yo estaba en la cárcel, y vinisteis a visitarme”. Es la enseñanza de Jesús, el método, el modelo, que dirige el caminar de esta pastoral, reconociendo el rostro de Dios en cada persona, incluso en la cárcel.
Hay muchos desafíos y dificultades que enfrentar en nuestras actividades pastorales, como el exceso de burocracia que a menudo retrasa y complica nuestro trabajo, con los controles, restricciones a las visitas, permisos limitados; pero este pequeño grupo de voluntarios afrontamos las dificultades con coraje. Esto también permitió en 2014, la creación de dos grupos de catequesis dentro de la prisión e hizo posible que algunos reclusos que lo habían solicitado pudiesen recibir los sacramentos.
Para esto son fundamentales los momentos de formación permanente que hacemos cada fin de mes con un espacio dedicado a la programación y la formación, que permite a los agentes de pastoral de la prisión conocer y aprender las acciones e informaciones que ayudarán a mejorar las visitas a la prisión y la relación con los presos. Nos ayuda también la formación llevada a cabo por la diócesis.
En eso consiste el trabajo de la pastoral penitenciaria. Una acción sencilla, cogiendo de la mano, encontrándonos cara a cara, escuchando las historias de vida de los que están al otro lado de los barrotes con el fin de presenciar la justicia y la dignidad de todo ser humano, ya que como el Evangelio dice: “En esto reconocerán que sois mis discípulos en el amor de los unos a los otros” (Jn 13, 35).
Emma Chiolini, Laica Misionera Comboniana
Infacia Misionera en Sevilla
Como en años anteriores el pasado domingo, día 24 de enero, nos reunimos con más de 700 chicas y chicos entre 10 y 12 años en el polideportivo del colegio Claret de Sevilla. Todos ellos miembros de grupos parroquiales y colegios católicos para celebrar juntos la Infancia Misionera.
En este 2016 el lema de dicho encuentro era GRACIAS, y en torno a él han girado todas las actividades (la oración inicial, los testimonios misioneros, el Festival de la canción, los juegos y la acción de gracias). Desde la delegación de misiones preparamos este encuentro con ilusión, pues es una alegría, y un motivo para dar Gracias, que año tras año la jornada de la Infancia misionera no sólo no pierda fuerza, sino que sea un motivo de encuentro, de testimonio, de sensibilización, …
Me encanta ver la cara de los chicos y chicas mientras escuchan los testimonios de los misioneros, acercándoles una realidad tan distinta de la que viven la mayoría de ellos, ver cómo entre ellos, y debido a la inmigración, hay niños procedentes de esos países de los que les están hablando y poder charlar entre ellos de esas otras costumbres, de otras formas de entender la vida, de expresar su fe, …
Siempre se me escapa una sonrisa cuando nuestro delegado de misiones pregunta si alguno quiere ser misionero de mayor y siempre hay algún valiente que da un paso al frente. La mies es mucha y los trabajadores son pocos… hace falta animar a los niños y jóvenes a abrir su corazón para que sientan la llamada del Padre a compartir su día a día con tantos hermanos que no conocen a Jesús, y a trabajar por un mundo más justo, dónde la salud y la educación sean un derecho de todos, como hermanos que somos e hijos del mismo Padre.
M. Carmen Tomás – LMC
Otro México es posible
VER
La revista FORBES ha publicado unos datos oficiales del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), que nos indican que, de 2012 a 2014, aumentaron dos millones de personas en situación de pobreza en México, llegando a 55.3 millones de mexicanos, que son el 46.2% de la población total, aunque no se puede dejar de mencionar que disminuyó la pobreza extrema en un 0.85%, pues más personas cuentan con servicios básicos de salud, vivienda, seguridad social.
Chiapas es el Estado con mayor proporción de pobres: el 76.2% de una población cercana a los cinco millones de habitantes. Es decir, 3.96 millones de chiapanecos están en situación de pobreza; y de ellos, 1.6 millones en pobreza extrema. Le siguen Oaxaca, Guerrero, Puebla, Michoacán, Veracruz, Estado de México, etc.
Como seguidores de Jesús, ¿esto nos puede dejar indiferentes? ¿Es justo y equitativo este sistema en que vivimos? ¿Podemos relegarnos en nuestras sacristías, y dejar que el mundo ruede, sin importarnos los que sufren? ¿Esto tiene que ver con el Evangelio y con la misión de la Iglesia?
PENSAR
El Papa Francisco ha dicho:
“La causa principal de la pobreza es un sistema económico que ha quitado a la persona del centro y ha puesto al dios dinero, un sistema económico que excluye, excluye siempre, excluye a los niños, ancianos, jóvenes sin trabajo… y que crea la cultura del descarte en la que vivimos. Nos hemos acostumbrado a ver personas descartadas. Esta es el motivo principal de la pobreza, no las familias numerosas.
El sistema social y económico es injusto en su raíz. Esa economía mata. ¡No a una economía de la exclusión! ¡No a la inequidad que genera violencia! ¡No a la nueva idolatría del dinero! ¡No a un dinero que gobierna en lugar de servir! El dinero debe servir y no gobernar.
Algunos simplemente se regodean culpando a los pobres y a los países pobres de sus propios males, con indebidas generalizaciones, y pretenden encontrar la solución en una “educación” que los tranquilice y los convierta en seres domesticados e inofensivos. Esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países —en sus gobiernos, empresarios e instituciones—, cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes.
En nuestras ciudades está instalado el crimen mafioso y aberrante de la trata de personas, y muchos tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y muda.
Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional. Una auténtica fe siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo.
¡Cuánto daño nos hace la vida cómoda, el bienestar! El aburguesamiento del corazón nos paraliza. Algunas personas prefieren no informarse y viven su bienestar y su comodidad indiferentes al grito de dolor de la humanidad que sufre.
ACTUAR
¿Qué hacer? El mismo Papa nos dice que no nos quedemos en quejas, en lamentos y en críticas al sistema; que todos podemos y debemos hacer algo para que las cosas cambien:
“¡No al pesimismo estéril! Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos”.
Y agrega algo muy concreto: “Debemos inmiscuirnos en la política, porque la política es una de las formas más altas de la caridad, porque busca el bien común. Y los laicos cristianos deben trabajar en política. Trabajar por el bien común es un deber de un cristiano. Y muchas veces para trabajar, el camino a seguir es la política”. Obviamente, está hablando de la buena política, la del servicio.
¿Cómo generar otro estilo de vida y luchar por otro sistema? Dice el Papa: “Los ámbitos educativos son diversos: la escuela, la familia, los medios de comunicación, la catequesis, etc. Una buena educación escolar en la temprana edad coloca semillas que pueden producir efectos a lo largo de toda una vida”.
Con ocasión de la visita del Papa a nuestra patria, reflexionemos qué podemos hacer.
+ Felipe Arizmendi Esquivel. Obispo de San Cristóbal de Las Casas
Domingo II TO (C). de enero de 2016
Juan 2,1-11
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino». Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora». Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga». Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora». Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.

LENGUAJE DE GESTOS
El evangelista Juan no dice que Jesús hizo «milagros» o «prodigios». Él los llama «signos» porque son gestos que apuntan hacia algo más profundo de lo que pueden ver nuestros ojos. En concreto, los signos que Jesús realiza, orientan hacia su persona y nos descubren su fuerza salvadora.
Lo sucedido en Caná de Galilea es el comienzo de todos los signos. El prototipo de los que Jesús irá llevando a cabo a lo largo de su vida. En esa «transformación del agua en vino» se nos propone la clave para captar el tipo de transformación salvadora que opera Jesús y el que, en su nombre, han de ofrecer sus seguidores.
Todo ocurre en el marco de una boda, la fiesta humana por excelencia, el símbolo más expresivo del amor, la mejor imagen de la tradición bíblica para evocar la comunión definitiva de Dios con el ser humano. La salvación de Jesucristo ha de ser vivida y ofrecida por sus seguidores como una fiesta que da plenitud a las fiestas humanascuando estas quedan vacías, «sin vino» y sin capacidad de llenar nuestro deseo de felicidad total.
El relato sugiere algo más. El agua solo puede ser saboreada como vino cuando, siguiendo las palabras de Jesús, es «sacada» de seis grandes tinajas de piedra, utilizadas por los judíos para sus purificaciones. La religión de la ley escrita en tablas de piedra está exhausta; no hay agua capaz de purificar al ser humano. Esa religión ha de ser liberada por el amor y la vida que comunica Jesús.
No se puede evangelizar de cualquier manera. Para comunicar la fuerza transformadora de Jesús no bastan las palabras, son necesarios los gestos. Evangelizar no es solo hablar, predicar o enseñar; menos aún, juzgar, amenazar o condenar. Es necesario actualizar, con fidelidad creativa, los signos que Jesús hacía para introducir la alegría de Dios haciendo más dichosa la vida dura de aquellos campesinos.
A muchos contemporáneos la palabra de la Iglesia los deja indiferentes. Nuestras celebraciones los aburren. Necesitan conocer más signos cercanos y amistosos por parte de la Iglesia para descubrir en los cristianos la capacidad de Jesús para aliviar el sufrimiento y la dureza de la vida.
¿Quién querrá escuchar hoy lo que ya no se presenta como noticia gozosa, especialmente si se hace invocando el evangelio con tono autoritario y amenazador? Jesucristo es esperado por muchos como una fuerza y un estímulo para existir, y un camino para vivir de manera más sensata y gozosa. Si solo conocen una «religión aguada» y no pueden saborear algo de la alegría festiva que Jesús contagiaba, muchos seguirán alejándose.
José Antonio Pagola
