XXVI Encuentro Antropología y misión

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La revista Mundo Negro ha concedido el Premio a la Fraternidad 2013 a la Hna. Angélique Namaika, religiosa agustina en la diócesis de Dungu-Doruma (R. D. de Congo). El galardón se entregará durante la celebración del XXVI Encuentro de Antropología y Misión, que se celebrará en Madrid los días 1 y 2 de febrero, bajo el lema Refugiados. Voces para la esperanza.

La Hna. Angélique Namaika, de 46 años, nació en Kembisa, en el sur de la provincia Oriental, en una ferviente familia católica, en la que creció con otros cinco hermanos. Su deseo de consagrarse surgió al conocer a una religiosa alemana agustina que trabajaba especialmente con los enfermos. Es enviada a formarse a Doruma, donde permanece durante doce años. En 2003, después de un año y medio en Bangado, es destinada a Dungu, donde se vuelca en el trabajo con las mujeres desplazadas a causa de la violencia que sufre la zona, muy rica en recursos minerales –especialmente oro y diamantes– y afectada por la presencia de numerosos grupos armados que acosaban severamente a la población. Entre estos, destacaba el LRA de Joseph Kony. En el año 2009, la propia Hna. Angélique Namaika tuvo que huir de la zona durante varios meses.

La revista Mundo Negro le  ha concedido este premio, por ser un símbolo del trabajo que la Iglesia desarrolla en uno de los rincones más conflictivos del continente africano, y junto a uno de los colectivos –el de los refugiados– que con más facilidad pasa al olvido de la opinión pública.

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Catherine Samba-Panza, nueva presidenta de la República Centroafricana

1390233178192De repente, en la tristísima y desesperada República Centroafricana brilla la esperanza de que el ciclo de violencias que no cesa puede estar a punto de llegar a su fin y la paz puede ser algo distinto a un sueño distante. Ayer, 20 de enero, el Consejo Nacional de la Transición eligió a la persona que ocupará la presidencia del país hasta que se celebren elecciones democráticas dentro de un año: se trata de Catherine Samba-Panza, quien hasta ahora era la alcaldesa de Bangui. Estará poco tiempo en el poder, pero por lo menos será alguien que no tiene nada que ver ni con los grupos armados que han martirizado a este país ni con los políticos corruptos que no han dejado de saquearlo. Centroáfrica se convierte así en el tercer país africano –junto con Liberia y Malawi- que tiene una mujer presidenta.

La mañana de ayer empezó bajo el signo de la tensión. El día antes, domingo, una muchedumbre de violentos mató sin piedad a pedradas a dos musulmanes en el barrio Sango, un lugar bastante céntrico. Les acusaron de haber causado la muerte unos días antes de un taxista del barrio que había desaparecido. Una vez muertos, llevaron sus cadáveres hasta una rotonda, los rociaron de gasolina y les prendieron fuego mientras una patrulla de la MISCA (la fuerza de la Unión Africana en Centroáfrica) acudió –tarde ya- para evitar que la violencia fuera a mayores. Por la noche se oyeron disparos muy cerca de donde vivo. Eran los militares congoleños que intentaban ahuyentar a otros jóvenes que intentaron atacar a otros musulmanes del barrio para quemar sus viviendas. Un amigo que vive en el lugar me confesaba ayer, con una gran tristeza: “No nos hemos hecho aún a la idea de cuánto odio hay en nuestro país entre comunidades (de cristianos y musulmanes); esto llevará mucho tiempo cambiarlo”. Fuera de Bangui, que por lo menos está bajo un cierto control de la MISCA y de los 1.600 soldados franceses que la apoyan, las cosas siguen degenerando y cada día hay nuevos episodios de violencias y venganzas que están desangrando el país.

Sorprende poco que el primer discurso de la nueva presidenta se haya dirigido a los milicianos de uno y otro signo (los musulmanes de la Seleka y sus enemigos, los anti-Balaka) para exigirles sin contemplaciones que entreguen las armas. Este es el grito del millón largo de desplazados que tiene este país de apenas cuatro millones y medio de habitantes que sólo quieren vivir en paz en sus casas. Solo en la capital, Bangui, hay medio millón de personas que han huido de sus hogares que viven en condiciones deplorables…

José Carlos Rodríguez

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Era extranjero y no me acogísteis

inmigrantesHoy día 19, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de las Migraciones, con el objetivo de sensibilizar a nuestra sociedad ante la situación de los inmigrantes. Con el lema «Emigrantes y refugiados, hacia un mundo mejor», el obispo de Albacete, Ciriaco Benavent, presidente de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, ha denunciado la valla de Melilla, con las concertinas o cuchillas afiladas para impedir el paso de los inmigrantes.

El obispo Benavent también ha criticado, con valentía, los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) y la restricción de los derechos sanitarios de los inmigrantes.

En pleno siglo XXI, es escandalosa la situación en la que malviven los extranjeros recluidos, como en una prisión, en los CIEs. Sé, por un amigo sacerdote de València, asiduo al CIE de esta ciudad, que «es peor que una cárcel«. Y son también inmorales e inhumanos los recortes sanitarios aplicados a los inmigrantes.

Y todo eso provocado por un Gobierno, el de Madrid y también el del País Valenciano, que asiste a misas y a procesiones, e incluso con algún miembro que hace pregones de Semana Santa. O que reciben al papa, con reverencia, pero que después actúan con irreverencia en relación a los más débiles de la sociedad.

Seguramente que los miembros del Gobierno español y del valenciano han escuchado muchas veces el capítulo 25 de San Mateo: «tuve hambre, y no me disteis de comer, era extranjero, y no me acogisteis» (Mt 25:31-46). Y es que ante las necesidades de la gente más desvalida, podemos actuar desde la solidaridad o desde la indiferencia.

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Navidad y año nuevo en RCA

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Carta de Mons. Juan José Aguirre.

¡¡Pobre Centroáfrica, no ya al borde del precipicio, sino bien dentro!! Ni la misa de Navidad, ni las fiestas de Año nuevo han hecho parar el crepitar de las balas ni han atenuado el miedo de los indefensos, mordidos sin piedad por los dientes de una violencia indiscriminada.

Ya sabéis que Centroáfrica fue «conquistada» por un grupo islámico (Seleka) desde hace un año, más o menos enero 2013. Ya expliqué en otros artículos cómo en un solo año han llevado el país a la ruina, han destrozado los edificios gubernativos, han atacado y saqueado sin piedad las misiones, también la nuestra de Bangassou, han desmigajado un pan horneado con el trabajo de muchos años. No me canso de decir que éstos rebeldes de lengua árabe y turbante nos han robado casi todo menos la fe. A principios de diciembre, casi un año después, hemos visto que muchos de los miles de mercenarios chadianos y sudaneses que los acompañaban en la odiosa ida, se volvían a casa, llenos sus petates de ilusiones rotas y teléfonos portátiles robados.

El pueblo centroafricano, durante 10 interminables meses, ha sido como un escuálido sparring con guantes de juguete delante de un gorila sin escrúpulos, recibiendo golpes sin verlos venir e incapaz de escabullirse del cuadrilátero. Sin mercenarios, los Seleka se quedaron en posición de vulnerabilidad y el pueblo llano, los que han aguantado pisotones, moratones, pillajes y violaciones sin número durante este tiempo, se han envalentonado y atacan los Seleka por todos los flancos.

El mes de diciembre 2013 ha sido caótico: centenas de miles de desplazados, cientos de ejecuciones, rapiñas y violencia contra barrios de musulmanes, sobre todo en Bangui, la capital y en el norte, en ciudades como Bossangoa, Bouca, Bossanbele…

Visto el baño de sangre que se venía encima el 5 de diciembre pasado, (me pilló por casualidad en Bangui y me metí sin quererlo en un «fregao» en donde las balas pasaron rozando mi coche), el país necesitó ayuda de militares franceses y de otras nacionalidades (MISCA) para sosegar esa sed desenfrenada de venganza. Los dos bandos estaban bien delimitados. Por una parte los Seleka, en su mayoría musulmanes. Pero eran confundidos con todo musulmán, el 15% de los centroafricanos, haciendo una amalgama tan injusta como horrible para mujeres, niños y ancianos. Por la otra, los no musulmanes, metidos en una olla que llamaron anti-balaka, que RFI, Francia 24 y otros medios, mal llamaron «cristianos», y que realmente es un grupo heteróclito no musulmán, compuesto por jóvenes que demuestran su hartazgo de los abusos repetidos durante 10 meses de «reinado» Seleka. Movidos por histerias colectivas y unidos a piratas ocasionales, ese 5 de diciembre los anti-balaka empezaron con una violencia indiscriminada que los militares (llegados a prisa y corriendo) se veían incapaces de parar. Dos soldados franceses y otros africanos pagaron con sus vidas el intento.

Hoy día, 7 de enero de 2014, las cosas en Centroáfrica están estancadas. Un sentimiento de impotencia planea sobre nuestras cabezas como la densa neblina de las mañanas que te impide ver a dos metros de tu nariz. La violencia que hemos vivido desde hace un mes en la capital y en el norte del país, ha sido desmedida y será difícil restaurar lo destrozado: edificios, convivencia inter-étnica, confianza mutua, actividades diarias, mercadillos y costumbres de sociedad… El entramado cotidiano se ha resquebrajado y no hay pegamento para recomponerlo, ni aguja para enhebrarlo, ni dinero para comprarlo nuevo. Tardará años en rehacerse. Actualmente el país no funciona, los funcionarios no vienen a trabajar, nadie es pagado desde hace semanas y el caos es total. Salvo por algunas ONGs que se mueven para situaciones de urgencia, nadie hace nada, como tetanizados por el miedo. Médicos sin Fronteras están desbordados. A veces, confiesan ellos mismos, paralizados por estallidos repentes de violencia. Difícil hablar en positivo en una situación tan desesperanzadora.

El consulado español me dice que nos vayamos. Yo le digo amablemente que aquí está nuestra casa, que aquí hemos plantado nuestra tienda, que, aunque de verde descolorido, tenemos «la cara pintada color esperanza». Seguimos aquí con la gente sencilla, sentados junto a ellos para escucharlos y animarlos, porque ellos seguro que no han provocado nada, ni han insultado ni matado a nadie, ni han movido ninguna tecla para hacer estallar nada…

Estos viejitos que acogemos en la Casa de la esperanza, ayer acusados de brujería, hoy ya no interesan a nadie, salvo a la Iglesia católica que los sigue cuidando y los mira con ternura. La gente sencilla, las madres de familia que se han refugiado desde hace un mes en alguna de las 23 parroquias de la capital para huir de la quema, ellas y sus hijos simplemente sufren las consecuencias de este zafarrancho de combate generalizado con el 10% de la población blandiendo machetes y kaláshnikov y el otro 90% huyendo y escondiéndose. Seguimos con el colegio abierto para que los niños estén distraídos, aquí en internet (que hemos reconstruido hace un mes después de que los Seleka nos lo hicieran añicos), estamos haciendo cursos de aprendizaje para ocupar el tiempo y que puedan llegar las noticias y las opiniones desde afuera para ser conocidas en Bangassou. El centro de salud funciona normalmente, porque también es verdad que los enfermos de sida en fase terminal no ven retroceder su enfermedad por causas políticas o de guerra de guerrillas. La enfermedad sigue imparable como las hojas del calendario y si no les llegan los antirretrovirales, se mueren. ¡A pesar de que llevamos más de un mes con la pista cortada y no llegan medicinas, ni carburante, ni alimentos, ni nada de nada, mañana será mejor!

Mientras, en Bangassou y toda la zona, vivimos en una calma tensa, pero soportable. Yo he pasado la Navidad en una zona de gente desplazada que han perdido todo (semillas, ropa, camas y enseres) quemadas 400 casas por el fuego de los Seleka. ¡¡Muchas horas sentado junto a ellos escuchándolos y contando sus lágrimas!! Les he dicho que se levanten, que pasen página, que la vida sigue, que recomenzar es la forma de salir. No sentarse a llorar durante meses. Que, como decía el Papa, la Magdalena, cuando tenía los ojos empañados, no reconoció a Jesús, sino que creyó que era «un jardinero». Sin la fe en el Resucitado es difícil aguantar el tirón…

Bangassou, 7 enero 2014

Juanjo Aguirre, Obispo de Bangassou

(En la foto: ¡¡Los niños de nuestra diócesis!! ¡¡Las abuelas soportando de nuevo la guerra y la expoliación!! Les he ayudado a comprar paja para rehacer sus techos, les he dado macarrones «Gallo» y lentejas que había en los últimos containers, leche en polvo Hero para los niños de pecho… Compro coches de ocasión para las misiones y nos llegan algunos Suzukis y ayuda humanitaria. Todo gracias a vosotros, bienhechores de Bangassou…)

Alta tensión en la RCA: desplazados, enfrentamientos y manifestaciones

no_131017_rcaLa situación en la República Centroafricana sigue siendo de violencia y caos. «Hay incertidumbre y confusión sobre la identidad de las fuerzas involucradas», decía hace unos días a la agencia MISNA Cyriaque Gbate, secretario general de la Conferencia Episcopal centroafricana desde Bangui, la capital. La inestabilidad comenzó en el país en marzo con el golpe de Estado dado por los rebeldes de Seleka. En las últimas semanas se han sucedido los enfrentamientos en diversos barrios de la ciudad y en otras partes del interior del país y las agencias humanitarias tratan con gran dificultad de asistir a los más de 700.00 desplazados que ha provocado la crisis.

 «El principal problema es la violencia», explicaba Manuel Fontaine, Director Regional de UNICEF para África Central y Occidental. «La gente necesita protección y no recurrir a la violencia cuando tienen que resolver un problema. Mientras tanto, tenemos que hacer nuestro trabajo y darles cobijo y alimento para que puedan sobrevivir con dignidad en las mejores condiciones». En las últimas dos semanas y media, los enfrentamientos, en los que están implicado ex rebeldes de la Seleka, milicianos Anti-Balaka y las tropas de la Misión Internacional liderada por Francia, han dejado más de 1.100 muertos.

 La agencia AFP informaba hoy de que al menos una persona ha muerto en Bangui cuando durante una manifestación que ha tenido lugar en el aeropuerto protagonizada por cristianos, han irrumpido dos vehículos de soldados chadianos de la Misión Internacional. Varios centenares de manifestantes bloqueaban la entrada del aeropuerto exigiendo la salida del presidente Michel Djotodia y también de los soldados chadianos, al grito de «Fuera chadianos de Bangui». También portaban pancartas con el lema «Sí a la operación Sangaris (misión del ejército francés), no a la Seleka». Al llegar los dos 4×4 con los soldados chadianos, los manifestantes han comenzado a lanzarles piedras. Los soldados han respondido con disparos al aire y en dirección a los manifestantes. Los soldados franceses han intervenido para evacuar a las víctimas.

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