Tras las huellas del Resucitado (II)

Pues sí, a veces vemos a personas como nosotros y no nos podemos imaginar la vida que tienen detrás. En Cáritas atendemos a mucha gente, casi a “todos” los que llegan esperando soluciones inmediatas, comida, ayuda, consuelo, o lo que sea. Cuando vienen muchos corres el riesgo de no “ver” a la persona, sino al número, de no ver por dónde han pasado, ni lo que han vivido, sino “lo que piden”.

Se presentan historias de familias, de chicos que vienen solos, de mujeres con hijos…

Vienen a España heridos y con expectativas. Algunos por decisión y otros empujados por los conflictos que los echan de tierras, de casas y del abrazo de sus familias. Cuando escuchas historias que no te imaginas ni en una película, te das cuenta de lo grande que es el mundo y de la maldad humana, pero también de lo que necesitamos a Dios, y tener una mente y un corazón dispuestos.

En medio de ese acompañamiento, a veces en el desahogo se verbaliza estar “peleado con Dios”, “¡cómo un Dios bueno, ha permitido que yo haya sufrido tanto!”. “¿Dónde estaba Dios cuando he estado amenazado de muerte?” “¿Dónde estaba Dios cuando me han echado de mi casa y robado todo lo que tenía?”

Me ha pasado…por inspiración, está en la oficina y se me ocurre invitar a una de estas personas heridas a participar de la Pascua en la parroquia. Un Triduo vivido en Comunidad. No dice que no, pero no estoy segura de que vendrá. Tiene la valentía de hacerlo. Se sienta en el último banco de la iglesia, como queriendo ver pero de lejos, cerca de la puerta. Yo respeto la distancia, y el espacio, pero estoy atenta.

Jueves Santo. Se emociona y dice haber estado tranquila, después de seis años sin pisar una iglesia. Le ha gustado, ha sentido paz. Dice que sus problemas se han quedado por un momento en la puerta, se ha parado todo. Lleva meses medicándose para poder dormir, dice que ha respirado.

Viernes Santo. En la cruz se clavan todas las noticias que hablan de los Cristos que se siguen crucificando cada día. Y se responde a su famosa pregunta “¿Dónde está Dios?” y resulta que Dios está sufriendo al lado de cada persona, y lo que nos toca preguntar es ¿dónde están los hombres y mujeres de buena voluntad para acercar la caricia y el consuelo de Dios a los que están desesperados?”

Sale muy tocada de esta celebración, dice que ha sentido que lo que ha pasado en la iglesia “era verdad”… pero que necesita tiempo para digerir y entender. Necesita tanto tiempo, que no da el salto para participar del Sábado, de la fiesta de la Resurrección.

Me ha dado las gracias por invitarla, a través del móvil. Dice que duerme mejor, que se siente mejor. Quiero pensar que la puerta de la reconciliación se está abriendo, y en ese camino, en esa experiencia ojalá se encuentre pronto con el resucitado que no abandona nunca, que siempre sostiene, que nos ama con locura.

Seguiremos acompañando despacio y atentos.

Carmen Aranda, LMC

Tras las huellas de Resucitado (I)

La Pascua no es solo un acontecimiento del pasado… ¡es una invitación presente y viva! Jesús ha resucitado, y sigue caminando con nosotros en medio de nuestra vida.

En este tiempo pascual, queremos abrir los ojos del corazón para descubrirlo: en el prójimo, en la comunidad, en cada gesto de amor…

Cada semana compartiremos una «historia de vida» que nos hablará de la presencia del Resucitado en medio de nuestra historia.

En esta primera semana hacemos un recuerdo especial del papa Francisco, que ha sabido llevar la buena noticia de la resurrección hasta los confines del mundo… “Queridos hermanos y hermanas, sigo soñando con una Iglesia totalmente misionera y una nueva estación de la acción misionera en las comunidades cristianas. Y repito el deseo de Moisés para el pueblo de Dios en camino: «¡Ojalá todo el pueblo de Dios profetizara!» (Nm 11,29). Sí, ojalá todos nosotros fuéramos en la Iglesia lo que ya somos en virtud del bautismo: profetas, testigos y misioneros del Señor. Con la fuerza del Espíritu Santo y hasta los confines de la tierra”.

Y tú, ¿qué huellas del Resucitado encuentras en tu vida?

A la Escucha de Comboni

Comboni nos recuerda que en los momentos de sacrificio y humildad es donde realmente se forjan las grandes obras de fe. La cruz, símbolo de entrega y amor incondicional, es el lugar donde nuestras dificultades y pruebas pueden convertirse en un terreno fértil para el crecimiento espiritual. Al seguir el ejemplo de Jesús, aprendemos que, en la entrega y el sacrificio, nacen las obras más profundas de Dios.

Del cólera en África al Covid en Italia: la misionera que salva vidas mientras anuncia el Evangelio

En estos días recordamos que, hace cinco años, comenzó la pandemia del Covid19, un tiempo que marcó al mundo entero. Compartimos el testimonio de la hna Lilia Navarrete, misionera comboniana. Enfermera de vocación, pasó años en Mozambique luchando contra la epidemia de cólera. En 2020, la pandemia del coronavirus le sorprendió en Italia, donde se dedicó a cuidar y acompañar a las misioneras ancianas de su comunidad.