Campaña LMC Navidad 2021

Proyecto “Carapira: Una gran familia”

Como todos los años por Navidad, los Laicos Misioneros Combonianos hemos realizado nuestra Campaña de Animación Misionera y sensibilización en diferentes parroquias de Granada con la venta de flores de Pascua. El objetivo de esta campaña es dar a conocer nuestro trabajo misionero al mismo tiempo que presentamos uno de los proyectos en los que estamos trabajando.

Los beneficios de la campaña de este año se han destinado a apoyar a nuestra comunidad LMC en el trabajo con los jóvenes desde la Escuela de Formación profesional donde se imparten especialidades de Cerrajería mecánica, Mecánica y automoción, Carpintería, Informática y gestión en la parroquia de Carapira (Mozambique).

Desde aquí agradecemos la acogida que hemos tenido en las diferentes parroquias así como el apoyo de todos los amigos/as y bienhechores/as que han hecho posible esta campaña.

Además de esto, otras ciudades han organizado actividades de animación misionera, como en Murcia, donde Carmen Aranda y su familia han instalado un mercadillo solidario con artesanía africana en su parroquia (Vistalegre, Murcia) para dar a conocer los proyectos de los laicos misioneros combonianos en el mundo. La gente ha acogido la iniciativa de forma espléndida.

En este enlace podéis encontrar un tríptico sobre nuestro proyecto misionero en Mozambique.

Evangelio del domingo 9: Bautismo del Señor (Lucas 3,15-16.21-22)

Un cierto día, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»
En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»

¿PARA QUÉ CREER?
Son bastantes los hombres y mujeres que un día fueron bautizados por sus padres y hoy no sabrían definir exactamente cuál es su postura ante la fe. Quizá la primera pregunta que surge en su interior es muy sencilla: ¿para qué creer? ¿Cambia algo la vida por creer o no creer? ¿Sirve la fe realmente para algo?

Estas preguntas nacen de su propia experiencia. Son personas que poco a poco han arrinconado a Dios de su vida. Hoy Dios no cuenta en absoluto para ellas a la hora de orientar y dar sentido a su existencia.

Casi sin darse cuenta, un ateísmo práctico se ha ido instalando en el fondo de su ser. No les preocupa que Dios exista o deje de existir. Todo eso les parece un problema extraño que es mejor dejar de lado para asentar la vida sobre bases más realistas.

Dios no les dice nada. Se han acostumbrado a vivir sin él. No experimentan nostalgia o vacío alguno por su ausencia. Han abandonado la fe y todo marcha en su vida tan bien o mejor que antes. ¿Para qué creer?

Esta pregunta solo es posible cuando uno «ha sido bautizado con agua», pero no ha descubierto qué significa «ser bautizado con el Espíritu de Jesucristo». Cuando uno sigue pensando erróneamente que tener fe es creer una serie de cosas enormemente extrañas que nada tienen que ver con la vida, y no conoce todavía la experiencia viva de Dios.

Encontrarse con Dios significa sabernos acogidos por él en medio de la soledad; sentirnos consolados en el dolor y la depresión; reconocernos perdonados del pecado y la mediocridad; sentirnos fortalecidos en la impotencia y caducidad; vernos impulsados a amar y crear vida en medio de la fragilidad.

¿Para qué creer? Para vivir la vida con más plenitud; para situarlo todo en su verdadera perspectiva y dimensión; para vivir incluso los acontecimientos más triviales e insignificantes con más profundidad.

¿Para qué creer? Para atrevernos a ser humanos hasta el final; para no ahogar nuestro deseo de vida hasta el infinito; para defender nuestra libertad sin rendir nuestro ser a cualquier ídolo; para permanecer abiertos a todo el amor, la verdad, la ternura que hay en nosotros. Para no perder nunca la esperanza en el ser humano ni en la vida.

José Antonio Pagola (www.gruposdejesus.com)