Jubileo de los jóvenes de la familia comboniana

Unos 270 jóvenes procedentes de África, Europa, América y Timor Oriental se dieron cita en la sede de la Curia comboniana en Roma para celebrar como familia comboniana el Jubileo de los Jóvenes. Antes del encuentro con el Papa en Roma, los grupos participantes, realizaron una experiencia previa en comunidades combonianas de Milán, Verona y Florencia donde tuvieron la oportunidad de reflexionar sobre la justicia social, la ecología integral y la dignidad de cada persona, valores que están en el centro de la misión comboniana.

Buenas noticias. Domingo 20 T.O. 17/08/2025

Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

EL FUEGO DEL AMOR

Da miedo pronunciar la palabra «amor». Está tan prostituida que en ella cabe lo mejor y lo peor, lo más sublime y lo más mezquino. Sin embargo, el amor está siempre en la fuente de toda vida sana, despertando y haciendo crecer lo mejor que hay en nosotros.

Cuando falta el amor, falta el fuego que mueve la vida. Sin amor, la vida se apaga, vegeta y termina extinguiéndose. El que no ama se cierra y se aísla cada vez más. Gira alocadamente sobre sus problemas y ocupaciones, queda aprisionado en las trampas del sexo, cae en la rutina del trabajo diario: le falta el motor que mueve la vida.

El amor está en el centro del Evangelio, no como una ley que hay que cumplir disciplinadamente, sino como el «fuego» que Jesús desea ver «ardiendo» sobre la Tierra, más allá de la pasividad, la mediocridad o la rutina del buen orden. Según el Profeta de Galilea, Dios está cerca de nosotros buscando hacer germinar, crecer y fructificar el amor y la justicia del Padre. Esta presencia de un Dios que no habla de venganza, sino de amor apasionado y de justicia fraterna, es lo más esencial del Evangelio.

Jesús contempla el mundo como lleno de la gracia y del amor del Padre. Esa fuerza creadora es como un poco de levadura que ha de ir fermentando la masa, un fuego encendido que ha de hacer arder al mundo entero. Jesús sueña con una familia humana habitada por el amor y la sed de justicia. Una sociedad que busca apasionadamente una vida más digna y feliz para todos.

El gran pecado de los seguidores de Jesús será siempre dejar que el fuego se apague: sustituir el ardor del amor por la doctrina religiosa, el orden o el cuidado del culto; reducir el cristianismo a una abstracción revestida de ideología; dejar que se pierda su poder transformador. Sin embargo, Jesús no se preocupó primordialmente de organizar una nueva religión ni de inventar una nueva liturgia, sino que alentó un «nuevo ser» (P. Tillich), el alumbramiento de un hombre nuevo movido radicalmente por el fuego del amor y la justicia.

José Antonio Pagola

ASAMBLEA ANUAL LMC ESPAÑA

Del 2 al 7 de agosto, los Laicos Misioneros Combonianos nos hemos reunido en nuestra asamblea anual. Bajo el lema “La esperanza puesta en pie, un don inmerecido”, hemos compartido unos días intensos de oración, formación, fraternidad y renovación de nuestro compromiso misionero.

Ha sido una oportunidad para hacer memoria agradecida del camino recorrido, pero también para mirar hacia adelante con ilusión y responsabilidad.

Nuestro encuentro nos ha regalado muchos momentos importantes, tanto a nivel personal como comunitario: escucha de la Palabra, formación y espacios de encuentro a través de los cuales hemos podido revisar nuestro camino como LMC, discernir juntos las prioridades para el próximo año y abrirnos con disponibilidad a donde el Espíritu nos llame.

Salimos de este encuentro con el corazón lleno. Sabemos que la misión continúa, aquí y allá, en lo cotidiano y en lo extraordinario. Nos llevamos el compromiso renovado de seguir apostando por una vida sencilla, abierta al otro, en salida, como nos pide el Evangelio y como soñaba san Daniel Comboni.

Buenas noticias. Domingo 19 T.O. 10/08/2025

Lucas 12, 32-48

Estad preparados

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.

Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»

El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?

Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.

El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.

Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

NO VIVIR DORMIDOS

Uno de los riesgos que nos amenazan hoy es caer en una vida superficial, mecánica, rutinaria, masificada… No es fácil escapar. Con el pasar de los años, los proyectos, las metas y los ideales de mucha gente terminan apagándose. No pocos terminan levantándose cada día solo para «ir tirando».

¿Dónde encontrar un principio humanizador, desalienante, capaz de liberarnos de la superficialidad, la masificación, el aturdimiento o el vacío interior?

Es sorprendente la insistencia con que Jesús habla de la vigilancia. Se puede decir que entiende la fe como una actitud vigilante que nos libera del sinsentido que domina a muchos hombres y mujeres, que caminan por la vida sin meta ni objetivo alguno.

Acostumbrados a vivir la fe como una tradición familiar, una herencia o una costumbre más, no somos capaces de descubrir toda la fuerza que encierra para humanizarnos y dar un sentido nuevo a nuestras vidas. Por eso es triste observar cómo bastantes hombres y mujeres abandonan una fe vivida de manera inconsciente y poco responsable para adoptar una actitud increyente tan inconsciente y poco responsable como su postura anterior.

La llamada de Jesús a la vigilancia nos llama a despertar de la indiferencia, la pasividad o el descuido con que vivimos con frecuencia nuestra fe. Para vivirla de manera lúcida necesitamos conocerla con más profundidad, confrontarla con otras actitudes posibles ante la vida, agradecerla y tratar de vivirla con todas sus consecuencias.

Entonces la fe es luz que inspira nuestros criterios de actuación, fuerza que impulsa nuestro compromiso de construir una sociedad más humana, esperanza que anima todo nuestro vivir diario.

José Antonio Pagola

A la Escucha de Comboni. Julio/Agosto 2025

A veces, las tareas más grandes son aquellas que no vemos, pero que sin ellas no se podría construir nada. La labor del misionero/a, en su humildad y sacrificio, es como esa piedra oculta bajo la tierra: fundamental, pero muchas veces invisible.

Recordamos hoy a todos los misioneros/as que, con su esfuerzo callado y su trabajo incansable, están contribuyendo a algo mucho mayor, llevar la Buena Noticia de Jesús a todos los rincones de la tierra.