VIERNES SANTO: HABIENDO AMADO, LOS AMÓ HASTA EL EXTREMO

Foto de Apostólicas del Corazón de Jesús.

Ante la Cruz estaban las mujeres, los discípulos y hoy, la Iglesia toda. Ante la Cruz solo podemos hacer silencio. Tanto amor contenido en la vida derramada y volcada hacia los últimos no necesita de palabras ni de discursos. La Cruz es la expresión de la máxima solidaridad de Dios con sus criaturas. No puede caber en ella más amor ni más dolor.

Por desgracias, hoy como ayer, los dinamismos de la vida se chocan de frente con los dinamismos de la muerte. Sabemos de sobra que en torno a Jesús se fueron cerrando cercos y, como la cizaña en medio del trigo, le fueron “creciendo” enemigos hasta de su círculo más íntimo. Las consecuencias ya las conocemos. Y es en este punto reconocemos que “no es lo mismo amar, que amar hasta el extremo”. Únicamente podremos entender la diferencia entre “amar” y “amar hasta el extremo” en contextos como el que vivió Jesús, donde su amor fue “probado” en el centro mismo del sufrimiento. El “amor hasta extremo” radicaliza cualquier otro amor y lo coloca, no en la “epidermis” de la realidad, sino en su mismo centro, donde nacen mezcladas la Vida y la Muerte. Jesús, con su “amor hasta el extremo” compromete la totalidad de su ser y se pone en juego por entero, hasta entregar cuerpo y sangre por los suyos, por aquéllos y aquéllas a los que desde siempre había amado.

No tenemos que irnos muy lejos para descubrir ese “amor hasta el extremo”, pues se está dando ya en las vidas entregadas de mucha gente de nuestro tiempo y a nuestro alrededor. Sólo tenemos que descubrir la gratuidad que caracteriza a tantos hombres y mujeres que apuestan a fondo perdido por millares de “causas perdida”. Sólo tenemos que intuir la cantidad de energías invertidas en luchas que no reportarán jamás beneficio alguno, esos millones de gestos “inútiles”, brotando del corazón de nuestra sociedad mercantilizada y economicista. Sólo tenemos que mirar…

 JUEVES SANTO: LAVAR LOS PIES, HACERSE EUCARISTÍA

 

Foto de Apostólicas del Corazón de Jesús.Si se nos concede el don de entrar en el sentido que tiene el lavatorio de los pies tomaremos conciencia de que Jesús, con este gesto, nos está diciendo algo muy importante y muy arriesgado. El lavatorio de los pies es el gesto más subversivo de su vida, porque en él se invierte el orden establecido y es ahí donde comienza un camino de libertad que solo puede terminar en la cruz.

Lavar los pies, dejarnos lavar los pies, es igual que comer y dejar que nos coman: es hacernos Eucaristía. Si entramos en la mística eucarística, habremos perdido el miedo a perder porque ya no tenemos nada. Quien se pone de rodillas para lavar los pies de los demás no está jugando, está diciendo con su vida que la quiere desde abajo, desde donde ya no se puede descender más.

Pedro, en la escena del Lavatorio de los Pies, no quiere que el Señor le sirva, porque si Pedro se deja lavar los pies, a Pedro en la vida sólo le queda una cosa que hacer: servir. ¿Cuál es la paradoja de esta escena? Jesús es el Señor, no porque es el amo, sino porque es el servidor. Por lo tanto cuando digamos Jesús es Señor nos ponemos en esa condición de servidores/as. Si el que sirve es el Señor, todos los demás “amos” de este mundo quedan desautorizados. Si nos animamos a seguir a ese Señor, hemos de reconocer a un Dios que es puro servicio porque es pura misericordia. De ese modo quedará cuestionado mi servicio a otros señores.

Tierra de misión

Os dejamos aquí el programa “Tierra de Misión” creado por Vida Misionera Ecuador, donde podemos ver el trabajo que como Familia Comboniana estamos realizando en Açailandia, Brasil.
En este video podemos escuchar a Xoancar (Laico Misionero Comboniano español) que lleva 16 años en Brasil.

Un saludo

DOMINGO V CUARESMA (C). 13 DE MARZO DE 2016

Juan 8, 1-11
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?»Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.»E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.Y quedó sólo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.»Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»

REVOLUCIÓN IGNORADA

Le presentan a Jesús a una mujer sorprendida en adulterio. Todos conocen su destino: será lapidada hasta la muerte según lo establecido por la ley. Nadie habla del adúltero. Como sucede siempre en una sociedad machista, se condena a la mujer y se disculpa al varón. El desafío a Jesús es frontal: «La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú ¿qué dices?».

Jesús no soporta aquella hipocresía social alimentada por la prepotencia de los varones. Aquella sentencia a muerte no viene de Dios. Con sencillez y audacia admirables, introduce al mismo tiempo verdad, justicia y compasión en el juicio a la adúltera: «el que esté sin pecado, que arroje la primera piedra».

Los acusadores se retiran avergonzados. Ellos saben que son los más responsables de los adulterios que se cometen en aquella sociedad. Entonces Jesús se dirige a la mujer que acaba de escapar de la ejecución y, con ternura y respeto grande, le dice: «Tampoco yo te condeno». Luego, la anima a que su perdón se convierta en punto de partida de una vida nueva: «Anda, y en adelante no peques más».
Así es Jesús. Por fin ha existido sobre la tierra alguien que no se ha dejado condicionar por ninguna ley ni poder opresivo. Alguien libre y magnánimo que nunca odió ni condenó, nunca devolvió mal por mal. En su defensa y su perdón a esta adúltera hay más verdad y justicia que en nuestras reivindicaciones y condenas resentidas.

Los cristianos no hemos sido capaces todavía de extraer todas las consecuencias que encierra la actuación liberadora de Jesús frente a la opresión de la mujer. Desde una Iglesia dirigida e inspirada mayoritariamente por varones, no acertamos a tomar conciencia de todas las injusticias que sigue padeciendo la mujer en todos los ámbitos de la vida. Algún teólogo hablaba hace unos años de «la revolución ignorada» por el cristianismo.

Lo cierto es que, veinte siglos después, en los países de raíces supuestamente cristianas, seguimos viviendo en una sociedad donde con frecuencia la mujer no puede moverse libremente sin temer al varón. La violación, el maltrato y la humillación no son algo imaginario. Al contrario, constituyen una de las violencias más arraigadas y que más sufrimiento genera.

¿No ha de tener el sufrimiento de la mujer un eco más vivo y concreto en nuestras celebraciones, y un lugar más importante en nuestra labor de concienciación social? Pero, sobre todo, ¿no hemos de estar más cerca de toda mujer oprimida para denunciar abusos, proporcionar defensa inteligente y protección eficaz?

Una cama es una cama si es para ti

El pueblo Borana son un grupo de pastores seminómadas en el extremo sur de Etiopía, cuyas vidas giran en torno a sus rebaños de ganado – vacas, camellos, cabras y ovejas – viajar con ellos en busca de pasto y agua. Su patrón de vida es muy similar a lo que hubiera sido hace cientos de años. En los últimos años, yo (Maggie) he visitado la zona Borana varias veces, incluyendo el trabajo allí, en cortos plazos, en los programas de extensión de la salud con las Hermanas de la Caridad (SCCG) que sirven entre los Borana en el puesto rural de Dadim. He encontrado mi tiempo en Dadim a la vez hermoso y poderoso, y a menudo pienso en la gente Borana que he conocido y la experiencia que he tenido allí. Hay algo mágico acerca de los pastores, su estilo de vida y el terreno accidentado de sus tierras que realmente te llama la atención.

Tal vez es testigo de momentos como este:

Una vez, cuando estaba trabajando en Dadim, fui con Sor Annie Joseph (una hermana misionera de la India) en un viernes por la noche a la clínica para ver una madre y su hija de 9 meses, que habían ingresado ambas con neumonía. Cuando entramos en la habitación, la madre estaba sentada sosteniendo a su hijo con torpeza en el borde de la cama. Sor Annie me pidió ayuda para mover el colchón al suelo, donde la madre podría estar más cómoda. Después de mover el colchón, la madre se sentó en el borde de la misma tan torpemente como antes. Es probable que nunca había visto una “cama” antes (tal como la conocemos nosotros). Un momento más tarde, dos chicos paseaban con pieles de animales bajo el brazo. Sor Annie les miró y luego volvió su cara hacia mí y susurró: ‘no hay problema, que lo hagan a su manera’. Observamos en silencio, como la madre tomó las pieles de animales, las tendieron en el suelo junto a la cama y luego se acostó en ellas con su hijo. En un momento ambos estaban pacíficamente dormidos.

¡Una forma tan diferente de vida!

Todos nos podemos adaptar a muchos lugares y personas diferentes, pero nos encontramos cómodos con lo que nos es familiar, alimentos, lenguaje y hábitos que siempre nos llenan nuestros corazones de paz. Había compartido esta historia con una amiga y ella comentó que regalo es si podemos hacer una pausa y dar un paso atrás – de esa manera, realmente, uno llega a ver el mundo desde otro punto de vista y no desde el nuestro. La facilidad con que a menudo saltamos con afán de hablar o compartir algo de nosotros mismos, nuestros pensamientos, nuestras ideas, pero cuánto podemos perder haciendo eso.

-Maggie & Mark Banga

Laicos Misioneros Combonianos en servicio en Awassa, Etiopía

Fotos de personas Borana en Dadim:

Borana VillageDynan 4611???????????????????????????????