Las casualidades de Dios

el P. José Luis Román con un grupo de chicos en Acornhoek.

Compartimos el testimonio del P. José Luis Román, misionero comboniano que hasta hace pocos meses vivía en la comunidad de Granada y que hace unos meses fue destinado a Sudáfrica. Gracias, Pepelu por tu entusiasmo misionero y por tu entrega generosa a la misión. Que Dios te acompañe en esta nueva etapa de tu vida.

Después de mucho tiempo de ausencia, hace algunos meses dejé España para regresar a Sudáfrica con la misma ilusión y entusiasmo que cuando vine la primera vez. Sudáfrica, su gente y su cultura me cautivaron desde el inicio. Otra vez vuelvo a ver las estrellas en la oscuridad, las jirafas y los elefantes buscando comida en esta estación de sequía, los tambores de los hechiceros que llaman a los antepasados para consultarles algún agravio o desventura.

Regreso a mi primer amor, como solemos decir los misioneros cuando volvemos a la misión en la que empezamos nuestro andar evangélico. Estoy en la ciudad de Acornhoek, en la región de Mpumalanga, que significa ‘el lugar donde sale el sol’. Aunque no debería, porque corro el peligro de caer en la tentación de pensar que todo sigue igual, esperaba encontrar muchas cosas igual que las dejé. Pero me he dado cuenta de que no es así.

A medida que pasa el tiempo y voy yendo de un lugar a otro, me voy encontrando a gente conocida, a jóvenes que ya no lo son tanto y que entonces formaban parte del grupo parroquial. Unos están casados y tienen hijos, algunos se fueron a buscar trabajo y comenzar sus vidas en familia en Johannesburgo, Pretoria o Ciudad del Cabo, otros abandonaron la Iglesia y se convirtieron en pastores de Iglesias independientes, y otros ya no están con nosotros, se fueron a la casa del Padre.

Es bonito ver que en esta zona donde estoy la gente ha mejorado su nivel de vida. En mi primera etapa se construía con paja y barro, la típica choza redonda que todos asociamos a África. Gracias a Dios, las cosas han cambiando y ahora encontramos casi todas las casas construidas con cemento y ladrillo, con algún que otro jardín y algún que otro letrero en la pared que advierte de la presencia de un perro guardián. Por lo visto, el negocio de la construcción está en auge. 

Lo que aún tiene que mejorar son los caminos, las calles y las carreteras. Aún tenemos muchos kilómetros de tierra y en las pocas carreteras alquitranadas de mi zona hay que conducir con mucho cuidado. La lluvia y los camiones las han estropeado de tal manera que, si vas despistado, pierdes las ruedas. Aunque el Gobierno se esfuerza por solucionar este problema, las vías de comunicación están en muy mal estado.

En otros tiempos, la parroquia gozaba de la presencia de niños, jóvenes, adultos y ancianos de los que brotaban la alegría y el entusiasmo cuando nos reuníamos. Las celebraciones litúrgicas eran vivas, había espontaneidad, cantos y danzas. En la misión había movimiento. Sin embargo, la corrupción, la violencia y el coronavirus han causado bastante daño a la comunidad parroquial. A la misión, que ahora está rodeada de vallas y puertas automáticas, viene muy poca gente. Si alguien quiere visitarnos tiene que llamarnos por teléfono para que abramos el portón. Algunas comunidades han desaparecido y en otras se nota cierto desánimo. Apenas hay niños y jóvenes, e incluso algunas de nuestras iglesias están vacías. 

Pero en otras comunidades del interior hay vida y ganas de compartir la fe. Hay ganas de recuperar el espíritu de creatividad y empezar a hacer cosas nuevas. Creo que este va a ser nuestro  principal trabajo misionero en la parroquia: la animación evangélica. Es verdad que en talleres, encuentros y conferencias a nivel arciprestal y diocesano se reúne un gran número de jóvenes y de confraternidades, sin embargo, a nivel parroquial se nota la disminución de fieles.

Y aquí estoy, intentando integrarme en esta nueva realidad y recuperar la lengua tsonga para poder comunicarme bien con esta gente querida. Me he embarcado en la aventura de aprender sepedi porque en nuestra parroquia se hablan tsonga, sepedi e inglés y quiero conocer las tres. Para animarme me acuerdo de María Dolores Ballesteros Morales, una señora mexicana que vi en Internet que se licenció en Derecho con 80 años. ¿Qué es aprender un idioma comparado con el mérito de esta señora? Así que, adelante, ¡a estudiar se ha dicho!

Estoy muy agradecido al Señor por hacerme volver a mi primera misión. Quizá esto sea un regalo y una manera de decirme: «Pepelu, estás abriendo un nuevo capítulo de tu vida misionera». Así que me pongo en sus manos y le digo: «Aquí estoy, Señor, con mis buenas intenciones y mi condición pecadora para hacer tu voluntad». Tomo la Biblia, me pongo la cruz, meto el rosario en el bolsillo y me preparo para llevar la comunión a los enfermos. Cuando regreso cojo a un joven que está haciendo autoestop y que se alegra de hablar con un mulungu, con una persona blanca. Está tan emocionado que quiere que le acompañe hasta su casa y salude a su familia. Una familia humilde que se sorprende al ver que un blanco hable su idioma. Sin buscarlo, puse un toque de alegría en aquel hogar. Me preguntaron quién era, de dónde venía y qué hacía aquí. Bromeamos, nos reímos y al final me pidieron la bendición. Esto también es una forma de evangelizar. Posiblemente el Señor quiso que fuera allí por alguna razón, ya que para Dios no hay casualidades.

P. José Luis Román, MCCJ

Buenas noticias. Día de la Sagrada Familia. 29/12/2024

Lucas 2, 41-52

Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.» Él les contesto: «¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

DEJAR A JESÚS ENTRAR EN NUESTRA CASA

Necesitamos ante todo buscar, cuidar y desarrollar un proyecto sano, digno y dichoso de familia que pueda plasmarse en la vida concreta de cada hogar. Jesús, acogido con fe y convicción en nuestra familia, nos puede ayudar a corregir y mejorar nuestro modo de vivir y nos puede descubrir un camino nuevo más digno de seguidores de su Evangelio.

Dejar a Jesús entrar en nuestra casa significa arraigar la familia con más verdad, más pasión y más ilusión en su persona, su mensaje y su proyecto del reino de Dios. Muchas cosas habrá que hacer los próximos años para reavivar nuestras familias, pero nada más decisivo que poner a Jesús en el centro del hogar, confiando en su promesa: «Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo» (Mateo 18,20). No estáis solos. En el centro de vuestro hogar está Jesús. Él os reúne, os alienta y os sostiene. Con Jesús todo es posible.

Acoger a Jesús en el hogar es tarea de toda una vida. Lo primero es aprender a vivir en el hogar con un corazón nuevo y un espíritu renovador. Esto significa empezar a vivir una relación nueva con Jesús, una adhesión más viva. Una familia formada por cristianos que apenas conocen a Jesús, que solo lo confiesan de vez en cuando y de manera abstracta, que nunca leen el evangelio, que se relacionan con un Jesús mudo del que no escuchan nada especial, nada de interés para el hombre y la mujer de hoy, un Jesús apagado que no atrae ni seduce, que no toca los corazones…, es una familia que difícilmente podrá sentir su fuerza renovadora.

Si ignoramos a Jesús y desconocemos su mensaje, no podremos orientar nuestra vida de familia desde su Evangelio. Si no sabemos mirar el mundo, la vida, las personas, los hijos, los problemas… con los ojos con que Jesús miraba, diremos que contamos con la luz privilegiada de la revelación, pero seremos una familia ciega que no sabe mirar la vida como la miraba Jesús. Y si no escuchamos el sufrimiento de la gente con la atención, la sensibilidad y la compasión con que Jesús escuchaba a los que encontraba sufriendo en su camino, seremos familias sordas. Y si no sintonizamos con el estilo de vivir de Jesús, con su pasión por hacer un mundo más justo, con su ternura hacia los niños, con su perdón a los despreciados…, no sabremos transmitir lo mejor que Jesús transmitía, lo más valioso, lo más atractivo: su Buena Noticia.

Se trata de vivir en nuestras familias esta experiencia: caminar los próximos años hacia un nivel nuevo de convivencia familiar, más inspirada y motivada por Jesús, y hacia una dinámica y un estilo de vida mejor orientados a abrir caminos al reino de Dios, es decir, a ese mundo nuevo más humano y dichoso que quiere el Padre para todos, empezando por los últimos. Después de veinte siglos de cristianismo, las familias cristianas necesitan un «corazón nuevo» para vivir y comunicar la Buena Noticia del Dios revelado en Jesús en medio de la sociedad actual. Lo decisivo es no resignarnos a vivir hoy en familia sin Jesús

José Antonio Pagola

Calendario Misionero 2025

Este año el calendario misionero de la Editorial Mundo Negro está dedicado a Angola, un país que desde la consolidación de la paz en 2002, después de 30 años de guerra, está dando pasos de gigante para superar las secuelas de tanta violencia entre hermanos. Aunque nada parece capaz de apagar la alegría de sus gentes, el entusiasmo y la fe en Dios, como se verá en las fotografías llenas de la belleza del país y de sonrisas.

Con la compra de este calendario estarás colaborando con las misiones que llevan a cabo los Misioneros Combonianos.

Incluye santoral y festivos religiosos, nacionales y autonómicos.

Precio: 𝟑€ Puedes hacer tu pedido en: https://edimune.com/producto/calendario/

Fotografías del calendario: José Luis Silván Sen/MN

Buenas noticias IV Domingo de Adviento. 22/12/2024

Lucas 1, 39-45

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

ACOMPAÑAR A VIVIR

Uno de los rasgos más característicos del amor cristiano es saber acudir junto a quien puede estar necesitando nuestra presencia. Ese es el primer gesto de María después de acoger con fe la misión de ser madre del Salvador. Ponerse en camino y marchar aprisa junto a otra mujer que necesita en esos momentos su ayuda.

Hay una manera de amar que hemos de recuperar en nuestros días, y que consiste en «acompañar a vivir» a quien se encuentra hundido en la soledad, bloqueado por la depresión, atrapado por la enfermedad o, sencillamente, vacío de alegría y esperanza.

Estamos consolidando, entre todos, una sociedad hecha solo para los fuertes, los agraciados, los jóvenes, los sanos y los que son capaces de gozar y disfrutar de la vida.

Estamos fomentando así lo que se ha llamado el «segregarismo social» (Jürgen Moltmann). Juntamos a los niños en las guarderías, instalamos a los enfermos en las clínicas y hospitales, guardamos a nuestros ancianos en asilos y residencias, encerramos a los delincuentes en las cárceles y ponemos a los drogadictos bajo vigilancia…

Así, todo está en orden. Cada uno recibe allí la atención que necesita, y los demás nos podemos dedicar con más tranquilidad a trabajar y disfrutar de la vida sin ser molestados. Procuramos rodearnos de personas sin problemas que pongan en peligro nuestro bienestar, y logramos vivir «bastante satisfechos».

Solo que así no es posible experimentar la alegría de contagiar y dar vida. Se explica que muchos, aun habiendo logrado un nivel elevado de bienestar, tengan la impresión de que la vida se les está escapando aburridamente entre las manos.

El que cree en la encarnación de Dios, que ha querido compartir nuestra vida y acompañarnos en nuestra indigencia, se siente llamado a vivir de otra manera.

No se trata de hacer «cosas grandes». Quizá, sencillamente, ofrecer nuestra amistad a ese vecino hundido en la soledad, estar cerca de ese joven que sufre depresión, tener paciencia con ese anciano que busca ser escuchado por alguien, estar junto a esos padres que tienen a su hijo en la cárcel, alegrar el rostro de ese niño triste marcado por la separación de sus padres…

Este amor que nos lleva a compartir las cargas y el peso que tiene que soportar el hermano es un amor «salvador», porque libera de la soledad e introduce una esperanza nueva en quien sufre, pues se siente acompañado en su aflicción.

José Antonio Pagola

Crónica de la Asamblea Internacional LMC

Del 9 al 15 de diciembre de 2024, se celebró la VII Asamblea General de los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) en la Casa de la Comunidad Comboniana en Maia. El lema de la asamblea fue «¡Todos juntos por la misión!».

Los 29 participantes – 20 LMC y 9 misioneros combonianos – venían de 16 países de tres continentes: África (9), América (9) y Europa (11). España envió 2 representantes a esta Asamblea que se celebra cada 6 años. De los cinco miembros del actual Comité Central, estaban presentes los laicos Alberto de la Portilla (España) y Marco Piccione (Italia), así como el Padre Arlindo Pinto (Roma), referente del Consejo General para los LMC.

La mañana del primer día se dedicó a la oración. El Padre Fernando Domingues, Superior Provincial de Portugal, presidió la misa de apertura.

El miércoles 11, se celebró una reunión en línea con los representantes de los Consejos Generales de la Familia Comboniana. El jueves por la tarde, los participantes peregrinaron al Santuario Mariano de Fátima. El martes y el viernes se escucharon testimonios online de LMC que trabajan en comunidades internacionales, en Mozambique, Kenia, República Centroafricana, Perú y Brasil.

Los principales temas discutidos durante la Asamblea fueron: la presentación del camino recorrido por cada grupo de LMC de los diferentes países, durante los últimos seis años, en todos los niveles (formación, misión, economía y organización) y la reflexión y aprobación del estatuto de los LMC, que será presentado al Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en el Vaticano. Los últimos dos días se dedicaron a profundizar en la responsabilidad común por la misión, en especial la misión fuera de nuestras fronteras, así como el documento de Metodología Misionera que reflexiona sobre espiritualidad, estilo de vida y modelo de intervención LMC.

El sábado 14 fueron elegidos los miembros del nuevo Comité Central que coordinará los LMC durante los próximos seis años: Flavio Schmidt, de Brasil, Mukami Anne Mutheede, de Kenia, Anna Obyrtacz, de Polonia, y Alberto de la Portilla, de España, que fue reelegido, y que seguirá siendo también el coordinador general. El padre Arlindo Pinto continuará en su cargo de referente del Consejo General.

Alberto, en el comunicado que dirigió a los LMC y a toda la Familia Comboniana, subrayó las esperanzas que nacen de esta nueva asamblea: «una asamblea que esperamos nos ayude a madurar y profundizar nuestra vocación en todos los rincones del mundo, y a adquirir responsabilidad en nuestro camino de autonomía a todos los niveles». En cuanto a su reelección, añadió: «Espero que no sea sólo un servicio de continuidad, sino una consolidación de los aspectos importantes y los avances que necesitamos como movimiento internacional. Los verdaderos protagonistas son todos y cada uno de los LMC, todas y cada una de nuestras comunidades y grupos, a la escucha y a disposición del Espíritu Santo’.

Los trabajos concluyeron el sábado 14 de diciembre por la tarde, con una Misa presidida por el Padre David Domingues, Vicario General. Al día siguiente, Tercer Domingo de Adviento y Día Internacional de los LMC, el Padre David también presidió la Misa en presencia de los participantes en la asamblea, junto con el pueblo de Dios, en la capilla de la casa Maia.