Desde el pasado 11 de noviembre, 34 miembros de la Familia Comboniana de todo el mundo se han reunido en el Centro Social Sagrada Família de Belém, Brasil, para iniciar el Foro de la Familia Comboniana sobre Ecología Integral 2025, que durará hasta el próximo día 18. El foro de este año se celebra coincidiendo con la COP30, una conferencia internacional sobre el cambio climático.
El Foro de la Familia Comboniana sobre Ecología Integral (FFCEI) ofrece así una expresión concreta de comunión con quienes abogan por una sociedad justa que respete y proteja nuestra casa común.
En una de las jornadas celebradas hasta ahora, se participó en el simposio internacional sobre «La Iglesia católica en la COP30», que reunió a líderes religiosos, científicos y representantes de los pueblos indígenas para debatir sobre los caminos hacia la conversión ecológica.
El número de noviembre de 2025 de MUNDO NEGRO centra su atención en los 50 años de la “Marcha Negra”, nombre con el que reivindica la causa saharaui frente a la “Marcha Verde”, repasando medio siglo de conflicto en el Sáhara Occidental.
Entre los temas de actualidad destacan:
-La caída del presidente Rajoelina en Madagascar tras una revuelta juvenil liderada por la generación Z.
-La ruptura del Sahel con el Tribunal Penal Internacional.
-El fin del acuerdo comercial AGOA entre EE. UU. y África.
-La condena a muerte de Joseph Kabila en la RDC.
-El resurgir de la violencia en Cabo Delgado (Mozambique).
Completan el número entrevistas, crónicas culturales y testimonios misioneros, con una mirada comprometida hacia la justicia y la dignidad en África.
Por oro lado, el número de noviembre de 𝐀𝐆𝐔𝐈𝐋𝐔𝐂𝐇𝐎𝐒 nos habla de los niños que sufren por las guerras. Muchos han perdido sus casas, sus escuelas y hasta a sus familias. Pero también hay esperanza: los misioneros trabajan para devolverles la alegría y la paz.
Puedes recibirla en papel en tu domicilio o en formato PDF en tu correo electrónico para leerlo en tu dispositivo digital.
También puedes suscribirte a través de nuestro correo electrónico: edimune@combonianos.com o en el teléfono: (+34) 91 415 24 12 indicándonos tus datos postales completos.
A través de este mismo correo electrónico y teléfono podrás comunicarte con nosotros para plantearnos cualquier duda o cuestión que le surja.
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»
Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»
AMIGO DE LA VIDA
«Dios es amigo de la vida». Esta era una de las convicciones básicas de Jesús. Por eso, discutiendo un día con un grupo de saduceos, que negaban la resurrección, les confesó claramente su fe: «Dios no es Dios de muertos, sino de vivos».
Jesús no se puede ni imaginar que a Dios se le vayan muriendo sus criaturas; que, después de unos años de vida, la muerte le vaya dejando sin sus hijos e hijas queridos. No es posible. Dios es fuente inagotable de vida. Dios crea a los vivientes, los cuida, los defiende, se compadece de ellos y rescata su vida del pecado y de la muerte.
Probablemente Jesús no leyó nunca el libro de la Sabiduría, escrito hacia el año 50 a. C. en Alejandría, pero su mensaje acerca de Dios recuerda una página inolvidable de este sabio judío que escribe así: «Tú te compadeces de todos, porque lo puedes todo; cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. ¿Cómo conservarían su existencia si tú no los hubieras creado? Pero tú perdonas a todos porque son tuyos, Señor, amigo de la vida» (Sabiduría 11,23-26).
Dios es amigo de la vida. Por eso se compadece de todos los que no saben o no pueden vivir de manera digna. Llega incluso a «cerrar los ojos» a los pecados de los hombres para que descubran de nuevo el camino de la vida. No aborrece nada de lo que ha creado. Ama a todos los seres; de lo contrario no los hubiera hecho. Perdona a todos, se compadece de todos, quiere la vida de todos, porque todos son suyos.
¿Cómo no amamos con más pasión la creación entera? ¿Por qué no cuidamos y defendemos con más fuerza la vida de todos los seres de tanta depredación y agresión? ¿Por qué no nos compadecemos de tantos «excluidos» para los que este mundo no es su casa? ¿Cómo podemos seguir pensando que nuestro bienestar es más importante que la vida de tantos hombres y mujeres que se sienten extraños y sin sitio en esta Tierra creada por Dios para ellos?
Es increíble que no captemos lo absurdo de nuestra religión cuando cantamos al Creador y Resucitador de la vida y, al mismo tiempo, contribuimos a generar hambre, sufrimiento y degradación en sus criaturas.
Es hora de decir basta. Anoche, junto con un misionero laico comboniano, partimos hacia Belém del Pará, Brasil, donde participaremos en la COP30 con una gran delegación de la Familia Comboniana (40 participantes, consagrados y laicos) de todos los continentes.
Hemos llegado a la trigésima edición de estas reuniones mundiales, donde se debaten los problemas ambientales y las posibles soluciones para el cuidado de nuestra casa común, cada vez más amenazada por el efecto invernadero que está generando la crisis climática.
Se han logrado avances en este campo, pero aún no son suficientes para salvaguardar el planeta y el futuro de la humanidad.
En Belém, junto con los movimientos de base y las esperanzas de los pobres, exigiremos justicia climática . Participaremos en la «cúpula popular» y haremos oír nuestras voces, especialmente la de la República Democrática del Congo, un ejemplo significativo para toda África, una tierra rica, pero empobrecida durante siglos por el modelo económico de extracción y explotación.
Un continente que contamina poco pero paga el precio de la contaminación global.
Afirmaremos claramente que es contradictorio utilizar los beneficios de la extracción de petróleo, la destrucción sistemática de los bosques, para financiar la llamada transición ecológica.
Hacemos un llamado a la conversión ecológica y pediremos a los países ricos que reconozcan y asuman su deuda social y ecológica; que se comprometan a promover una financiación climática asequible y eficaz que no aumente la deuda de los países pobres; y que trabajen por una alianza con los países del Sur Global en pro de la ética y la justicia.
Crear gobernanza con la participación de los pueblos indígenas y las comunidades de base: implementar políticas de decrecimiento para reducir las emisiones de CO2.
Esperamos que esta no sea otra reunión inconclusa que se sume a la lista, sino la ocasión para un punto de inflexión moral drástico y necesario, de acuerdo con las directrices de la ecología integral .”
Este mes recordamos que ser misionero/a significa estar dispuesto a todo: a los momentos de alegría y también a los de dificultad. Significa entregar lo mejor de uno mismo/a, con amor, fe y confianza, sabiendo que lo importante no es el resultado, sino el camino y la entrega con la que servimos.
Sigamos viviendo nuestra misión con corazón, esperanza y compromiso.