Una gota y el mar

A las puertas de comenzar el octubre misionero de este año, compartimos el testimonio de vida de la hermana María del Amor Más Puche, misionera comboniana que se encuentra en Balama (Mozambique). Todo un testimonio de una vida entregada a la misión.

«Vivo en Balama, que pertenece a la diócesis de Pemba, en la provincia de Cabo Delgado. La parroquia tiene unas 75 comunidades que visitamos regularmente. El párroco es un sacerdote diocesano y en nuestra comunidad somos cinco hermanas. En estas comunidades, los catequistas reúnen los domingos a la gente para la catequesis o para la celebración de la Palabra, y a veces, cuando el sacerdote puede desplazarse hasta allí, celebran la eucaristía.

A pocos kilómetros de la misión está activo un grupo guerrillero que, desde hace cinco años, está provocando numerosos desplazamientos internos y han matado a mucha gente, por lo que todos vivimos con miedo. En la diócesis han saqueado, destruido y quemado unas ocho misiones, que tuvieron que cerrarse. Hace dos años mataron a una de nuestras hermanas combonianas (ver MN 685, pp. 42-45), y el año pasado en esta zona raptaron a otras dos religiosas. Aunque luego las liberaron, el susto fue enorme. Todo esto supone gran inestabilidad y sufrimiento para el pueblo. Se trata, realmente, de una Iglesia perseguida.

En torno a la misión y algunas de las aldeas cercanas tenemos tres campos de refugiados en los que malvive mucha gente. Cada campo tiene capacidad para unas 300 familias, compuestas por 13 o 14 miembros como media. La situación allí es horrorosa: no hay comida ni agua. Tampoco hay escuelas ni nada parecido a un hospital. Las personas viven como si estuvieran en un desierto y mantienen su tienda en pie apenas con dos palos. Antes teníamos ayuda humanitaria de algunas organizaciones que trabajaban aquí, pero hace poco que se fueron. Procuramos hacer lo que está en nuestras manos, que es muy poco. Es una gota de agua en un mar de sufrimiento.

En medio de este dolor, como misioneras combonianas trabajamos con mujeres desplazadas. Tenemos grupos de costura, escucha, alfabetización… Sirven de gran ayuda a las mujeres porque, además de lo que aprenden, allí pueden expresar todo el dolor que llevan dentro. Hay mucho sufrimiento en sus vidas y esas pequeñas comunidades les permiten una escucha serena y sin juicios.

Acompañamos algunas iniciativas impulsadas con microcréditos durante cuatro o cinco meses. Les ofrecemos un pequeño capital con el que inician una actividad generadora de recursos. Durante los encuentros les ofrecemos una formación básica y sencilla sobre economía doméstica para que se sientan apoyadas y comprendidas. Es algo muy sencillo, pero para ellas es muy importante porque les permite disponer de un dinero y, sobre todo, ganar en autoestima. Después de este impulso inicial, son capaces de independizarse y continuar con esta actividad, que les ayuda de modo muy concreto para sacar adelante sus familias. Son mujeres luchadoras y muy fuertes que se apoyan y se sostienen entre ellas.

Tenemos muchas otras actividades a nivel pastoral, sobre todo la formación de los jóvenes. Se te encoge el corazón al ver tanta gente en esta situación de inseguridad, sin formación y sin escuelas. Algunos jóvenes se han ido fuera de la zona, mientras que los que se han quedado se organizan en pequeños colectivos. Estamos convencidas de que la educación puede cambiar las cosas, porque la formación pone las bases para que haya hombres y mujeres con otra mentalidad y un futuro diferente, con gente capaz de trabajar por su pueblo.

En este trabajo no estamos solas, siempre hay gente colaborando con nosotras, seglares que nos ayudan, que se vuelcan con el prójimo para aliviar el dolor. Estas personas son las que nos hacen seguir adelante a pesar de la inseguridad y el miedo».

Hna. María del Amor Más Puche, desde Balama (Mozambique)

Fuente: revista Mundo Negro. Septiembre 2024

Encuentro de obispos combonianos

Cada dos años el Instituto de los Misioneros Combonianos invita a todos los obispos combonianos a vivir unos días de encuentro para compartir experiencias y desafíos pastorales, celebrar juntos la fe y revitalizar el espíritu comboniano. 

Este año el encuentro tuvo lugar en Roma del 17 al 23 de septiembre con la participación de 13 de los actuales 24 obispos combonianos.

Los participantes se encontraron con el Superior general, P. Tesfaye Tadesse, y sus asistentes para tratar aspectos de la vida del Instituto como la formación y las vocaciones, los desafíos carismáticos, la economía o la línea misionera adoptada por el Instituto durante el último Capítulo general.

El lunes 23 de septiembre tuvieron un importante encuentro en el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral donde han podido conocer en profundidad la línea pastoral del papa Francisco en relación a la situación de los emigrantes y refugiados y cada obispo comboniano ha podido compartir los desafíos que afronta en su diócesis en relación al desarrollo humano integral de las personas.

Buenas noticias. Domingo 25 T.O. 22/09/2024

Marcos 9, 30-37

El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

¿DE QUÉ DISCUTIMOS POR EL CAMINO?

Según el relato de Marcos, hasta por tres veces insiste Jesús, camino de Jerusalén, en el destino que le espera. Su entrega al proyecto de Dios no terminará en el éxito triunfal que imaginan sus discípulos. Al final habrá «resurrección», pero, aunque parezca increíble, Jesús «será crucificado». Sus seguidores lo deben saber.

Sin embargo, los discípulos no le entienden. Les da miedo hasta preguntarle. Ellos siguen pensando que Jesús les aportará gloria, poder y honor. No piensan en otra cosa. Al llegar a su casa de Cafarnaún, Jesús les hace una sola pregunta: «¿De qué discutíais por el camino?», ¿de qué han hablado a sus espaldas en esa conversación en la que Jesús ha estado ausente?

Los discípulos guardan silencio. Les da vergüenza decirle la verdad. Mientras Jesús les habla de entrega y fidelidad, ellos están pensando en quién será el más importante. No creen en la igualdad fraterna que busca Jesús. En realidad, lo que les mueve es la ambición y la vanidad: ser superiores a los demás.

De espaldas a Jesús y sin que su Espíritu esté presente, ¿no seguimos discutiendo de cosas parecidas?: ¿tiene que renunciar la Iglesia a privilegios multiseculares o ha de buscar «poder social»?, ¿a qué congregaciones y movimientos hay que dar importancia y cuáles hay que dejar de lado?, ¿qué teólogos merecen el honor de ser considerados «ortodoxos» y quiénes han de ser silenciados como marginales?

Ante el silencio de sus discípulos, Jesús se sienta y los llama. Tiene gran interés en ser escuchado. Lo que va a decir no ha de ser olvidado: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». En su movimiento no hay que mirar tanto a los que ocupan los primeros puestos y tienen renombre, títulos y honores. Importantes son los que, sin pensar mucho en su prestigio o reputación personal, se dedican sin ambiciones y con total libertad a servir, colaborar y contribuir al proyecto de Jesús. No lo hemos de olvidar: lo importante no es quedar bien, sino hacer el bien siguiendo a Jesús.

José Antonio Pagola

Un amor que nos impulsa a conocer y saber amar

Estamos aquí de nuevo para daros noticias y compartir, con vosotros, este último tiempo. Durante estos meses, desgraciadamente, nos resulta difícil responder a todos vuestros mensajes (que son muchos), debido a acontecimientos imprevistos, pero todo esto forma parte de estar en misión y vivirla plenamente, hasta el último momento de cada día.

La última vez, os contamos la pena de despedirnos del Padre Jaider, el padre comboniano, que partió urgentemente hacia su tierra natal, debido a repetidas enfermedades.

Pues bien, el mismo día, exactamente un mes después de su partida (de nuevo el 5, pero de julio), la comunidad de los Padres Combonianos fue golpeada de nuevo por una terrible noticia. Mientras esperábamos para acoger a un hermano comboniano de vuelta de sus vacaciones en su tierra natal, recibimos la noticia de su muerte durante la noche, el mismo día en que debía reunirse con nosotros.

A día de hoy, la comunidad comboniana sólo está formada por un padre y un estudiante de teología. Han sido meses difíciles, intensos, llenos de obstáculos, pero incluso en este tiempo, la infinita misericordia y bondad de Dios no ha cesado de obrar maravillas y de darnos la fuerza para afrontar este tiempo y seguir mirando hacia un horizonte cada vez más alto junto a estos hermanos y hermanas nuestros. De hecho, ha sido precisamente en este tiempo de fatiga, de fragilidad, cuando el Señor nos ha unido aún más como comunidad con los padres, como familia comboniana, y nunca hemos dejado de sentir que el Señor nos guiaba. Es precisamente en la fragilidad donde al Señor le gusta trabajar, si dejamos siempre todo en sus manos y nos confiamos a su Gracia.  Como dice una mujer sabia que camina con nosotros: «construye con los que quieren construir y avanza siempre con la alegría que viene del Señor»; son palabras verdaderas, porque cuanto más dejamos todo en manos del Señor, más construye Él.

En estos nuestros primeros seis meses en Mozambique, no han faltado las dificultades y los obstáculos, y en algunos casos no han sido fáciles de superar, sobre todo los surgidos de las personas más cercanas a nosotros, pero realmente sólo con la ayuda del Señor, con vuestra presencia, con vuestro haceros oír, y con la ayuda de la gente, hemos conseguido mantener siempre viva en nuestros corazones, la alegría, la paz y la esperanza, para seguir abrazando esta maravillosa tierra, rica en belleza pero al mismo tiempo con muchas contradicciones.

Cada día, la gente de Macua nos enseña y nos da la alegría de compartir nuestras vidas con ellos. Durante este tiempo, también hemos vivido momentos inesperados y enriquecedores, como la visita del consejo general de las hermanas combonianas y, a principios de agosto, también la de los padres del consejo general comboniano. Cuánta Gracia hemos recibido, inesperada y enriquecedora…

Dentro de nuestros corazones, se abren sueños más grandes con horizontes más amplios que parten de la escucha de la realidad en la que estamos insertos; todo esto sabemos con certeza que con nuestras solas fuerzas, no podremos lograrlo.

Durante este tiempo, hemos tratado de permanecer siempre un paso por detrás para observar y tratar de entender cuáles son las principales necesidades de esta tierra y hacerles realmente protagonistas de su historia y de su tierra. Esta es nuestra misión: crear relaciones verdaderas y auténticas, tender puentes, crear una red. 

Somos extraordinariamente felices a pesar de algunas dificultades y alguna malaria que nos azota ( las dos estamos a 2), pero la alegría, la esperanza, la pasión y el amor que sentimos por esta tierra es un impulso que nos mueve cada día a seguir sembrando y construyendo. También os seguimos dando las gracias a todos y cada uno de vosotros, porque vuestra presencia, cercanía y ayuda son combustible para seguir ilusionándonos y creciendo, para poder construir un futuro mejor junto a estas personas, y para sentirnos todos peregrinos de la esperanza en un mundo mejor, donde todas las personas tengan derecho a vivir una vida digna.

Todos somos misión y nosotras, con todos vosotros, nos sentimos como en familia.

Un abrazo desde el fondo de nuestros corazones. Seguimos rezando por todos vosotros y vosotras también, seguid rezando por nosotras.

Con amor, profundo aprecio y gratitud – Ila y Fede