Fallecimiento del P. José Messeti, misionero comboniano en Perú

Como familia comboniana nos unimos en oración por el alma del P. José Messeti, vicario de la parroquia Santo Domingo de Guzmán de Palca en la diócesis de Tarma (Perú) que fue encontrado sin vida al borde de una laguna de la cordillera andina tras varios días de búsqueda.

Misionero incansable y entregado, acompañó hace algún tiempo a varias comunidades de la sierra peruana donde trabajaban los LMC.

Damos gracias a Dios por su vida entregada a la misión y a los más pobres y abandonados, convencidos de que ya goza de la presencia del Señor que lo habrá acogido en sus brazos.

Compartimos un video del programa Pueblo de Dios como homenaje a su trabajo y al de tantos otros misioneros que han acompañado y acompañan a las comunidades de la sierra andina.

https://www.rtve.es/…/pueblo-dios-peru-a-cielo…/421510/

Buenas noticas. Domingo 22 T.O. 01/09/2024

Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. ( Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes la manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas. ) Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores»? Él contesto: / «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: / «Este pueblo me honra con los labios, / pero su corazón está lejos de mí. / El culto que me dan está vacío, / porque la doctrina que enseñan / son preceptos humanos.» / Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.» Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer la hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

UNA RELIGIÓN VACÍA DE DIOS

Los cristianos de la primera y segunda generación recordaban a Jesús no tanto como un hombre religioso, sino como un profeta que denunciaba con audacia los peligros y trampas de toda religión. Lo suyo no era la observancia piadosa por encima de todo, sino la búsqueda apasionada de la voluntad de Dios.

Marcos, el evangelio más antiguo y directo, presenta a Jesús en conflicto con los sectores más piadosos de la sociedad judía. Entre sus críticas más radicales hay que destacar dos: el escándalo de una religión vacía de Dios y el pecado de sustituir su voluntad por «tradiciones humanas» al servicio de otros intereses.

Jesús cita al profeta Isaías: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos». Luego denuncia en términos claros dónde está la trampa: «Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».

Este es el gran pecado. Una vez que hemos establecido nuestras normas y tradiciones, las colocamos en el lugar que solo ha de ocupar Dios. Las ponemos por encima incluso de su voluntad: no hay que pasar por alto la más mínima prescripción, aunque vaya contra el amor y haga daño a las personas.

En esa religión, lo que importa no es Dios, sino otro tipo de intereses. Se le honra a Dios con los labios, pero el corazón está lejos de él; se pronuncia un credo obligatorio, pero se cree en lo que conviene; se cumplen ritos, pero no hay obediencia a Dios, sino a los hombres.

Poco a poco olvidamos a Dios y luego olvidamos que lo hemos olvidado. Empequeñecemos el evangelio para no tener que convertirnos demasiado. Orientamos la voluntad de Dios hacia lo que nos interesa y olvidamos su exigencia absoluta de amor.

Este puede ser hoy nuestro pecado. Agarrarnos como por instinto a una religión desgastada y sin fuerza para transformar nuestras vidas. Seguir honrando a Dios solo con los labios. Resistirnos a la conversión y vivir olvidados del proyecto de Jesús: la construcción de un mundo nuevo según el corazón de Dios.

José Antonio Pagola

El Papa Francisco visitará cuatro países 100% territorio de misión

El Papa Francisco vuelve a poner el foco en las periferias de la Iglesia, como suele habitual en sus viajes. El próximo lunes comienza su visita a Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Timor Oriental y Singapur. Todos ellos son Iglesias jóvenes, que necesitan el apoyo de misioneros y reciben el apoyo anual de todos los católicos del mundo a través de Obras Misionales Pontificias (OMP). Una misionera colombiana desde Indonesia explica cómo están viviendo este acontecimiento desde el primer país de la visita papal.

Datos estadísticos de la Iglesia católica en Indonesia

“Esperamos al Papa con mucha esperanza y alegría”, explica la hermana Ana Emilce Parra, una misionera Sierva de María en Indonesia. Todo está listo. “La catedral de Yakarta estaba muy deteriorada, y es pequeña porque hay muy pocos católicos. Desde mayo han estado arreglándola”, explica esta colombiana de 45 años quien, aunque no puede asistir a los encuentros, estuvo en Yakarta hace unos días y pudo ver entre otras cosas  cómo estaban colocando la silla donde se sentará el Papa Francisco. Junto a la catedral, han acondicionado un museo y un parque para diversos encuentros. Por las calles hay carteles que dan la bienvenida al Santo Padre. “Es bastante emotivo ver en Yakarta frases alusivas al Papa”, afirma.

“La presencia a veces mínima de la Iglesia católica en estas islas de Indonesia es de un beneficio muy grande”, explica Ana Emilce. “La Iglesia católica hace un gran servicio de ayuda, presencia, enseñanza, salud…”. Ella misma se encarga de visitar enfermos en sus casas –es el carisma de su congregación- por Larantuka. En un país mayoritariamente musulmán (solo 3% de la población se declara católica), la presencia de los católicos en las islas de Indonesia es muy heterogénea. En la Isla de Flores se concentran muchos, pero según esta Sierva de María, hay islas en las que la presencia es muy pequeña, incluso a veces oculta. Y con ellos permanecen misioneros para acompañarles en su fe. “Es un regalo la visita del Papa a estos hermanos nuestros, que han mantenido la fe contra viento y marea”.

La misionera es consciente del esfuerzo que va a hacer el Papa Francisco en llegar a países tan lejanos. Sin embargo, merece la pena. “Hay grandes expectativas de unidad, diálogo y encuentro”, afirma. “Todos los católicos aquí son muy solemnes”, explica la Ana Emilce, que disfruta mucho del cuidado con el que celebran la liturgia. “Sé que el Papa Francisco va a estar feliz”.

14 millones de dólares para cimentar la misión de la Iglesia en Indonesia

Como todas las diócesis de Indonesia son Iglesias jóvenes, consideradas territorios de misión, cada año son ayudados por parte de la Santa Sede a través de Obras Misionales Pontificias (OMP), que canaliza la generosidad de todos los católicos del mundo que colaboran con la misión en Jornadas tan conocidas como las de Domund, Infancia Misionera o Vocaciones Nativas. En los últimos 5 años, Obras Misionales Pontificias ha apoyado a la evangelización en Indonesia con 14 millones de dólares.

La gran mayoría -8.711.155$- a través del Domund. De este dinero, cada una de las diócesis recibe cada año una ayuda fija destinada a los gastos diarios de la diócesis. Se apoyan también necesidades puntuales que van surgiendo en la tarea misionera: compra de terrenos para parroquias en sitios donde antes no había llegado la Iglesia, construcción de conventos para los misioneros de diversas congregaciones (franciscanos/as, pasionistas, agustinos, Verbo Divino…), traducción de la Biblia a lenguas locales… Y por supuesto, también para la evangelización a través de la caridad: 25.000$ para construir un internado de chicas, 35.000$ para ampliar un ambulatorio diocesano…

Además de las ayudas del Domund, desde OMP también se ha enviado cerca de un millón de dólares para proyectos infantiles con Infancia Misionera (evangelización, educación, atención sanitaria…). Y por otro lado, cada año se apoya a los futuros sacerdotes diocesanos de Indonesia. En el último lustro, desde la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, se han enviado más de cuatro millones de dólares para apoyar a los 16 seminarios diocesanos del país, en los que hay en la actualidad 3.631 seminaristas.

Buenas noticias. domingo 21 T.O. 25/08/2024

Juan 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen. «Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.» Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.

¿TAMBIÉN VOSOTROS QUERÉIS MARCHAROS?

El mundo en que vivimos no puede ya ser considerado como cristiano. Las nuevas generaciones no aceptan fácilmente la visión de la vida que antes se transmitía de padres a hijos por vía de autoridad. Las ideas y directrices que predominan en la cultura moderna se alejan mucho de la inspiración cristiana. Vivimos en una época «poscristiana».

Esto significa que la fe ya no es «algo evidente y natural». Lo cristiano está sometido a un examen crítico cada vez más implacable. Son muchos los que en este contexto se sienten sacudidos por la duda, y bastantes los que, dejándose llevar por las corrientes del momento, lo abandonan todo.

Una fe combatida desde tantos frentes no puede ser vivida como hace unos años. El creyente no puede ya apoyarse en la cultura ambiental ni en las instituciones. La fe va a depender cada vez más de la decisión personal de cada uno. Será cristiano quien tome la decisión consciente de aceptar y seguir a Jesucristo. Este es el dato tal vez más decisivo en el momento religioso que vive hoy Europa: se está pasando de un cristianismo por nacimiento a un cristianismo por decisión.

Ahora bien, la persona necesita apoyarse en algún tipo de experiencia positiva para tomar una decisión tan importante. La experiencia se está convirtiendo en una especie de criterio de autenticidad y en factor fundamental para decidir la orientación de la propia vida. Esto significa que, en el futuro, la experiencia religiosa será cada vez más importante para fundamentar la fe. Será creyente aquel que experimente que Dios le hace bien y que Jesucristo le ayuda a vivir.

El relato evangélico de Juan resulta hoy más significativo que nunca. En un determinado momento, muchos discípulos de Jesús dudan y se echan atrás. Entonces Jesús dice a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». Simón Pedro le contesta en nombre de todos desde una experiencia básica: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos». Muchos se mueven hoy en un estado intermedio entre un cristianismo tradicional y un proceso de descristianización. No es bueno vivir en la ambigüedad. Es necesario tomar una decisión fundamentada en la propia experiencia. Y tú, ¿también quieres marcharte?

José Antonio Pagola

Buenas noticias. domingo 20 T.O. 19/08/2024

Juan 6,51-58

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que como este pan vivirá para siempre.»

COMULGAR CON JESÚS

«Dichosos los llamados a la cena del Señor». Así dice el sacerdote mientras muestra a todo el pueblo el pan eucarístico antes de comenzar su distribución. ¿Qué eco tienen hoy estas palabras en quienes las escuchan?

Muchos, sin duda, se sienten dichosos de poder acercarse a comulgar para encontrarse con Cristo y alimentar en él su vida y su fe. Bastantes se levantan automáticamente para realizar una vez más un gesto rutinario y vacío de vida. Un número importante de personas no se sienten llamadas a participar y tampoco experimentan por ello insatisfacción alguna.

Y, sin embargo, comulgar puede ser para el cristiano el gesto más importante y central de toda la semana, si se vive con toda su expresividad y dinamismo.

La preparación comienza con el canto o recitación del padrenuestro. No nos preparamos cada uno por nuestra cuenta para comulgar individualmente. Comulgamos formando todos una familia que, por encima de tensiones y diferencias, quiere vivir fraternalmente invocando al mismo Padre y encontrándonos todos en el mismo Cristo.

No se trata de rezar un «padrenuestro» dentro de la misa. Esta oración adquiere una profundidad especial en este momento. El gesto del sacerdote, con las manos abiertas y alzadas, es una invitación a adoptar una actitud confiada de invocación. Las peticiones resuenan de manera diferente al ir a comulgar: «danos el pan» y alimenta nuestra vida en esta comunión; «venga tu reino» y venga Cristo a esta comunidad; «perdona nuestras ofensas» y prepáranos para recibir a tu Hijo…

La preparación continúa con el abrazo de paz, gesto sugestivo y lleno de fuerza, que nos invita a romper los aislamientos, las distancias y la insolidaridad egoísta. El rito, precedido por una doble oración en que se pide la paz, no es simplemente un gesto de amistad. Expresa el compromiso de vivir contagiando «la paz del Señor», curando heridas, eliminando odios, reavivando el sentido de fraternidad, despertando la solidaridad.

La invocación «Señor, yo no soy digno…», dicha con fe humilde y con el deseo de vivir de manera más fiel a Jesús, es el último gesto antes de acercarnos cantando a recibir al Señor. La mano extendida y abierta expresa la actitud de quien, pobre e indigente, se abre a recibir el pan de la vida.

El silencio agradecido y confiado que nos hace conscientes de la cercanía de Cristo y de su presencia viva en nosotros, la oración de toda la comunidad cristiana y la última bendición ponen fin a la comunión. ¿No se reafirmaría nuestra fe si acertáramos a comulgar con más hondura?

José Antonio Pagola