Cuerpo de Cristo, y de los indígenas

P. Dario Bossi (Misionero Comboniano en Brasil).- El pan partido es el símbolo que más contrasta con la tentación del poder, casi siempre una bendición para quien atesora. Este pan es el Cuerpo de Jesús, consagrado una vez más hoy en la celebración del Corpus Christi, en la Explanada dos Ministérios (Brasilia).
En la misma explanada, en estos días, acampaban cerca de 1.500 indígenas, de diferentes pueblos de Brasil, organizando seminarios y debates, manifestaciones y danzas circulares en busca de la defensa de sus territorios, en contra de la tesis jurídica de la Marca Temporal, un proceso legislativo que podría poner en jaque la demarcación de centenares de sus tierras ancestrales, considerada una barrera contra la deforestación.


Dos acontecimientos profundamente entrelazados, que la vida religiosa celebra y acompaña con devoción y compromiso. La Eucaristía es la presencia viva del Dios que se hace carne e historia en medio de nosotros. En los cuerpos de estos indígenas que abandonaron sus tierras, sufriendo las frías noches de Brasilia en sus tiendas y reclamando el derecho a la tierra de sus antepasados, reconocemos también el cuerpo herido y humillado de Jesús, como enseña el Evangelio de Mateo.

Por la fe, hoy, el pueblo de Dios reunido en celebración caminará en procesión, como una sola familia en busca de una vida plena. Con la misma fe y esperanza, en estos días, los pueblos indígenas danzaron rítmicamente al son de la maraca.
Me llamó la atención la diputada indígena Célia Xakriabá: comenzaba la sesión de debate en la Cámara, pero ella insistió en salir corriendo a encontrarse con sus familiares. No tuvo tiempo de decir nada, ni siquiera un breve discurso; simplemente se unió al círculo de baile, en el ritmo que invocaba la resistencia de los ancestros, en el Toré, en el Guachiré… Dicen los indígenas que es con el zapateo de estos bailes que el mundo se mantiene en equilibrio.

La dureza de la realidad, sin embargo, erosiona la intensidad de esta mística. El juicio de la Marca Temporal fue pospuesto nuevamente, por cuarta vez en seis años de un proceso que el pueblo obstinadamente no quiere dejar pasar.
En el campo religioso, muchas personas que celebran el Corpus Christi se escandalizan cuando se hacen aproximaciones como esta, entre lo “sagrado” y lo “profano”.
Pero, ¿tendrá lo sagrado fronteras, en la Eucaristía cósmica (Laudato Si’ 236) que celebramos hoy?
Quiero creer, con esperanza, en una Iglesia en camino en busca de Jesús encarnado, ayer, hoy y siempre, en los cuerpos heridos y en la fe profunda de las personas sencillas, que comulgan y parten el pan.

El pueblo pigmeo, guardián de la Casa Común

Jesús Ruíz, obispo de Mbaïki (R. Centroafricana) nos cuenta cómo sus comunidades del pueblo Aka (Pigmeos) han celebrado la Semana Laudato Si’. Jesús, que fuera inspirador del movimiento LMC de España, pasa estos días por España y tuvimos la alegría de compartir una tarde con él, en la que brilla su amor por sus comunidades.

La cuenca del Congo es el segundo pulmón del planeta, y tristemente escenario de similares crímenes ambientales a los que solemos escuchar de la Amazonía. Solo que menos voces nos cuentan de este escenario de destrucción masiva de la selva ecuatorial. Jesús Ruíz promueve la evangelización integral de los pueblos, en la que la Pascua del Señor se traduce en que el pueblo Aka se ponga en pie frente a los siglos de discriminación tanto de los colonizadores sino del resto de pueblos mayoritarios de Centroáfrica.

El Aka está acostumbrado a recibir golpes y agachar la cabeza. Por eso liderar una marcha con el lema Somos los guardianes de la selva es de gran valor. Es un signo claro del carisma comboniano. Como el resto de pueblos originarios en América, Asia, Oceanía… los Aka toman conciencia de que han guardado la Casa Común durante siglos, en la invisibilidad, y ahora su testimonio brilla porque su entorno corre grave riesgo de desaparecer. Estamos en deuda con todas estas comunidades.

Las hermanas combonianas Lucía Font (española) y Lucía Premoli (brasileña), trabajan actualmente con Monseñor Ruíz y los pueblos Aka, esta última como responsable episcopal de la comisión Laudato Si’. La experiencia de Amazonía impulsa a esta última a concretizar en África todo el trabajo que viene desarrollándose en Latinoamérica. En la cercana Mongumba la comunidad LMC lleva más de 20 años acompañando a este pueblo. Nuestra Tere Monzón, que participó 10 años en esta misión, regresa el próximo día 9 a España.

El impulso de la encíclica Laudato Si’ está movilizando en todo el mundo un cambio de sistema, porque el actual modelo de desarrollo no respeta ni a las personas ni al resto de la Creación. «Necesitamos organizaciones que nos ayuden a documentar todo lo que está ocurriendo en nuestro territorio, para que se dé a conocer». El nivel de contaminación por mercurio en los ríos, la pérdida de especies autóctonas, el enriquecimiento salvaje de unas minorías gracias a los recursos nacionales de este «país pobre». Es la petición directa que Monseñor Ruíz nos hace.