Los misioneros combonianos han reconocido a dos asociaciones que promueven los derechos del pueblo pigmeo baka de Camerún con el Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2024. Timothée Emini (Asociación Okani) y Luc Ndeloua (Asociación Abowanii) recibieron el premio de manos de J. María Calderón, director nacional de OMP, en la casa comboniana de Madrid el sábado 1 de febrero.
El encuentro fue enmarcado por la profesora María del Ángel Iglesias Vázquez, investigadora de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR), que abordó el camino en el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas africanos. Estos están amenazados fundamentalmente por la presión de las compañías extractivas (madera, hidrocarburos, minerales…), con el agravante de que cuando estas poblaciones son expulsadas de sus tierras ancestrales pierden su identidad, ya que su espiritualidad está ligada a la tierra de sus antepasados.
Hay dos fechas clave en este camino: En 1989 la Organización Internacional del Trabajo aprueba el Convenio 169 sobre pueblos indígenas, que sin embargo solo cuenta entre los estados africanos con la ratificación de la R. Centroafricana. Posteriormente en 2007 la ONU emite la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que en su artículo 10 exige el consentimiento previo, libre e informado antes de cualquier desplazamiento de comunidades indígenas. Estos instrumentos legales han ido permitiendo la presentación de algunas denuncias internacionales, fundamentalmente en Kenya.
Los protagonistas premiados continuaron con su testimonio sobre la situación de enorme riesgo que vive su pueblo baka, uno de los cientos de pueblos indígenas africanos. Estas comunidades no viven en la selva, sino que son parte de ella. La selva es escuela para sus jóvenes, supermercado para todo lo que necesitan, especialmente los productos farmacológicos, y, especialmente, es el lugar de comunicación espiritual profunda con su cultura ancestral y sus antepasados. Con supuesto afán de proteger los territorios naturales, estas comunidades se ven expulsadas por la administración de Camerún. Se les fuerza a un salto brusco del modo de vida cazador-recolector al urbano, generando un trauma sin paliativos. Como citábamos arriba, las compañías extractivas son las beneficiadas por la «limpieza» del territorio para poder entrar con impunidad en sus territorios. El turismo internacional ejerce también una presión.
Frente a esta dramática situación, las asociaciones de los dos premiados se centran en la organización de los jóvenes para que conozcan sus derechos y los ejerzan, conozcan sus tradiciones y las puedas enseñar a su vez a los más pequeños. Algunos datos preocupantes: solo hay 10 personas baka cursando estudios en la universidad, un centenar en la escuela secundaria, y Timothée Emini, uno de los premiados, espera ser en breve el primer baka con un doctorado universitario. No tienen presencia en el parlamento de Camerún, y sufren además la discriminación de las etnias mayoritarias.
Al concluir el encuentro, declaraban que el futuro de esta cultura depende de su capacidad de luchar por sus derechos, y de la aplicación de las reciente legislación europea, como la directiva de regulación forestal. El acompañamiento de estas comunidades vulnerables pasa por el trabajo para lograr este tipo de legislaciones internacionales y monitorear su aplicación.




