Del 2 al 8 de agosto hemos vivido nuestra Asamblea Anual en Becerril de la Sierra, unos días de encuentro, oración, reflexión y convivencia que nos han ayudado a detenernos, orar y, sobre todo, renovar nuestra mirada hacia la misión que estamos llamados a vivir como LMC.
El lema que nos ha acompañado durante estos días “El amor del alfarero y la docilidad del barro”nos ha invitado a contemplar nuestra propia vida desde la imagen del alfarero que, con paciencia y ternura, toma el barro entre sus manos y le va dando forma.
Durante la Asamblea nos hemos regalado tiempo para escucharnos, para reconocer lo que vivimos y para abrir juntos nuevos caminos. De manera especial, hemos escuchado a nuestros compañeros que están en misión, cuyas experiencias nos han acercado a la realidad de Centroáfrica, Brasil y Kenia. Sus testimonios nos han recordado que la misión nace del encuentro y se alimenta de la comunidad.
Concluimos nuestro encuentro con la certeza de que todavía queda mucho por construir y también con la confianza de que no caminamos solos. Queremos seguir siendo barro en las manos del Alfarero: disponibles para dejarnos moldear, para cambiar cuando sea necesario y para poner nuestros dones al servicio de los demás. Con la mirada puesta en la misión, queremos continuar haciendo realidad aquello que hemos descubierto juntos: que cuando nos dejamos tocar por el amor de Dios, nuestra vida puede convertirse también en instrumento de ese amor para el mundo.















