Comboni no soñaba con una misión de paso, sino con un legado que traspasara generaciones. Por eso entregó su vida entera por África, convencido de que el Evangelio anunciado hoy se convierte en semilla de vida para el mañana.
Como Laicos Misioneros Combonianos, somos parte de esa herencia viva. No la recibimos para guardarla, sino para seguir sembrándola: en nuestras comunidades. Esa es la herencia que Comboni nos confió, y la que hoy nos toca seguir tejiendo.

