Buenas noticias. Domingo 18 T.O. 04/08/2024

Juan 6,24-35

El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?» Jesús contesto: «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.» Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?» Respondió Jesús: «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.» Le replicaron: «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo.»» Jesús les replicó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

NOSTALGIA DE ETERNIDAD

Cuando observamos que los años van deteriorando nuestra salud y que también nosotros nos vamos acercando al final de nuestros días, algo se rebela en nuestro interior. ¿Por qué hay que morir, si desde lo hondo de nuestro ser algo nos dice que estamos hechos para vivir?

El recuerdo de que nuestra vida se va gastando día a día sin detenerse hace nacer en nosotros un sentimiento de impotencia y pena. La vida debería ser más hermosa para todos, más gozosa, más larga. En el fondo, todos anhelamos una vida feliz y eterna.

Siempre ha sentido el ser humano nostalgia de eternidad. Ahí están los poetas de todos los pueblos cantando la fugacidad de la vida, o los grandes artistas tratando de dejar una obra inmortal para la posteridad, o sencillamente los padres queriendo perpetuarse en sus hijos más queridos.

Aparentemente, hoy las cosas han cambiado. Los artistas afirman no pretender trabajar para la inmortalidad, sino solo para la época. La vida va cambiando de manera tan vertiginosa que a los padres les cuesta reconocerse en sus hijos. Sin embargo, la nostalgia de eternidad sigue viva, aunque tal vez se manifieste de manera más ingenua.

Hoy se intenta por todos los medios detener el tiempo dando culto a lo joven. El hombre moderno no cree en la eternidad, y por eso mismo se esfuerza por eternizar un tiempo privilegiado de su vida actual. No es difícil ver cómo el horror al envejecimiento y el deseo de agarrarse a la juventud llevan a veces a comportamientos cercanos al ridículo.

Se hace a veces burla de los creyentes diciendo que, ante el temor a la muerte, se inventan un cielo donde proyectan inconscientemente sus deseos de eternidad. Y apenas critica nadie ese neorromanticismo moderno de quienes buscan inconscientemente instalarse en una «eterna juventud».

Cuando el ser humano busca eternidad, no está pensando establecerse en la tierra de una manera un poco más confortable para prolongar su vida lo más posible. Lo que anhela no es perpetuar para siempre esa mezcla de gozos y sufrimientos, éxitos y decepciones que ya conoce, sino encontrar una vida de calidad definitiva que responda plenamente a su sed de felicidad.

El evangelio nos invita a «trabajar por un alimento que no perece, sino que perdura dando vida eterna». El creyente se preocupa de alimentar lo que en él hay de eterno, arraigando su vida en un Dios que vive para siempre y en un amor que es «más fuerte que la muerte».

José Antonio Pagola

Nuestro caminar en Carapira

Queridos todos,
hace tiempo que no tenemos nuevas noticias y estamos aquí para daros las que tantos de vosotros nos pedís, y os pedimos disculpas por el retraso.
Los días aquí son muy ajetreados y no ocultamos que pasan tan rápido, con tanta profundidad y plenitud, que ni nos damos cuenta de que ha empezado julio y hace tiempo que no escribimos :). Empezamos pidiendo disculpas por este tiempo, pero a finales de mayo, para nuestra desgracia, tuvimos problemas con los planes de telefonía… la compañía cortó brutalmente los datos de conexión, así que esto tampoco nos permitió daros muchas noticias, pero gracias a Dios, hace una semana, volvieron a cambiarlo todo, poniendo un poco más de datos, así que estaremos más operativos y constantes. Esperamos que en el futuro no haya más recortes, o mejor dicho esperamos que aumenten los datos, aunque lo dudamos un poco ya que habrá nuevas elecciones en unos meses. Tenemos muchas ideas en la cabeza y si el plan de telefonía no cambia, pronto desvelaremos algunas ideas. Este mes pasado también recibimos nuestro «primer bautismo africano», o mejor dicho, ambas contrajimos la malaria. Esto nos sorprendió mucho, pero nos permitió reflexionar mucho sobre lo que cada día, cada uno de ellos vive con esta enfermedad, los que pueden permitirse el tratamiento, los que pierden la vida por no tener dinero para acceder a hacerse la prueba y empezar el tratamiento, y la lucha por recuperar la energía para ponerse en marcha de nuevo.
Por este motivo, a principios de junio tuvimos que despedirnos con gran dolor del párroco de la parroquia de Carapira, que tuvo que regresar urgentemente a su tierra a causa de la malaria continua. Su sufrimiento era muy grande, tanto por lo que estaba viviendo a causa de la malaria, como por tener que dejar esta tierra que tanto amaba. Para nosotros fue como un rayo, porque además de ser un buen párroco, era un hermano humilde que siempre estaba al servicio de todos, era un hermoso testimonio para ver y tocar. En cualquier caso, también estamos muy contentos con los Padres Combonianos que están aquí con nosotros, realmente estamos viviendo y respirando mucha plenitud y vida profunda con ellos en este momento. Cada día, encontramos en ambas partes, como ‘una pequeña excusa’ para encontrarnos siempre y construir pieza a pieza una comunión de fraternidad y de verdadero testimonio. Aquí, cerca de casa, hay también algunas religiosas que pertenecen a otro instituto religioso distinto del de los combonianos, pero incluso con ellas se ha creado una hermosa relación de armonía y complicidad. Esto es ciertamente muy importante porque nos permite conocernos y sentirnos como una familia ampliada, pero sobre todo nos hace sentirnos al lado de los hermanos más solos y abandonados, y nos permite ayudarnos mutuamente a llevar las cargas de los demás.


También recibimos la gracia en estas fechas de vivir la vigilia y la fiesta patronal de la parroquia de Carapira… fuimos más o menos 200 personas y fue emocionante vivirlo y respirarlo junto a ellos. Pensad que la vigilia duró unas buenas cuatro horas, pero se pasaron en un abrir y cerrar de ojos… había muchas comunidades venidas de lejos, con un buen número de jóvenes también presentes. Bueno, que puedo decir del pueblo Macua… nos asombran cada vez más y realmente nos sentimos en casa entre ellos y con ellos… creo que esta es la expresión más apropiada y correcta para hacerles entender lo que nos hacen experimentar en la verdadera profundidad y esencialidad de la persona humana. Cada día nos sentimos más pequeños en medio de ellos, precisamente porque vemos que su presencia es un gran enriquecimiento para nosotros en nuestras vidas….en realidad son más ellos los que nos forman, que lo que nosotros intentamos ayudarles. Deberíais ver por vosotros mismos con vuestros propios ojos y tocar concretamente con vuestras propias manos, cuánta belleza se esconde aquí en sus heridas y sufrimientos. Evidentemente, todo esto nos hace cuestionarnos mucho sobre diversos aspectos de nuestra vida, nuestras relaciones y cómo malgastamos energía y tiempo en cosas inútiles. Aquí la belleza y la esencialidad es precisamente el famoso «estar ahí» tal y como somos y nada más, que es siempre lo que seguimos comprendiendo y siendo más fuertes y conscientes de nosotros mismos y a lo largo de nuestro camino. Al final, lo que cuenta no es lo que hacemos, el servicio en el que nos gastamos, o el logro de algo o de nosotros mismos, sino el amor con el que amamos a estos hermanos y hermanas. Sabemos con certeza que no somos nosotros quienes salvamos a nadie, sino que son ellos quienes nos salvan a nosotros, los «occidentales». Cuánta alegría nos da estar en medio de ellos, intentar decir algunas palabras en su lengua, abrazarlos, bromear con ellos, hacerlos sonreír, y dejar que Dios haga la obra de comunión con ellos.
El otro día leíamos esta pequeña frase de Don Tonino Bello, que sigue resonando en nosotros en estos momentos:
“Os invito a dejaros evangelizar por los pobres. Tantas veces pensamos que somos nosotros los que llevamos la buena noticia a los pobres. Pero ellos viven mejor que otros ciertos valores, como el abandono confiado en la Providencia, la solidaridad en el sufrimiento».
¡Aquí pensamos que esta frase puede representar muy bien lo que está escrito más arriba! Cuántas cosas quisiéramos deciros y tratar de compartir con vosotros… cuánto quisiéramos que el amor que toca nuestros corazones os llegara también a vosotros. Cuánto quisiéramos que esta gracia se expandiera para ellos. Pero de una cosa estamos seguros… que el Señor sabrá hacer florecer nuestras vidas junto a las vuestras con ellos. Estamos seguros de que el Señor de la Vida ya está obrando en ello. Nunca dejaremos de daros las gracias por todo el amor que nos enviáis, por la unión y comunión de esta iglesia universal que sigue expandiéndose y de la que cada uno de nosotros nos sentimos parte. Gracias porque vuestra presencia nos hace sentir como una gran familia que el hogar no es un lugar, sino las personas que lo habitan y te hacen sentir allí… y sentimos que este hogar es tan grande que abraza nuestra tierra, con esta nueva tierra. Para muchos de vosotros será un tiempo de descanso, os deseamos de corazón que este tiempo os haga redescubrir lo esencial de los valores y las relaciones. Como cada día, os recordamos en nuestras oraciones ante Jesús Eucaristía, y os pedimos que sigáis rezando por este pueblo, y una oración también por el Padre Jaider, para que pronto recupere la salud y pueda continuar su ministerio allá donde el Señor le lleve. Y como se dice aquí….

Koxukhuru vanjene (muchas gracias)
Con mucha gratitud y cercanía Ilaria y Federica

Experiencia misionera en Kenia

Seguimos compartiendo las experiencias misioneras de este verano. En esta ocasión nos escribe Tere Monzón desde Kenia. Ella forma parte del equipo coordinador dela familia comboniana que está acompañando a un grupo de jóvenes en una experiencia de trabajo. en Lokichar.

«Una vez que nos reunimos todo el grupo en Nairobi y visitamos el museo nacional y la catedral marchamos a Lokichar, lugar donde realizaríamos nuestra experiencia.
Lokichar es el centro parroquial y aquí se encuentran escuelas, hospital, centro de personas con discapacidad (mayoría por problemas de polio) etc.

Después de unos días conociendo esta realidad, fuimos a Karapata un sector de la parroquia muy importante y alejado (aquí la población está muy dispersa y eso dificulta las actividades).
Aquí estuvimos una semana. Por las mañanas celebramos la Eucaristía en dos o tres comunidades, las cuales, nos acogían muy calurosamente y nos ofrecían regalos.

Por las tardes después del descanso se realizaban actividades en el huerto o cualquier cosa que ayudara a la mejora de la comunidad que nos ha acogido.

De vuelta a Lokichar se comenzaron los talleres (costura, juegos con los niños, visita a escuelas, hospital, enfermos y hasta pintar una escuela sin faltar la ayuda con conocimientos informáticos)

En los últimos días aprovechamos para visitar el parque nacional de EMBOSELI y ver la fauna del país así como la visita al lago Turkana.

Damos gracias a Dios por este tiempo que nos ha regalado que ha sido muy enriquecedor para todo el grupo y que ha servido para seguir sembrando la semilla misionera entre nuestros jóvenes».

Tere Monzón. LMC España

Beato Giuseppe Ambrosoli: médico y misionero

Hoy 28 de julio celebramos la memoria del beato Giuseppe Ambrosoli, misionero comboniano que entregó su vida a los enfermos más pobres de Uganda, país donde construyó un hospital y atendió a sus pacientes con amor y mucha fe.

Giuseppe Ambrosoli nació en Italia el 25 de julio de 1923. Su madre, Palmira, fue quien le enseñó, con el ejemplo, a ayudar a quienes más lo necesitaban. Además, llenó de amor la infancia del futuro beato. Cuando tenía 19 años, Giuseppe entró a la universidad para estudiar Medicina, pero interrumpió sus estudios porque durante la Segunda Guerra Mundial dio refugio en su casa a todos los que podía. A los judíos perseguidos los llevó hasta Suiza para que pudieran escapar de una muerte segura.

Pero lo que hizo no le gustó a las autoridades y para proteger a su familia, Ambrosoli se entregó y fue enviado a Alemania, donde lo obligaron a entrenar como soldado; sin embargo, cada vez que podía, asistía a una iglesia donde encontraba consuelo con el Señor.

Una vez que la paz volvió, Ambrosoli se convirtió en médico, pero ya había decidido que quería ser misionero y ayudar a los enfermos en África, por lo que buscó al superior comboniano y le ofreció su vida y sus conocimientos como doctor. Fue aceptado y enviado a Londres para especializarse en enfermedades tropicales. También se dedicó a estudiar para convertirse en sacerdote y finalmente fue enviado a Uganda para crear un hospital en 1955.

El padre Giuseppe no sólo trabajaba como médico en el hospital, sino como albañil, y con sus manos ayudó a construirlo y equiparlo; además, creó una escuela para enfermeras. Pero la cruel guerra lo volvió a encontrar en 1987, cuando los militares lo obligaron a desalojar el hospital en 24 horas, por lo que junto a cientos de enfermos recorrió 120 kilómetros entre balas para ponerse a salvo. Sin embargo, el padre, que ya presentaba síntomas de enfermedad, falleció el 27 de marzo de ese año al no poder soportar la huida. No había médicos cerca para ayudarlo.

Siete años después, el cuerpo del padre fue llevado a su hospital en Kalongo, donde actualmente reposan sus restos y donde fue beatificado el 20 de noviembre de 2022 en medio de una enorme fiesta en su memoria.

En la actualidad el Beato Giuseppe Ambrosoli, es el patrono del escolasticado comboniano de Granada.

Que él y San Daniel Comboni continúen intercediendo por nosotros y por el pueblo africano al que tanto amaron.

«Los mozambiqueños nos han robado el corazón»

Seguimos acompañando la experiencia de nuestros compañeros Luis y Fayna y el grupo de jóvenes en Mozambique, poco a poco la experiencia va llegando a final. Están siendo días muy ricos en experiencias y en Vida compartida.

» Buenas noches desde Songo a todos los que nos escuchan, leen u oyen. Hoy hemos concluido nuestra jornada, y casi todos ya están en la cama porque mañana toca madrugar aún más de lo habitual. Nos espera un viaje a Mukumbura, del cual hablaré más adelante. Hoy fue nuestro último día de voluntariado, el último de nuestras actividades en los distintos lugares donde hemos colaborado esta semana.

Las experiencias fueron diversas, pero todas positivas. En la escuela, los niños y niñas mostraron una vitalidad increíble, agotadora. Los profesores y profesoras, con clases de 40 a 50 niños de 3 a 5 años, hacen un trabajo admirable. Los niños son muy hábiles y enérgicos, cantando y bailando constantemente. Estas actividades no solo les permiten desfogarse, sino que también son educativas, enseñándoles conceptos y emociones a través de canciones.

Misión Mozambique 24

En el internado, celebramos el Día de Canarias. Prepararon comidas típicas de casa, destacando la pella de gofio, que disfrutaron enormemente. Fue un éxito, y las fotos muestran caras de alegría y felicidad. Mañana seguirán disfrutando de este manjar.

Los voluntarios de Cáritas visitaron a las familias, un número más reducido esta vez, para evaluar cómo fueron estas tres jornadas de visitas y colaboración. Estas evaluaciones son importantes para mejorar y llegar a más personas necesitadas.

Misión Mozambique 24


En la cárcel, los voluntarios participaron en una gran fiesta, aunque no era la despedida definitiva, que será el próximo sábado. La directora, la señora Mercia, agradeció especialmente al padre Manolo por su gran labor. Pasamos tiempo con los internos, jugando y enseñándoles una artesanía que se convertirá en fondos para comida y materiales de primera necesidad. La directora Mercia expresó su esperanza de que la cárcel crezca en talleres y trabajos manuales, gracias a nuestro granito de arena.

Misión Mozambique 24

El día terminó con la Eucaristía y una cena tranquila. Ensayamos algunos cantos en castellano con los jóvenes para la última Eucaristía del domingo. Nos fuimos a acostar temprano porque mañana madrugamos.

Misión Mozambique 24

Mañana viajamos a Mukumbura para visitar a Paco, un sacerdote del Instituto Español de Misiones Extranjeras de Cáceres. Aunque solo son 150 kilómetros, en Mozambique las distancias en tiempo se duplican o triplican. 

Gracias nuevamente por escucharnos y leernos, y sobre todo, por sus oraciones. Un saludo desde Songo, buenas noches a todos y todas».

fuente: https://misionescanarias.blogspot.com/