De todos los días del año… este quizás es, de verdad, el día del AMOR. De ese amor extremo e incondicional que nos da Jesús, que recibe de Dios Padre y Madre y nos da a todas y a todos.
Una última cena compartida, un gesto de cuidado y servicio… Algo tan sencillo y tan revolucionario como lavarle los pies a sus amigos, siendo Maestro y Señor, que encierra el verdadero significado de seguir a Jesús.
Hay que aprender a comprender: leer entre líneas a Jesús para descubrir que, en realidad, se expresa como un libro abierto: Él es el ejemplo a seguir para APRENDER A AMAR.
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (15,1-39): C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: S. «¿Eres tú el rey de los judíos?» C. Él respondió: + «Tú lo dices.» C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo: S. «¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti.» C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó: S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?» C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?» C. Ellos gritaron de nuevo: S. «¡Crucifícalo!» C. Pilato les dijo: S. «Pues ¿qué mal ha hecho?» C. Ellos gritaron más fuerte: S. «¡Crucifícalo!» C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio –al pretorio– y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo: S. «¡Salve, rey de los judíos!» C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos.» Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor.» Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: S. «¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.» C. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo: S. «A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.» C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, jesús clamó con voz potente: + «Eloí, Eloí, lamá sabaktaní.» C. Que significa: + «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían: S. «Mira, está llamando a Elías.» C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo: S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.» C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: S. «Realmente este hombre era Hijo de Dios.»
JESÚS ANTE SU MUERTE
Jesús ha previsto seriamente la posibilidad de una muerte violenta. Quizá no contaba con la intervención de la autoridad romana ni con la crucifixión como último destino más probable. Pero no se le ocultaba la reacción que su actuación estaba provocando en los sectores más poderosos. El rostro de Dios que presenta deshace demasiados esquemas teológicos, y el anuncio de su reinado rompe demasiadas seguridades políticas y religiosas.
Sin embargo, nada modifica su actuación. No elude la muerte. No se defiende. No emprende la huida. Tampoco busca su perdición. No es Jesús el hombre que busca su muerte en actitud suicida. Durante su corta estancia en Jerusalén se esfuerza por ocultarse y no aparecer en público.
Si queremos saber cómo vivió Jesús su muerte, hemos de detenernos en dos actitudes fundamentales que dan sentido a todo su comportamiento final. Toda su vida ha sido «desvivirse» por la causa de Dios y el servicio liberador a los hombres. Su muerte sellará ahora su vida. Jesús morirá por fidelidad al Padre y por solidaridad con los hombres.
En primer lugar, Jesús se enfrenta a su propia muerte desde una actitud de confianza total en el Padre. Avanza hacia la muerte, convencido de que su ejecución no podrá impedir la llegada del reino de Dios, que sigue anunciando hasta el final.
En la cena de despedida, Jesús manifiesta su fe total en que volverá a comer con los suyos la Pascua verdadera, cuando se establezca el reino definitivo de Dios, por encima de todas las injusticias que podamos cometer los humanos.
Cuando todo fracasa y hasta Dios parece abandonarlo como a un falso profeta, condenado justamente en nombre de la ley, Jesús grita: «Padre, en tus manos pongo mi vida».
Por otra parte, Jesús muere en una actitud de solidaridad y de servicio a todos. Toda su vida ha consistido en defender a los pobres frente a la inhumanidad de los ricos, en solidarizarse con los débiles frente a los intereses egoístas de los poderosos, en anunciar el perdón a los pecadores frente a la dureza inconmovible de los «justos».
Ahora sufre la muerte de un pobre, de un abandonado que nada puede ante el poder de los que dominan la tierra. Y vive su muerte como un servicio. El último y supremo servicio que puede hacer a la causa de Dios y a la salvación definitiva de sus hijos e hijas.
Me llamo Lucía y me encuentro trabajando de enfermera en un Centro de Salud en Bagandou, una zona rural del norte de RCA. Aquí en la República Centroafricana, que como bien dice el nombre del país se encuentra justo en la parte central del continente africano, el virus del Covid-19 no se ha expandido, así que de momento estamos salvados… al menos de este mal, pero tenemos otros peores.
Desde diciembre el país ha sufrido el asedio de grupos rebeldes, anteriormente enfrentados, que se unieron en esta ocasión bajo el mando del antiguo presidente Bozizé para boicotear las elecciones. Por suerte no lograron impedir que se nombrara el presidente electo Touaderà, a pesar de toda la violencia y miedo sembrado en todas las regiones.
En nuestra región sólo estuvieron de paso, pero la gente huyó de pánico al bosque para esconderse cuando supieron de su llegada. Nosotras también nos asustamos y esos días nos refugiamos en la casa de los sacerdotes de la misión, junto con otras familias.
Actualmente estamos sufriendo el bloqueo de la frontera con Camerún, donde los rebeldes se han instalado desde enero, para evitar el paso de mercancías. Esto está preocupando mucho a la población, que ve los precios aumentar y los alimentos básicos agotarse sin piedad. Se trata de una lenta agonía, pues el país, que ha sufrido innumerables guerras consecutivas, es dependiente completamente de las ayudas y mercancías importadas del extranjero. ¡Hasta las cebollas nos llegan del país vecino!
Aquí las hermanas estamos todas bien y con salud, y trabajando con pasión cada día por el Reino de Dios a través de nuestros ministerios respectivos. Yo personalmente estoy empezando a entender el sango, la lengua local y a practicarlo torpemente con las personas.
Particularmente este año he disfrutado mucho con un trabajo que hemos hecho de educación sanitaria y de higiene en los campamentos de pigmeos, la población indígena del lugar. Ha sido una experiencia muy fuerte para mí la amistad con este pueblo marginado y excluido completamente de la sociedad centroafricana… ¡Pero a la vez tan rico en valores y cualidades!
Me gustaría mucho poder aprender algo de su humildad, sencillez y ternura. Este pueblo ya forma parte de mi corazón. Que el Señor nos indique los caminos para ayudarles a llegar a una mayor independencia y realización como personas, caminos para llevarles a disfrutar de su plena dignidad y libertad.
Pues la liberación que Cristo trajo, también es para ellos, uno de los pueblos más vulnerables de la tierra.
Quisiera compartir una reflexión que el Papa Francisco hace en su encíclica Fratelli Tutti :
“El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos.”
En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.» Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.
Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.» Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.» La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.» Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.
UNA LEY PARADÓJICA
Pocas frases encontramos en el evangelio tan desafiantes como estas palabras que recogen una convicción muy de Jesús: «Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto».
La idea de Jesús es clara. Con la vida sucede lo mismo que con el grano de trigo, que tiene que morir para liberar toda su energía y producir un día fruto. Si «no muere» se queda encima del terreno. Por el contrario, si «muere» vuelve a levantarse trayendo consigo nuevos granos y nueva vida.
Con este lenguaje tan gráfico y lleno de fuerza, Jesús deja entrever que su muerte, lejos de ser un fracaso, será precisamente lo que dará fecundidad a su vida. Pero, al mismo tiempo, invita a sus seguidores a vivir según esta misma ley paradójica: para dar vida es necesario «morir».
No se puede engendrar vida sin dar la propia. No es posible ayudar a vivir si uno no está dispuesto a «desvivirse» por los demás. Nadie contribuye a un mundo más justo y humano viviendo apegado a su propio bienestar. Nadie trabaja seriamente por el reino de Dios y su justicia si no está dispuesto a asumir los riesgos y rechazos, la conflictividad y persecución que sufrió Jesús.
Nos pasamos la vida tratando de evitar sufrimientos y problemas. La cultura del bienestar nos empuja a organizarnos de la manera más cómoda y placentera posible. Es el ideal supremo. Sin embargo, hay sufrimientos y renuncias que es necesario asumir si queremos que nuestra vida sea fecunda y creativa. El hedonismo no es una fuerza movilizadora; la obsesión por el propio bienestar empequeñece a las personas.
Nos estamos acostumbrando a vivir cerrando los ojos al sufrimiento de los demás. Parece lo más inteligente y sensato para ser felices. Es un error. Seguramente lograremos evitarnos algunos problemas y sinsabores, pero nuestro bienestar será cada vez más vacío y estéril, nuestra religión cada vez más triste y egoísta. Mientras tanto, los oprimidos y afligidos quieren saber si le importa a alguien su dolor.
Los pasados 5-6 de marzo hemos celebrado el segundo encuentro del Foro Social Comboniano 2021. Si en las anteriores ediciones este evento se hacía coincidir con los Foros Sociales Globales, en esta ocasión se optó por celebrarlo on line, lo que permitió enriquecer la participación, superándose los 200 participantes. Este encuentro da continuidad al encuentro del pasado diciembre en el que se reflexionó sobre la ministerialidad comboniana.
Esta edición del FSC partió de los desafíos de la significatividad de la misión comboniana, la sinodalidad dentro de la Familia Comboniana y el estilo de vida. Para avanzar respuestas, se ha diseñado el Mapeo de la Ministerialidad Social en la Familia Comboniana, que se presentó en este encuentro. Durante varios meses se recogieron un total de 205 presencias combonianas, que ahora se han presentado en una web propia a la que se puede acceder también desde la web del Secretariado General de la Misión de los MCCJ.
En una tarea formidable, las diversas presencias se han clasificado según el instituto que las coordina, la región geográfica, el sector [Salud, Educación, Desarrollo y Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC)] y el ámbito prioritario, entre los que se pueden encontrar afrodescendientes, trata de personas, animación misionera, migrantes… Cada sector se subdivide a su vez en otros más concretos, para detallar en lo posible cada presencia.
Entrando en cada continente se puede acceder a las presencias concretas que se dan en el mismo, presentadas cada una a través de una completa ficha que incluye un breve resumen, el carisma comboniano al que se vincula, los Objetivos de Desarrollo Sostenible implicados o los grupos humanos que participan principalmente. Entre los carismas, podemos destacar Hacer causa común, Regenerar África con África, Cenáculo de Apóstoles o Al pie de la Cruz.
Además incluye un elemento de análisis muy interesante, como es el Rombo del Ministerio Social, que permite visualizar rápidamente esa presencia concreta en función de 2 dimensiones: servicio directo y Justicia y Paz:
Este rombo se puede utilizar para visualizar el conjunto completo de todas las presencias, pero también por continentes o en función de qué instituto la lidera:
Una primera impresión muestra que la dimensión más presente es la de promoción humana, mientras que la de denuncia es minoritaria. En África, este sesgo es aún más claro, y en cuanto a las presencias lideradas por LMC, el peso del eje vertical de JPIC es mayor que en el promedio.
Otros aspectos muy relevante recogidos en el mapeo son la articulación de cada presencia con entidades civiles o eclesiales y la participación conjunta de varios de las varias ramas de la familia comboniana en el mismo.
No es posible resumir toda la cantidad de información que presenta este mapeo sino más bien invitar a que cada uno la explore, según sus inquietudes propias. Por otra parte, en las conclusiones del mismo que se presentaron durante el FSC se insiste en la necesidad de crecer en la dimensión de denuncia profética. En esas conclusiones también destacamos el reto de la sinodalidad, pues esta primera foto que hemos dibujado invita sin duda a compartir entre proyectos semejantes en cuanto a geografía, sector, ámbito… para la reflexión-acción compartida. Y el potente enfoque sistémico que nos permite buscar respuestas nuevas a los enormes retos misioneros que afrontamos. Es una inyección de entusiasmo conocer todas las presencias combonianas documentadas y todo lo que este mapeo nos invita a crecer al servicio del Reino.