En el marco de la celebración del día internacional de la mujer, queremos hacemos eco como Familia Comboniana del trabajo y labor que están realizando miles de misioneras en primera linea de la misión. Con su trabajo de promoción y evangelización son ejemplo de una Iglesia viva y entregada al servicio de los y las más pobres.
Compartirnos el último boletín «Más lejos» de las hermanas Combonianas en el que nos comparten parte del trabajo misionero que están desarrollando en diferentes lugares del mundo. Gracias hermanas por tanta vida regalada y entregada a la misión.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.
EL AMOR NO SE COMPRA
Cuando Jesús entra en el Templo de Jerusalén no encuentra gentes que buscan a Dios, sino comercio religioso. Su actuación violenta frente a «vendedores y cambistas» no es sino la reacción del Profeta que se encuentra con la religión convertida en mercado.
Aquel Templo, llamado a ser el lugar en que se había de manifestar la gloria de Dios y su amor fiel, se ha convertido en lugar de engaños y abusos, donde reina el afán de dinero y el comercio interesado.
Quien conozca a Jesús no se extrañará de su indignación. Si algo aparece constantemente en el núcleo mismo de su mensaje es la gratuidad de Dios, que ama a sus hijos e hijas sin límites y solo quiere ver entre ellos amor fraterno y solidario.
Por eso, una vida convertida en mercado, donde todo se compra y se vende -incluso la relación con el misterio de Dios-, es la perversión más destructora de lo que Jesús quiere promover. Es cierto que nuestra vida solo es posible desde el intercambio y el mutuo servicio. Todos vivimos dando y recibiendo. El riesgo está en reducir nuestras relaciones a comercio interesado, pensando que en la vida todo consiste en vender y comprar, sacando el máximo provecho a los demás.
Casi sin darnos cuenta nos podemos convertir en «vendedores y cambistas» que no saben hacer otra cosa sino negociar. Hombres y mujeres incapacitados para amar, que han eliminado de su vida todo lo que sea dar.
Es fácil entonces la tentación de negociar incluso con Dios. Se le obsequia con algún culto para quedar bien con él, se pagan misas o se hacen promesas para obtener de él algún beneficio, se cumplen ritos para tenerlo a nuestro favor. Lo grave es olvidar que Dios es amor, y el amor no se compra. Por algo decía Jesús que Dios «quiere amor y no sacrificios».
Tal vez, lo primero que necesitamos escuchar hoy en la Iglesia es el anuncio de la gratuidad de Dios. En un mundo convertido en mercado, donde todo es exigido, comprado o ganado, solo lo gratuito puede seguir fascinando y sorprendiendo, pues es el signo más auténtico del amor.
Los creyentes hemos de estar más atentos a no desfigurar a un Dios que es amor gratuito, haciéndolo a nuestra medida: tan triste, egoísta y pequeño como nuestras vidas mercantilizadas.
Quien conoce «la sensación de la gracia» y ha experimentado alguna vez el amor sorprendente de Dios, se siente invitado a irradiar su gratuidad y, probablemente, es quien mejor puede introducir algo bueno y nuevo en esta sociedad donde tantas personas mueren de soledad, aburrimiento y falta de amor.
La comboniana Alicia Vacas Moro es una de las ganadoras del Premio Internacional «Mujeres de Coraje» que entrega la Secretaria de Estado de EE.UU. Este premio homenajea «a las mujeres que han demostrado una valentía, fuerza y liderazgo excepcionales al actuar para mejorar la vida de los demás, desde las familias hasta las comunidades y los países. Es una oportunidad extraordinaria para atraer la atención y el apoyo internacional hacia las mujeres que han puesto en riesgo su vida y/o su seguridad personal para mejorar las sociedades e inspirar a sus conciudadanos».
Alicia Vacas Moro ha gestionado como enfermera durante ocho años una clínica médica en Egipto, ayudando a unos 150 pacientes cada día a tratar sus enfermedades. Luego se trasladó a la ciudad bíblica de Betania para ayudar a la comunidad beduina, especialmente mujeres y niños. Creó programas de formación para mujeres que les proporcionaron oportunidades económicas anteriormente no disponibles y estableció guarderías en los campos beduinos, proporcionando una base educativa para los niños. En un entorno plasmado por el conflicto israelí-palestino, la hermana Alicia también asistió refugiados y solicitantes de asilo traumados, un trabajo que continúa desempeñando a mayor escala en su actual papel como superiora provincial de las Hermanas Combonianas en Oriente Medio.
Comenzamos una nueva sección en nuestro blog. Se trata de lo que hemos llamado «Biblioteca misionera». Cada mes haremos una reseña de algún libro de interés para nuestra formación misionera.
Para empezar nos acercaremos a la figura de S. Daniel Comboni a través del libro: «Daniel Comboni, misionero y profeta» de Juan Manuel Lozano de la Editorial Mundo Negro.
el libro nos acerca a la biografía de Daniel Comboni, primer obispo de África Central y fundador de las Misioneras y de los Misioneros Combonianos; escrita desde la admiración y el rigor histórico. Es la historia de una pasión, vivida hasta las últimas consecuencias: dar a conocer el mensaje de Cristo a los pueblos africanos.
Comboni intuyó y trazó un “Plan para la regeneración de África”, cuyo objetivo era la evangelización de África para los mismos africanos.
Esta obra nos ofrece el perfil de un hombre de una fe profunda y de una espiritualidad fraguada en el horno de la humillación y la duda. Con una fe ciega en el valor redentor de la Cruz, nada ni nadie hizo retroceder a Comboni ante el clamor del pueblo africano.
El próximo 7 de marzo se celebra el Día de Hispanoamérica. Este año bajo el lema » Con María, unidos en la Tribulación». El objetivo de esta jornada constituye una acción de gracias por los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que se encuentran en el continente americano.
Actualmente, hay 178 sacerdotes de la Obra para la Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA) en América Latina. A ellos se les recuerda en esta jornada; además se invitar a colaborar a través de la oración y la ayuda económica. Gracias a estas ayudas el año pasado se recaudaron 55.594, 20 euros.