La hermana Angelique Namaika en Granada

CARTEL DEFEl pasado viernes 7 de febrero, la hna. Angelique Namaika, Premio a la Fraternidad 2013 otorgado por la revista Mundo Negro, estuvo en Granada invitada por la familia comboniana para dar su testimonio y compartir su  vida y su trabajo junto a los más pobres y olvidados.

Más de un centenar de personas nos dimos cita en el Centro Suárez de los jesuítas para escuchar en primara persona el testimonio de esta mujer luchadora y apasionada por la vida. Todo un testimonio de esperanza en medio de tanto sufrimiento.

La hermana Angelique  trabaja con las víctimas de las atrocidades del mayor criminal de la reciente historia de la Humanidad. Joseph Kony, el sanguinario líder del Ejército de Resistencia del Señor, campa a sus anchas por Congo, Sudán del Sur, Centroáfrica. Decenas de miles de personas  son obligadas a huir de sus hogares, dejando sus casas y familias, perdiendo en ocasiones a sus hijos, convertidos en pequeños soldados.

Esta religiosa es un símbolo del trabajo que la Iglesia desarrolla en uno de los rincones más peligrosos del continente africano y con un colectivo, los refugiados, que suele olvidarse con más facilidad.

Entre otros muchos temas, nos habló de su trabajo en el campo de la formación y acompañamiento psicológico a mujeres que han sufrido la violencia en primera persona y de cómo su trabajo se centra en que se vaya avanzando en la cultura de la reconciliación para que  poco a poco vaya desapareciendo  el odio fruto de las atrocidades vividas.

Domingo 5º TO (A). 09 de febrero de 2014

Mateo 5,13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

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SALIR A LAS PERIFERIAS

Jesús da a conocer con dos  imágenes audaces y sorprendentes lo que piensa y espera de sus seguidores. No  han de vivir pensando siempre en sus propios intereses, su prestigio o su poder.  Aunque son un grupo pequeño en medio del vasto Imperio de Roma, han de ser la “sal” que necesita la tierra y la “luz” que le hace falta al  mundo.

“Vosotros sois la sal de la  tierra”. Las gentes  sencillas de Galilea captan espontáneamente el lenguaje de Jesús. Todo el mundo  sabe que la sal sirve, sobre todo, para dar sabor a la comida y para preservar  los alimentos de la corrupción. Del mismo modo, los discípulos de Jesús han de  contribuir a que las gentes saboreen la vida sin caer en la  corrupción.

“Vosotros sois la luz del  mundo”. Sin la luz  del sol, el mundo se queda a oscuras y no podemos orientarnos ni disfrutar de la  vida en medio de las tinieblas. Los discípulos de Jesús pueden aportar la luz  que necesitamos para orientarnos, ahondar en el sentido último de la existencia  y caminar con esperanza.

Las dos metáforas coinciden en algo  muy importante. Si permanece aislada en un recipiente, la sal no sirve para  nada. Solo cuando entra en contacto con los alimentos y se disuelve con la  comida, puede dar sabor a lo que comemos. Lo mismo sucede con la luz. Si  permanece encerrada y oculta, no puede alumbrar a nadie. Solo cuando está en  medio de las tinieblas puede iluminar y orientar. Una Iglesia aislada del mundo  no puede ser ni sal ni luz.

El Papa Francisco ha visto que la  Iglesia vive hoy encerrada en sí misma, paralizada por los miedos, y demasiado  alejada de los problemas y sufrimientos como para dar sabor a la vida moderna y  para ofrecerle la luz genuina del Evangelio. Su reacción ha sido inmediata: “Hemos de salir hacia las periferias”.

El Papa insiste una y otra vez: “Prefiero  una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia  enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades. No  quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una  maraña de obsesiones y procedimientos”.

La llamada de Francisco está  dirigida a todos los cristianos: “No podemos quedarnos tranquilos en espera  pasiva en nuestros templos”. “El Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo  del encuentro con el rostro del otro”. El Papa quiere introducir en la Iglesia  lo que él llama “la cultura del encuentro”. Está convencido de que “lo que  necesita hoy la iglesia es capacidad de curar heridas y dar calor a los  corazones”.

J.A. Pagola

Bangui. La caza del musulmán

???????????????????????????????Me ocurrió el sábado 1 de febrero por la mañana, cuando iba al trabajo. Me paré en el kiosco para siempre compro las recargas del teléfono. A lo lejos, en uno de los barrios musulmanes de Bangui, se oían disparos, como cada día. Una mujer a mi lado dijo al chico del kiosco: “Ya está bien de atacar a los musulmanes. Los Centroafricanos tenemos que reconciliarnos”. En un momento se formó un corrillo de unas seis personas que empezaron a llamar a la mujer de todo: estúpida y traidora fueron los calificativos más suaves. “Los musulmanes nos han matado durante los últimos meses, con la Seleka, ahora es la hora de la venganza”, gritó un hombre. La mujer del discurso conciliador apenas tuvo tiempo de salir corriendo y ponerse a salvo….

 José Carlos Rodríguez

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Fiesta de la Presentación del Señor. (A) 02 de febrero de 2014

Lucas 2,22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

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FE SENCILLA

El relato del nacimiento de Jesús es desconcertante. Según Lucas, Jesús nace en un pueblo en el que no hay sitio para acogerlo. Los pastores lo han tenido que buscar por todo Belén hasta que lo han encontrado en un lugar apartado, recostado en un pesebre, sin más testigos que sus padres. Al parecer, Lucas siente necesidad de construir un segundo relato en el que el niño sea rescatado del anonimato para ser presentado públicamente. ¿Qué lugar más apropiado que el Templo de Jerusalén para que Jesús sea acogido solemnemente como el Mesías enviado por Dios a su pueblo?

Pero, de nuevo, el relato de Lucas va a ser desconcertante. Cuando los padres se acercan al Templo con el niño, no salen a su encuentro los sumos sacerdotes ni los demás dirigentes religiosos. Dentro de unos años, ellos serán quienes lo entregarán para ser crucificado. Jesús no encuentra acogida en esa religión segura de sí misma y olvidada del sufrimiento de los pobres.

Tampoco vienen a recibirlo los maestros de la Ley que predican sus “tradiciones humanas” en los atrios de aquel Templo. Años más tarde, rechazarán a Jesús por curar enfermos rompiendo la ley del sábado. Jesús no encuentra acogida en doctrinas y tradiciones religiosas que no ayudan a vivir una vida más digna y más sana.

Quienes acogen a Jesús y lo reconocen como Enviado de Dios son dos ancianos de fe sencilla y corazón abierto que han vivido su larga vida esperando la salvación de Dios. Sus nombres parecen sugerir que son personajes simbólicos. El anciano se llama Simeón (“El Señor ha escuchado”), la anciana se llama Ana (“Regalo”). Ellos representan a tanta gente de fe sencilla que, en todos los pueblos de todas los tiempos, viven con su confianza puesta en Dios.

Los dos pertenecen a los ambientes más sanos de Israel. Son conocidos como el “Grupo de los Pobres de Yahvé”. Son gentes que no tienen nada, solo su fe en Dios. No piensan en su fortuna ni en su bienestar. Solo esperan de Dios la “consolación” que necesita su pueblo, la “liberación” que llevan buscando generación tras generación, la “luz” que ilumine las tinieblas en que viven los pueblos de la tierra. Ahora sienten que sus esperanzas se cumplen en Jesús.

Esta fe sencilla que espera de Dios la salvación definitiva es la fe de la mayoría. Una fe poco cultivada, que se concreta casi siempre en oraciones torpes y distraídas, que se formula en expresiones poco ortodoxas, que se despierta sobre todo en momentos difíciles de apuro. Una fe que Dios no tiene ningún problema en entender y acoger.

J.A. Pagola