El director del Museo Africano, Miguel Ángel Llamazares, presenta la exposición de Belenes del Mundo 2018. Un pequeño avance de los más de 300 belenes expuestos, que permanecerá abierto al público del 1 de diciembre de 2018 al 7 de enero de 2019.
Si te pones delante de un espejo y levantas la mano derecha, tu imagen en él levantará la izquierda; si levantas la izquierda, él levantará la derecha. Eso es contubernio. Si desde tiempo casi inmemorial deseas trabajar con y por los más pobres, animado desde la Buena Noticia de nuestro ABBA su Hijo y su Espíritu y buscas y rebuscas por toda la geografía mundial, llegas a la conclusión de que África, América o Asia son las respuestas a tus anhelos.
Continentes de los que tenemos idea de subdesarrollo, pobreza, enfermedad, esclavitud… Y todo lo negativo que se nos venga a la cabeza lo asociamos con el “sur”. Olvidaba la corrupción, la injusticia y el nulo valor de la vida humana. ¡Vamos a salvar al mundo, vamos a salvar al sur! Y así vamos a pasar tiempo ayudando como voluntarios. O nos comprometemos desde nuestra fe y acudimos a la Llamada. Más o menos tiempo. Ambas opciones son geniales, una racha de aire fresco en ese mundo olvidado por lo mundano.
Estos días está lloviendo mucho. Antes cuando llovía y estaba en mi salón, leyendo y escuchando música, miraba a través de la ventana sintiéndome a gusto, seguro, en paz. Ahora no. Después de viajar y trabajar por el sur muchos años, por ese conocido como tercer mundo, he recalado, como si de un descanso en un día lluvioso se tratara, en un país del norte –que podría ser cualquiera de Europa-, país rico, con todas las comodidades y avances de una civilización occidental y moderna. Nadie que llegue a su aeropuerto principal lo pondrá en duda. He aterrizado como para echar un vistazo, para hacer tiempo, porque yo lo que quiero es volver al sur, al auténtico. Y me he aposentado en un apartamento con doble acristalamiento, para disfrutar de las tardes lluviosas… y todo lo que uno pueda encontrar en su casa o aún más.
Pero a las tres horas escasas he comenzado otro viaje de unos quince minutos a una realidad que en este país parece no existir. No existe en los medios, no existe a la vista de la gente, no existe simplemente. Y si hay intención de visibilizarla, ya se encargará el sistema con sus tentáculos de apagar ese intento por todos los medios. Al lado de la valla del aeropuerto se extiende el barrio Da Torre. Allí quedan unas 23 familias a las que no afectó el incendio de julio y algunas no realojadas. Es como un viaje en el espacio sin moverte del sitio. Las condiciones de estas personas no son precarias, es que ni son. Y ahora llegan las lluvias, nos decían algunos. Esa lluvia que tanto nos gusta, a los que tenemos refugio ver tras un cristal, entra en sus casas, moja sus ropas y colchones y no pueden ni dormir. Hace salir las ratas de sus agujeros a buscar la calidez de los humanos, mujeres y niños. También gustan roer la cara de éstos últimos y trasplantar sus pulgas por todo lugar, mejor animales o personas. Y en ese viaje al cuarto o quinto mundo, repartiendo algunas medicinas, escuchas tantas historias de desesperación con esperanza, de dolor anestesiado, de llanto sin lágrimas, de gritos mudos. Porque estos hijos de Dios no existen más que para un grupo reducido de personas. Y si se recuerda su existencia es para decir que son ilegales. Que no cumplen con las leyes. ¡Ay! ¡La ley! Y los profetas, ¿Dónde están los profetas? ¿Dónde estamos los profetas? La ley que mata, la ley injusta, la ley que oprime a estos pobres que claman y claman al Señor, que levantan su mirada al cielo y no es para ver los aviones que también les atormentan con sus llegadas y salidas cada dos minutos.
Y al final siempre terminan por decirte, “… pero el Señor nos va a escuchar”. Los políticos comunistas –como si son otros- del ayuntamiento no; la ciudad capital, tan cristiana, no; la sociedad, tan religiosa, tampoco. Solo el Señor nos va a escuchar. Y va a atender nuestras peticiones, nuestro grito, nuestra súplica. Y va a enviar obreros a su mies. Rescatadores a sus barrios, reyes magos a sus chabolas, hadas a sus hijas e hijos, que les hagan sonreír aunque sea por un rato, olvidar el frío y el hambre, las pulgas, las ratas y la lluvia. Salvadores, reyes y hadas vestidos de pobres, con las manos cansadas, frío en los huesos y pelo blanco. Sin capas ondeantes al viento, sin coronas ni varitas mágicas. Solo, solo con la fe. Las manos del Señor, la voz profética del Señor, el trabajo del Señor, ilegal, clandestino y nocturno, somos sus hijas que denuncian, sus hijos que levantamos muros y tejados para que no entre la lluvia y moje a los gitanillos, y a sus abuelas; porque sus padres están casi todos en la cárcel por robar no lo suficiente para no entrar en ella. Los profetas tal vez irresponsables que ocupamos el Ministerio de la Vivienda para protestar porque es un ministerio fantasma e hipócrita si es que se expulsa a ancianos y pobres del centro de la ciudad presionados por la especulación turística y tienen que vivir en la calle. ¡Con tanta lluvia que viene ahora! Y nuestras lágrimas son las lágrimas del Señor, que salen cuando con impotencia vemos como es el propio sistema político el que roba los bienes que buena gente donó, bajo el pretexto de que a su vez han sido robados, porque ¿Qué otra cosa se puede esperar de estos gitanos y negros? Nuestra rabia es la rabia del Señor en el templo cuando leemos en un periódico que “esos sujetos”, apoyados por cierta parroquia del lugar, han especulado con las donaciones que se hicieron después del incendio para comprar materiales de construcción y utilizarlos fuera de la ley. Porque la ley es la que prima en este primer mundo para los que viven en su cuarto mundo. La ley antes que las personas. Esto es contubernio: mirar a Europa y ver reflejada en ella el África más profunda, más pobre, con más injusticias, con más corrupción, inacción y desidia hacia los que menos tienen, menos pueden dar. Esto es contubernio: querer salvar África con África y que ésta salve a Europa de su profundísimo egoísmo. Es pasar una tarde lluviosa tras tus dobles cristales y pedir a Dios que pare ya porque muchas hijas e hijos suyos, los más pequeños, no tienen donde cobijarse. Este pobre clamó al Señor y Él lo escuchó. El Señor clama en el pobre y yo ¿Lo escucho?
Del 11 al 17 de diciembre se está celebrando en la Casa General de los Misioneros Combonianos en Roma, la VI Asamblea Internacional de Laicos Misioneros Combonianos (LMC), un evento que tiene lugar cada seis años. En total, son 51 participantes.
Además de los representantes de los LMC y de los combonianos que los acompañan en sus respectivos países, venidos de 20 países de África, Europa y América, participan también la hermana Ida Colombo, del consejo general de las Misioneras Combonianas y Maria Pia Dal Zovo, del consejo central de las Seculares Misioneras Combonianas.
La Asamblea se inició con las palabras de bienvenida pronunciadas por el Alberto de la Portilla, coordinador del Comité Central de los LMC, y el P. Pietro Ciuciulla, en nombre del Consejo General de los misioneros Combonianos.
La mañana del primer día, 11 de diciembre, se dedicó a la oración, la reflexión y el compartir, guiados por los Gonzalo Violero García y María Carmen Polanco Delgado, ambos LMC de España. Por la tarde, los participantes estuvieron reunidos por continentes.
El segundo día cada continente presentó el informe de las actividades realizadas durante los últimos seis años y presentaron sus principales desafíos en relación al futuro. En la misma línea, se siguió la presentación del informe del Comité Central y el informe económico de 2012 a 2018.
Por la tarde, se inició la reflexión del primer tema de la Asamblea, que está relacionado con la organización de los LMC (composición, estructura, comunidades internacionales y economía).
Hoy y en los próximos días, se debatirán otros tres grandes temas: formación y espiritualidad, la misión de los laicos y los documentos fundamentales de los LMC. Se dará tiempo para hablar de un modo especial sobre las comunidades internacionales para compartir las experiencias de la vida de los LMC en los diversos contextos continentales e informar sobre la actual relación de los LMC con la Familia Comboniana.
En los momentos de oración y en la Eucaristía también están presentes todas y todos los LMC y, en especial, los que se encuentran trabajando en contextos difíciles como, por ejemplo, en la República Centroafricana.
Que la luz del Espíritu Santo sea el faro que ilumine a los participantes en esta Asamblea y a los LMC en general, para que sean capaces de dar continuidad a la obra y al carisma iniciados por San Daniel Comboni.
En el día en que celebramos el aniversario de la proclamación de la Declaración de los Derechos Humanos, queremos compartir con todos vosotros el testimonio de Mons. Juanjo Aguirre en el que nos describe la situación en la que viven a diario miles de personas de la República Centroafricana. Su última y desconocida peripecia ha sido salvar la vida a más de dos mil personas que se tuvieron que refugiar en la mezquita de Bangassou para escapar del ataque de la guerrilla antibalaka. Tras conseguir sacarlos de la mezquita, Aguirre los ha acogido y se ha improvisado un campo de refugiados.
En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.»
ABRIR CAMINOS NUEVOS
Los primeros cristianos vieron en la actuación del Bautista al profeta que preparó decisivamente el camino a Jesús. Por eso, a lo largo de los siglos, el Bautista se ha convertido en una llamada que nos sigue urgiendo a preparar caminos que nos permiten acoger a Jesús entre nosotros.
Lucas ha resumido su mensaje con este grito tomado del profeta Isaías: «Preparad el camino del Señor». ¿Cómo escuchar ese grito en la Iglesia de hoy? ¿Cómo abrir caminos para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo podamos encontrarnos con él? ¿Cómo acogerlo en nuestras comunidades?
Lo primero es tomar conciencia de que necesitamos un contacto mucho más vivo con su persona. No es posible alimentarnos solo de doctrina religiosa. No es posible seguir a Jesús convertido en una sublime abstracción. Necesitamos sintonizar vitalmente con él, dejarnos atraer por su estilo de vida, contagiarnos de su pasión por Dios y por el ser humano.
En medio del «desierto espiritual» de la sociedad moderna, hemos de entender y configurar la comunidad cristiana como un lugar donde se acoge el Evangelio de Jesús. Vivir la experiencia de reunirnos creyentes, menos creyentes, poco creyentes e, incluso, no creyentes, en torno al relato evangélico de Jesús. Darle a él la oportunidad de que penetre con su fuerza humanizadora en nuestros problemas, crisis, miedos y esperanzas.
No lo hemos de olvidar. En los evangelios no aprendemos doctrina académica sobre Jesús, destinada inevitablemente a envejecer a lo largo de los siglos. Aprendemos un estilo de vivir realizable en todos los tiempos y en todas las culturas: el estilo de vivir de Jesús. La doctrina no toca el corazón, no convierte ni enamora. Jesús sí.
La experiencia directa e inmediata con el relato evangélico nos hace nacer a una nueva fe, no por vía de «adoctrinamiento» o de «aprendizaje teórico», sino por el contacto vital con Jesús. Él nos enseña a vivir la fe, no por obligación sino por atracción. Nos hace vivir la vida cristiana, no como deber sino como contagio. En contacto con el evangelio recuperamos nuestra verdadera identidad de seguidores de Jesús.
Recorriendo los evangelios experimentamos que la presencia invisible y silenciosa del Resucitado adquiere rasgos humanos y recobra voz concreta. De pronto todo cambia: podemos vivir acompañados por Alguien que pone sentido, verdad y esperanza en nuestra existencia. El secreto de toda evangelización consiste en ponernos en contacto directo e inmediato con Jesús. Sin él no es posible engendrar una fe nueva.
José Antonio Pagola
Derribando vallas y fronteras, eliminando desigualdades e injusticias, olvidando excusas y dilaciones. Así nos preparamos para el amor.