Retomando la visión del Concilio Vaticano II, el Papa Francisco ha elegido el paradigma de la «Iglesia en salida» en el programa misionero de nuestro tiempo. Esta recuperación es importante en el contexto del mundo de hoy, que está en fuerte discontinuidad con el pasado. «No vivimos en una época de cambio sino en un cambio de época»: con estas palabras el Papa nos recordaba que los viejos patrones con los cuales interpretamos el mundo y la misión ya no son eficaces para enfrentar los desafíos de hoy. La nueva realidad global requiere de una «misión global», considerada en toda su complejidad y con suposiciones, estilo e instrumentos renovados respetan la tradición del pasado (EG, 33).
El esquema clásico que veía las iglesias del Norte enviar misioneros al hemisferio Sur está superado por los cambios en décadas, con la globalización y movilidad humana que han alcanzado niveles nunca antes vistos…
El criterio geográfico de la misión ya no es el principal punto de referencia. Permanece la idea de frontera pero ésta ahora califica las periferias humanas y existenciales….
El Papa Francisco nos invita a partir desde las fronteras, las «periferias que necesitan la luz del Evangelio» (EG. 20). Estos no son simplemente un dato geográfico, sino el resultado de un sistema financiero que genera la exclusión, la cultura de usar y tirar que produce el empobrecimiento y la violencia. Llevar la luz del Evangelio a estos suburbios implica la primera inserción, es decir: una presencia arraigada en el territorio; un compromiso en la vida cotidiana de las personas; una solidaridad con sus sufrimientos y necesidades; un acompañamiento a esta humanidad a lo largo de todos sus procesos, por cuánto tiempo y dificultades presenten.
«África no es comprendida porque todavía no tenemos africanos explicando lo que está sucediendo«. A sus 31 años, Chika Oduah ha obtenido el Premio Periodista Africano de 2016, otorgado por la CNN y el que concede la Fundación Thomson Reuters, en 2014, por su cobertura del secuestro en Chibok de las 276 escolares por la banda terrorista Boko Haram.
El pasado domingo 9 de junio se realizó la Fiesta de la Cosecha en la comunidad San José del asentamiento João do Vale de la parroquia Santa Luzía de Piquiá (Brasil), que contó con la presencia de más de 1000 personas de las diferentes parroquias de la ciudad de Acailândia y del Obispo de la diócesis de Emperatriz D. Vilson Basso.
El objetivo de esta gran fiesta, que ya llegó a su 10ª edición, es celebrar el don de la cosecha y reflexionar sobre la tierra como lugar de trabajo y medio de subsistencia de las familias, recordar sus luchas y reclamar la justicia en el derecho a la tierra y en el respeto de la creación.
El tema de este año fue “Agricultura familiar en defensa de la vida” y el lema “Cultivar y guardar la creación” Gn 2: 15.
La fiesta se inició con la acogida en la cancha deportiva del asentamiento y con un desayuno especial preparado en base a los productos retirados de la tierra (mandioca, calabaza y diversas frutas) provenientes del compartir las diferentes comunidades que se hicieron presentes. Después, siguió la celebración de la eucaristía, donde el obispo D. Vilson Basso habló de la importancia de la agricultura familiar y del deber de luchar por la tierra y denunciar a aquellos que la quieren usurpar. Reforzó la importancia de no desistir por tratarse de una lucha justa y de la necesidad de que todos estén unidos. Recordó a los 10 trabajadores rurales asesinados en una hacienda en el Estado de Pará (https://www.cptnacional.org.br/index.php/publicacoes-2/destaque/3794-chacina-em-redenca-pa-deixa-pelo-menos -10-posseiros muertos) y de todos aquellos que son perseguidos y presionados para dejar sus tierras.
En el momento del ofertorio las diferentes comunidades presentaron algunos de sus productos agrícolas en el altar del Señor en señal de agradecimiento y con la esperanza de una relación más respetuosa entre la humanidad y la creación.
Después de un almuerzo compartido siguieron varias presentaciones culturales, desde teatro, danzas tradicionales y juegos, terminando con la entrega de una muda de Ipê a cada comunidad y el anuncio de la comunidad donde se celebrará la fiesta de la cosecha el próximo año.
Domingo 10 de septiembre de 2017.
Segunda semana: Seguir a Cristo como discípulos
Acción de gracias
Monitor.
Queridos amigos, nos hemos reunido hoy para dar gracias a Dios por el regalo de la creación y la belleza de la familia humana. Alabamos a Jesús por su sacrificio de amor, y por la oportunidad de celebrar este sacrificio juntos cada semana en la Eucaristía.
Motivación
Monitor.
Queridos amigos, nos reunimos hoy para dar gracias por los abundantes dones que Dios nos da en la creación: por el agua limpia y el aire, por la comida y el refugio, y por todas las animales y plantas. Damos gracias por la sabiduría que se imparte durante la eucaristía, y por la alegría de amar a todos los que nos encontramos. Pedimos que, como discípulos de Cristo, nuestros corazones y mentes pueda ser transformado radicalmente, de forma que aprendamos a sanar la Tierra con dulzura y amor.
(Momento de reflexión en silencio)
Lectura reflexiva
Lector 1. (Rom 13, 9-10)
Cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.
Monitor.
El gran mandamiento de Cristo fue amar a nuestro prójimo y no hacerle mal. Sin embargo, la constante pregunta es quién es nuestro prójimo interrogación deberíamos extender nuestro amor a toda la creacion interrogación deberíamos esforzarnos en no hacer mal a la creacion? Si es así, la plenitud de la ley sería amar la creación de Dios en su conjunto
Lector 2. (2 Cor 5, 19)
Dios estaba reconciliando al mundo consigo en Cristo, y confiándonos el mensaje de la reconciliación
Monitor.
¡Qué increíbles palabras! Dios se une a la creación a través de Cristo, y nosotros, como discípulos de Cristo, somos regalados con la alegre tarea de extender las buenas noticias de reconciliación, amor y paz a toda la creación. Se nos confía reunir, pacificar, toda la creación.
El cambio climático es un claro indicador del maltrato, explotación y opresión de la creación. Es una manifestación de nuestro fracaso para amar y cuidar el jardín de la creación. Como discípulos de Cristo, no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras los efectos del cambio climático destruyen a nuestros hermanos y hermanas más vulnerables y a toda la vida en la Tierra. Se nos invita a ponernos en marcha y traer reconciliación a la humanidad y a nuestra casa común.
Oración
Monitor.
Al mirar hacia atrás en nuestra última semana, permitimos al Espíritu Santo que nos guíe a través de nuestros recuerdos y emociones. Recordamos los momentos en los que hemos contemplado la belleza de Dios y de su poder en la creación. Le damos las gracias por las veces en que hemos sido capaces de servirle cuidando la creación, y le ofrecemos nuestro más sincero arrepentimiento por las veces en que no lo hemos hecho.
El monitor plantea una a una las siguientes preguntas (adaptadas del “Examen ecológico” del jesuita Joseph Carver) e invita a los participantes a compartir sus respuestas. Si se reza en soledad, el participante puede reflexionar sobre cada pregunta en silencio.
¿Dónde fui más consciente de la belleza de Dios en la Creación durante la última semana?
¿En qué ocasiones hice un esfuerzo consciente para cuidar la creación de Dios?
¿Qué retos o alegrías experimento al reflexionar sobre mí cuidado de la creación?
¿Cómo puedo reparar mis rupturas en relación con la creación?
Esperanza
Monitor.
En la Laudato Si (71), el Papa Francisco nos recuerda: ¡Basta un hombre bueno para que haya esperanza! ¿Cómo podrás tú en esta próxima semana ser ese hombre bueno?
Sí la oración se realiza en grupo, se invita a los participantes a compartir sus respuestas. Se puede hacer alguna sugerencia, como sanar la Tierra con amabilidad y amor comiendo menos carne. Incluso un día de comer sin carne marca diferencia en nuestra huella de carbono,
Monitor.
Cerramos este momento con una oración de esperanza y compromiso, que puede ser leída a la vez o de forma alternante entre dos voces
Compromiso para proteger y sanar la creación de Dios
Hemos venido a renovar nuestra alianza con Dios y con los hermanos
en Cristo Jesús, nuestro Señor.
Hemos venido a ayudar a proteger la creación de Dios.
Hemos venido como seguidores de Jesús
para comprometernos de nuevo unos con otros
y para sanar toda injusticia y pobreza.
Hemos venido a levantarnos juntos contra toda amenaza a la vida.
Hemos venido a descubrir
nuevas bellezas cotidianas en la creación de Dios:
el amanecer y el ocaso,
pájaros, flores y árboles,
el arco iris en el cielo, las estrellas
y las muchas formas de vida en el bosque.
Recordaremos siempre que Dios nos habla
a través de la belleza de su creación, y
y trataremos de dar nuestra mejor respuesta a la llamada de Dios
a venerarle por toda la creación.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»
ESTÁ ENTRE NOSOTROS
Aunque las palabras de Jesús, recogidas por Mateo, son de gran importancia para la vida de las comunidades cristianas, pocas veces atraen la atención de comentaristas y predicadores. Esta es la promesa de Jesús: «Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
Jesús no está pensando en celebraciones masivas, como las de la plaza de San Pedro en Roma. Aunque solo sean dos o tres, allí está él en medio de ellos. No es necesario que esté presente la jerarquía; no hace falta que sean muchos los reunidos.
Lo importante es que «estén reunidos», no dispersos ni enfrentados: que no vivan descalificándose unos a otros. Lo decisivo es que se reúnan «en su nombre»; que escuchen su llamada, que vivan identificados con su proyecto del reino de Dios. Que Jesús sea el centro de su pequeño grupo.
Esta presencia viva y real de Jesús es la que ha de animar, guiar y sostener a las pequeñas comunidades de sus seguidores. Es Jesús quien ha de alentar su oración, sus celebraciones, proyectos y actividades. Esta presencia es el «secreto» de toda comunidad cristiana viva.
Los cristianos no podemos reunirnos hoy en nuestros grupos y comunidades de cualquier manera: por costumbre, por inercia o para cumplir unas obligaciones religiosas. Seremos muchos o, tal vez, pocos. Pero lo importante es que nos reunamos en su nombre, atraídos por su persona y por su proyecto de hacer un mundo más humano.
Hemos de reavivar la conciencia de que somos comunidades de Jesús. Nos reunimos para escuchar su Evangelio, para mantener vivo su recuerdo, para contagiarnos de su Espíritu, para acoger en nosotros su alegría y su paz, para anunciar su Buena Noticia.
El futuro de la fe cristiana entre nosotros dependerá en buena parte de lo que hagamos los cristianos en nuestras comunidades concretas las próximas décadas. No basta lo que pueda hacer el Papa Francisco en el Vaticano. Tampoco podemos poner nuestra esperanza en el puñado de sacerdotes que puedan ordenarse los próximos años. Nuestra única esperanza es Jesucristo.
Somos nosotros los que hemos de centrar nuestras comunidades cristianas en la persona de Jesús como la única fuerza capaz de regenerar nuestra fe gastada y rutinaria. El único capaz de atraer a los hombres y mujeres de hoy. El único capaz de engendrar una fe nueva en estos tiempos de incredulidad. La renovación de las instancias centrales de la Iglesia es urgente. Los decretos de reformas, necesarios. Pero nada tan decisivo como volver con radicalidad a Jesucristo.