Ayuno de injusticia

ayuno«Usar a Dios para cubrir la injusticia es un pecado gravísimo». Una severa advertencia contra las injusticias sociales, sobre todo las provocadas por quienes explotan a los trabajadores, expresó el Papa Francisco durante la misa celebrada el viernes 20 de febrero, por la mañana, en la capilla de Santa Marta.

El Pontífice partió de la oración con la que al inicio del rito se elevó al Señor la petición «de acompañarnos en este camino cuaresmal, para que la observancia exterior corresponda a una profunda renovación del Espíritu». Es decir, aclaró, para que «lo que nosotros hacemos exteriormente tenga una correspondencia, tenga frutos en el Espíritu»: en resumen, «que la observancia exterior no sea una formalidad».

Para hacer más concreta su reflexión, el Papa Francisco puso el ejemplo de quien practica el ayuno cuaresmal pensando: «Hoy es viernes, no se puede comer carne, me prepararé un buen plato de frutos del mar, un buen banquete… Yo lo cumplo, no como carne». Pero así —afirmó inmediatamente— «pecas de gula». Sigue leyendo «Ayuno de injusticia»

Una conversación sobre África

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«Desde África lo que nos dicen de Europa no es lo que yo me he encontrado aquí. Siempre hemos pensado que Europa era el paraíso. Yo incluso pensaba que era de otro color». Se lo dice la congoleña Nicole Ndongala a la española Beatriz García durante una conversación que mantuvieron en la sede de la revista Mundo Negro. Hablaron de África. Sigue leyendo «Una conversación sobre África»

XII Encuentro misionero de jóvenes

encuentromisionerojovenes2015

Del 20 al 22 de marzo, jóvenes de todas partes de España, y de diferentes sensibilidades eclesiales se reunirán en Madrid en el XII Encuentro Misionero de Jóvenes.  Durante un fin de semana los jóvenes podrán disfrutar de un coloquio con monseñor Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, o conocer a la hermana Paciencia Melgar, misionera en Liberia superviviente de ébola que trabajaba con los misioneros fallecidos Miguel Pajares y Manuel García Viejo. Si eres joven, esta es tu oportunidad. Será una experiencia de comunión eclesial en la que conocerás a otros jóvenes que como tú, tienen la misión en las venas. No dejes de vivir este encuentro en redes sociales a través del hashtag #JóvenesyMisión

¿Dónde está tu hermano? (Gn 4, 9). Esta pregunta que le hace Dios a Caín después de asesinar a Abel, es la pregunta que nos hace Dios a cada uno de nosotros. ¿Somos conscientes de quién es nuestro hermano? ¿Vivimos en una actitud de servicio ante él, o pasamos de largo ante los sufrimientos? ¿Dónde está tu hermano? es el lema sobre el que girará el XII Encuentro de Jóvenes Misioneros organizado por Obras Misionales Pontificias.

Por la casa de ejercicios Amor de Dios de Madrid pasarán personas que testimoniarán con su vida la actualidad del lema. El encuentro comenzará el viernes 20 de marzo con la cena y con la actuación del cantautor Nico Montero, Premio Bravo 2015 de música. Ya el sábado, los jóvenes misioneros podrán dialogar con monseñor Carlos Osoro , arzobispo de Madrid y reflexionar sobre quiénes son los excluidos. Por la tarde, se podrá poner el lema en práctica, a través de la visita al Cottolengo del Padre Alegre. Allí los jóvenes tendrán un encuentro con religiosas, enfermos y voluntarios.

Después de conocer en primera persona el sufrimiento y la enfermedad, el domingo se podrá dialogar con la hermana Paciencia Melgar, misionera de la Inmaculada Concepción, que después de años de trabajo en el Hospital San José de Monrovia, donde colaboró con los misioneros fallecidos por ébola Miguel Pajares y Manuel García Viejo, padeció esta enfermedad y sobrevivió. Esta mujer guineana vino a España para donar sangre y así ayudar a Teresa Romero, la auxiliar de enfermería infectada por ébola, que consiguió sobrevivir. Por último, varios jóvenes compartirán sus experiencias misioneras, para contagiar a aquellos que aún no lo han vivido. También se informará sobre el Encuentro europeo de Jóvenes, que tendrá lugar en Ávila el próximo agosto.

Más información e inscripciones:

http://ompes.blogspot.com.es/p/encuentro-misionero-de-jovenes.html

Óscar Romero declarado mártir y beato

romeroEl Papa ha proclamado beato al arzobispo de San Salvador (El Salvador), Óscar Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980, al reconocer que el obispo es mártir, ya que fue asesinado in odium fidei (en odio por su fe) mientras oficiaba una misa en la iglesia de la Divina Providencia en San Salvador. Según ha informado el Vaticano en una nota de prensa, Francisco autorizó a la Congregación de la Causa de los Santos del Vaticano, tras una reunión con el Prefecto cardenal Angelo Amato, la promulgación del decreto de martirio de Romero.

La disposición del Papa representa la última etapa en la sorprendente aceleración que ha caracterizado la última parte del camino de Romero hacia los altares: los peritos teólogos del dicasterio vaticano para los santos habían expresado, unánimemente, su visto bueno para la beatificación el pasado 8 de enero. Mientras los obispos y los cardenales de la Congregación manifestaron su aprobación hoy. La confirmación del Papa en relación con la promulgación del decreto estaba prevista para el próximo jueves, pero decidió reducir los tiempos y firmar inmediatamente. Una decisión que contrasta con las lentitudes, los sabotajes y los obstáculos que acompañaron la causa de beatificación, a pesar de que desde hace tiempo los católicos latinoamericanos lo llamen «San Romero de América».

La causa de beatificación de Romero llegó a Roma en 1996, después de que en El Salvador hubiera concluido la fase diocesana. Desde entonces, los tiempos se dilataron a pesar de las cartas con las que el episcopado salvadoreño, superando antiguas divisiones, había comunicado a Roma los votos unánimes para que se reconociera rápidamente el martirio de Romero; y a pesar de las numerosas peticiones de los fieles, que esperaban ver beatificado a Romero en el año del jubileo.

En esos años, en Roma, existía una influyente facción de altos prelados que alimentaban resistencias subterráneas a la canonización de Romero. Un episodio notable sucedió al cardenal Francisco Javier Nguyen Van Thuan: justo en el año 2000, mientras predicaba los ejercicios espirituales para la Curia Romana y el Papa, el ya fallecido purpurado vietnamita había recordado a Romero, como uno de los grandes testimonios de fe de nuestros tiempos. Y justamente por ello, al final de las meditaciones, recibió duras recriminaciones por parte de algunos purpurados latinoamericanos, que lo acusaban de haber exaltado frente al Papa a una figura que, según sus opiniones, era controvertida, cuando no «subversiva». Pocos meses después llegó la publicación de las meditaciones de Cuaresma y en ellas no figura el nombre de monseñor Romero, ni siquiera en citas o alusiones fugaces.

Durante mucho tiempo, lo que había justificado el retraso en la causa fue el examen que hizo el ex-Santo Oficio sobre las homilías, el diario y los escritos públicos de monseñor Romero. Se pretendía constatar la absoluta conformidad con la doctrina católica. Muchos años y miles y miles de páginas. Y la conclusión fue que en el magisterio episcopal de Romero no había errores doctrinales.

Durante esos años, quien asumió un papel preponderante en la gestión del expediente Romero fue en particular el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, influyente asesor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que falleció en 2008. Y por influencia suya, llegaron a la Congregación para las Causas de los Santos algunas disposiciones en contra de la beatificación. Desde entonces no había llegado al mismo dicasterio ninguna indicación que fuera en sentido opuesto y que fuera capaz de desbloquear el curso del proceso, para que pudiera encausar los procedimientos ordinarios del resto de las causas.

En mayo de 2007, mientras volaba hacia Brasil para su primer viaje a Latinoamérica, Benedicto XVI respondió a una pregunta sobre el proceso de beatificación de Romero. El Papa respondió con una pequeña apología del obispo asesinado: lo describió como «un gran testimonio de fe» y recordó que su muerte había sido «verdaderamente increíble», frente al altar. No se refirió en esa ocasión a la categoría del martirio, pero dijo que la persona de Romero «es digna de beatificación». Increíblemente, estas palabras pronunciadas por el Papa Ratzinger ante las cámaras televisivas y ante varias grabadoras fueron olvidadas en las versiones oficiales de las transcripciones de la entrevista publicadas en los medios vaticanos.

Según algunos sectores, llevar a Romero a los altares habría significado beatificar la Teología de la Liberación, o, incluso, algunos movimientos populares de inspiración marxista y las guerrillas revolucionarias de los años setenta. Prejuicios refutados desde hace tiempo, gracias a los estudios del historiador Roberto Morozzo della Rocca. Romero era un religioso devoto y atormentado, que conoció la conversión pastoral frente al sufrimiento dramático del pueblo en los años de la dictadura y de los escuadrones de la muerte.

La aceleración que se ha verificado bajo el Pontificado de Francisco anula todas las cautelas y resistencias alimentadas por prejuicios de orden político. El verdadero Romero no era un agitador o seguidor de nuevas teorías políticas. Incluso sus textos y discursos más «radicales», cuando desde el púlpito decía los nombres y apellidos de quienes oprimían al pueblo, surgían de esa pasión por la suerte de los pobres, que es elemento ineludible de la Tradición de la Iglesia.

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Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2015

El papa Francisco, con motivo de la celebración de la 101 Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, del año 2015, ha dirigido a toda la Iglesia un mensaje estimulante, luminoso y profético. Los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones, siguiendo el surco abierto por el santo padre, quieren también invitarnos a acoger su palabra, a releerla desde nuestras realidades concretas y a llevarla a la práctica. 773 Migraciones 2015
Nos invita el santo padre, en primer lugar, a contemplar a Jesús, «el evangelizador por excelencia y el Evangelio en persona»[1], a dejarnos sorprender por su solicitud en favor de los más vulnerables y excluidos, a reconocer su rostro sufriente en las victimas de la nuevas formas de pobreza y esclavitud, a acoger su palabra, tan clara, tan contundente: «Fui forastero y me hospedasteis» (Mt 25, 35-36).
La Iglesia, heredera de la misión de Jesús, a la vez que anuncia a los hombres que «Dios es amor» (1 Jn 4, 8.16) abre sus brazos para acoger a todos, sin discriminaciones. Ya en Pentecostés, los discípulos, empujados por el Espíritu, vencen miedos, superan dudas, se arriesgan al encuentro con quienes los judíos conocían como nacionalidades diversas, y, a pesar de las diferencias de lenguas, se entendían. Los hombres podemos entendernos cuando hablamos el lenguaje de Dios, que es el amor. Y cuando nos encerramos en nuestra torre, para evitar al que consideramos extranjero, pretendiendo preservar así nuestras seguridades, no hay entendimiento, sino división, violencia y marginación.
Hoy, como ayer, hemos de salir al encuentro de los hermanos emigrantes, haciendo visible la maternidad de la Iglesia, que, superando razas y fronteras, a todos acoge y «abraza con amor y solicitud como suyos»[2]. Es lo que resume admirablemente el lema elegido para esta Jornada del Emigrante y del Refugiado: «Iglesia sin fronteras, Madre de todos». La Iglesia en su conjunto y cada cristiano en particular hemos de practicar y difundir la cultura del encuentro, de la acogida, de la reconciliación, de la solidaridad.
Para una madre ningún hijo es inútil, ni está fuera de lugar, ni es descartable. Las madres, cuando se trata de los hijos, no saben de fronteras, como no lo sabía Jesús, al que vemos pasar al otro lado del lago, país extranjero, adentrarse en territorio sirio-fenicio, atravesar el país de los samaritanos, comer con publicanos y pecadores. No son las fronteras lo que le detiene, sino, más bien, los reencuentros, donde las diferencias son asumidas y transformadas en una acogida enriquecedora recíproca. Admira la fe de la sirio-fenicia (Mt 15, 21-28), hace que la samaritana se encuentre consigo misma y se convierta en evangelizadora para sus convecinos (Jn 4, 1-26). Al hilo de sus reencuentros Cristo reacciona, y a veces se irrita por el uso duro e ideologizado de las diferencias (Mc 1, 40-45; Mt 15, 1-20, Mt 9, 9-13).