Clima

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 La llamada Cumbre del Clima que se ha celebrando en París no es como las anteriores. Hasta ahora, los chicos revoltosos de Greenpeace, los Verdes o los movimientos de extrema izquierda que querían caldear el ambiente a costa del enfriamiento del Planeta, eran los que lanzaban llamadas de atención sobre las emisiones nocivas por su repercusión en el hábitat de nuestro planeta Tierra.

Pero eso ya no es así. Ahora, la opinión mayoritaria de los expertos así como la realidad del daño a la Tierra que se está produciendo en forma de evidencias, son una llamada de atención muy seria para revertir la situación o abocarnos a una realidad que ya es inquietante a no mucho tardar en forma de efectos devastadores de los que ahora tan solo conocemos la avanzadilla: cambios climáticos exagerados  que causan pandemias, o cada vez más ciudades como Pekín con una polución que sobrecoge.

Estamos en el clímax del clima, y no solo porque llegamos en esta Cumbre a punto culminante o de máxima tensión, sino porque desde el ángulo opuesto, clímax también significa en el diccionario la etapa final de una sucesión ecológica en la que se llega al estadio biológico óptimo y estable de una comunidad vegetal: y este clímax sería el objetivo añorado por todas las personas que aman la vida y quieren un Planeta con un ecosistema saludable. Son muchas cumbre climáticas fallidas, con promesas incumplidas contra una humanidad atónita que ve cómo el problema no es solo para el Tercer Mundo, víctima y ahora ya como verdugo, por la magnitud de industrias contaminantes que se han levantado allí en los últimos tiempos.

Esta vez, 200 países que han dado su visto bueno al primer acuerdo mundial contra el calentamiento global frente a los 37 que firmaron en Kyoto. Pero no es suficiente lo acordado, a pesar de la alegría del Papa Francisco por los avances. Son muchos lustros de fracasos e incumplimientos desde la publicación del decisivo Informe Brundtland, cuando introdujo en 1987 la noción de “desarrollo sostenible” que habría de popularizarse tanto. Resumo mi decepción en algunos puntos que dejan en manos de los de siempre nuestro futuro a pesar de la toma de conciencia colectiva de los peligros del cambio climático:

1. El reconocimiento de que el cambio climático es una cuestión de “derechos humanos” se ha quedado fuera del texto legal relegado al preámbulo, lo que hace que pierda fuerza declarativa.

2. Este gran acuerdo entrará en vigor en 2020 y cada Estado tiene hasta mayo de 2017 para ratificarlo. Pero tampoco será efectivo si no lo firman al menos 55 países, y que entre ellos sumen el 55% de las emisiones globales.

3. No se ha logrado que la temperatura del planeta no sobrepase los 1,5 grados de aumento a final de siglo, fijándose en 2 grados.

4. Los compromisos de reducción de emisiones de efecto invernadero son voluntarios, y no obligatorios. No habrá sanciones si se incumplen los compromisos firmados por los asistentes.

5. Tampoco se fijan metas concretas en el medio plazo, fiándolo todo a un voluntarismo impropio de la gravedad del efecto invernadero.

6. Se comprometen los países desarrollados a movilizar 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020 para que los países más pobres puedan adaptarse a las consecuencias del cambio climático, una cantidad revisable al alza.

Está muy bien, pero al final se ha quedado fuera del articulado y encima es algo que se puede cambiar -a peor- en futuras cumbres. Igual que se han quedado fuera del acuerdo las emisiones derivadas del transporte aéreo y marítimo (un 10% del total).

Y por último, pero no menos preocupante, se propone como solución es la construcción de cientos de centrales nucleares porque producen poco CO2, pero conllevan otros peligros no menos letales como los residuos radioactivos. Y nadie con poder parece tomarse en serio la posibilidad de un desarrollo no ligado exclusivamente al crecimiento sino adecuado a la Huella Ecológica sostenible para no esquilmar el Planeta. Como afirma Ignacio Ramonet, cambiar de modelo energético sin modificar el modelo económico significa correr el riesgo de que sólo se desplacen los problemas ecológicos.

No es suficiente lo acordado en París, pero es verdad que se puede hacer algo más que violentarse o resignarse. Cabe asumir nuestra propia responsabilidad ecológica, ser cada uno solución del problema, individualmente, como una gota en el océano pero todos a la vez. En cada uno de nosotros está parte de la solución y del problema; en nuestro derroche, en la falta de reciclaje, en tanto consumismo superfluo. Que los cristianos somos los primeros muchas veces en liderar las malas prácticas

Publicado por GABRIEL Mª OTALORA el 16/12/15 en ECLESALIA .-

Preparad el camino al Señor

María de adviento

 Un nacimiento se prepara, se espera con gozo exultante, pero unidos a estos sentimientos de alegría y jubilo, también se da cierta angustia, cierta preocupación con sus propios interrogantes. ¿Irá todo bien? ¿Cómo será el niño, la niña que va a nacer? Y, la madre, ¿cómo va a vivir este momento tan importante de su vida? Y, el padre, ¿cómo situarse antes este nacimiento, fruto del amor, entre un hombre y una mujer, para dar la vida a una tercera persona?… ¡Maravilla de maravillas! Ante todo nacimiento, los sentimientos son muy encontrado, las emociones, preocupaciones e interrogantes, son intensos; hasta el momento de oír llorar a la criatura y ver su cuerpecito; entonces y sólo entonces, el pensamiento y el corazón “descansan”. ¡Ha nacido!, todo ha ido bien, ¡felicitaciones! y júbilo. ¡Una nueva etapa comienza!

Este hecho tan humano como real y maravillo, hemos de trasladarlo al nacimiento de Jesús. En nuestra vida de cristianos, con el nacimiento de Jesús, ¿Comenzara una nueva etapa? O más bien seguiremos, como siempre, como si nada hubiese pasado, una Navidad más…

Es verdad que, Jesús histórico, no nace todos los años, como nació hace ya 2015 años en Belén; pero no es menos real y cierto su nacimiento místico, su nacimiento litúrgico; porque la liturgia no hace simplemente memoria de un recuerdo histórico; sino que la liturgia actualiza el verdadero hecho histórico, convirtiéndose en hecho real, místico, teológico.

¿Cómo acompañar y despertar al pueblo cristiano a comprender este maravilloso nacimiento que se realiza no solamente en la noche de Navidad, sino en toda eucaristía? Tal vez, la pastoral más importante y urgente como fecunda en este tiempo de Adviento, sea la de preparar a las comunidades cristianas a comprender el nacimiento de Cristo desde esta dimensión litúrgica, mística y teológica.

El nacimiento de Jesús, se ha adornado de tantas cosas superficiales y mundanas que no hacen sino distraernos del misterio. ¡Misterio del amor del Padre hacia sus hijos! “Cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” (Gl 4,4). “Recuperar”,“reavivar” el verdadero sentido de la Natividad, ¿no sería una manera de preparar el camino al Señor? Es decir, preparar nuestra “posada”, nuestro corazón, a acoger con gozo Aquel que viene, y que viene a salvarme, a darme la vida. Este niño que nace, Jesús, en el corazón de cada cristiano, y en el corazón del mundo, es un niño que quiere ser acogido, al mismo tiempo que acogernos. Dos movimientos interiores muy importantes para preparar el camino de su venida y celebrar la verdadera Navidad: la acogida a Dios que se encarna y el dejarme acoger por Dios encarnado. Esta sería una celebración de la Navidad real, profunda y cristiana, y no la que la publicidad nos presenta e impone. Ante la cual cedemos.

Acoger a Jesús exige que mi “aposento”, como diría Teresa de Jesús, esté preparado, sea acogedor, para recibir al Emmanuel. Esto nos exige una buena “limpia” del aposento, un poner orden en nuestra vida, un salir del egoísmo que tanto nos esclaviza, de la mentira, para caminar en verdad, porque Navidad y verdad van juntas. No esperemos que Cristo nazca en nuestro interior ni en la sociedad, sino no somos hombres y mujeres que intentan y quieren vivir en la verdad. Preparar el camino del Señor exige la conversión, vivir desde la verdad. Jesús no nace en medio de la mentirá. En medio de la pobreza y sencillez nacer Jesús; en la mentira, la injusticia y explotación no. Entonces, prepararemos nuestro “aposento”, nuestro corazón en este tiempo de adviento para acogerle y vivir la Navidad.

Si importantes es la acogida a Jesús, el dejarnos a coger por Jesús, lo es mucho más. Jesús no solamente se contenta con ser acogido, sino que quiere que también nosotros nos dejemos acoger por él. El se encarna para salvarnos, para llamarnos amigos, para hacernos uno con él, su más profundo deseo es que todos los hombres lleguen a conocer el Padre y se salven. Déjate, pues, acoger por Jesús en la realidad concrete de tu existencia, sea cual sea, Jesús viene a darte la vida, a que vivías en la verdad que es la que te hace libre y a dejarte sanar de todas tus heridas; él viene a sanarte, a darte su paz que tanto necesitas; que tanto necesitamos unos y otros y que el mundo reclama con urgencia.

Viviendo estas dos dimensiones podrás celebrar la Navidad, o mejor, la Navidad se hará en tu vida, porque te habrás encontrado con Jesús que es la verdadera Navidad y toda tu vida será una Navidad prolongada.

No consientas a que la publicidad, el consumismo, materialismo y preparativos inútiles a lo esencial, al misterio, te roben la verdadera Navidad, el gozo de que Jesús nace en tu “aposento”, en tu corazón .

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Pacto de las catacumbas: la urgencia de volver a la Iglesia de los pobres

 

 Con motivo de la celebración de los 50 años del Pacto de las Catacumbas, se realizó un seminario en Roma para tratar la actualidad de la propuesta firmada por 42 padres conciliares, en las Catacumbas de Domitilla, en 1965. El Pacto, firmado en los últimos días del Concilio Vaticano II (1962-1965), instó a la Iglesia Católica a renovarse y a asumir el compromiso con los pobres y excluidos. En el seminario, el teólogo español Jon Sobrino disertó sobre el impacto de este acuerdo en la Iglesia de hoy y sobre la urgencia de volver a la “Iglesia de los pobres”. El lunes 16 de noviembre, dia del aniversario, fue celebrada una Eucaristía en las Catacumbas. Con motivo del seminario, Jon Sobrino fue recibido por Francisco en la Casa Santa Marta, quien le recomendó: “continúe escribiendo”. Presentamos el texto completo de la homilía de Sobrino, así como una reseña del Pacto de las Catacumbas, y los 13 compromisos que se asumieron.

Celebración en Santa Domitila y presencia de Jon Sobrino

El Encuentro tuvo su momento culmen con una celebración en la misma catacumba de Santa Domitila (discípula de Pedro, allá en el cristianismo primitivo), presidida por el obispo italiano Luigi Betazzi (uno de los obispos firmantes de pacto) y Jon Sobrino, quien en su predicación hizo un breve balance de los frutos de este pacto diciendo que en estos años posteriores al ecuménico Concilio Vaticano II, ha habido padres y madres de la iglesia, ha habido comunidades de base y comunidades indígenas, seminarios y universidades que enseñaron y practicaron la liberación, y con ellos y ellas la iglesia católica se ha parecido un poco más a Jesús.

El también sacerdote Jesuita, dictó el pasado sábado 14 de noviembre una conferencia en la Universidad Urbaniana de Roma (también como parte de las actividades del Encuentro Resistencia y Esperanza), rompiendo con ello largas décadas de censura Vaticana, desde que la nada Sacra Congregación para la Doctrina de la Fe (presidida en ese entonces por Joseph Ratzinger) prohibió a Jon Sobrino dictar cátedra en cualquier universidad católica de América Latina y el mundo.

Con todo, el sobreviviente de la dictadura militar salvadoreña dijo no sentirse resentido por haber sido perseguido por la iglesia, antes bien enfatizó que la opción por los pobres implica correr riesgos y celebró que las primeras palabras firmado aquella mañana de noviembre de 1965 no fueran ni religiosas ni bíblicas, sino palabras sobre la realidad de este mundo: sobre el clamor de la injusticia, que tres años después proclamará el documento de Medellín al decir que: llegan hasta nosotros las quejas de que los obispos y sacerdotes en AL son ricos y aliados a los ricos, han construido una imagen de iglesia rica.

En su predicación recordó a Monseñor Romero y a sus hermanos jesuitas asesinados en el Salvador justo un 16 de noviembre, junto con 2 mujeres más. Dijo que ellos, como Jesús, también expulsaron demonios: el gobierno, la oligarquía, el ejército. Y como Jesús, murieron e inspiraron a muchos porque actuaron sin dubitar ni poder dubitar, frente a la encrucijada de salir o no salir de El Salvador ante las constantes amenazas.

No se fueron, porque los pobres no se podían ir, decidieron Ignacio Ellacuría y los otros cuando Romero, 9 sacerdotes y 5 religiosas ya habían sido asesinados por la dictadura.

Finalmente habló del papa Francisco, con quien se encontró también en días anteriores en Santa Martha: se esta moviendo de nuevo en las catacumbas, dijo, a su modo… quiere reformar la iglesia, ayudémoslo. Confesó que nunca había estado con un papa y que al despedirse, Francisco le dijo en un abrazo: escriba, escriba… lo que no precisamente me han pedido los papas.

Terminó su intervención invitando a todas y todos los presentes en la catacumba a que el recuerdo de los mártires no nos deje descansar en paz.

Vigencia y futuro del Pacto de las Catacumbas

Al final del encuentro, el ambiente fue de esperanza, de crítica y de necesidad de mirar con valentía hacia el horizonte, y renovar el Pacto de las Catacumbas. Hace 50 años, fue decisivo para el pacto las palabras de uno de sus ideólogos principales, Dom Hélder Cámara, quién encaró al Concilio Vaticano II diciendo: ¿Qué es lo que deberíamos hacer, ocuparnos solo de los problemas internos de la iglesia mientras dos tercios de la humanidad muere de hambre?

Hoy, que nuevos y mas agudos rostros de la pobreza y la injusticia azotan el mundo, se plantea la necesidad de que ese nuevo pacto no sea más secreto, ni cerrado, ni patriarcal. Ciertamente, poco de lo que se comprometió en ese pacto permeará a la iglesia pos-conciliar, y por ello es necesario que el nuevo pacto asumido ahora por este Encuentro en Roma y por muchas otras gentes y comunidades en el mundo, debe salir del gueto católico y ser de Iglesia en salida, ha de ser un pacto público, laical y universal de todos los habitantes en los Areópagos del mundo (Paulo Suess)

Sólo de esta forma nos será posible asumir con energía las banderas de lucha de diferentes actores sociales y en contextos diversos y plurales, para construir espiritualidades más encarnadas, humanas, no exclusivamente confesionales, ecuménicas y abiertas a diversas sensibilidades y subjetividades. Al grado de construir modelos, estilos, maneras eclesiales más sencillas y humildes, sin perder la perspectiva de los pobres, la profundidad compasiva, ni la crítica profética.


“Una Iglesia pobre y para los pobres”. 50 años del Pacto de las Catacumbas

“Para los países subdesarrollados la Iglesia se presenta como es y como quiere ser, como Iglesia de todos, en particular como la Iglesia de los pobres”. Con estas palabras proféticas el Papa Juan XXIII invitaba a los cristianos y sobre todo a sus “hermanos Obispos” a llevar una vida de pobreza y a ser una “Iglesia sierva y pobre”. En su Radiomensaje del 11 de septiembre de 1962, un mes antes del inicio del Concilio Vaticano II, el “Papa Bueno” – como afectuosamente lo llamaban – trazaba el camino que la Iglesia debería seguir guiados por sus pastores y asistidos por la acción del Espíritu Santo.

Tres años después y en pleno Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI visitó las Catacumbas romanas de Santa Domitila, el 12 de septiembre de 1965. En su homilía, Papa Montini señalaba que las “Catacumbas son el lugar de una larga historia de persecución y martirio, a la cual la Iglesia de los primeros siglos fue sometida”. Pero también, dijo el Pontífice, “son el lugar donde se vivía la fe en Cristo, con la convicción de que Él, es la verdad, la salvación, la esperanza y la victoria definitiva”. “Aquí el cristianismo – afirmó el Papa – fundó sus raíces en la pobreza, en el sufrimiento de las injusticias y persecuciones; aquí la Iglesia, se despojó de todo poder humano, fue pobre, fue humilde, fue pía, fue opresa, fue heroica. Aquí el primado del Espíritu, del cual habla el Evangelio, subrayó el Obispo de Roma, tuvo su oscura, casi misteriosa, pero a la vez firme afirmación, de un testimonio incomparable, su martirio”.

Pocos días antes de la clausura del Concilio Vaticano II, el 16 de noviembre de 1965, 42 Obispos de 15 países diferentes, firmaron en las Catacumbas de Santa Domitila, el llamado “Pacto de las catacumbas”, con el cual se comprometían a llevar una vida de pobreza y a ser una Iglesia sierva y pobre, como los había inspirado el Papa Juan XXIII. Este Pacto fue una expresión pública del camino y del compromiso de la llamada “Iglesia de los Pobres” que se había formado desde la primera sesión del evento conciliar.

“Como quisiera una Iglesia pobre y para los pobres”, era el deseo del Papa Francisco a pocos días de su elección a la Cátedra de Pedro, el 16 de marzo de 2013. De este modo, hablando a los representantes de los medios de comunicación, re-proponía el tema antiguo y actual en la Iglesia cercana a los sectores sociales más emarginados, a los desterrados, a los indigentes y a quienes sufren la injusticia y la violencia.


Texto del Pacto de las Catacumbas

Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el evangelio; motivados los unos por los otros, en una iniciativa en que cada uno de nosotros quisiera evitar la excepcionalidad y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos de episcopado; contando sobre todo con la gracia y la fuerza de Nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo siguiente:

1) Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población, en lo que concierne a casa, alimentación, medios de locomoción y a todo lo que de ahí se sigue.

2) Renunciamos para siempre a la apariencia y a la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (tejidos ricos, colores llamativos, insignias de material precioso). Esos signos deben ser ciertamente evangélicos: ni oro ni plata.

3) No poseeremos inmuebles ni muebles, ni cuenta bancaria, etc. a nuestro nombre; y si fuera necesario tenerlos, pondremos todo a nombre de la diócesis, o de las obras sociales caritativas.

4) Siempre que sea posible confiaremos la gestión financiera y material de nuestra diócesis a una comisión de laicos competentes y conscientes de su papel apostólico, en la perspectiva de ser menos administradores que pastores y apóstoles.

5) Rechazamos ser llamados, oralmente o por escrito, con nombres y títulos que signifiquen grandeza y poder (Eminencia, Excelencia, Monseñor…). Preferimos ser llamados con el nombre evangélico de Padre.

6) En nuestro comportamiento y en nuestras relaciones sociales evitaremos todo aquello que pueda parecer concesión de privilegios, prioridades o cualquier preferencia a los ricos y a los poderosos (ej: banquetes ofrecidos o aceptados, clases en los servicios religiosos).

7) Del mismo modo, evitaremos incentivar o lisonjear la vanidad de quien sea, con vistas a recompensar o a solicitar dádivas, o por cualquier otra razón. Invitaremos a nuestros fieles a considerar sus dádivas como una participación normal en el culto, en el apostolado y en la acción social.

8) Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexión, corazón, medios, etc. al servicio apostólico y pastoral de las personas y grupos trabajadores y económicamente débiles y subdesarrollados, sin que eso perjudique a otras personas y grupos de la diócesis. Apoyaremos a los laicos, religiosos, diáconos o sacerdotes que el Señor llama a evangelizar a los pobres y los trabajadores compartiendo la vida y el trabajo.

9) Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus relaciones mutuas, procuraremos transformar las obras de “beneficencia” en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos y a todas, como un humilde servicio a los organismos públicos competentes.

10) Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, las estructuras y las instituciones sociales necesarias a la justicia, a la igualdad y al desarrollo armónico y total de todo el hombre en todos los hombres, y, así, al advenimiento de otro orden social, nuevo, digno de los hijos del hombre y de los hijos de Dios.

11) Porque la colegialidad de los obispos encuentra su más plena realización evangélica en el servicio en común a las mayorías en estado de miseria física cultural y moral -dos tercios de la humanidad- nos comprometemos a:

-participar, conforme a nuestros medios, en las inversiones urgentes de los episcopados de las naciones pobres;
-pedir juntos a nivel de los organismos internacionales, dando siempre testimonio del evangelio como lo hizo el Papa Pablo VI en las Naciones Unidas, la adopción de estructuras económicas y culturales que no fabriquen más naciones pobres en un mundo cada vez más rico, sino que permitan a las mayorías pobres salir de su miseria.

12) Nos comprometemos a compartir nuestra vida, en caridad pastoral, con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos, para que nuestro ministerio constituya un verdadero servicio; así:

-nos esforzaremos para “revisar nuestra vida” con ellos;
-buscaremos colaboradores que sean más animadores según el Espíritu que jefes según el mundo;
-procuraremos hacernos lo más humanamente presentes y ser acogedores;
-nos mostraremos abiertos a todos, sea cual sea su religión.

13) Cuando volvamos a nuestras diócesis, daremos a conocer a nuestros diocesanos nuestra resolución, rogándoles nos ayuden con su comprensión, su colaboración y sus oraciones.

Que Dios nos ayude a ser fieles.


Homilía de Jon Sobrino en el encuentro: Celebrando los 50 años del Pacto de las Catacumbas

Estos días hemos reflexionado sobre “el pacto de las catacumbas” que hace cincuenta años firmaron en este lugar alrededor de cuarenta obipos. Se comprometían personalmente a construir “una Iglesia pobre y servidora”. Asi estaban recogiendo el gran deseo de Juan XXIII: que la Iglesia sea “una Iglesia de los pobres”. En el aula conciliar no prosperó la idea, pero el pacto de las catumbas se convirtió en el legado “secreto” del Vaticano II.

Hoy, en esta eucaristía, ante Dios y reunidos como su pueblo, quisiéramos comprometernos en la construcion de esa Iglesia, que es la unica Iglesia de Jesus. Es la mejor manera, y en definitiva la única manera, de recordar el pacto de las catacumbas como es debido. Y de renovarlo con la urgencia necesaria.

Tras el pacto ha habido epocas de florecimiento eclesial, y es bueno recordarlo para tener aliento en épocas difíciles: si la gracia fue real, es que hoy tambien es posible. Y sigue habiendo un gran pecado, que nos urge a seguir siendo responsables de erradicarlo y a estar dispuestos a correr riesgos. Pecado es en nuestros dias Lampedusa, los refugiados que buscan sobrevivir ante la eficaz indiferencia de Europa. Y pecado es la pederastia de sacerdotes y el carrerismo de altos eclesiásticos. Todo ello lo recuerda con vigor y rigor el papa Francisco.

Pero es mas fructífero recordar la gracia. Es mas dificil porque nos exige mucho. Y es mas gozoso, porque, lo que ha ocurrido en estos cincuenta años sigue siendo una buena noticia. Ha ocurrido en muchos lugares, pero me comprenderán si me centro en el continente latinoamericano.

Ha habido obispos padres de la Iglesia, algunos de ellos mártires, Don Helder Camara, Angelelli, don Samuel Ruiz, Leonidas Proaño, Juan Gerardi. Ha habido, menos conocidas, madres de la Iglesia, laicas y religiosas, algunas de ellas mártires. En El Salvador María Julia Hernández, Marianella García Villa, Rufina Amaya, Silvia Arriola. Ha habido comunidades de base, así llamadas porque están a la base de la sociedad de un mundo pobre, y comunidades indígenas que luchan por sus culturas. Ha habido seminarios y universidades que enseñan y promueven la liberación de los oprimidos. Ha habido teología de la liberación y cercanía de iglesias hermanas.Ha habido muchos mártires, mucho amor y mucha entrega. Y la Iglesia se ha parecido un poco más a Jesús.

Al firmar el pacto de las catacumbas los obispos tuvieron sencillez, lucidez y decisión. Quisiera decir ahora lo que, en lo personal, mas me ha impactado de lo que ayudaron a generar una corriente episcopal.

1. El nosotros del pacto fue recogido en Medellín.

En el pacto de las catacumbas los obispos hablaron muy personalmente. No hablaron para enseñar a los fieles, sino para hablar unos a otros. Llegaron a formar un “nosotros” existencial. Y generaron una importante corriente eclesial.

Tres años despues en Medellin los obispos dijeron. “Un sordo clamor brota de millones de hombres, pidiendo a sus pastores –pidiéndonos- una liberación que no les llega de ninguna parte (n. 2). Y añaden lo que no se suele decir: “Llega también hasta nosotros las quejas de que la Jerarquía, el clero, los religiosos, son ricos y aliados de los ricos” (n. 2). Aclaran que a veces se confunde la apariencia con la realidad, pero reconocen que hay cosas que han contribuido a crear la imagen de una Iglesia institucional rica: los grandes edificios, las casas de párrocos y religiosos, cuando son superiores a las del barrio en que viven; los vehículos propios, a veces lujosos; la manera de vestir heredada de otras épocas…

Esclarecidas las exageraciones, y hablando en primera persona los obispos reconocen lo que de verdad hay en las quejas. “En el contexto de pobreza y aun miseria en que vive la gran mayoría del pueblo latinoamericano, los obispos, sacerdotes y religiosos tenemos lo necesario para la vida y una cierta seguridad, mientras los pobres carecen de lo indispensable y se debaten entre la angustia y la incertidumbre” (n. 3).

Reconocen el distanciamiento y desinterés que los pobres resienten. “No faltan casos en que los pobres sienten que sus obispos, o sus párrocos y religiosos, no se identifican realmente con ellos, con sus problemas y angustias, que no siempre apoyan a los que trabajan con ellos o abogan por su suerte” (n. 3). Resuena el papa Francisco.

Estas palabras pensadas y detalladas muestran que los obispos tomaron en serio existencialmente, como personas y como grupo, el clamor de los pobres.

Y tambien lo presupone las palabras iniciales de Medellin. “Existen muchos estudios sobre la situación del hombre latinoamericano. En todos ellos se describe la miseria que margina a grandes grupos humanos. Esa miseria, como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo” (n.1).

El texto es de suma importancia. Al ponerlo al comienzo de todo el documento los obispos confiesan lo que está en su mente y en su corazón. Y llama poderosamente la atención que, siendo un texto escrito por obispos, creyentes en Dios, amantes de Jesucristo y servidores en la Iglesia, sus primeras palabras no sean palabras religiosas, ni bíblicas, ni dogmáticas. Son palabras sobre la realidad de este mundo; más en directo, sobre su pecado. Mencionan a quienes lo sufren, y, por implicación, a quienes lo cometen. El pecado mayor es la “injusticia”. Las palabras “clama al cielo” pueden ser el equivalente al término español “desorbitante”, pero también se pueden entender como en Éxodo 3, 9: “El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí”, dice Jahvé.

2. Mons. Romero fue fiel a los pobres hasta el martirio

El cambio de Monseñor se debió sustancialmente al asesinato de Rutilio Gande el 12 de marzo de 1977 en Aguilares. Es bien conocido. Ahora quiero recordar su total cercanía a pobres, empobrecidos y víctimas.

El 19 de junio de 1977 Monseñor volvió a Aguilares, cuando el ejército salió del pueblo tras un mes de haberlo ocupado y haber asesinado alrededor de cien campesinos. Recuerdo perfectamente como comenzó su homilía: “A mí me toca ir recogiendo cadáveres”.

Fue duro con los criminales y les recordó las palabras de la Escritura: “Quien a hierro mata, a hierro muere”. En el ofertorio presentó a Dios a las cuatro religiosas que se había ofrecido a sustituir a los sacerdotes expulsados de Aguilares. Y a los campesinos que, atemorizados, no habían ido al templo, pero que podían escuchar sus palabras a traves de altavoces les dijo: “Ustedes son la imagen del Divino Traspasado… [Este pueblo] es la imagen de todos los pueblos que, como Aguilares, serán atravesados, serán ultrajados”(1) .

Monseñor preparaba sus homilías pensando en el pueblo sufriente. Así lo dijo en su última homilía dominical, la víspera de ser asesinado:”Le pido al Señor durante la semana, mientras voy recogiendo el clamor del pueblo y el dolor de tanto crimen, la ignominia de tanta violencia, que me dé la palabra oportuna para consolar, para denunciar, para llamar al arrepentimiento, y, aunque siga siendo una voz que clama en el desierto, sé que la iglesia está haciendo el esfuerzo por cumplir su misión” (2) .

Y con ese pueblo se comprometió hasta el final. “Quiero asegurarles a ustedes, y les pido oraciones para ser fiel a esta promesa, que no abandonaré a mi pueblo, sino que correré con él todos los riesgos que mi ministerio me exige” (3) .

Monseñor tomó en serio la construcción de una iglesia, la relacionó con el pueblo crucificado. La Iglesia de Jesús es una Iglesia perseguida. En un arrebato evangélico dijo: “Me alegro, hermanos, de que nuestra Iglesia sea perseguida, precisamente por su opción preferencial por los pobres y por tratar de encarnarse en el interés de los pobres”(4) . Y en un arrebato mayor confesó: “Sería triste que, en una patria donde se está asesinando tan horrorosamente, no contáramos entre las víctimas también a los sacerdotes. Son el testimonio de una Iglesia encarnada en los problemas de su pueblo” (5) .

Monseñor fue un hombre feliz. En 1979 le dijo al comienzo de la homilia al director de una delegación de Iglesias hermanas de Estados Unidos: “Quiero que a su regreso exprese simplemente lo que ha visto y oído, y lleve el testimonio de que con este pueblo no cuesta ser buen pastor; es un pueblo que empuja a su servicio… Más que un servicio… significa para mí un deber que me llena de satisfacción” (6) .

En el funeral que celebramos en la UCA un poco despues del asesinato Ellacuria dijo en su homilia: “Con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”.

3. Otro 16 de noviembre, en 1989, en El Salvador fueron asesinados seis jesuitas y dos trabajadoras de la UCA.

Después de Medellín no solo Monseñor Romero fue asesinado. Ya he mencionado al principio los nombres de hombres y mujeres mártires. También hubo niños y ancianos. Permìtaseme recordar ahora a mis compañeros asesinados hace 26 años. Me han hecho pensar sobre lo que es el cristianismo, la Iglesia y la universidad. Por ser jesuitas su recuerdo puede ayudar a los religiosos y religiosas. Y por trabajar en una universidad puede ayudar a laicos y laicas.

Iluminan el cristianismo porque reprodujeron en forma real, no intencional o devocional, la vida de Jesús. Su mirada se dirigió a los pobres reales, los que no dan la vida por supuesto y viven y mueren sometidos a la opresión del hambre, la injusticia, el desprecio, y a la represión de torturas, desaparecimientos, asesinatos, muchas veces con gran crueldad. Se movieron a compasión e “hicieron milagros”, poniendo ciencia, talentos, tiempo y descanso, al servicio de la verdad y de la justicia. Y “expulsaron demonios”.

Ciertamente lucharon contra los demonios de fuera, los opresores, oligarcas, gobiernos, fuerzas armadas, y de esos defendieron a los pobres. No les faltaron modelos, Rutilio Grande y Monseñor Romero. Y fueron fieles hasta el final, en medio de bombas y amenazas, con misericordia consecuente. Murieron como Jesús, y han engrosado una nube de testigos, cristianos, sacerdotes, religiosos, también agnósticos, que han dado su vida por la justicia. Estos son los “mártires jesuánicos”, referente esencial para los cristianos y para cualquiera que quiera vivir humana y decentemente en nuestro mundo.

Fueron fieles a su vocación, y actualizaron a San Ignacio. Su tarea fue bajar de la cruz al pueblo crucificado, la liberación de la opresión, especialmente la producida por causas estructurales, y elegir el camino de la civilización de la pobreza en contra de la civilización de la riqueza, acumuladora y deshumanizante.

En este contexto me parece oportuno recordar un hecho singular: los mártires de la UCA nunca discernieron si era voluntad de Dios quedarse en el país, con riesgos, amenazas y persecuciones, o salir del país. Creo que ni se les ocurrió. Actuaron “sin dubitar ni poder dubitar” (Ejercicios de San Ignacio n. 175).

Si nos preguntamos “que movía y atraía la voluntad”, podemos decir que era “Dios nuestro Señor” comunicándose al alma. Pero creo que conocemos las realidades históricas que no les ataban al pais: “el sufrimiento del pueblo”, “la vergüenza que daba abandonar al pueblo”, “la fuerza cohesionante de la comunidad”, “el recuerdo enriquecedor de Monseñor Romero, de nueve sacerdotes y cinco religiosas asesinadas”, incluso el “haberse acostumbrado a la persecución”. Pienso que todo ello movía la voluntad e iluminaba las decisiones y el camino a seguir. Dios no actuaba a través de cualquier cosa, sino a traves de las que hemos mencionado.

El Padre Arrupe dijo de ellos que “éstos son los jesuitas que necesita hoy el mundo y la Iglesia. Hombres impulsados por el amor de Cristo, que sirvan a sus hermanos sin distinción de raza o de clase. Hombres que sepan identificarse con los que sufren, vivir con ellos hasta dar la vida en su ayuda. Hombres valientes que sepan defender los derechos humanos, hasta el sacrificio de la vida, si fuera necesario” (19 de marzo, 1977, una semana despues del asesinato de Rutilio Grande).

Con los jesuitas murieron asesinadas dos mujeres: Julia Elba Ramos, 42 años, cocinera de una comunidad de jóvenes jesuitas, pobre, alegre e intuitiva, y trabajadora toda su vida. Y su hija Celina, 15 años, activa, estudiante y catequista; con su novio habían pensado comprometerse en diciembre de 1989. Se quedaron a dormir en la residencia de los jesuitas, pues allí se sentían más seguras. Pero la orden fue “no dejar testigos”. En las fotos se nota el intento de Julia Elba de defender a su hija con su propio cuerpo. Son el símbolo del pueblo crucificado, inocente e indefenso.

Una última reflexión creyente. De los mártires de la UCA, unos fueron más parecidos a Monseñor Romero, los jesuitas. Otros fueron más parecidos al pueblo crucificado, las dos mujeres. Mirándolos a todos ellos y ellas en su conjunto, podemos decir que con ellos y ellas Jesús y su Dios pasaron por este mundo cargando con la cruz. Pero también hay que decir que, contra toda apariencia, en ellos y ellas pasó el Dios de la salvación. Así lo escribió el P. Ellacuría con rigor científico. Por mi parte escrito: “fuera de los pobres -y de las víctimas- no hay salvación”.

4. Los mártires traen salvación

Hemos recordado a mártires. Su vida y su muerte son de gran dureza, y por eso mis palabras pueden sonar fuertes. Pero también es verdad que a ellos se dirigen las bienaventuranzas de Jesús. Y que para nosotros son -pueden ser- una bendición: nos animan a entregarnos a los demás y a tener esperanza, ánimo que no se encuentra, con esa fuerza, en ninguna otra parte, ni en la liturgia ni en la actividad de la academia.

Los seis jesuitas de la UCA cargan con nosotros y nos llevan en su fe, Julia Elba y Celina nos llevan en la suya, pero de manera distinta. Yo al menos, no puedo entrar en su misterio. Pero Dios sí lo conoce y ellas -Dios sabe cómo- nos llevan a Dios.

Y contra toda ciencia y prudencia, los mártires generan esperanza. Miles de campesinos pobres, con familiares muertos, se juntan la víspera del 16 de noviembre en la UCA para celebrar unos con otros, rezar y cantar. Jürgen Moltmann lo teorizo muy bien hace unos años: “no toda vida es ocasión de esperanza, pero sí lo es la vida de Jesús, quien, por amor, tomó sobre sí la cruz”.

Para terminar quiero agradecer al Papa Francisco que se ha estado moviendo de nuevo en las catacumbas. A su modo, con humor y sencillez, con dureza y con cariño. Quiere reformar la Iglesia. Ayudémosle, no solo aplaudamos.

A Monsenor Luigi Bettazzi un gran abrazo. Y el agradecimiento de los salvadoreños a quienes nos ayudo en los años dificiles.

Y a los mártires, que descansen en paz. Que su paz nos transmita a los vivos la esperanza, y que su recuerdo no nos deje descansar en paz.

Más información en: pacto de las catacumbas

 

 

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Islam no es terrorismo

 Autoridades musulmanas del mundo han condenado la cadena de atentados que tuvo lugar en París provocando la muerte de al menos 130 personas y heridas a otras 352. La censura fue compartida por las diversas ramas del islam, tanto la chií como la suní, a la que pertenece el autodenominado Estado Islámico, que se atribuyó la autoría de los ataques este sábado. Asimismo, la mayoría de los partidos políticos islamistas con vocación institucional también han deplorado la tragedia que golpeó a Francia.

Respecto a los fieles alrededor del mundo, miles de musulmanes -a través de redes sociales- hicieron sentir su pesar por lo ocurrido y expresaron no sentirse identificados con los actos de violencia, más bien señalaron que siguen El Corán de forma pacífica. En Twitter se manifestaron utilizando el hashtag #TerrorismHasNoReligion (el terrorismo no tiene religión) y #MuslimsArentTerrorist (los musulmanes no son terroristas). Aquí una recopilación de mensajes y reflexiones que, además de marcar posturas frente a la violencia y el terrorismo, pretenden dar luces sobre algunas nociones que se prestan a confusión por el común de las personas.

Las autoridades musulmanas condenan la masacre de París

El gran jeque de Al Azhar, Ahmed Tayeb, la institución teológica más prestigiosa del islam suní con sede en El Cairo, ha expresado su más profunda “indignación” y ha calificado los atentados perpetrados en nombre de la religión de “odiosos y horribles”. Además, en el transcurso de una conferencia islámica celebrada en la ciudad egipcia de Luxor ha añadido que “el islam es inocente” y ha instado a los dirigentes mundiales a cooperar para derrotar “este ogro rabioso del terrorismo”.

Por su parte, el muftí de Egipto, Shauqi Allam, ha condenado unos ataques perpetrados contra “inocentes”. “Los musulmanes de todas partes del mundo consideran estos actos terroristas una acción criminal que se contradice con los preceptos religiosos y humanos y merecen las máximas penas en la vida y en el otro mundo”, ha agregado en un comunicado el muftí, la más alta autoridad islámica del país de los faraones. Además, ha instado al Gobierno francés a “tomar las medidas de seguridad” para proteger a la comunidad musulmana que vive en Francia contra toda posible agresión.

El Alto Consejo de los Ulema de Arabía Saudí, el órgano representativo de los clérigos del país donde se encuentra La Meca, la ciudad santa del Islam, se ha sumado también al coro de condenas. “El islam no condona las acciones del terrorismo, acciones contrarias a los valores de piedad que transmite al mundo”, reza un comunicado oficial del Consejo, que insta a combatir el terrorismo a partir de “una postura moral unida que no haga diferencias entre terrorismos”. Este órgano ha sido a menudo acusado de defender y exportar una visión ultraconservadora del islam.

Las condenas sin paliativos también han llegado de la rama chií del islam, a menudo víctima de los azotes del yihadismo de inspiración suní del autodenominado Estado Islámico. El presidente iraní, Hasan Rohani ha descrito los hechos de París como “crímenes contra la humanidad”. “En nombre del pueblo de Irán, que también ha sido víctima del terrorismo, condeno profundamente estos crímenes contra la humanidad y ofrezco mis condolencias al pueblo francés afligido y a su Gobierno”, ha expresado en un comunicado Rohani, un clérigo que tenía previsto visitar París el domingo, pero ha optado por suspender su visita.

Los partidos políticos islamistas con vocación de participar en las instituciones democráticas también han denunciado sin ningún tipo de ambigüedad los atentados de París. El partido tunecino Ennahda, que participa en la coalición gobernante, transmitió su pésame al pueblo francés e insistió en que el terrorismo “denigra la imagen y todos los fundamentos del islam”. “Condenamos de forma contundente los atentados contra civiles inocentes en cualquier lado, ya sea por individuos, grupos, o Estados. Condolencias a las víctimas de las familias. #Paris attacks”, rezaba un mensaje de Twitter publicado por el departamento de comunicación de los Hermanos Musulmanes, el principal movimiento islamista egipcio, actualmente ilegalizado.

Los ulemas de todo el mundo recuerdan que el Islam prohíbe “matar a inocentes”

Este miércoles, más de 120 ulemas suníes de todo el mundo denunciaron las atrocidades del Estado Islámico, a través de una carta dirigia hacia su autoproblamado califa Abubaker al Bagdadi. En el texto, los líderes musulmanes le recordaban que el Islam prohíbe “matar a inocentes, diplomáticos, periodistas y trabajadores humanitarios”, entre otros y que la religión no permite “dañar o maltratar” a los cristianos o fieles a credos monoteístas, como los yazidíes, uno de los colectivos de musulmanes blanco de los ataques de los terroristas.

En la carta, los ulemas reprochan además que los yihadistas de Estado Islámico hayan destruido algunos lugares de culto sagrados, como varios monumentos chiíes en el norte de Irak. Además, recuerdan al dirigente la prohibición de declarar un califato sin consenso entre todo el colectivo de musulmanes.

El líder de la Comunidad Musulmana Ahmadía condena los ataques de París y reza por las víctimas

El líder mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, Quinto Jalifa, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad ha condenado los ataques terroristas de la noche de ayer en París. En su declaración desde Londres, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad dijo:

“En nombre de la Comunidad Musulmana Ahmadía Internacional, quisiera expresar mis más sentidas condolencias y pésame a la nación francesa, a sus ciudadanos y a su Gobierno por los ataques atroces que han tenido lugar en París. Esta agresión brutal e inhumana sólo puede ser condenada de la forma más contundente posible.

También me gustaría reiterar de nuevo que todas las formas de terrorismo y extremismo están absolutamente en contra de las verdaderas enseñanzas del Islam. El Sagrado Corán declara que asesinar siquiera a una sola persona es semejante a asesinar a toda la humanidad. Por tanto, bajo ninguna circunstancia puede justificarse el asesinato; y aquellos que tratan de justificar sus actos llenos de odio en nombre del Islam consiguen sólo difamarlo de la peor manera posible.

Nuestras condolencias y oraciones están con las víctimas de estos ataques y con todos aquellos que han sido afligidos o afectados de cualquier manera. Que Dios Todopoderoso les conceda paciencia. Rezo y deseo que los perpetradores de este acto cruel sean llevados rápidamente ante la justicia.”


#NotinMyName: El Islam, contra la masacre de E.I. en París

Miles de musulmanes en todo el mundo han clamado en contra de estos actos terroristas y han mostrado su repulsa en las redes sociales bajo el hashtag #NotinMyName (‘no en mi nombre’). Esta etiqueta para las redes sociales ha aglutinado a una gran cantidad de personas de este religión que han compartido mensajes condenatorios en su extremo. Cabe recordar que no es la primera vez que se lanza esta campaña: cada vez que un grupo yihadista perpetra algún acto terrorista “en nombre de Alá” miles de musulmanes la emplean para dejar clara su postura. Entre otros mensajes podemos leer: “Porque es totalmente antiislámico” o “El sistema con Dios es hacer la paz y la rendición pacífica (Corán)”.

“El que mata a un inocente, es como si hubiera matado a toda la humanidad”, tuiteó Shehnaz Khan, una periodista que reside en Londres. Shehnaz Khan fue una de las muchas personas para compartieron este versículo del Corán. Muy lamentablemente cuando ocurre este tipo de ataques, los musulmanes son víctimas de generalización y racismo por el simple hecho de profesar su religión, aunque no tengan absolutamente nada que ver con los atentados, aseguro un musulman.

Filisteo Ayad, una feminista musulmana dijo a CNN: “No veo al Estado Islámico como musulmán. Veo terroristas cuando miro a ISIS”.”Para mí el terror no conoce la religión. Ellos recogen y seleccionan aspectos de la religión y la distorsionan a su antojo, con el fin de justificar sus acciones que son injustificables”, agregó. Estas personas musulmanas como muchos más en el mundo esperan que la campaña #NotInMyName ayude a eliminar ‘la islamofobia’ de la cultura occidental.


Islam no es terrorismo

Desde que un grupo de terroristas masacraron a más de un centenar de personas en París, el islam volvió ser cuestionado por los defensores de los valores occidentales. Es necesario recordarles a estos profetas de la paz judeo-cristiana que ningún Dios tuvo la culpa de la masacre de Francia. Leer el Corán no implica empuñar un arma. La locura de los fanáticos que gritaban “Alá es grande” mientras disparaban, no convierte en asesinos a los que rezan en dirección a La Meca. La islamofobia desatada por los atentados del viernes pasado recuerda el odio hacia los musulmanes tras los atentados a las Torres Gemelas en Estados Unidos, cuando solo el fascismo se vio beneficiado. Nada aprendió la humanidad de ese retroceso, la locura ahora se repite en Europa.

“El 11 de septiembre de 2001, día en que Al Qaeda secuestró los aviones con el fin de atacar a Estados Unidos, intentó secuestrar también el mensaje de mi religión, la religión del islam. Al hacerlo, los fundamentalistas encendieron la gran batalla, algunos la han llamado guerra global, del nuevo milenio. El asesinato de tres mil personas inocentes en nombre de la yihad no es sólo la antítesis de los valores del mundo civilizado, sino también de los preceptos del islam mismo”. Las palabras de Benazir Bhutto reflejan lo que muchos musulmanes sintieron tras el golpe macabro al World Trade Center: los atacantes eran “fanáticos” que “secuestraron al islam”. Alá no tiene la culpa de que le recen esos bárbaros.

Bhutto escribió esas palabras en Reconciliación. El islam, la democracia y el mundo occidental, un trabajo que fue publicado en 2008, muy pocos días después de que la autora falleciera en un atentado cuando buscaba convertirse en primera ministra de Pakistán, el mayor país musulmán del mundo, tras regresar del exilio obligado luego de que los terrroristas la amenazaran de muerte.

El rechazo contra el islam ha logrado sus frutos. En la actualidad, son muchas las personas que consideran que se trata de una religión violenta, que interpreta la “guerra santa” como algo glorioso y que desde las propias páginas del Corán se realiza un llamamiento a la realización de actos terroristas. Nada de esto puede ser cierto en un texto de sagradas escrituras, tan trascendente y espiritual como la Biblia o la Torá. Pero no debe ser muy agradable para un musulmán confesar su fe en muchas partes del mundo occidental, que fue construido, paradójicamente, sobre el pilar de la libertad de culto, de ideas y de expresión.

El Corán no habla de muerte. De hecho, confiere un valor superior a la vida, como todos los principales libros de las religiones monoteístas. “Y reanudaron ambos la marcha, hasta que encontraron a un muchacho y lo mató. Dijo: ‘¿Has matado a una persona inocente que no había matado a nadie? ¡Has hecho algo horroroso!”, dice, textualmente, el Corán. Y también allí se advierte: “Todos los hijos del Libro han sufrido a manos de aquellos que han querido usar la fuerza en nombre de Dios, a fin de lograr objetivos políticos”.

Los últimos Premios Nobel de la Paz fueron otorgados a islámicos. Este año, lo ganó el Cuarteto por la Paz de Túnez por su decisiva contribución a la construcción de una democracia plural tunecina, tras la Revolución de los Jazmines, en lo que representó el mayor éxito de la Primavera Arabe. El de 2014 fue otorgado a la paquistaní Malala Yousafzai, la joven a la que los talibanes dispararon a la cabeza en 2012 por defender la escolarización de las mujeres. “Los niños deben ir a la escuela y no ser explotados”, dijo Malala en Oslo cuando recibió su galardón. Mientras que en 2011 lo ganó la yemení Tawakkul Karman, valiente periodista, política y militante musulmana por la defensa de los derechos humanos en el mundo árabe.

La designación irreflexiva del islam como “nuevo enemigo” prefigura la ignorancia de los preconceptos, la sinrazón del temor y el desatino de la soberbia imperialista de crearse culturalmente superior. Sin atender que el islam ha participado de la emergencia del mundo occidental moderno, tal como lo afirmó el gran intelectual francés Jacques Derrida, en una de sus últimas conferencias realizada en 2003, poco tiempo antes de su muerte.

Derrida, que nació en el país islámico de Argelia durante la ocupación francesa, lo explicó en esa conferencia que buscó promover el diálogo intercultural y se publicó en el libro Islam y Occidente, encuentro con Jacques Derrida. “La herencia que recibí de Argelia es algo que probablemente haya inspirado mi trabajo filosófico. Todo el trabajo que desarrollé, respecto del pensamiento filosófico europeo, occidental, como suele decirse, greco-europeo, las preguntas que me vi llevado a plantear desde cierto margen, desde cierta exterioridad, sin duda no habrían sido posibles si, en mi historia personal, no hubiese sido una suerte de hijo del margen de Europa, del Mediterráneo, que no era ni simplemente africano, y que pasó su tiempo viajando de una cultura a la otra”, sostuvo el pensador francés.

Derrida, quizá el más influyente filósofo contemporáneo, catalogado por algunos autores como el nuevo Kant y por otros como el sucesor de Nietzsche, rescató su pensamiento de la deconstrucción en el marco de su formación dentro del mundo musulmán. Al islam se lo debemos.


En defensa de la Yihad

Con lo acontecido en Francia se pone nuevamente sobre la palestra el papel claramente nocivo de algunos fundamentalismos religiosos, los cuales acostumbramos a señalar sin comprender. Partiendo de ello, uno de los conceptos menos comprendidos por los musulmanes y los no musulmanes es el de yihad. En nuestro argot popular, este término –y de hecho todo lo que esté relacionado con el islam- lo hemos comprendido en términos de terrorismo; nada más alejado de su verdadero significado y de lo deseado por el profeta cuando decidió acuñar tal término en el sagrado libro: el Corán.

A diferencia del cristianismo, que es la religión de un hombre, Jesús, el islam es la religión del libro. El Corán es el fundamento de la fe musulmana y a éste buscan obedecer con ferviente celo los creyentes, celo que en ocasiones puede ser exagerado o mal comprendido. Lo que sí tienen en común ambas religiones es que cuentan en sus filas con fanáticos que suelen apelar a textos sacados de contexto para justificar atrocidades o exabruptos que contradicen de plano los deseos de los fundadores de ambas confesiones religiosas. Por ejemplo: en el cristianismo se apela al mito de la creación consignado en génesis (Varón y Hembra los creó) o al texto de leyes levíticas (Un hombre no yacerá con un hombre, pues es abominación)  para justificar una homofobia disfrazada de apasionada fe. Si tales situaciones se presentan en la religión del amor y la compasión, es apenas lógico que se presenten en otras confesiones, como en el islam, donde Yihad ha llegado a tener una connotación tan negativa en la actualidad.

Veamos, pues, el término. Yihad es una palabra árabe, derivada del verbo yahada, que significa “esforzarse”.  Como nos aclara Ali Reza: “Existen dos tipos de Yihad: la primera y más importante es la gran Yihad, que consiste en el gran esfuerzo del creyente por buscar la sabiduría, aquí la Yihad es adoración, meditación, sacrificio. El segundo tipo de esfuerzo es el de las luchas pequeñas, los pequeños esfuerzos. Esta clase de Yihad es la que ha sido deformada y tergiversada en occidente”

La yihad no es, por tanto, una guerra santa. Es una obligación del musulmán de defender con fervor su fe primeramente de sí mismo; pues como afirma el santo Profeta: “la yihad más grande es la conquista del ego”. Tal conquista, tal lucha por la fe no se da necesariamente a través de la violencia, pues el Corán considera, al igual que el evangelio cristiano y contrario a la extrema derecha colombiana, que la paz es sin duda la cúspide de la realización de la sociedad. Sin embargo, nosotros consideramos que el islam es la religión del terror, de las inmolaciones fanáticas, y no es así. De hecho, en occidente solemos pensar que el islam se ha impuesto a través de la espada y la coacción, lo cual es igualmente falso; el santo profeta Mahoma jamás quiso la coacción en la religión. Y al igual que en el judaísmo (del cual descendemos los cristianos) el Profeta señalaba que la única violencia permitida era con fines defensivos, recordando siempre las palabras del Corán: Alá no ama a los agresores.

El islam es, por tanto, una religión de paz, aunque conserven en su mentalidad la necesidad de luchar por defender su fe, como la poseemos todos los que creemos en distintas confesiones. Sin embargo, en nuestra mentalidad occidental  es difícil la comprensión de algunos presupuestos musulmanes, y viceversa.

Históricamente, si los musulmanes atacaron, es porque fueron atacados primero, obedeciendo al concepto de yihad como defensa de la propia fe. Cuando en tiempos de las cruzadas los cristianos consideraban su sagrado deber proteger las tierras consideradas santas, los musulmanes consideraban su deber proteger su fe. En toda confesión religiosa han existido personajes que consideran que la violencia es la única manera de proteger y defender sus creencias; es el caso, guardadas las debidas proporciones, del padre Camilo Torres, quien consideraba que “si Jesús viviera, sería guerrillero” a sabiendas de que hablaba del profeta del amor, de un pacifista a ultranza. Pero no por tales desaciertos puede juzgarse a una confesión religiosa en sí; lo que sí es condenable es el fanatismo religioso que produce todo tipo de víctimas y continúa siendo una afrenta para los verdaderos creyentes; no podemos obviar el hecho de que en todas las confesiones religiosas existen fanatismos indebidos. La Yihad más necesaria en la actualidad es en contra de tales fanatismos generadores de víctimas. Por último, nuestro amor y comprensión para con los musulmanes, nuestros hermanos en Abraham.

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Ecos del Domund

 

La pasada semana culminaron los preparativos para el Domund que Isabel estuvo realizando en la vicaría 3 (Moratalaz) donde, junto a Antonio Guirao, lleva la coordinación de misiones. Antes se encargaba Ocasha de este servicio, y hay varias parroquias con grupos misioneros muy activos. Reuniones, llamadas a congregaciones para conseguir misioneros en todas las parroquias que los habían pedido.

Paradójicamente en nuestra parroquia no habían pedido a nadie, no recuerdo que nunca lo hayan hecho. Yo se lo propuse al párroco y enviamos a Ima en solitario. Nos cuentan que fue muy didáctica.

Isabel y yo participamos en dos parroquias vecinas de Moratalaz, mientras los chicos estaban en Aguiluchos. Terminábamos en un a misa y salíamos a prisa para llegar a la otra, cuidando especialmente las misas para las familias. Después de ocho meses trabajando por dinero, qué alegría tener una mañana para trabajar por el Reino.

En Sta. Ana nos encontramos a un agustino que nos había dado clase en el curso intensivo de misiones. Al terminar la misa del sábado, acompañados por la responsable del grupo de misiones, conocimos a Margarita, peruana bien afincada en Madrid. Justo estaba toda su familia para celebrar el séptimo aniversario por su papá, fallecido en Madrid. Ahí conversamos a gusto y con emoción de todo lo bueno que hemos vivido en Perú.

Y al día siguiente, en la Visitación, una mujer nos saluda con lágrimas en los ojos tras escucharnos. Recuerda a su sobrina, misionera del Camino que, después de diez años intentando tener hijos, quedó embarazada nada más llegar a su destino misionero. “¿Sois del Camino? Me recordáis a mis sobrinos”. Otra catequista de jóvenes, también del Camino, nos saluda con mucho cariño, nos cuenta de los misioneros que conoce y de cómo les he tocado la crisis después sus trabajos de perder ella y su esposo. Un abuelito jovial nos felicita con efusión. Es hermano de la Salle, con 30 años en Togo-Benín. Conoce a J. Tenías. Ahora está destinado en Granada, y conoce también a Héctor y Pedro.

Cuando hablamos del Perú tenemos en cuenta que seguramente haya peruanos en la asamblea. Es una oportunidad para ser puentes, compartir el amor a esa tierra que nos une y reivindicar su presencia activa en nuestras comunidades.

Yo les digo a los niños de la misa que, en la noche, recen a Jesús para que les envíe de misioneros, porque se lo concederá y serán los mejores años de su vida. “Eso me lo hizo Jesús a mí”gonz2 gonz4 gonz3 gonz1