Amar es salir

Desde que llegué aquí, he descubierto cada día que pasa, el amor. Un amor que exigió y exige continuamente salir, salir de nosotros mismos, salir de todo lo que ya conocemos, un salir que exige que te pongas en camino. Necesitamos amar el mundo y todo lo que en Él refleja el amor de Dios. Aquí encontré otra forma de amar, encontré un amor disponible, un amor simple, un amor que brota de la honestidad de lo que tengo y de lo que compartiendo permitimos dar y recibir del otro. Así de forma desinteresada. Un amor que brota de un crecer juntos, como hermanos. Es aquí donde siento ardientemente que tengo que estar. Es en este hermano que siento todos los días la llamada de Dios. Es en las subidas y bajadas de los grandes montes que me rodean que encuentro constantemente sonrisas, lágrimas, encuentro brazos que me esperan, ojos que reflejan historia, mucha historia.

Es por estos caminos de tierra que todos los días camino, que encuentro testimonios que me convierten y me hacen agradecer a Dios, el milagro de la vida. Agradezco, haber sido una de sus elegidas. Poco a poco, voy conociendo no sólo sus rostros, su expresión, voy conociendo cada nombre, cada casa, cada familia. Ya son muchas las veces en que escucho de lejos que me llaman “Andrea, hermanita Andrea”. Sí, aquí todos somos hermanos y hermanas.

Un día os contaré la historia de mi nombre. Me siento uno de ellos. Somos una familia.

¡Ay, Perú, que has robado mi corazón!

En el compartir de lo que tienen, sí, te dan muchas veces lo poco que tienen y lo mucho que son. Te cuestionan. Muchas veces en el regreso, traigo el regazo lleno con media docena de manzanas del señor que viene al encuentro de ancianos, con un plátano que durante el camino el señor de la pequeña tienda de comestibles me ofreció, con los granos de maíz que me ofreció una de las familias que visité o con dos o tres patatas, que la señora que estaba enferma me ofreció.

Aceptamos cada día crecer juntos. Aceptamos cada visita, ayudarnos a llevar la cruz de cada uno. Somos palabras de consejo mutuo, somos sonrisas, somos silencios que se confiesan, somos lágrimas. Somos, en la consecuencia del ser, frágiles y muchas son las veces en que de rodillas nos reconciliamos con el amor.

En la humildad de cada persona que cruza mi camino encuentro el rostro de Dios, un Dios misericordioso.

En la alegría y el dolor del día a día encuentro el sentido de la vida. Y cada vez que a lo lejos, veo a una familia, un conjunto de niños que me esperan, veo dos brazos, los brazos de Cristo.

Neuza Francisco, LMC en Perú

Misión de minorías silenciosas

Compartimos    el testimonio del P.  P. Gerardo Oviedo, arequipeño. Lleva unos 8 años en Taiwan en una misión de minorías silenciosas.

Estoy muy bien, gracias. El terremoto fue a unas tres horas de la capital, donde vivo. Aquí es como en Arequipa, hay temblores muy seguido, así que ya algo uno se acostumbra.
 Actualmente somos tres padres en la comunidad. Padre Adam (Polonia), cuida una pequeña parroquia, San Willian, que originalmente surgió en un villa de leprosos, hace muchísimos años, ahora esa parroquia, o la iglesia en si, se encuentra en el piso 9 de un hospital, en una de las áreas aún quedan algunos leprosos, pero no son católicos. Los que participan más en la misa son algunas personas que viven cerca, alguno de ellos inmigrantes chinos.
Padre Margarito (Filipinas), lleva aquí hace 2 anos, termino su curso de chino y por el momento me ayuda en la pastoral.
Yo, bien arequipeño, jaja. Actualmente soy el superior de la comunidad y párroco de dos pequeñas parroquias. Santa Ana, es la parroquia en la que estamos desde hace 8 anos. Queda en la periferia de la ciudad. En la misa dominical participan entre 30 a 40 personas. El distrito tiene mas de 80 mil habitantes. Los miembros de la parroquia son mixtos, es decir, hay taiwaneses, chinos, y aborígenes. Jóvenes no tenemos, y niños tratando de hacer algo. Por el momento hay unos 5 que participan seguido junto con sus padres.
San Maria Vianey, es la otra parroquia que queda en el centro la ciudad. Es una comunidad que estuvo sin párroco por mas de un ano y medio. El obispo nos pidió que le demos una mano, así que estoy también allí de párroco desde diciembre del ano pasado. Se supone que sera hasta mitad de ano que el obispo conseguirá otro padre, quien sabe. Es una parroquia en la que los miembros son taiwaneses y chinos. En la misa dominical participan unas 40 a 50 personas. Al no haber tenido sacerdote por mas de un ano, las personas no están acostumbradas a participar de la misa diaria. A veces solo hay una sola persona que viene a misa diaria. También estamos tratando de organizar la catequesis y otras actividades así como la visita semanal a un centro de ancianos que esta a unos 100 metros de la parroquia. Poco a poco.
A veces es algo cansado ir de una parroquia a otra. Entre Santa Ana (donde vivimos) hasta San Willian son 10 kilómetros. De Santa Ana a Vianey son 14 Kilómetros.
Padre Adam usa bicicleta, no le gusta usar el transporte publico o la motocicleta que tenemos. Yo y P. Margarito usamos el transporte publico o la Motocicleta.
Hay misas diarias en las tres parroquias asi como las misas dominicales. Es un correr de un lado para otro.
Siempre la lengua es un problema, pero nos hemos dado cuenta que lo mas importante es como tratas a la gente y que tan cercano estas de ellos. Estoy muy feliz aquí, ya son casi 9 anos en Asia y de verdad no me veo en otro lugar que no sea aquí. jaja.
Cuéntenme de ustedes? Como va todo? No se pierdan, mandenme noticias.
Les envío mas fotos en otro email.
Abrazos. Muchos cariños a todos.
Dios los bendiga.
 

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Desde la mitad del mundo

En este día en el que celebramos la Jornada Mundial de las Vocaciones, compartimos con todos vosotros el testimonio de Lucía desde el noviciado de las misioneras combonianas en Quito (Ecuador).

Gracias, Lucía por contagiarnos tu amor y pasión por la misión.

Queridos amigos/as, familia y familia extensa que me ha regalado Dios, ¡Feliz Pascua de Resurrección!

Como ya sabéis algunos (otros quizá todavía no) estoy en el primer año de noviciado de las Religiosas Misioneras Combonianas, en Quito, donde entré oficialmente en el mes de septiembre de 2017. Aquí estaré, si Dios lo quiere (y yo también) hasta septiembre de 2019 más o menos, que es cuando realizaría los votos de consagración al Señor para la misión ad-gentes, dentro de esta Congregación. 

Tengo muchas cosas en mi corazón que quisiera compartir con ustedes, pero voy a detenerme en la reciente experiencia de Semana Santa que viví en la zona noreste del Ecuador, concretamente en un pueblo llamado Sta. Elena. En este pueblo no es común la presencia del sacerdote y solo hay una catequista comprometida, las familias en su mayoría viven del cuidado de grandes fincas y ganado de vacas (un trabajo muy precario y exigente), es una zona rodeada de bellas montañas verdes, clima tropical y algunos mosquitos. Esta ha sido la primera experiencia «misionera» desde que llegué a Ecuador ya que tenemos todos los contenidos de formación en la capital, así como nuestros apostolados.

Habiendo ya regresado de mi experiencia me doy cuenta de nuevo, de lo extensa y grande que es la mies… y sí, los obreros son pocos. Por eso quiero hacer un llamamiento que me surge desde lo profundo: Se necesitan misioneros/as…

– que sean la Iglesia abierta: En el momento que llegamos a Sta. Elena la iglesia que solía permanecer  cerrada, se abrió. Cada mañana, la hermana Elvira se ocupaba de que antes de la oración de laudes, la puerta de la iglesia, bien temprano, se abriera. Se necesitan misioneros que quieran una iglesia abierta que invite a entrar, que atraiga al encuentro de quien en ella mora.

– que sean la Iglesia que se embarra: En las visitas a las casas me di cuenta que hace falta que estemos dispuestos/as a meternos de lleno en la realidad a la que somos enviados/as, sin miedo a perder el lustre de nuestros zapatos. Que soportemos el temporal de un anuncio que no es acogido y acojamos el barro del sufrimiento y el dolor de un pueblo que lucha por el pan de cada día con su sudor y no encuentra en la Iglesia una respuesta a su clamor.

– que apoyen la Iglesia de las mujeres: ¿Quién sostiene la fe en lugares donde no llega el sacerdote ni hay labor pastoral? Las mujeres, que sin mucha teoría se ponen al servicio del Evangelio con lo que tienen y lo que son.

– que sean la Iglesia de los jóvenes y de los niños: En este tiempo en Sta. Elena nos encontramos con muchos niños y jóvenes sedientos de Dios y de conocerle mejor. ¡Cuánto se necesitan misioneros que jueguen! Que se acerquen sin prejuicios a los jóvenes de la cancha, que crean en ellos y les hagan entender que tienen un papel decisivo en la construcción de su comunidad

 – que sean la Iglesia exploradora de la Resurrección: En medio de tanto dolor de familias rotas, explotación laboral, drogadicción, apropiación de tierras, destrucción del medio ambiente, abandono pastoral… Existe la tentación de pensar “¿Hay lugar para la esperanza?” Se necesitan misioneros/as que crean férreamente en el poder transformador de la Resurrección que no obra a lo espectacular ni con grandes signos, sino desde la humildad de gestos cotidianos de solidaridad, perdón, ternura, fuerza de superación, confianza en Dios y en la vida; los cuales están ya presentes en medio del pueblo. Depende de nosotros: ¿Estamos dispuestos a encontrar esa vida escondida que brota como un germen?

Espero que este grito de auxilio desde el otro lado del océano haya podido llegar, aunque sea con interferencias. 

¡Seamos esa Iglesia en salida! Que busque las periferias, ya sea en nuestras propias ciudades o más allá de nuestras fronteras no importa, lo que importa es que escuchemos la llamada y no pongamos más excusas, el Señor vive y nos espera en Galilea. ¡Aleluya!

Os abrazo a todos/as y espero recibir pronto noticias vuestras, ¡Ojalá que también sean de haber visto al Resucitado!

Con inmenso cariño y alegría,

Lucía.

Noticias de nuestra LMC Maria Augusta desde la RCA

Espero que todos los laicos y laicas se encuentren bien y que todo esté marchando con normalidad. Nosotros, la comunidad apostólica, estamos bien, gracias a Dios.

“Estamos de nuevo en Bangui, esta vez para traer a un chico que tiene un problema en la columna, debido a una tuberculosis ósea, llamada “Mal de Pott”, para ser operado en Dakar, por el Dr. Omnimus, el médico francés ortopedista, que suele venir a operar a Mongoumba. Partirá, acompañado por su padre, el día 12. Vamos a acompañarlos al avión a las 5 de la mañana. Damos muchas gracias al Señor por poder estar aquí acompañando a Gervelais y a su padre.

Este ha sido un viaje que ha presentado muchas incertidumbres. Habíamos programado viajar el jueves a fin de poder hacer las compras y luego regresar a Mongoumba el día 13, pero la barcaza que nos cruza el río se estropeó el martes y sólo volvió a trabajar el viernes por la tarde. Llegamos a pensar que sería necesario llamar a algún misionero de Bangui para transportar y conducir a Gervelais y a su padre al aeropuerto. Ayer, al cruzar el río con la barcaza, hubo un momento en que tuvimos dudas si podríamos continuar viaje porque un camión no pudo salir, fue preciso remolcarlo por otro camión bien cargado. Como dice el refrán “el hombre propone y Dios dispone“. ¡El Señor hace todo bien hecho! Es Él quien sabe lo que es mejor para nosotros. ¡Rezo a María que interceda por Gervelais y les pido oraciones para que pueda recuperar bien la salud, y que pueda quedar bien!

Belvia fue operada, le quitaron todo el pecho. Aún no se sabe los resultados de los análisis realizados en estos tejidos. Esperemos que no sea cáncer… Ella, ahora se siente mejor, ya ha terminado los tratamientos y ahora toma algunos medicamentos. Está muy contenta, estaba sufriendo mucho… que el Señor la ayude.

Ana se fue a Polonia y, en principio, volverá en mayo. Que el Señor la recompense con unas buenas vacaciones.

Cristina está bien y animada. Ella comenzó a estudiar el sango. Ya saluda a todos en la lengua local y la gente se pone muy contenta. ¡Está enamorada de la misión! ¡Dios permita que permanezca así todo el tiempo que esté sirviendo a la misión!

El próximo mes nuestra parroquia va a festejar el 50 aniversario de su creación, vamos a hacer una gran fiesta, si Dios quiere.

Estamos siempre unidos por la oración.

Un abrazo misionero de toda la comunidad, para todos vosotros.

Maria Augusta, LMC

Encuentro Misionero de Jóvenes 2018

El pasado fin de semana unos 150 jóvenes, venidos de 31 diócesis españolas, se encontraron en El Escorial (Madrid)en el XV  Encuentro Misionero de Jóvenes, organizado por Obras Misionales Pontificias.

Desde el viernes por la noche, los asistentes pudieron disfrutar de diferentes experiencias, testimonios y celebraciones que les animaron a reflexionar sobre su vocación misionera y su pasión por la Misión.

Como Familia comboniana también estuvimos presentes con algunos jóvenes del grupo de «combojoven».

 

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