LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI

Nueva Experiencia en Brasil

LMC Brasil¡Llegamos! ¡El día 03 de julio pusimos los pies en Piquiá!
Fuimos recibidos en el aeropuerto de Emperatriz por el LMC Xoán Carlos, que nos trajo en coche hasta Açailândia.
Después de un viaje de poco más de una hora, llegamos a la casa donde nos quedaremos, que ya había sido preparada con el apoyo de la comunidad local.
A las 19 horas algunos líderes de la comunidad, los combonianos, Xoán Carlos y su esposa Dida vinieron a casa trayendo algo para una bonita cena compartida con la que nos acogieron. Tuvimos tiempo para presentarnos cada uno, para dialogar y compartir, en un clima relajado y animado.
Al día siguiente almorzamos en los combonianos junto con el equipo de apoyo socio-jurídico a los habitantes de la comunidad de Piquiá de Baixo, que están en proceso de reasentamiento.
Y así, poco a poco, nos vamos acercando, conociendo la realidad y las personas, para integrarnos en este camino común, en la construcción del Reino.
¡Contamos con las oraciones de todos y todas!

LMC Brasil

Flávio y Liliana

Bienvenidos a casa

La semana pasada regresaba a España Carmen Aranda después de tres años de servicio misionero en la misión de Gulu (Uganda). Junto a ella se encontraban sus dos hijos Ochen y Opio.  Atrás han quedado muchas experiencias vividas junto a los niños del orfanato de St. Jude, sus familias y cómo no, con la comunidad LMC que en todo momento ha sido un pilar fuerte en todo este tiempo.

Gracias Carmen por tu entrega y valentía y BIENVENIDA a casa.

«Experiencias de Familias en la Misión», en la Semana de Misionología de Burgos

La misión, inclusive aquella que hace referencia a la dimensión ad gentes, es algo que nace del bautismo, una respuesta a una llamada de Dios. En el subconsciente de mucha gente, inclusive de muchos católicos, está todavía presente la idea de que ser misionero en tierras lejanas es algo propio de curas y monjas.

La mesa redonda que ha llevado por título «Experiencias de Familias en la Misión», encuandrada dentro de la programación de la 70 Semana Española de Misionología, que está teniendo lugar en la Facultad de Teología de Burgos, de 3 a 6 de julio, ha sido una prueba de que la misión se puede llevar a cabo también como familia.

Lo que para muchos puede ser una locura, para quien ha sido misionero como familia no es otra cosa que «querer vivir el Plan de Dios» o respuesta a una llamada, pues «es imposible guardar el amor para uno mismo».

Tres familias, Rubén Fernández y Teresa Sarabia, padres de cinco hijos, misioneros de Ekumene en México, durante tres años; Israel Peralta y Begoña de Castro, padres de dos hijas, misioneros de MISEVI, durante cinco años en Mozambique y Marcos García-Ramos y Irene Sánchez-Prieto, que no se ha podido hacer presente, miembros del Camino Neocatecumenal, que esperan su noveno hijo y han sido misioneros en Taiwan, a quienes una grave enfermedad sólo les permitió estar nueve meses en la misión, han respondido a las preguntas de José Manuel Madruga, Delegado de Misiones de Burgos.

Todos ellos han regresado de la misión ad gentes, pero sienten que continúan siendo misioneros, pues como señalaba Israel Peralta, hoy se siente «más misionero que nunca». Todos ellos destacan la importancia de la familia a la hora de llevar a cabo la misión. No sólo los padres son y sienten misioneros, pues sus propios hijos han asumido esa dimensión misionera en sus vidas.

Ser misionero no es fácil, resulta difícil asumir las situaciones de pobreza con las que uno se va encontrando, como relataba Rubén Fernández, ya que una cosa es la teoría, que uno cree conocer, y otra muy diferente la práctica del día a día, en la que se van desmontando tus esquemas y teorías, añadía su esposa Teresa.

No es fácil ir a la misión con hijos pequeños, vivir al día, señalaba Marcos, pero al mismo tiempo es gratificante ver como Dios fue transformando las sombras en luz y haciendo de ellos testigos de familia, de amor desinteresado entre aquellos que no conocen a Dios.

En la misión uno aprende a descubrir una nueva forma de entender la vida y la fe, en opinión de Begoña de Castro, a sentir que la eucaristía es una fiesta, en la que nadie mira el reloj durante las dos horas de celebración a cuarenta grados, a recibir agradecido lo que es compartido con alegría por gente que no tiene casi nada, a disfrutar con la sonrisa abierta de los niños, con la alegría permanente de la gente, a ver como nos agobiamos con absolutas tonterías, pues en la misión, completaba Israel, uno vive con la libertad de saber que estás haciendo lo que Dios quiere.

Las suyas han sido experiencias misioneras durante algún tiempo, pero el hecho de volver les han hecho replantearse su vida, han tenido que readaptarse a una realidad diferente a la que dejaron al irse. En ese sentido, Rubén reconocía que uno se siente desubicado cuando vuelve, sobre todo cuando escucha que eso aquí no encaja, que eso aquí no se puede hacer, pero sobre todo cuando se encuentra con una Iglesia que no se quiere convertir y una sociedad en la que todo mundo vive sin tiempo, añadía Teresa.

Volver y experimentar que Dios reconduce sus vidas, aunque uno se encuentre de cara con el dolor de la enfermedad, en la que se experiementa la fuerza de la oración de mucha gente. Volver sin nada y experiementar que Dios provee y no deja faltar cosa alguna. Volver y ver como muchos te preguntan como te ha ido, pero a los treinta segundos ya han dejado de escucharte.

La misión ha abierto el pensamiento de estas familias, que han descubierto que la Iglesia es mucho más que aquella que camina en la vieja Europa, una Iglesia que no consigue avanzar porque piensa más en las glorias del pasado que en las esperanzas del futuro, sin descubrir que es necesario pasar de una Iglesia de borregos, donde todo se hacía por obligación y porque estaba mandado, a una Iglesia de discípulos, que vive desde la alegría del Evangelio.

(Luis Miguel Modino).-Religion Digital

 

Orange Farm: combonianos de extrarradio

Programa «Pueblo de Dios» dedicado a la misión comboniana de Orange Farm en Sudáfrica.

Los misioneros combonianos llegaron a Sudáfrica en 1924. Desde entonces tratan de hacer realidad de san Daniel Comboni: «Salvar África por medio de África», es decir, hacer todo lo posible para que los africanos sean los protagonistas de su propia historia

 

 

http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/pueblo-de-dios/pueblo-dios-orange-farm-combonianos-extrarradio/4080758/?media=tve

Con María, Peregrinas del Amor

LMC comunidadAl igual que el que se pone en camino y sale de la comodidad de su casa, también nosotros, mochila a la espalda y con el corazón repleto de certezas y dudas, nos pusimos en camino… Peregrinas, en una carretera que no tiene inicio ni fin, por caminos ya recorridos y otros que jamás serán recorridos. Avanzamos por terrenos descubiertos, por suelos llenos de historia, por calles cubiertas de amor, avanzamos con Él, y plenas de María.

En el alma la certeza de que somos eternos peregrinos, de que somos a ejemplo de Jesús, simples refugiados en busca de Dios, en busca de plenitud y libertad…

Partimos y nacemos como comunidad en el mes de María, en el mes del centenario de las apariciones de Fátima. Nos sentimos enviados por María. Nos inspiramos en ella, misionera del sí. Buscamos seguir sus pasos. Ser misionero es sentirnos como María, embarazadas de Jesús, es ser sagrarios vivos de Jesús, es llevar a Jesús.

Estamos lejos pero nos sentimos peregrinos del Amor y nos sentimos en camino con todos los que se reúnen en Fátima festejando la gracia y la misericordia de las apariciones de Nuestra Señora junto al Papa. Sentimos que hoy, y tantos otros días, María aparece en nuestro corazón revistiéndonos de Gracia, Amor y Misericordia. Todos estamos llamados a seguirla. Todos estamos llamados a ser misioneros, como ella.

No tengas miedo. Pues hallaste gracia delante de Dios – dijo el ángel a María. Dios creándonos a su imagen nos mira constantemente con una ternura inmensurable, encuentra en cada uno de nosotros un refugio donde habitar. Nos llama. Nos envía continuamente ángeles para decirnos que no tengamos miedo, que Dios ha hallado gracia en nosotros y nos llama a ser misioneros del amor. Y nosotros le respondemos tantas veces con un ¿Yo? Pero… ¿yo, Señor? Nosotros, mirando a un lado y a otro lado, pensando que se equivocó. Nosotros, que tantas veces quedamos atrapados por las heridas que tenemos dentro, en nuestras angustias y en los caminos ya recorridos, prisioneros de las heridas e imperfecciones que tenemos. Nosotros que tantas veces dudamos de la llamada de Dios. Impidiendo recibir la llamada. ¡Confiemos! Seamos como María, respondamos SÍ, llevémoslo dentro de nosotros, donde quiera que vayamos.

La misión nos necesita. La misión nos convoca. La misión es difícil, pero si vamos juntos, cogidos de la mano, nos unimos a Dios, convirtiéndonos en instrumento de Dios, permitiendo que Él nos ame y trabaje en nosotros.

Digamos como María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador“.

Familia Comboniana
Comunidad “Lisanga”
Aitana, David, Neuza y Paula

Nueva comunidad de formación en Granada-España (entre LMC de Portugal y España