Nuestro amigo Héctor

LMC Arequipa¡Saludos a todos!

La familia está bien en Arequipa y estamos ayudando a varios miembros en nuestra comunidad.

En primer lugar me gustaría presentarles a un amigo de Villa Ecológica se llama “Héctor”. Héctor tiene ochenta seis años y es un paciente frecuente en nuestra posta médica. Él es está fuerte para su edad y no tiene demasiados problemas.  Sin embargo no tiene un lugar para dormir, comer, o realizar las necesidades básicas que necesita para vivir.

Aunque alguien pueda pensar que Héctor “es pobre” porque no tiene mucho dinero, él no está limitado en sus actividades. Está sembrando un hermoso jardín cerca de su casa y le gusta venir a compartir tiempo en la clínica y con sus amigos. Es muy agradable y su amor por la vida es muy contagioso, nosotros le visitamos con frecuencia. Él hace vida las palabras del Evangelio de la misa de hoy, de la carta de San Pablo a los Colosenses 3, 1-5. 9-11: “Aspiren a los bienes de arriba, no a los de la tierra”. Ojala nosotros también estemos demostrando la misma fe que Héctor.

Ahora él no tiene casa pues se cayó después de un fuerte viento meses atrás y está durmiendo en una barraca estos días. Está arriba de la casa a su sobrina, y cuando hace mucho frío duerme en un carro viejo por las noches. No puede dormir en la casa de su sobrina porque es muy pequeña y tiene poquito espacio para los cinco miembros de su familia. Tenemos algo de dinero que hemos recibido de algunos amigos de nuestros de Estados Unidos que se llaman Ralph y Polly Winburn. ¡Muchísimas gracias por su ayuda!  Y vamos a construir una casa pequeña para Héctor y ojala podamos ampliar algo más en el futuro si conseguimos recoger algo más de dinero. Enviaré algunas fotos después de la construcción.

Gracias a todos por sus oraciones para Héctor y nuestro trabajo. Estamos muy agradecidos por todo su apoyo y les enviamos la paz y el amor de Jesús.

¡Volveremos a contactar pronto!

Matt, Karissa, Lydia, y Violet Misner. LMC LMC Arequipa

Experiencia misionera en Gulu

IMG-20160711-WA0000Ya han pasado unos veinte días desde que aterricé en tierras ugandesas, y la experiencia está siendo enriquecedora en todos los sentidos (social, cultural, emocional y espiritualmente).

Mi destino ha sido St. Jude Children´s Home, donde tres Laicas Misioneras Combonianas, dos polacas, Ewa y Joana, y una española, nuestra todoterreno Carmen Aranda, están desarrollando una labor encomiable.

Ewa se encarga de la gestión humana, es decir, de la labor diaria de todo el personal del Orphanage, tarea muy necesaria para que los niños perciban esa familiaridad y ese cariño en el quehacer diario de su “Mummy” y de todos los que velan por su cuidado. Es una lideresa nata, pero con toda la apertura de una misionera de su talante.

Joana acaba de volver de sus vacaciones, y ha renovado otros dos años de misión, cosa que los niños y las mummies agradecerán seguro, por su condición tan bondadosa y afable. Al parecer, su cometido va a empezar a ser la gestión del colegio de St. Jude, que nació como parte del Orphanage, pero que al que actualmente van niños y niñas sobre todo de Gulu y alrededores, y que pretenden se separe del  Orphanage y pase a depender de la Diócesis.

Y nuestra querida Carmen, como no podía ser menos, se encarga del “Hard-working”, es decir, de la gestión de los almacenes de alimentos (qué cantidad se recoge de la “farm”, el terreno cultivado que el propio St. Jude tiene con maíz, trigo, cereales, berenjenas, alubias, etc.; qué cantidad debe ser repartida para cada casa del Orphanage, en función de las necesidades de cada una y del número de niños; cuánto debe ser vendido al exterior y a qué precio, así como de venderlo y recoger el beneficio). Además, ha creado un taller de artesanía local (Hand-craft), con el fin de venderlo y poder remunerar a los chicos y chicas que se implican en este trabajo (un valor fundamental que se adquiere, el esfuerzo y la constancia en el trabajo, así como la necesaria recompensa por el mismo).

St. Jude Orphanage nació como una obra surgida de la misericordia y la entrega de una hermana (Sister Bernardeta), que durante la época de la guerra y las masacres genocidas que se produjeron en Uganda, a partir de los años noventa, fue consciente de la apremiante necesidad de ayudar a los niños huérfanos del conflicto, así como de la reinserción de los llamados “niños de la guerra”.

Actualmente, es el Hermano Elio, Comboniano italiano, el que organiza, dirige y gestiona St. Jude, en una incansable entrega, y siempre con la única preocupación de cómo hacer para un mejor crecer de los niños y niñas, qué será de ellos en el futuro, y cómo mantener esa obra que crece cada año providencialmente.

La expeIMG-20160731-WA0000riencia misionera está consistiendo en todo aquello que necesitan de nosotros desde St. Jude (principalmente por las tardes, clases de repaso con los niños de primaria; por las mañanas, labores de contabilidad, pintura de alguna clase, cuidado de algún tipo, etc.). No obstante, más que un hacer, está siendo un acompañar a la Comunidad y al Orphanage en la vida diaria, en las oraciones (comunitarias, con jóvenes y con madres) y en la eucaristía.

El día a día aquí transcurre con bastante organización, aunque no se podría hablar de monotonía, puesto que cada día tiene su “lucha” y su conseguir cambiar alguna situación, su pequeño reto (a veces no tan pequeño) y su preocupación.

Aquí en Gulu, tener siempre un mismo horario no implica para nada regularidad. El día comienza con fuerza temprano: a las 8 de la mañana salen por la puerta para la labor encomendada; tras un descanso a las 1 de la tarde para comer y reponer fuerzas, el día sigue hasta las 7 o 7:30 de la tarde (aquí ya casi noche). En ese transcurso, como no puede ser de otra manera, tienen muy presente la oración comunitaria y la eucaristía: los miércoles y los viernes comienzan el día con una eucaristía en Acholi en la Chapela las 6:30 de la mañana. Los mismos días, aprovechando la presencia de los padres, que tras la misa exponen el Santísimo, a las 11 de la mañana tenemos Adoración comunitaria. Los martes, a las 6:30 de la tarde, hay una catequesis con los jóvenes de St. Jude en la Capilla, con lectura de la Palabra, explicación y oración conjunta. A diario, a las 6:00 de la tarde aproximadamente se reza el Rosario, al que acuden tanto madres como niños (una gran experiencia rezar el Rosario en Acholi). Los domingos, la Eucaristía suele ser comunitaria, en alguna de las iglesias de Gulu, o bien en la Catedral.

La oración comunitaria es a las 7 o 7:30 de la tarde, dependiendo del día, después de todo el día de servicio y trabajo, en la pequeña capillita de la casa, cada día prepara la oración una persona diferente.

Los fines de semana, principalmente los domingos (porque los sábados siguen teniendo trabajo, aunque un poco más liviano), tenemos la oportunidad de acercarnos a conocer otras casas y misiones Combonianas de Uganda, bien sea de hermanas (Comboni sisters), hermanos (Comboni brothers) o padres Combonianos (Comboni fathers). Hasta ahora, hemos estado en la iglesia del Santo Rosario (Holy Rosary Church), fundada por Combonianos, pero llevada principalmente por ugandeses hoy día, y donde las misas suelen ser en Acholi.

IMG-20160731-WA0002Por otro lado, junto con la Comboni sister Encarnita, una mujer buena y entregada donde las haya, visitamos el Santuario de Iceme, consagrado a la Virgen, en la provincia de Lira, creado durante el conflicto ugandés, para que los católicos tuvieran presente a nuestra señora y mantuviesen la esperanza; en él, tuvimos la oportunidad de asistir a una eucaristía africana festiva (con canciones, instrumentos y bailes ugandeses) entrañable, y en la que el sacerdote, el padre Comboniano John, de Ecuador, nos presentó como Laicos Combonianos a la comunidad de fieles durante la misa, explicó nuestra labor, y nos hizo sentirnos realmente acogidos (aplausos, gritos de alegría africanos, saludos… momentos que guardaré en el corazón). Otro día, fuimos a la Catedral, también construida por los Combonianos, y visitamos la casa de las ComboniSister en Uganda, donde la sister Claudia, italiana, nos acogió con cariño, nos explicó la situación de las hermanas en Sudán del Sur; a ella se unieron después dos sister más, una italiana y otra ugandesa, un encanto las dos (la última incluso nos hizo una visita a St. Jude para conocer de cerca el Orphanage).

Por último, hacer mención del padre Comboniano Ramón, que vive en el Centro Misionero de Laibi, muy cerca de Gulu: este centro Comboniano, al lado del St. Joseph School, es el postulantado de Uganda y un centro de espiritualidad donde hacer retiros, ejercicios espirituales, etc. Allí, cada vez que hemos ido de visita, el padre Ramón nos ha acogido como en nuestra propia casa. Este buen hombre es un gran apoyo para la comunidad laica de St. Jude, tanto en el ámbito espiritual (oraciones, eucaristías, formación) como en el ámbito personal y más humano, acompañándolas en la vida diaria con su alegría, su personalidad y su cercanía.

En definitiva, no puedo más que dar gracias a Dios por este regalo que está siendo esta experiencia de comunidad y misión;  gracias por Ewa, Joana y principalmente por Carmen, que tanto me está acompañando personalmente este verano; gracias por la gente con la convivo en esta casa (Fulgen o Diana), por los voluntarios españoles o italianos con los que aquí trabajamos y por los trabajadores ugandeses; por los padres Combonianos, los hermanos Combonianos y las hermanas Combonianas que estoy teniendo la oportunidad de conocer, y que están siendo un ejemplo para mí; por los Laicos Combonianos de España, que tanto fuerza me envían, y que han sido el soporte para esta experiencia; a la iglesia ugandesa, que tanto bien está haciendo por la esperanza y el servicio a su pueblo; a mi familia, por dejarme sentir su incondicional apoyo y su amor en la distancia; gracias por los niños que aquí en St. Jude viven, que son una bendición del Cielo; y a ti Padre por el don de la Fe y la vocación misionera.

David Aguilera. LMC

Quince días en Etiopía

unnamedYa hace quince días que llegamos a Etiopía, quince días intensos en emociones, sensaciones, colores,…

Viajar como familia, con dos hijas de 14 y 15 años, es más complicado que cuando hace ya tantos años estuvimos en Mozambique, pues para ellas es su primer contacto con África (al menos que se acuerden), con lo que ello implica de diferente en todo, ya no sólo en la fisionomía de las ciudades, los puestos de fruta ambulantes, una circulación que es una locura, la sensación de ir llamando la atención vayas por donde vayas, sino sobre todo la dificultad para comunicarte con la gente, el no poder hablar su lengua y por tanto no poder conocer su visión del mundo, de la vida, de su propia realidad.

Aquí en Awassa hay bastantes edificios de tres y cuatro plantas, y se está construyendo mucho, es un país que nos cuentan en los últimos años ha cambiado mucho, con amplias avenidas asfaltadas, numerosos hoteles, pues esta es la segunda o tercera ciudad del país, y quizás la más bonita, pues se encuentra situada junto a un lago bastante grande y tiene una flora y una fauna increíbles, lo cual hace que sea uno de los lugares turísticos preferidos por los propios etíopes. Y a pesar de ello el contraste con nuestras ciudades españolas es enorme, a nuestras hijas les llama mucho la atención las calles de tierra, los montoncitos de leña para cocinar, las cabras, ovejas, e incluso vacas, andando sueltas por las calles, que cuando llueve la vida no se para y nadie usa paraguas… pero sobre todo les llama mucho la atención la amabilidad de la gente, que todo el mundo te sonría y te salude, que la gente no vaya corriendo a todas partes, que la misa dure una hora y tres cuartos y la gente esté contenta… espero que aprendan mucho de este pueblo y que esta experiencia les enseñe otros valores distintos de los de nuestro primer mundo.

Tanto la comunidad de los MCCJ como la de los LMC nos cuidan mucho y están pendientes de acompañarnos e intentar explicarnos la realidad de este hermoso país, un país de más de 80 millones de habitantes, de los que más de 6 viven en la capital, de los que sólo un 0.9% son católicos, y el resto son 45% ortodoxos y 45% musulmanes. Un país en el que las misiones católicas son en muchos casos lugares de primera evangelización, con una gran necesidad de vocaciones nativas, y dónde a la vez desde la pequeñez del número que representan están ayudando tanto a este pueblo a nivel social y de desarrollo humano. Estamos teniendo la oportunidad de conocer el trabajo que otras congregaciones religiosas están haciendo aquí en Awassa, gestionando hospitales, escuelas de primaria y secundaria, guarderías, escuelas profesionales… El campo de trabajo es mucho en la promoción de la mujer, en educación, en salud… posibilitar un desarrollo real en este pueblo.

La comunidad de los LMC nos han ido contando los diversos trabajos tanto apostólicos como sociales que llevan aquí, y en la medida de lo posible los estamos acompañando para conocer de primera mano la labor que llevan a cabo, y sobre todo ver el amor que ponen al hacerlo. La dulzura y el cariño con el que se ocupan de los niños con dificultades especiales, el trabajo con los jóvenes en la parroquia, la responsabilidad en sus trabajos, el testimonio de familia, su compromiso con los más necesitados, … y todo desde el carisma de S. Daniel Comboni, intentando salvar África con África, cediendo el protagonismo al otro, acompañando, no dirigiendo, desde la sencillez y la humildad de saberse extranjeros, enviados en comunidad a anunciar el Amor del Padre y a construir su Reino.

Agradecidos al Padre por esta vocación, y por la posibilidad de vivir esta experiencia en familia.

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Caminar abiertos a lo desconocido

Caminar abiertos, a lo desconocido, con capacidad de aceptar lo que venga. Es un don.

Esta actitud, es la que encontramos en muchos de los peregrinos20160712_110117 que se lanzan a hacer el Camino de Santiago. Podemos preguntarles: ¿por qué, para qué? pero no hay una respuesta común, el camino se hace «solo» y en él es donde muchos encuentran la respuesta.

Después de estar dos semanas, dando un servicio de acogida, no me puedo guardar las sorpresas que encontré día a día cuando se acercaban a la Parroquia de S. Tirso en Palas del Rei (Lugo), para sellar la «compostelana» al final de una etapa, y seguir al día siguiente la marcha  hacia Santiago.

 Según entran en la iglesia, les sonrío y ese pequeño gesto, muchas veces es suficiente para un saludo, una breve conversación y casi sin darnos cuenta iniciar un compartir abriendo el corazón.

Por qué están aquí, qué les movió a seguir, haciendo este esfuerzo soportando sol, lluvia, peso, dolor o cansancio? Y cuentan… Algunos han sido movidos por una promesa, un esfuerzo ofrecido al Padre, una petición o una acción de gracias por una causa concedida. Pero para muchos fue un lanzarse intuitivamente, sin saber, por cortar con una vida que nos «come» que nos «arrastra» o por acompañar a un amigo. Y ahí, sin darse cuenta, en el silencio del paso a paso, en solitario, muchos, encuentran a Dios.

20160712_104441Sí, hay peregrinos que me han dejado huella: aquella señora mayor que caminaba desde, no recuerdo el país extranjero, pidiendo por su nieto de 8 años deficiente mental más otras complicaciones que tenía a su madre agotada; un grupo de chicos, dos de ellos preocupados por encontrar algo para sus vidas por lo que luchar; una viuda desde el mes anterior que hacia el camino programado con su marido para hacerlo juntos; 3 personas haciendo campaña por una Asociación de Los Niños de Cáncer; bomberos voluntarios acompañando a discapacitados; una pareja de jóvenes haciendo su viaje de novios; padres e hijos en familia; minusválidos caminando solos…etc, etc. Mayores o jóvenes, solos o en grupo…desde Polonia, EEUU, Valencia, Cataluña, Australia, Corea, o «desde la puerta de mi casa y sola porque quiero encontrarme con Dios» como me respondió una joven francesa. ¡Admirable! Y es que es así, pues si somos capaces de dejarle a Él hacerse presente en nuestra vida, Él nos habla.

Creo que merece la pena este servicio. Por lo que supone para el caminante encontrar una iglesia abierta y acogedora, que alivie un poco el cansancio o te escuche hablar de Dios sin tapujos, que ofrece el descanso de un banco para orar …Pero también para mí misma pues todo esto me ha ayudado a hacer una reflexión positiva  uniéndome al sentir de los peregrinos sobre lo que es o no es importante, sobre la Iglesia universal y sobre todo a dar gracias a Dios por ¡tanta fe!

Mª Carmen Polanco. LMC

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«Testigos de la esperanza: ¡Juntos, nosotros podemos!»

108282(1)Testigos de la Esperanza  es un grupo que se reúne, hace cinco años, en la casa comboniana Justicia y Paz, en Contagem (MG – Brasil). Se trata de un grupo de autoayuda integrado por personas con problemas de adicción al alcohol, las drogas, la depresión o a cualquier adicción que aprisiona y no permite vivir bien. Es frecuentado en su mayoría por mujeres, madres, esposas, con hijos o esposos para hacer frente a la terrible adicción al alcohol y las drogas”, en él pariticipa activamente Emma Chiolini , laica misionera comboniana italiana, que trabaja en Brasil.

La herramienta de este grupo Testigos de la Esperanza es simplemente la palabra y compartir. Narrar, hablar de uno mismo, como una forma terapéutica para compartir el dolor, para encontrar fuerza y apoyo. Aprender a aceptarlo y aprender a escuchar. Porque al compartir una persona no se siente sola, las historias descritas son historias comunes como madres, mujeres, muchas familias que luchan con la dependencia física y emocional que esclaviza. La belleza de este grupo es que se trata de una “pequeña familia”, donde las personas están unidas por la confianza y las relaciones de amistad. Todo lo que viven es compartido en el grupo, la confianza y la credibilidad son los fundamentos que lo construyen.

Hace más de dos años que participo como voluntaria y yo soy parte de “esta familia”, cada martes por la noche a las 19:30 voy a conocer y escuchar. Hay momentos en que muchas personas participan otros son pocas, pero cualquiera que sea el número cada martes por la noche la Casa Comboni permanece abierta para crear un espacio donde se puede acoger y compartir no sólo el dolor, sino también momentos de sonrisas y momentos de risa. Hay pesos que es difícil cargar solos, hay que superar la vergüenza de decirlo, para esto nació Testigos de Esperanza, para ayudar a las personas que caminan juntas y encontrar ayuda con gestos simples y concretos. Regina y yo (psicóloga y voluntaria) comenzamos desde la provocación de un tema, a partir del cual se puede empezar a pensar en los problemas que la gente vive y en su propia experiencia, un trabajo que lleva al auto-conocimiento, a reconocer la propia historia y en especial a valorar a las personas, para volver a tomar la vida en sus propias manos, con coraje y determinación.

Yo salgo siempre, cada encuentro, emocionada, tanto al compartir momentos de alegría, como momentos intensos y profundos, hechos de heridas aún abiertas. Cada historia es una lectura del Evangelio del día, hecho que luchas, batallas, victorias, derrotas, decepciones, en busca del amor que cuida, ya que sólo el Amor salva: el amor a uno mismo, el amor a los demás, el amor por la vida.

En la periferia del mundo donde no hay servicios, es maravilloso ver como se organizan las personas, sin perder el corazón y simplemente en busca de soluciones, tales como dar a luz a un grupo de auto-ayuda para encontrar la fuerza y el deseo de cambiar. ¡Juntos, nosotros podemos!

Emma Chiolini, LMC