Islam no es terrorismo

 Autoridades musulmanas del mundo han condenado la cadena de atentados que tuvo lugar en París provocando la muerte de al menos 130 personas y heridas a otras 352. La censura fue compartida por las diversas ramas del islam, tanto la chií como la suní, a la que pertenece el autodenominado Estado Islámico, que se atribuyó la autoría de los ataques este sábado. Asimismo, la mayoría de los partidos políticos islamistas con vocación institucional también han deplorado la tragedia que golpeó a Francia.

Respecto a los fieles alrededor del mundo, miles de musulmanes -a través de redes sociales- hicieron sentir su pesar por lo ocurrido y expresaron no sentirse identificados con los actos de violencia, más bien señalaron que siguen El Corán de forma pacífica. En Twitter se manifestaron utilizando el hashtag #TerrorismHasNoReligion (el terrorismo no tiene religión) y #MuslimsArentTerrorist (los musulmanes no son terroristas). Aquí una recopilación de mensajes y reflexiones que, además de marcar posturas frente a la violencia y el terrorismo, pretenden dar luces sobre algunas nociones que se prestan a confusión por el común de las personas.

Las autoridades musulmanas condenan la masacre de París

El gran jeque de Al Azhar, Ahmed Tayeb, la institución teológica más prestigiosa del islam suní con sede en El Cairo, ha expresado su más profunda “indignación” y ha calificado los atentados perpetrados en nombre de la religión de “odiosos y horribles”. Además, en el transcurso de una conferencia islámica celebrada en la ciudad egipcia de Luxor ha añadido que “el islam es inocente” y ha instado a los dirigentes mundiales a cooperar para derrotar “este ogro rabioso del terrorismo”.

Por su parte, el muftí de Egipto, Shauqi Allam, ha condenado unos ataques perpetrados contra “inocentes”. “Los musulmanes de todas partes del mundo consideran estos actos terroristas una acción criminal que se contradice con los preceptos religiosos y humanos y merecen las máximas penas en la vida y en el otro mundo”, ha agregado en un comunicado el muftí, la más alta autoridad islámica del país de los faraones. Además, ha instado al Gobierno francés a “tomar las medidas de seguridad” para proteger a la comunidad musulmana que vive en Francia contra toda posible agresión.

El Alto Consejo de los Ulema de Arabía Saudí, el órgano representativo de los clérigos del país donde se encuentra La Meca, la ciudad santa del Islam, se ha sumado también al coro de condenas. “El islam no condona las acciones del terrorismo, acciones contrarias a los valores de piedad que transmite al mundo”, reza un comunicado oficial del Consejo, que insta a combatir el terrorismo a partir de “una postura moral unida que no haga diferencias entre terrorismos”. Este órgano ha sido a menudo acusado de defender y exportar una visión ultraconservadora del islam.

Las condenas sin paliativos también han llegado de la rama chií del islam, a menudo víctima de los azotes del yihadismo de inspiración suní del autodenominado Estado Islámico. El presidente iraní, Hasan Rohani ha descrito los hechos de París como “crímenes contra la humanidad”. “En nombre del pueblo de Irán, que también ha sido víctima del terrorismo, condeno profundamente estos crímenes contra la humanidad y ofrezco mis condolencias al pueblo francés afligido y a su Gobierno”, ha expresado en un comunicado Rohani, un clérigo que tenía previsto visitar París el domingo, pero ha optado por suspender su visita.

Los partidos políticos islamistas con vocación de participar en las instituciones democráticas también han denunciado sin ningún tipo de ambigüedad los atentados de París. El partido tunecino Ennahda, que participa en la coalición gobernante, transmitió su pésame al pueblo francés e insistió en que el terrorismo “denigra la imagen y todos los fundamentos del islam”. “Condenamos de forma contundente los atentados contra civiles inocentes en cualquier lado, ya sea por individuos, grupos, o Estados. Condolencias a las víctimas de las familias. #Paris attacks”, rezaba un mensaje de Twitter publicado por el departamento de comunicación de los Hermanos Musulmanes, el principal movimiento islamista egipcio, actualmente ilegalizado.

Los ulemas de todo el mundo recuerdan que el Islam prohíbe “matar a inocentes”

Este miércoles, más de 120 ulemas suníes de todo el mundo denunciaron las atrocidades del Estado Islámico, a través de una carta dirigia hacia su autoproblamado califa Abubaker al Bagdadi. En el texto, los líderes musulmanes le recordaban que el Islam prohíbe “matar a inocentes, diplomáticos, periodistas y trabajadores humanitarios”, entre otros y que la religión no permite “dañar o maltratar” a los cristianos o fieles a credos monoteístas, como los yazidíes, uno de los colectivos de musulmanes blanco de los ataques de los terroristas.

En la carta, los ulemas reprochan además que los yihadistas de Estado Islámico hayan destruido algunos lugares de culto sagrados, como varios monumentos chiíes en el norte de Irak. Además, recuerdan al dirigente la prohibición de declarar un califato sin consenso entre todo el colectivo de musulmanes.

El líder de la Comunidad Musulmana Ahmadía condena los ataques de París y reza por las víctimas

El líder mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, Quinto Jalifa, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad ha condenado los ataques terroristas de la noche de ayer en París. En su declaración desde Londres, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad dijo:

“En nombre de la Comunidad Musulmana Ahmadía Internacional, quisiera expresar mis más sentidas condolencias y pésame a la nación francesa, a sus ciudadanos y a su Gobierno por los ataques atroces que han tenido lugar en París. Esta agresión brutal e inhumana sólo puede ser condenada de la forma más contundente posible.

También me gustaría reiterar de nuevo que todas las formas de terrorismo y extremismo están absolutamente en contra de las verdaderas enseñanzas del Islam. El Sagrado Corán declara que asesinar siquiera a una sola persona es semejante a asesinar a toda la humanidad. Por tanto, bajo ninguna circunstancia puede justificarse el asesinato; y aquellos que tratan de justificar sus actos llenos de odio en nombre del Islam consiguen sólo difamarlo de la peor manera posible.

Nuestras condolencias y oraciones están con las víctimas de estos ataques y con todos aquellos que han sido afligidos o afectados de cualquier manera. Que Dios Todopoderoso les conceda paciencia. Rezo y deseo que los perpetradores de este acto cruel sean llevados rápidamente ante la justicia.”


#NotinMyName: El Islam, contra la masacre de E.I. en París

Miles de musulmanes en todo el mundo han clamado en contra de estos actos terroristas y han mostrado su repulsa en las redes sociales bajo el hashtag #NotinMyName (‘no en mi nombre’). Esta etiqueta para las redes sociales ha aglutinado a una gran cantidad de personas de este religión que han compartido mensajes condenatorios en su extremo. Cabe recordar que no es la primera vez que se lanza esta campaña: cada vez que un grupo yihadista perpetra algún acto terrorista “en nombre de Alá” miles de musulmanes la emplean para dejar clara su postura. Entre otros mensajes podemos leer: “Porque es totalmente antiislámico” o “El sistema con Dios es hacer la paz y la rendición pacífica (Corán)”.

“El que mata a un inocente, es como si hubiera matado a toda la humanidad”, tuiteó Shehnaz Khan, una periodista que reside en Londres. Shehnaz Khan fue una de las muchas personas para compartieron este versículo del Corán. Muy lamentablemente cuando ocurre este tipo de ataques, los musulmanes son víctimas de generalización y racismo por el simple hecho de profesar su religión, aunque no tengan absolutamente nada que ver con los atentados, aseguro un musulman.

Filisteo Ayad, una feminista musulmana dijo a CNN: “No veo al Estado Islámico como musulmán. Veo terroristas cuando miro a ISIS”.”Para mí el terror no conoce la religión. Ellos recogen y seleccionan aspectos de la religión y la distorsionan a su antojo, con el fin de justificar sus acciones que son injustificables”, agregó. Estas personas musulmanas como muchos más en el mundo esperan que la campaña #NotInMyName ayude a eliminar ‘la islamofobia’ de la cultura occidental.


Islam no es terrorismo

Desde que un grupo de terroristas masacraron a más de un centenar de personas en París, el islam volvió ser cuestionado por los defensores de los valores occidentales. Es necesario recordarles a estos profetas de la paz judeo-cristiana que ningún Dios tuvo la culpa de la masacre de Francia. Leer el Corán no implica empuñar un arma. La locura de los fanáticos que gritaban “Alá es grande” mientras disparaban, no convierte en asesinos a los que rezan en dirección a La Meca. La islamofobia desatada por los atentados del viernes pasado recuerda el odio hacia los musulmanes tras los atentados a las Torres Gemelas en Estados Unidos, cuando solo el fascismo se vio beneficiado. Nada aprendió la humanidad de ese retroceso, la locura ahora se repite en Europa.

“El 11 de septiembre de 2001, día en que Al Qaeda secuestró los aviones con el fin de atacar a Estados Unidos, intentó secuestrar también el mensaje de mi religión, la religión del islam. Al hacerlo, los fundamentalistas encendieron la gran batalla, algunos la han llamado guerra global, del nuevo milenio. El asesinato de tres mil personas inocentes en nombre de la yihad no es sólo la antítesis de los valores del mundo civilizado, sino también de los preceptos del islam mismo”. Las palabras de Benazir Bhutto reflejan lo que muchos musulmanes sintieron tras el golpe macabro al World Trade Center: los atacantes eran “fanáticos” que “secuestraron al islam”. Alá no tiene la culpa de que le recen esos bárbaros.

Bhutto escribió esas palabras en Reconciliación. El islam, la democracia y el mundo occidental, un trabajo que fue publicado en 2008, muy pocos días después de que la autora falleciera en un atentado cuando buscaba convertirse en primera ministra de Pakistán, el mayor país musulmán del mundo, tras regresar del exilio obligado luego de que los terrroristas la amenazaran de muerte.

El rechazo contra el islam ha logrado sus frutos. En la actualidad, son muchas las personas que consideran que se trata de una religión violenta, que interpreta la “guerra santa” como algo glorioso y que desde las propias páginas del Corán se realiza un llamamiento a la realización de actos terroristas. Nada de esto puede ser cierto en un texto de sagradas escrituras, tan trascendente y espiritual como la Biblia o la Torá. Pero no debe ser muy agradable para un musulmán confesar su fe en muchas partes del mundo occidental, que fue construido, paradójicamente, sobre el pilar de la libertad de culto, de ideas y de expresión.

El Corán no habla de muerte. De hecho, confiere un valor superior a la vida, como todos los principales libros de las religiones monoteístas. “Y reanudaron ambos la marcha, hasta que encontraron a un muchacho y lo mató. Dijo: ‘¿Has matado a una persona inocente que no había matado a nadie? ¡Has hecho algo horroroso!”, dice, textualmente, el Corán. Y también allí se advierte: “Todos los hijos del Libro han sufrido a manos de aquellos que han querido usar la fuerza en nombre de Dios, a fin de lograr objetivos políticos”.

Los últimos Premios Nobel de la Paz fueron otorgados a islámicos. Este año, lo ganó el Cuarteto por la Paz de Túnez por su decisiva contribución a la construcción de una democracia plural tunecina, tras la Revolución de los Jazmines, en lo que representó el mayor éxito de la Primavera Arabe. El de 2014 fue otorgado a la paquistaní Malala Yousafzai, la joven a la que los talibanes dispararon a la cabeza en 2012 por defender la escolarización de las mujeres. “Los niños deben ir a la escuela y no ser explotados”, dijo Malala en Oslo cuando recibió su galardón. Mientras que en 2011 lo ganó la yemení Tawakkul Karman, valiente periodista, política y militante musulmana por la defensa de los derechos humanos en el mundo árabe.

La designación irreflexiva del islam como “nuevo enemigo” prefigura la ignorancia de los preconceptos, la sinrazón del temor y el desatino de la soberbia imperialista de crearse culturalmente superior. Sin atender que el islam ha participado de la emergencia del mundo occidental moderno, tal como lo afirmó el gran intelectual francés Jacques Derrida, en una de sus últimas conferencias realizada en 2003, poco tiempo antes de su muerte.

Derrida, que nació en el país islámico de Argelia durante la ocupación francesa, lo explicó en esa conferencia que buscó promover el diálogo intercultural y se publicó en el libro Islam y Occidente, encuentro con Jacques Derrida. “La herencia que recibí de Argelia es algo que probablemente haya inspirado mi trabajo filosófico. Todo el trabajo que desarrollé, respecto del pensamiento filosófico europeo, occidental, como suele decirse, greco-europeo, las preguntas que me vi llevado a plantear desde cierto margen, desde cierta exterioridad, sin duda no habrían sido posibles si, en mi historia personal, no hubiese sido una suerte de hijo del margen de Europa, del Mediterráneo, que no era ni simplemente africano, y que pasó su tiempo viajando de una cultura a la otra”, sostuvo el pensador francés.

Derrida, quizá el más influyente filósofo contemporáneo, catalogado por algunos autores como el nuevo Kant y por otros como el sucesor de Nietzsche, rescató su pensamiento de la deconstrucción en el marco de su formación dentro del mundo musulmán. Al islam se lo debemos.


En defensa de la Yihad

Con lo acontecido en Francia se pone nuevamente sobre la palestra el papel claramente nocivo de algunos fundamentalismos religiosos, los cuales acostumbramos a señalar sin comprender. Partiendo de ello, uno de los conceptos menos comprendidos por los musulmanes y los no musulmanes es el de yihad. En nuestro argot popular, este término –y de hecho todo lo que esté relacionado con el islam- lo hemos comprendido en términos de terrorismo; nada más alejado de su verdadero significado y de lo deseado por el profeta cuando decidió acuñar tal término en el sagrado libro: el Corán.

A diferencia del cristianismo, que es la religión de un hombre, Jesús, el islam es la religión del libro. El Corán es el fundamento de la fe musulmana y a éste buscan obedecer con ferviente celo los creyentes, celo que en ocasiones puede ser exagerado o mal comprendido. Lo que sí tienen en común ambas religiones es que cuentan en sus filas con fanáticos que suelen apelar a textos sacados de contexto para justificar atrocidades o exabruptos que contradicen de plano los deseos de los fundadores de ambas confesiones religiosas. Por ejemplo: en el cristianismo se apela al mito de la creación consignado en génesis (Varón y Hembra los creó) o al texto de leyes levíticas (Un hombre no yacerá con un hombre, pues es abominación)  para justificar una homofobia disfrazada de apasionada fe. Si tales situaciones se presentan en la religión del amor y la compasión, es apenas lógico que se presenten en otras confesiones, como en el islam, donde Yihad ha llegado a tener una connotación tan negativa en la actualidad.

Veamos, pues, el término. Yihad es una palabra árabe, derivada del verbo yahada, que significa “esforzarse”.  Como nos aclara Ali Reza: “Existen dos tipos de Yihad: la primera y más importante es la gran Yihad, que consiste en el gran esfuerzo del creyente por buscar la sabiduría, aquí la Yihad es adoración, meditación, sacrificio. El segundo tipo de esfuerzo es el de las luchas pequeñas, los pequeños esfuerzos. Esta clase de Yihad es la que ha sido deformada y tergiversada en occidente”

La yihad no es, por tanto, una guerra santa. Es una obligación del musulmán de defender con fervor su fe primeramente de sí mismo; pues como afirma el santo Profeta: “la yihad más grande es la conquista del ego”. Tal conquista, tal lucha por la fe no se da necesariamente a través de la violencia, pues el Corán considera, al igual que el evangelio cristiano y contrario a la extrema derecha colombiana, que la paz es sin duda la cúspide de la realización de la sociedad. Sin embargo, nosotros consideramos que el islam es la religión del terror, de las inmolaciones fanáticas, y no es así. De hecho, en occidente solemos pensar que el islam se ha impuesto a través de la espada y la coacción, lo cual es igualmente falso; el santo profeta Mahoma jamás quiso la coacción en la religión. Y al igual que en el judaísmo (del cual descendemos los cristianos) el Profeta señalaba que la única violencia permitida era con fines defensivos, recordando siempre las palabras del Corán: Alá no ama a los agresores.

El islam es, por tanto, una religión de paz, aunque conserven en su mentalidad la necesidad de luchar por defender su fe, como la poseemos todos los que creemos en distintas confesiones. Sin embargo, en nuestra mentalidad occidental  es difícil la comprensión de algunos presupuestos musulmanes, y viceversa.

Históricamente, si los musulmanes atacaron, es porque fueron atacados primero, obedeciendo al concepto de yihad como defensa de la propia fe. Cuando en tiempos de las cruzadas los cristianos consideraban su sagrado deber proteger las tierras consideradas santas, los musulmanes consideraban su deber proteger su fe. En toda confesión religiosa han existido personajes que consideran que la violencia es la única manera de proteger y defender sus creencias; es el caso, guardadas las debidas proporciones, del padre Camilo Torres, quien consideraba que “si Jesús viviera, sería guerrillero” a sabiendas de que hablaba del profeta del amor, de un pacifista a ultranza. Pero no por tales desaciertos puede juzgarse a una confesión religiosa en sí; lo que sí es condenable es el fanatismo religioso que produce todo tipo de víctimas y continúa siendo una afrenta para los verdaderos creyentes; no podemos obviar el hecho de que en todas las confesiones religiosas existen fanatismos indebidos. La Yihad más necesaria en la actualidad es en contra de tales fanatismos generadores de víctimas. Por último, nuestro amor y comprensión para con los musulmanes, nuestros hermanos en Abraham.

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Compromiso Misionero con los inmigrantes y refugiados

VIVAT International”, Organización No Gubernamental (ONG) de la cual hacen parte los misioneros combonianos, ha organizado del 19 al 23 de octubre su primer taller sobre Justicia y Paz, en Madrid (España). Los objetivos del taller han sido comenzar con una delegación de “VIVAT International” en España, fomentar el encuentro y el conocimiento de los miembros de VIVAT en España e identificar problemas relacionados con la Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC) en la sociedad española. Después de los 5 días del taller, el grupo de misioneros y misioneras se comprometió a continuar trabajando con los inmigrantes y refugiados.

 

El nombre de VIVAT deriva del latín “vivere”, cuyo significado es “que tengan vida”. Expresa el deseo profundo de que todo cuanto existe, tenga vida: que toda persona tenga vida; que toda la creación tenga vida. Evoca la oración programática de San Arnoldo Janssen, fundador de las congregaciones de las Misioneras Siervas del Espíritu Santo y los Misioneros del Verbo Divino, de la cual la Organización tiene su origen: Vivat Deus Unus et Trinus in Cordibus Nostris (“Viva Dios Uno y Trino en nuestros corazones”); es el símbolo carismático de ambas congregaciones. VIVAT es una ONG con Estatus Consultivo en el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas.

Entre los temas que trata VIVAT International están entre otros los derechos humanos, la erradicación de la pobreza, el desarrollo sostenible, el empoderamiento de la mujer, la cuestión de la cultura y paz , migración, indígenas, y refugiados.

La que en el origen fue iniciativa de dos congregaciones, hoy en día es una ONG que abarca varias Congregaciones religiosa femeninas y masculinas. En total son 12 Congregaciones Religiosas, de las cuales 9 están en España y han participado en el encuentro. Éstas son las Congregaciones que han participado en el taller organizado en Madrid: Misioneros del Verbo Divino, Misioneras Siervas del Espíritu Santo, Misioneras Combonianas, Misioneros Combonianos, Misioneros Oblatos de María Inmaculada, Misioneros Espiritanos, Adoratrices de la Sangre de Cristo, Religiosas de la Asunción y Hermanitas de la Asunción.

Después de los 5 días del taller, el grupo está dispuesto a empezar una sucursal de VIVAT International en España con sede en Madrid. Han producido el siguiente manifiesto:

«VIVAT International, ONG (Organización No Gubernamental) formada por doce congregaciones y acreditada en ECOSOC (Consejo Económico y Social) de Naciones Unidas, ha organizado un taller en Madrid, al cual hemos sido convocadas las Congregaciones Religiosas que, de diversas maneras, somos miembros. Hemos participado cuarenta religiosos/as de nueve Instituciones distintas y de dieciocho nacionalidades.

El taller ha tratado cuestiones de JPICS (Justicia Paz, Integridad de la Creación y Solidaridad) compartiendo información sobre situaciones particulares y aprendiendo cómo integrarnos en los procesos de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) para transformar la sociedad en una comunidad mundial que respeta los derechos humanos y vive fraternalmente con justicia y paz.

Nos duele la violación de los derechos humanos que ultraja la dignidad de las personas, las empuja a vivir en la pobreza, a padecer la violencia, al desarraigo y destruye la integridad de la creación. En seguimiento de Cristo, reflexionamos sobre el mensaje del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, para descubrir caminos que hagan posible la plenitud de vida para todos.

Reconocemos y valoramos el trabajo en red con otras organizaciones que, desde hace tiempo, nuestras congregaciones van realizando en favor de los migrantes. Como miembros de VIVAT Internacional y en coherencia con este trabajo, queremos realizar acciones conjuntas de denuncia y defensa, ante las instancias de ámbito local, nacional e internacional.

Nos comprometemos como miembros de VIVAT presentes en España a:

  • Continuar trabajando con los inmigrantes y refugiados y apoyarlos cuando sus derechos humanos son violados.
  • Realizar acciones conjuntas de defensa y denuncia de la violación de los derechos humanos de los inmigrantes y refugiados.

Para ello nos hemos dado medios, buscando una forma concreta y eficaz de organización a nivel nacional.

El Reino de Dios nos urge a trabajar por los más desfavorecidos “para que todos tengan vida y la tengan en plenitud”. (Jn. 10,10). Ponemos nuestra confianza en la acción del Espíritu que nos precede y acompaña». 


Participantes del Taller en Madrid: Misioneros del Verbo Divino; Misioneras Siervas del Espíritu Santo; Misioneros Espiritanos; Misioneras Combonianas; Misioneros Combonianos; Misioneros Oblatos de María Inmaculada; Adoratrices de la Sangre de Cristo; Hermanitas de la Asunción; Religiosas de la Asunción.

P. John Converset, comboniano, che ha hablado sobre los cambios climáticos.

Mensaje del Papa para la Jornada mundial de la alimentación 2015

alimenMENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN 2015

Al Profesor José Graziano da Silva Director General de la FAO

  1. Esta jornada en la que se celebra el septuagésimo aniversario de la fundación de la FAO, pone en un primer plano a tantos hermanos nuestros que, no obstante los esfuerzos realizados, pasan hambre y malnutrición, sobre todo por la distribución inicua de los frutos de la tierra, pero también por la falta de desarrollo agrícola. Vivimos en una época donde la búsqueda afanosa del beneficio, la concentración en intereses particulares y los efectos de políticas injustas frenan iniciativas nacionales o impiden una cooperación eficaz en el seno de la comunidad internacional. En este sentido, queda mucho por hacer por lo que se refiere a la seguridad alimentaria, que se divisa aún como una meta lejana para muchos. Este doloroso escenario, Señor Director General, está reclamando con urgencia que se retome la inspiración que condujo al nacimiento de esta Organización y nos compromete a buscar los medios necesarios para librar a la humanidad del hambre y promover una actividad agrícola capaz de satisfacer las necesidades reales de las diversas áreas del planeta.

Se trata ciertamente de un objetivo ambicioso, pero improrrogable, que se debe perseguir con renovada voluntad en un mundo donde aumentan las diferencias en los niveles de bienestar, ingresos, consumos, acceso a la asistencia sanitaria, educación y por lo que concierne a una mayor esperanza de vida. Somos testigos, a menudo mudos y paralizados, de situaciones que no se pueden vincular exclusivamente a fenómenos económicos, porque cada vez más la desigualdad es el resultado de esa cultura que descarta y excluye a muchos de nuestros hermanos y hermanas de la vida social, que no tiene en cuenta sus capacidades, llegando incluso a considerar superflua su contribución a la vida de la familia humana.

El tema elegido para la Jornada Mundial de la Alimentación de este año: Protección social y agricultura para romper el ciclo de la pobreza rural, es importante. Un problema que pone de relieve la responsabilidad hacia los dos tercios de la población mundial que carece de protección social, incluso mínima. Un dato aún más alarmante por el hecho de que la mayoría de esas personas viven en las zonas más desfavorecidas de aquellos países donde ser pobre es una realidad olvidada y la única fuente de supervivencia está ligada a una escasa producción agrícola, a la pesca artesanal o a la cría de ganado en pequeña escala. En efecto, la carencia de protección social afecta sobre todo a los pequeños agricultores, ganaderos, pescadores y agentes forestales, obligados a vivir precariamente, porque el fruto de su trabajo depende con frecuencia de condicionamientos naturales, que a menudo escapan de su control, y a la falta de medios para enfrentar las malas cosechas o para obtener las herramientas técnicas necesarias. Paradójicamente, además, incluso cuando la producción es abundante, se encuentran con serias dificultades para el transporte, la comercialización y el almacenamiento de los frutos de su trabajo.

Durante los viajes y las visitas pastorales, he tenido numerosas oportunidades de escuchar a estas personas expresar sus penosas dificultades, y es natural que yo me haga portavoz de las arduas preocupaciones que me han confiado. Su vulnerabilidad, en efecto, tiene repercusiones muy gravosas en su vida personal y familiar, ya abrumada por el peso de tantas contrariedades o por jornadas agotadoras y sin límite de tiempo, como no sucede en tantas otras categorías de trabajadores.

  1. Las condiciones de las personas hambrientas y malnutridas pone de manifiesto que no es suficiente ni podemos contentarnos con un llamado general a la cooperación o al bien común. Tal vez la pregunta sea otra: ¿Es aún posible concebir una sociedad en la que los recursos queden en manos de unos pocos y los menos favorecidos se vean obligados a recoger sólo las migajas?

La respuesta no puede limitarse a buenas intenciones y propósitos, radica más bien en «la paz social, es decir, la estabilidad y seguridad de un cierto orden, que no se produce sin una atención particular a la justicia distributiva, cuya violación siempre genera violencia» (Enc. Laudato si’, 157). En efecto, para las personas y las comunidades, la falta de protección social es un factor negativo en sí mismo y no puede restringirse sólo a las posibles amenazas para el orden público, puesto que la desigualdad afecta a los elementos fundamentales del bienestar individual y colectivo, como, por ejemplo, la salud, la educación, la calidad de vida, la participación en los procesos de decisión.

Pienso en los más desfavorecidos, en aquellos que, por la falta de protección social, sufren las nocivas consecuencias de una crisis económica persistente o de fenómenos relacionados con la corrupción y el mal gobierno, además de padecer los cambios climáticos que afectan a su seguridad alimentaria. Son personas, no números, y reclaman que las apoyemos, para poder mirar el futuro con un mínimo de esperanza. Piden a los gobiernos y a las instituciones internacionales que actúen cuanto antes, haciendo todo lo posible, aquello que dependa de su responsabilidad.

Tener en cuenta los derechos de los hambrientos y acoger sus aspiraciones significa ante todo una solidaridad transformada en gestos tangibles, que requiere compartir y no sólo una mejor gestión de los riesgos sociales y económicos o una ayuda puntual con motivo de catástrofes y crisis ambientales. Es esto lo que se pide a la FAO, a sus decisiones y a las iniciativas y programas concretos que se lleven a cabo en los distintos lugares.

Esta perspectiva antropológica, sin embargo, muestra que la protección social no puede limitarse al incremento de los beneficios, o quedar reducida a la mera idea de invertir en medios para mejorar la productividad agrícola y la promoción de un justo desarrollo económico. Se debe concretizar en ese «amor social» que es la clave de un auténtico desarrollo (cf. ibíd., 231). Si se considera en su componente esencialmente humana, la protección social podrá aumentar en los más desfavorecidos su capacidad de resiliencia, de asumir y sobreponerse a las dificultades y contratiempos, y a todos hará comprender el justo sentido del uso sostenible de los recursos naturales y del pleno respeto de la casa común. Pienso, en particular, en la función que la protección social puede desarrollar para favorecer la familia, en cuyo seno sus miembros aprenden desde el inicio lo que significa compartir, ayudarse recíprocamente, protegerse los unos a los otros. Garantizar la vida familiar significa promover el crecimiento económico de la mujer, consolidando así su papel en la sociedad, como también apoyar el cuidado de los ancianos y permitir a los jóvenes continuar su formación escolar y profesional, para que accedan bien capacitados al mundo laboral.

  1. La Iglesia no tiene la misión de tratar directamente estos problemas desde el punto de vista técnico. Sin embargo, los aspectos humanos de estas situaciones no la dejan indiferente. La creación y los frutos de la tierra son dones de Dios concedidos a todos los seres humanos, que son al mismo tiempo custodios y beneficiarios. Por ello han de ser compartidos justamente por todos. Esto exige una firme voluntad para afrontar las injusticias que nos encontramos cada día, en particular las más graves, las que ofenden la dignidad humana y afectan profundamente nuestra conciencia. Son hechos que no permiten a los cristianos abstenerse de prestar su contribución activa y su profesionalidad, sobre todo a través de diversas organizaciones, que tanto bien hacen en las zonas rurales.

Ante las dificultades, no puede prevalecer el pesimismo o la indiferencia. Lo que hasta ahora se ha hecho, no obstante la complejidad de los problemas, es ya motivo de aliciente para toda la Comunidad internacional, para sus instituciones y sus líneas de acción. Entre ellas, pienso en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aprobada recientemente por las Naciones Unidas. Espero que no se quede sólo en un conjunto de reglas o de posibles acuerdos. Confío que inspire un modelo diverso de protección social, tanto en el plano internacional como nacional. Se evitará así utilizarla en beneficio de intereses contrarios a la dignidad humana, o que no respetan plenamente la vida, o para omitir responsabilidades que dejan los problemas sin resolver, agravando de esta manera las situaciones de desigualdad.

Que cada uno, en aquello que dependa de él, dé lo mejor de sí mismo en espíritu de genuino servicio a los demás. En este esfuerzo, la acción de la FAO será fundamental si dispone de los medios necesarios para asegurar la protección social en el marco del desarrollo sostenible y de la promoción de cuantos viven de la agricultura, la ganadería, la pesca y los bosques.

Con estos deseos, invoco sobre usted, Señor Director General, y sobre cuantos colaboran en este servicio a la familia humana, la bendición de Dios rico en misericordia.

Vaticano, 16 de octubre de 2015.

FRANCISCO

Inmigrantes y refugiados: más allá de medidas de emergencia

FOR USE AS DESIRED, YEAR END PHOTOS - FILE -In this March 4, 2011 file photo, men from Bangladesh, who used to work in Libya but recently fled the unrest, walk with their belongings alongside a road, as they head to a refugee camp after crossing the Tunisia-Libyan border, in Ras Ajdir, Tunisia. (AP Photo/Emilio Morenatti, File)
FOR USE AS DESIRED, YEAR END PHOTOS – FILE -In this March 4, 2011 file photo, men from Bangladesh, who used to work in Libya but recently fled the unrest, walk with their belongings alongside a road, as they head to a refugee camp after crossing the Tunisia-Libyan border, in Ras Ajdir, Tunisia. (AP Photo/Emilio Morenatti, File)

 Comunicado de la Fundación Sevilla Acoge

Publicado en  Eclesalia.Net


 La historia y la memoria nos muestran que las guerras, tragedias y catástrofes producen siempre una masiva y dramática huida de hombres y mujeres, niños y ancianos. A lo largo del tiempo los hemos llamado migrantes, asilados, desplazados, refugiados… La actual situación de su llegada a través de Europa exige ante todo la solidaridad de los gobiernos, de las instituciones públicas y de la ciudadanía consciente y comprometida, para disminuir en lo posible el sufrimiento de esas miles de personas y de las que seguirán llegando si no se abordan políticamente las causas de estos éxodos humanos. Pues la situación no es coyuntural, sino estructural y su solución no reside sólo en adoptar medidas rápidas de emergencia, sino en afrontar un cambio a fondo respecto a la inmigración, al derecho de asilo y el respeto efectivo de los Derechos Humanos aquí y en todas partes.

Recordemos que no estamos ante algo nuevo, por desgracia, sino ante una situación permanente en muchas áreas del mundo. Son muchos millones los inmigrantes, desplazados y refugiados que buscan o encontraron ya un lugar mejor para vivir, y de los cuales sólo una mínima porción llega a Europa, aunque eso despierta alarma social y fuertes medidas de control. En nuestra Fundación SEVILLA ACOGE cumplimos ya 30 años de presencia entre ellos y sabemos que nadie emigra o huye de su país por capricho, sino que se trata de víctimas de desplazamientos forzosos para salir de un estado de necesidad. Necesidad causada por la enorme desigualdad que aumenta sin cesar entre nuestro mundo enriquecido y sus países de origen.

De ahí que una verdadera política de inmigración y de asilo debería actuar sobre las causas de esa desigualdad, es decir, sobre las causas de las guerras, la miseria, la enfermedad, el desempleo, los débiles medios educativos, los criterios patriarcales y los fanatismos, el déficit de libertades y derechos, etc. Por eso, la primera proclama de nuestros responsables políticos y de los ciudadanos conscientes debiera ser la defensa del derecho a no emigrar nunca por la fuerza de la necesidad, y defender en el mundo unas condiciones de vida que nivelen el foso de las desigualdades existente entre el centro y la periferia; así nadie saldría de su país forzado, sino libremente si lo desea. Es cinismo político e hipocresía social si sólo se acogen a quienes huyen del fuego, pero no se adoptan los medios necesarios para apagar los incendios provocados en tantas partes del mundo. De modo que, si no vamos a las causas, de poco sirve lamentar y paliar en algo las consecuencias.

No estamos ante una crisis humanitaria pasajera, sino ante el resultado del fracaso de unas políticas centradas sólo en el control de los flujos migratorios mediante inversiones millonarias para financiar sus dispositivos (Frontex, Eurosur), vigilar fronteras (Melilla, Ceuta, Italia, Grecia, Mediterráneo), la restricción de derechos a inmigrantes (devoluciones en caliente, negación de tarjeta sanitaria, etc.), la eliminación del 80% del presupuesto estatal para cooperación al desarrollo, etc…

No estamos ante una crisis de refugiados que cesará cuando termine la guerra en Siria, sino ante los resultados de una política geoestratégica de la OTAN, de los intereses de EE.UU en la zona, de los fundamentalismos político-religiosos de los países árabes y otros, del conflicto interminable en Israel-Palestina, de la invasión neocolonial de gran parte de África por poderes económicos multinacionales, de terrorismos diversos, etc. La magnitud de los conflictos provoca que la emigración no sea algo pasajero, por lo que la gente seguirá saliendo o huyendo de allí donde es muy difícil vivir. No habrá suficientes muros ni alambradas con cuchillas que los detengan. “Seguirán viniendo y seguirán muriendo, pero no hay nadie capaz de contener los sueños”. Por ello, cumplamos unos y otros -gobiernos y ciudadanos conscientes- con nuestras obligaciones humanitarias, pero sin olvidar el deber de conocer y denunciar las causas y a sus responsables y exigir sin cesar un orden mundial justo.

En muchos lugares crece el clamor ciudadano de personas y organizaciones de todo tipo y se multiplican innumerables iniciativas de ayuda ante la llegada imparable de refugiados a Europa. Ante este empuje cívico, los Gobiernos, a remolque y de mala gana, quieren asumir algunas medidas de acogida. Ojalá que toda esa reacción positiva sirva para cambiar las políticas de asilo -y también las de inmigración- en la Unión Europea y concretamente en nuestro país. Es un sarcasmo hipócrita mostrarse generosos con unos y duros con otros. Sería una cruel paradoja tratar a los refugiados como sujetos de derechos, pero negárselos al mismo tiempo a las personas inmigrantes, tanto a las que llevan años viviendo aquí como a todas las que calladamente siguen llegando. Por eso, queremos ver cuánto tiempo durará esta toma de conciencia del drama humano de la emigración y cuál será el impacto real sobre las decisiones de nuestros gobernantes, no sólo a corto sino a largo plazo.

La Fundación Sevilla Acoge, tras tres décadas haciendo acogida de personas migrantes, continúa en ese compromiso. Y ante la actual situación de emergencia humanitaria, está unida  con las diversas iniciativas ciudadanas que se están implantando en nuestra ciudad. Queremos una ciudad comprometida con los Derechos Humanos no sólo ahora sino siempre y en cualquier circunstancia humanitaria

MESA REDONDA SOBRE LA AMAZONIA

Mañana lunes 5 de octubre a las 17:00 tendrá lugar  en la Universidad Pontificia Comillas (Aula García Polavieja C/ Alberto Aguilera 23 Madrid) una mesa redonda sobre la Realidad Social y Económica de la Amazonia.

Participarán:

– Dário Bossi, Misionero Comboniano en Açailândia (Brasil), miembro de la Red Iglesias y Minería

– Federico Gerona, Voluntario de VOLPA/Entreculturas en Brasil

–  Sonia Olea, Experta en Derechos Humanos de Cáritas Española

Os esperamos.

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