Cristianismo y Justicia lanza un llamamiento a una “revolución del afecto y la ternura”

149291_325760350881299_5500551493550277807_nLos retos ecológicos, la creciente desigualdad, el drama de los migrantes y refugiados, o la igualdad entre hombres y mujeres son algunas de las realidades que necesitan de forma urgente nuestra atención. El centro de estudios Cristianisme i Justícia las describe en su reflexión de fin de año, pero lo hace con un llamamiento al afecto y la ternura como vía de transformación de la realidady de nosotros mismos.

«No podemos con más desconfianza, más miedo y más indiferencia«, asegura el texto. Y es por esta razón que «en un mundo hostil a la vida y a la humanidad, que nos endurece el corazón y nos desintegra, reivindicamos la revolución del afecto y la ternura como punto de partida, como lentes con las que mirar el mundo y las personas». Según el centro, los costes de abandonar esta dimensión los pagan nuestra salud, la naturaleza, las relaciones familiares y de vecindad, y las personas más vulnerables.

«La revolución ecológica empieza por nosotros»

Cristianisme i Justícia alerta nuevamente de las consecuencias del agotamiento de la Tierra: «hay lugares en los que el cambio climático y la acción irresponsable del ser humano sobre la tierra, matan». Ante esto, pide una conversión a la sobriedad y una cultura compartida de respeto a todo lo que nos rodea. En definitiva, una nueva forma de vivir, de consumir y de concebir el mundo y las relaciones «no solo permitirá que viviendo nosotros con menos, otros puedan vivir, sino que se revelará como factor de liberación para nosotros mismos».

«No podemos seguir viviendo así»

La creciente e «insoportable» desigualdad es uno de los puntos que recoge el texto con más preocupación, y que se manifiesta en la cronificación de la pobreza y la precarización del trabajo. «Ahora sabemos que no podemos seguir viviendo así si queremos que otros puedan vivir mejor» asegura la declaración, «pero tampoco podemos seguir viviendo así porque este modelo no nos hace más felices, más solidarios ni más humanos».

De la hostilidad y el rechazo a la hospitalidad y la acogida

Ante el desplazamiento forzado de personas, Cristianisme i Justícia denuncia la actuación criminal por parte de algunos estados que «en vez de abordar las causas y buscar la protección de todas estas personas, han corrido a proteger sus fronteras para dificultarles el paso». Frente a esto el centro pide un trabajo de abajo a arriba que vaya generando una cultura de la hospitalidad, para combatir los discursos xenófobos y los muros que se levantan entre las personas. «Estamos obligados a ello, por una ley de humanidad escrita en nuestros corazones y que va más allá de cualquier ordenamiento jurídico».

La revolución de los cuidados

No puede haber una verdadera justicia social si por el camino dejamos de cuidar a las personas que nos rodean o si los cuidados recaen exclusivamente en las mujeres. Por este motivo, el texto señala la necesidad de socializar el cuidado, buscando también la igualdad entre mujeres y hombres, porque, aunque cuidado, afecto y ternura son valores atávicamente atribuidos a las mujeres, el mundo no se puede permitir que el 50% de la humanidad delegue estos valores en las mujeres, ni los hombres no se pueden permitir renunciar a los beneficios que, para su vida puede suponer cuidar a los demás.

La misericordia

Finalmente, el texto acaba recordando que el papa Francisco ha impulsado la celebración del Año de la Misericordia porque quiere que la Iglesia mire el mundo desde esta perspectiva. Es necesaria, según los autores del texto «para dejar de mirar a todos los marginados de nuestra sociedad como culpables» y «pide al ser humano una acogida sin condiciones».

transformemos el mundo desde el afecto y la ternura

 

Clima

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 La llamada Cumbre del Clima que se ha celebrando en París no es como las anteriores. Hasta ahora, los chicos revoltosos de Greenpeace, los Verdes o los movimientos de extrema izquierda que querían caldear el ambiente a costa del enfriamiento del Planeta, eran los que lanzaban llamadas de atención sobre las emisiones nocivas por su repercusión en el hábitat de nuestro planeta Tierra.

Pero eso ya no es así. Ahora, la opinión mayoritaria de los expertos así como la realidad del daño a la Tierra que se está produciendo en forma de evidencias, son una llamada de atención muy seria para revertir la situación o abocarnos a una realidad que ya es inquietante a no mucho tardar en forma de efectos devastadores de los que ahora tan solo conocemos la avanzadilla: cambios climáticos exagerados  que causan pandemias, o cada vez más ciudades como Pekín con una polución que sobrecoge.

Estamos en el clímax del clima, y no solo porque llegamos en esta Cumbre a punto culminante o de máxima tensión, sino porque desde el ángulo opuesto, clímax también significa en el diccionario la etapa final de una sucesión ecológica en la que se llega al estadio biológico óptimo y estable de una comunidad vegetal: y este clímax sería el objetivo añorado por todas las personas que aman la vida y quieren un Planeta con un ecosistema saludable. Son muchas cumbre climáticas fallidas, con promesas incumplidas contra una humanidad atónita que ve cómo el problema no es solo para el Tercer Mundo, víctima y ahora ya como verdugo, por la magnitud de industrias contaminantes que se han levantado allí en los últimos tiempos.

Esta vez, 200 países que han dado su visto bueno al primer acuerdo mundial contra el calentamiento global frente a los 37 que firmaron en Kyoto. Pero no es suficiente lo acordado, a pesar de la alegría del Papa Francisco por los avances. Son muchos lustros de fracasos e incumplimientos desde la publicación del decisivo Informe Brundtland, cuando introdujo en 1987 la noción de “desarrollo sostenible” que habría de popularizarse tanto. Resumo mi decepción en algunos puntos que dejan en manos de los de siempre nuestro futuro a pesar de la toma de conciencia colectiva de los peligros del cambio climático:

1. El reconocimiento de que el cambio climático es una cuestión de “derechos humanos” se ha quedado fuera del texto legal relegado al preámbulo, lo que hace que pierda fuerza declarativa.

2. Este gran acuerdo entrará en vigor en 2020 y cada Estado tiene hasta mayo de 2017 para ratificarlo. Pero tampoco será efectivo si no lo firman al menos 55 países, y que entre ellos sumen el 55% de las emisiones globales.

3. No se ha logrado que la temperatura del planeta no sobrepase los 1,5 grados de aumento a final de siglo, fijándose en 2 grados.

4. Los compromisos de reducción de emisiones de efecto invernadero son voluntarios, y no obligatorios. No habrá sanciones si se incumplen los compromisos firmados por los asistentes.

5. Tampoco se fijan metas concretas en el medio plazo, fiándolo todo a un voluntarismo impropio de la gravedad del efecto invernadero.

6. Se comprometen los países desarrollados a movilizar 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020 para que los países más pobres puedan adaptarse a las consecuencias del cambio climático, una cantidad revisable al alza.

Está muy bien, pero al final se ha quedado fuera del articulado y encima es algo que se puede cambiar -a peor- en futuras cumbres. Igual que se han quedado fuera del acuerdo las emisiones derivadas del transporte aéreo y marítimo (un 10% del total).

Y por último, pero no menos preocupante, se propone como solución es la construcción de cientos de centrales nucleares porque producen poco CO2, pero conllevan otros peligros no menos letales como los residuos radioactivos. Y nadie con poder parece tomarse en serio la posibilidad de un desarrollo no ligado exclusivamente al crecimiento sino adecuado a la Huella Ecológica sostenible para no esquilmar el Planeta. Como afirma Ignacio Ramonet, cambiar de modelo energético sin modificar el modelo económico significa correr el riesgo de que sólo se desplacen los problemas ecológicos.

No es suficiente lo acordado en París, pero es verdad que se puede hacer algo más que violentarse o resignarse. Cabe asumir nuestra propia responsabilidad ecológica, ser cada uno solución del problema, individualmente, como una gota en el océano pero todos a la vez. En cada uno de nosotros está parte de la solución y del problema; en nuestro derroche, en la falta de reciclaje, en tanto consumismo superfluo. Que los cristianos somos los primeros muchas veces en liderar las malas prácticas

Publicado por GABRIEL Mª OTALORA el 16/12/15 en ECLESALIA .-

Año de la Misericordia y de la Justicia Social

Del 8 de diciembre de 2015 hasta el 20 de Noviembre de 2016, estamos llamados a vivir el “Año de la misericordia” que el Papa Francisco anunció el pasado 13 de Marzo con las palabras: las puertas de la Iglesia “permanecen abiertas, para que quienes son tocados por la gracia, puedan encontrar la certeza de su perdón”.

Desde su inicio, la Newsletter [Comboni JPIC Network] se ha inspirado en el llamado a toda la Iglesia de ser testigos de la Misericordia de Dios a partir de la lucha por la justicia social. Así, este jubileo se vuelve, en un llamado también a reafirmar nuestro compromiso de continuar trabajando por la justicia, la construcción de la paz y la integridad de la creación.

Las numerosas personas que viven cada día bajo el agobiante peso de la inequidad, en situaciones de pobreza extrema, en medio de guerras interminables, del hambre y la persecución, de la soledad y la muerte, no encuentran fácil cuando no imposible experimentar el amor de Dios a través de los acontecimientos diarios.

Dice Papa Francisco en su encíclica Laudato si’: Fuimos concebidos en el corazón de Dios, y por eso “cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario” (N° 65).Y añade “la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra”, según la Biblia, son relaciones vitales que se han roto, no sólo externamente, sino también dentro de nosotros. Esta ruptura es el pecado. La armonía entre el Creador, la humanidad y todo lo creado fue destruida por haber pretendido ocupar el lugar de Dios, negándonos a reconocernos como criaturas limitadas. Este hecho desnaturalizó también el mandato de “dominar” la tierra (cf.Gn 1,28) y de “labrarla y cuidarla” (cf. Gn 2,15). Como resultado, la relación originariamente armoniosa entre el ser humano y la naturaleza se transformó en un conflicto (cf. Gn 3,17-19 – N° 66). En la narración sobre Caín y Abel, vemos que los celos condujeron a Caín a cometer la injusticia extrema con su hermano. Esto a su vez provocó una ruptura de la relación entre Caín y Dios y entre Caín y la tierra, de la cual fue exiliado (N° 70).

Y «cuando la justicia no habita en la tierra… la vida está en peligro». Hemos construido un mundo que está en riesgo, pero la Misericordia de Dios nos da esperanza y la esperanza tiene la última palabra. El año sabático, cada siete años (cf. Lv 25,1-4), y el año jubilar, una vez pasados siete años sabáticos, es decir cuarenta y nueve años, se celebraba el año del perdón universal y de la «liberación de la tierra para todos sus habitantes «(Lv 25:10). Se trataba por lo tanto de recuperar el equilibrio y la equidad en la relación de los seres humanos entre sí y con la tierra donde viven y trabajan.

Al igual que los hebreos del Antiguo Testamento “podremos encontrar en este Jubileo la alegría para redescubrir y hacer más fecunda la misericordia de Dios, con la cual todos estamos llamados a dar consolación a cada hombre y cada mujer de nuestro tiempo. Esto nos exige unas acciones globales en contra de las injusticias que sufre no solo nuestro prójimo sino también la tierra; en particular contra el Acaparamiento de Tierras que provoca desastres naturales y muerte.

Este jubileo se vuelve, entonces, en un llamado también a reafirmar nuestro compromiso de continuar trabajando por la justicia, la construcción de la paz y la integridad de la creación.

Pacto de las catacumbas: la urgencia de volver a la Iglesia de los pobres

 

 Con motivo de la celebración de los 50 años del Pacto de las Catacumbas, se realizó un seminario en Roma para tratar la actualidad de la propuesta firmada por 42 padres conciliares, en las Catacumbas de Domitilla, en 1965. El Pacto, firmado en los últimos días del Concilio Vaticano II (1962-1965), instó a la Iglesia Católica a renovarse y a asumir el compromiso con los pobres y excluidos. En el seminario, el teólogo español Jon Sobrino disertó sobre el impacto de este acuerdo en la Iglesia de hoy y sobre la urgencia de volver a la “Iglesia de los pobres”. El lunes 16 de noviembre, dia del aniversario, fue celebrada una Eucaristía en las Catacumbas. Con motivo del seminario, Jon Sobrino fue recibido por Francisco en la Casa Santa Marta, quien le recomendó: “continúe escribiendo”. Presentamos el texto completo de la homilía de Sobrino, así como una reseña del Pacto de las Catacumbas, y los 13 compromisos que se asumieron.

Celebración en Santa Domitila y presencia de Jon Sobrino

El Encuentro tuvo su momento culmen con una celebración en la misma catacumba de Santa Domitila (discípula de Pedro, allá en el cristianismo primitivo), presidida por el obispo italiano Luigi Betazzi (uno de los obispos firmantes de pacto) y Jon Sobrino, quien en su predicación hizo un breve balance de los frutos de este pacto diciendo que en estos años posteriores al ecuménico Concilio Vaticano II, ha habido padres y madres de la iglesia, ha habido comunidades de base y comunidades indígenas, seminarios y universidades que enseñaron y practicaron la liberación, y con ellos y ellas la iglesia católica se ha parecido un poco más a Jesús.

El también sacerdote Jesuita, dictó el pasado sábado 14 de noviembre una conferencia en la Universidad Urbaniana de Roma (también como parte de las actividades del Encuentro Resistencia y Esperanza), rompiendo con ello largas décadas de censura Vaticana, desde que la nada Sacra Congregación para la Doctrina de la Fe (presidida en ese entonces por Joseph Ratzinger) prohibió a Jon Sobrino dictar cátedra en cualquier universidad católica de América Latina y el mundo.

Con todo, el sobreviviente de la dictadura militar salvadoreña dijo no sentirse resentido por haber sido perseguido por la iglesia, antes bien enfatizó que la opción por los pobres implica correr riesgos y celebró que las primeras palabras firmado aquella mañana de noviembre de 1965 no fueran ni religiosas ni bíblicas, sino palabras sobre la realidad de este mundo: sobre el clamor de la injusticia, que tres años después proclamará el documento de Medellín al decir que: llegan hasta nosotros las quejas de que los obispos y sacerdotes en AL son ricos y aliados a los ricos, han construido una imagen de iglesia rica.

En su predicación recordó a Monseñor Romero y a sus hermanos jesuitas asesinados en el Salvador justo un 16 de noviembre, junto con 2 mujeres más. Dijo que ellos, como Jesús, también expulsaron demonios: el gobierno, la oligarquía, el ejército. Y como Jesús, murieron e inspiraron a muchos porque actuaron sin dubitar ni poder dubitar, frente a la encrucijada de salir o no salir de El Salvador ante las constantes amenazas.

No se fueron, porque los pobres no se podían ir, decidieron Ignacio Ellacuría y los otros cuando Romero, 9 sacerdotes y 5 religiosas ya habían sido asesinados por la dictadura.

Finalmente habló del papa Francisco, con quien se encontró también en días anteriores en Santa Martha: se esta moviendo de nuevo en las catacumbas, dijo, a su modo… quiere reformar la iglesia, ayudémoslo. Confesó que nunca había estado con un papa y que al despedirse, Francisco le dijo en un abrazo: escriba, escriba… lo que no precisamente me han pedido los papas.

Terminó su intervención invitando a todas y todos los presentes en la catacumba a que el recuerdo de los mártires no nos deje descansar en paz.

Vigencia y futuro del Pacto de las Catacumbas

Al final del encuentro, el ambiente fue de esperanza, de crítica y de necesidad de mirar con valentía hacia el horizonte, y renovar el Pacto de las Catacumbas. Hace 50 años, fue decisivo para el pacto las palabras de uno de sus ideólogos principales, Dom Hélder Cámara, quién encaró al Concilio Vaticano II diciendo: ¿Qué es lo que deberíamos hacer, ocuparnos solo de los problemas internos de la iglesia mientras dos tercios de la humanidad muere de hambre?

Hoy, que nuevos y mas agudos rostros de la pobreza y la injusticia azotan el mundo, se plantea la necesidad de que ese nuevo pacto no sea más secreto, ni cerrado, ni patriarcal. Ciertamente, poco de lo que se comprometió en ese pacto permeará a la iglesia pos-conciliar, y por ello es necesario que el nuevo pacto asumido ahora por este Encuentro en Roma y por muchas otras gentes y comunidades en el mundo, debe salir del gueto católico y ser de Iglesia en salida, ha de ser un pacto público, laical y universal de todos los habitantes en los Areópagos del mundo (Paulo Suess)

Sólo de esta forma nos será posible asumir con energía las banderas de lucha de diferentes actores sociales y en contextos diversos y plurales, para construir espiritualidades más encarnadas, humanas, no exclusivamente confesionales, ecuménicas y abiertas a diversas sensibilidades y subjetividades. Al grado de construir modelos, estilos, maneras eclesiales más sencillas y humildes, sin perder la perspectiva de los pobres, la profundidad compasiva, ni la crítica profética.


“Una Iglesia pobre y para los pobres”. 50 años del Pacto de las Catacumbas

“Para los países subdesarrollados la Iglesia se presenta como es y como quiere ser, como Iglesia de todos, en particular como la Iglesia de los pobres”. Con estas palabras proféticas el Papa Juan XXIII invitaba a los cristianos y sobre todo a sus “hermanos Obispos” a llevar una vida de pobreza y a ser una “Iglesia sierva y pobre”. En su Radiomensaje del 11 de septiembre de 1962, un mes antes del inicio del Concilio Vaticano II, el “Papa Bueno” – como afectuosamente lo llamaban – trazaba el camino que la Iglesia debería seguir guiados por sus pastores y asistidos por la acción del Espíritu Santo.

Tres años después y en pleno Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI visitó las Catacumbas romanas de Santa Domitila, el 12 de septiembre de 1965. En su homilía, Papa Montini señalaba que las “Catacumbas son el lugar de una larga historia de persecución y martirio, a la cual la Iglesia de los primeros siglos fue sometida”. Pero también, dijo el Pontífice, “son el lugar donde se vivía la fe en Cristo, con la convicción de que Él, es la verdad, la salvación, la esperanza y la victoria definitiva”. “Aquí el cristianismo – afirmó el Papa – fundó sus raíces en la pobreza, en el sufrimiento de las injusticias y persecuciones; aquí la Iglesia, se despojó de todo poder humano, fue pobre, fue humilde, fue pía, fue opresa, fue heroica. Aquí el primado del Espíritu, del cual habla el Evangelio, subrayó el Obispo de Roma, tuvo su oscura, casi misteriosa, pero a la vez firme afirmación, de un testimonio incomparable, su martirio”.

Pocos días antes de la clausura del Concilio Vaticano II, el 16 de noviembre de 1965, 42 Obispos de 15 países diferentes, firmaron en las Catacumbas de Santa Domitila, el llamado “Pacto de las catacumbas”, con el cual se comprometían a llevar una vida de pobreza y a ser una Iglesia sierva y pobre, como los había inspirado el Papa Juan XXIII. Este Pacto fue una expresión pública del camino y del compromiso de la llamada “Iglesia de los Pobres” que se había formado desde la primera sesión del evento conciliar.

“Como quisiera una Iglesia pobre y para los pobres”, era el deseo del Papa Francisco a pocos días de su elección a la Cátedra de Pedro, el 16 de marzo de 2013. De este modo, hablando a los representantes de los medios de comunicación, re-proponía el tema antiguo y actual en la Iglesia cercana a los sectores sociales más emarginados, a los desterrados, a los indigentes y a quienes sufren la injusticia y la violencia.


Texto del Pacto de las Catacumbas

Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el evangelio; motivados los unos por los otros, en una iniciativa en que cada uno de nosotros quisiera evitar la excepcionalidad y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos de episcopado; contando sobre todo con la gracia y la fuerza de Nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo siguiente:

1) Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población, en lo que concierne a casa, alimentación, medios de locomoción y a todo lo que de ahí se sigue.

2) Renunciamos para siempre a la apariencia y a la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (tejidos ricos, colores llamativos, insignias de material precioso). Esos signos deben ser ciertamente evangélicos: ni oro ni plata.

3) No poseeremos inmuebles ni muebles, ni cuenta bancaria, etc. a nuestro nombre; y si fuera necesario tenerlos, pondremos todo a nombre de la diócesis, o de las obras sociales caritativas.

4) Siempre que sea posible confiaremos la gestión financiera y material de nuestra diócesis a una comisión de laicos competentes y conscientes de su papel apostólico, en la perspectiva de ser menos administradores que pastores y apóstoles.

5) Rechazamos ser llamados, oralmente o por escrito, con nombres y títulos que signifiquen grandeza y poder (Eminencia, Excelencia, Monseñor…). Preferimos ser llamados con el nombre evangélico de Padre.

6) En nuestro comportamiento y en nuestras relaciones sociales evitaremos todo aquello que pueda parecer concesión de privilegios, prioridades o cualquier preferencia a los ricos y a los poderosos (ej: banquetes ofrecidos o aceptados, clases en los servicios religiosos).

7) Del mismo modo, evitaremos incentivar o lisonjear la vanidad de quien sea, con vistas a recompensar o a solicitar dádivas, o por cualquier otra razón. Invitaremos a nuestros fieles a considerar sus dádivas como una participación normal en el culto, en el apostolado y en la acción social.

8) Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexión, corazón, medios, etc. al servicio apostólico y pastoral de las personas y grupos trabajadores y económicamente débiles y subdesarrollados, sin que eso perjudique a otras personas y grupos de la diócesis. Apoyaremos a los laicos, religiosos, diáconos o sacerdotes que el Señor llama a evangelizar a los pobres y los trabajadores compartiendo la vida y el trabajo.

9) Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus relaciones mutuas, procuraremos transformar las obras de “beneficencia” en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos y a todas, como un humilde servicio a los organismos públicos competentes.

10) Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, las estructuras y las instituciones sociales necesarias a la justicia, a la igualdad y al desarrollo armónico y total de todo el hombre en todos los hombres, y, así, al advenimiento de otro orden social, nuevo, digno de los hijos del hombre y de los hijos de Dios.

11) Porque la colegialidad de los obispos encuentra su más plena realización evangélica en el servicio en común a las mayorías en estado de miseria física cultural y moral -dos tercios de la humanidad- nos comprometemos a:

-participar, conforme a nuestros medios, en las inversiones urgentes de los episcopados de las naciones pobres;
-pedir juntos a nivel de los organismos internacionales, dando siempre testimonio del evangelio como lo hizo el Papa Pablo VI en las Naciones Unidas, la adopción de estructuras económicas y culturales que no fabriquen más naciones pobres en un mundo cada vez más rico, sino que permitan a las mayorías pobres salir de su miseria.

12) Nos comprometemos a compartir nuestra vida, en caridad pastoral, con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos, para que nuestro ministerio constituya un verdadero servicio; así:

-nos esforzaremos para “revisar nuestra vida” con ellos;
-buscaremos colaboradores que sean más animadores según el Espíritu que jefes según el mundo;
-procuraremos hacernos lo más humanamente presentes y ser acogedores;
-nos mostraremos abiertos a todos, sea cual sea su religión.

13) Cuando volvamos a nuestras diócesis, daremos a conocer a nuestros diocesanos nuestra resolución, rogándoles nos ayuden con su comprensión, su colaboración y sus oraciones.

Que Dios nos ayude a ser fieles.


Homilía de Jon Sobrino en el encuentro: Celebrando los 50 años del Pacto de las Catacumbas

Estos días hemos reflexionado sobre “el pacto de las catacumbas” que hace cincuenta años firmaron en este lugar alrededor de cuarenta obipos. Se comprometían personalmente a construir “una Iglesia pobre y servidora”. Asi estaban recogiendo el gran deseo de Juan XXIII: que la Iglesia sea “una Iglesia de los pobres”. En el aula conciliar no prosperó la idea, pero el pacto de las catumbas se convirtió en el legado “secreto” del Vaticano II.

Hoy, en esta eucaristía, ante Dios y reunidos como su pueblo, quisiéramos comprometernos en la construcion de esa Iglesia, que es la unica Iglesia de Jesus. Es la mejor manera, y en definitiva la única manera, de recordar el pacto de las catacumbas como es debido. Y de renovarlo con la urgencia necesaria.

Tras el pacto ha habido epocas de florecimiento eclesial, y es bueno recordarlo para tener aliento en épocas difíciles: si la gracia fue real, es que hoy tambien es posible. Y sigue habiendo un gran pecado, que nos urge a seguir siendo responsables de erradicarlo y a estar dispuestos a correr riesgos. Pecado es en nuestros dias Lampedusa, los refugiados que buscan sobrevivir ante la eficaz indiferencia de Europa. Y pecado es la pederastia de sacerdotes y el carrerismo de altos eclesiásticos. Todo ello lo recuerda con vigor y rigor el papa Francisco.

Pero es mas fructífero recordar la gracia. Es mas dificil porque nos exige mucho. Y es mas gozoso, porque, lo que ha ocurrido en estos cincuenta años sigue siendo una buena noticia. Ha ocurrido en muchos lugares, pero me comprenderán si me centro en el continente latinoamericano.

Ha habido obispos padres de la Iglesia, algunos de ellos mártires, Don Helder Camara, Angelelli, don Samuel Ruiz, Leonidas Proaño, Juan Gerardi. Ha habido, menos conocidas, madres de la Iglesia, laicas y religiosas, algunas de ellas mártires. En El Salvador María Julia Hernández, Marianella García Villa, Rufina Amaya, Silvia Arriola. Ha habido comunidades de base, así llamadas porque están a la base de la sociedad de un mundo pobre, y comunidades indígenas que luchan por sus culturas. Ha habido seminarios y universidades que enseñan y promueven la liberación de los oprimidos. Ha habido teología de la liberación y cercanía de iglesias hermanas.Ha habido muchos mártires, mucho amor y mucha entrega. Y la Iglesia se ha parecido un poco más a Jesús.

Al firmar el pacto de las catacumbas los obispos tuvieron sencillez, lucidez y decisión. Quisiera decir ahora lo que, en lo personal, mas me ha impactado de lo que ayudaron a generar una corriente episcopal.

1. El nosotros del pacto fue recogido en Medellín.

En el pacto de las catacumbas los obispos hablaron muy personalmente. No hablaron para enseñar a los fieles, sino para hablar unos a otros. Llegaron a formar un “nosotros” existencial. Y generaron una importante corriente eclesial.

Tres años despues en Medellin los obispos dijeron. “Un sordo clamor brota de millones de hombres, pidiendo a sus pastores –pidiéndonos- una liberación que no les llega de ninguna parte (n. 2). Y añaden lo que no se suele decir: “Llega también hasta nosotros las quejas de que la Jerarquía, el clero, los religiosos, son ricos y aliados de los ricos” (n. 2). Aclaran que a veces se confunde la apariencia con la realidad, pero reconocen que hay cosas que han contribuido a crear la imagen de una Iglesia institucional rica: los grandes edificios, las casas de párrocos y religiosos, cuando son superiores a las del barrio en que viven; los vehículos propios, a veces lujosos; la manera de vestir heredada de otras épocas…

Esclarecidas las exageraciones, y hablando en primera persona los obispos reconocen lo que de verdad hay en las quejas. “En el contexto de pobreza y aun miseria en que vive la gran mayoría del pueblo latinoamericano, los obispos, sacerdotes y religiosos tenemos lo necesario para la vida y una cierta seguridad, mientras los pobres carecen de lo indispensable y se debaten entre la angustia y la incertidumbre” (n. 3).

Reconocen el distanciamiento y desinterés que los pobres resienten. “No faltan casos en que los pobres sienten que sus obispos, o sus párrocos y religiosos, no se identifican realmente con ellos, con sus problemas y angustias, que no siempre apoyan a los que trabajan con ellos o abogan por su suerte” (n. 3). Resuena el papa Francisco.

Estas palabras pensadas y detalladas muestran que los obispos tomaron en serio existencialmente, como personas y como grupo, el clamor de los pobres.

Y tambien lo presupone las palabras iniciales de Medellin. “Existen muchos estudios sobre la situación del hombre latinoamericano. En todos ellos se describe la miseria que margina a grandes grupos humanos. Esa miseria, como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo” (n.1).

El texto es de suma importancia. Al ponerlo al comienzo de todo el documento los obispos confiesan lo que está en su mente y en su corazón. Y llama poderosamente la atención que, siendo un texto escrito por obispos, creyentes en Dios, amantes de Jesucristo y servidores en la Iglesia, sus primeras palabras no sean palabras religiosas, ni bíblicas, ni dogmáticas. Son palabras sobre la realidad de este mundo; más en directo, sobre su pecado. Mencionan a quienes lo sufren, y, por implicación, a quienes lo cometen. El pecado mayor es la “injusticia”. Las palabras “clama al cielo” pueden ser el equivalente al término español “desorbitante”, pero también se pueden entender como en Éxodo 3, 9: “El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí”, dice Jahvé.

2. Mons. Romero fue fiel a los pobres hasta el martirio

El cambio de Monseñor se debió sustancialmente al asesinato de Rutilio Gande el 12 de marzo de 1977 en Aguilares. Es bien conocido. Ahora quiero recordar su total cercanía a pobres, empobrecidos y víctimas.

El 19 de junio de 1977 Monseñor volvió a Aguilares, cuando el ejército salió del pueblo tras un mes de haberlo ocupado y haber asesinado alrededor de cien campesinos. Recuerdo perfectamente como comenzó su homilía: “A mí me toca ir recogiendo cadáveres”.

Fue duro con los criminales y les recordó las palabras de la Escritura: “Quien a hierro mata, a hierro muere”. En el ofertorio presentó a Dios a las cuatro religiosas que se había ofrecido a sustituir a los sacerdotes expulsados de Aguilares. Y a los campesinos que, atemorizados, no habían ido al templo, pero que podían escuchar sus palabras a traves de altavoces les dijo: “Ustedes son la imagen del Divino Traspasado… [Este pueblo] es la imagen de todos los pueblos que, como Aguilares, serán atravesados, serán ultrajados”(1) .

Monseñor preparaba sus homilías pensando en el pueblo sufriente. Así lo dijo en su última homilía dominical, la víspera de ser asesinado:”Le pido al Señor durante la semana, mientras voy recogiendo el clamor del pueblo y el dolor de tanto crimen, la ignominia de tanta violencia, que me dé la palabra oportuna para consolar, para denunciar, para llamar al arrepentimiento, y, aunque siga siendo una voz que clama en el desierto, sé que la iglesia está haciendo el esfuerzo por cumplir su misión” (2) .

Y con ese pueblo se comprometió hasta el final. “Quiero asegurarles a ustedes, y les pido oraciones para ser fiel a esta promesa, que no abandonaré a mi pueblo, sino que correré con él todos los riesgos que mi ministerio me exige” (3) .

Monseñor tomó en serio la construcción de una iglesia, la relacionó con el pueblo crucificado. La Iglesia de Jesús es una Iglesia perseguida. En un arrebato evangélico dijo: “Me alegro, hermanos, de que nuestra Iglesia sea perseguida, precisamente por su opción preferencial por los pobres y por tratar de encarnarse en el interés de los pobres”(4) . Y en un arrebato mayor confesó: “Sería triste que, en una patria donde se está asesinando tan horrorosamente, no contáramos entre las víctimas también a los sacerdotes. Son el testimonio de una Iglesia encarnada en los problemas de su pueblo” (5) .

Monseñor fue un hombre feliz. En 1979 le dijo al comienzo de la homilia al director de una delegación de Iglesias hermanas de Estados Unidos: “Quiero que a su regreso exprese simplemente lo que ha visto y oído, y lleve el testimonio de que con este pueblo no cuesta ser buen pastor; es un pueblo que empuja a su servicio… Más que un servicio… significa para mí un deber que me llena de satisfacción” (6) .

En el funeral que celebramos en la UCA un poco despues del asesinato Ellacuria dijo en su homilia: “Con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”.

3. Otro 16 de noviembre, en 1989, en El Salvador fueron asesinados seis jesuitas y dos trabajadoras de la UCA.

Después de Medellín no solo Monseñor Romero fue asesinado. Ya he mencionado al principio los nombres de hombres y mujeres mártires. También hubo niños y ancianos. Permìtaseme recordar ahora a mis compañeros asesinados hace 26 años. Me han hecho pensar sobre lo que es el cristianismo, la Iglesia y la universidad. Por ser jesuitas su recuerdo puede ayudar a los religiosos y religiosas. Y por trabajar en una universidad puede ayudar a laicos y laicas.

Iluminan el cristianismo porque reprodujeron en forma real, no intencional o devocional, la vida de Jesús. Su mirada se dirigió a los pobres reales, los que no dan la vida por supuesto y viven y mueren sometidos a la opresión del hambre, la injusticia, el desprecio, y a la represión de torturas, desaparecimientos, asesinatos, muchas veces con gran crueldad. Se movieron a compasión e “hicieron milagros”, poniendo ciencia, talentos, tiempo y descanso, al servicio de la verdad y de la justicia. Y “expulsaron demonios”.

Ciertamente lucharon contra los demonios de fuera, los opresores, oligarcas, gobiernos, fuerzas armadas, y de esos defendieron a los pobres. No les faltaron modelos, Rutilio Grande y Monseñor Romero. Y fueron fieles hasta el final, en medio de bombas y amenazas, con misericordia consecuente. Murieron como Jesús, y han engrosado una nube de testigos, cristianos, sacerdotes, religiosos, también agnósticos, que han dado su vida por la justicia. Estos son los “mártires jesuánicos”, referente esencial para los cristianos y para cualquiera que quiera vivir humana y decentemente en nuestro mundo.

Fueron fieles a su vocación, y actualizaron a San Ignacio. Su tarea fue bajar de la cruz al pueblo crucificado, la liberación de la opresión, especialmente la producida por causas estructurales, y elegir el camino de la civilización de la pobreza en contra de la civilización de la riqueza, acumuladora y deshumanizante.

En este contexto me parece oportuno recordar un hecho singular: los mártires de la UCA nunca discernieron si era voluntad de Dios quedarse en el país, con riesgos, amenazas y persecuciones, o salir del país. Creo que ni se les ocurrió. Actuaron “sin dubitar ni poder dubitar” (Ejercicios de San Ignacio n. 175).

Si nos preguntamos “que movía y atraía la voluntad”, podemos decir que era “Dios nuestro Señor” comunicándose al alma. Pero creo que conocemos las realidades históricas que no les ataban al pais: “el sufrimiento del pueblo”, “la vergüenza que daba abandonar al pueblo”, “la fuerza cohesionante de la comunidad”, “el recuerdo enriquecedor de Monseñor Romero, de nueve sacerdotes y cinco religiosas asesinadas”, incluso el “haberse acostumbrado a la persecución”. Pienso que todo ello movía la voluntad e iluminaba las decisiones y el camino a seguir. Dios no actuaba a través de cualquier cosa, sino a traves de las que hemos mencionado.

El Padre Arrupe dijo de ellos que “éstos son los jesuitas que necesita hoy el mundo y la Iglesia. Hombres impulsados por el amor de Cristo, que sirvan a sus hermanos sin distinción de raza o de clase. Hombres que sepan identificarse con los que sufren, vivir con ellos hasta dar la vida en su ayuda. Hombres valientes que sepan defender los derechos humanos, hasta el sacrificio de la vida, si fuera necesario” (19 de marzo, 1977, una semana despues del asesinato de Rutilio Grande).

Con los jesuitas murieron asesinadas dos mujeres: Julia Elba Ramos, 42 años, cocinera de una comunidad de jóvenes jesuitas, pobre, alegre e intuitiva, y trabajadora toda su vida. Y su hija Celina, 15 años, activa, estudiante y catequista; con su novio habían pensado comprometerse en diciembre de 1989. Se quedaron a dormir en la residencia de los jesuitas, pues allí se sentían más seguras. Pero la orden fue “no dejar testigos”. En las fotos se nota el intento de Julia Elba de defender a su hija con su propio cuerpo. Son el símbolo del pueblo crucificado, inocente e indefenso.

Una última reflexión creyente. De los mártires de la UCA, unos fueron más parecidos a Monseñor Romero, los jesuitas. Otros fueron más parecidos al pueblo crucificado, las dos mujeres. Mirándolos a todos ellos y ellas en su conjunto, podemos decir que con ellos y ellas Jesús y su Dios pasaron por este mundo cargando con la cruz. Pero también hay que decir que, contra toda apariencia, en ellos y ellas pasó el Dios de la salvación. Así lo escribió el P. Ellacuría con rigor científico. Por mi parte escrito: “fuera de los pobres -y de las víctimas- no hay salvación”.

4. Los mártires traen salvación

Hemos recordado a mártires. Su vida y su muerte son de gran dureza, y por eso mis palabras pueden sonar fuertes. Pero también es verdad que a ellos se dirigen las bienaventuranzas de Jesús. Y que para nosotros son -pueden ser- una bendición: nos animan a entregarnos a los demás y a tener esperanza, ánimo que no se encuentra, con esa fuerza, en ninguna otra parte, ni en la liturgia ni en la actividad de la academia.

Los seis jesuitas de la UCA cargan con nosotros y nos llevan en su fe, Julia Elba y Celina nos llevan en la suya, pero de manera distinta. Yo al menos, no puedo entrar en su misterio. Pero Dios sí lo conoce y ellas -Dios sabe cómo- nos llevan a Dios.

Y contra toda ciencia y prudencia, los mártires generan esperanza. Miles de campesinos pobres, con familiares muertos, se juntan la víspera del 16 de noviembre en la UCA para celebrar unos con otros, rezar y cantar. Jürgen Moltmann lo teorizo muy bien hace unos años: “no toda vida es ocasión de esperanza, pero sí lo es la vida de Jesús, quien, por amor, tomó sobre sí la cruz”.

Para terminar quiero agradecer al Papa Francisco que se ha estado moviendo de nuevo en las catacumbas. A su modo, con humor y sencillez, con dureza y con cariño. Quiere reformar la Iglesia. Ayudémosle, no solo aplaudamos.

A Monsenor Luigi Bettazzi un gran abrazo. Y el agradecimiento de los salvadoreños a quienes nos ayudo en los años dificiles.

Y a los mártires, que descansen en paz. Que su paz nos transmita a los vivos la esperanza, y que su recuerdo no nos deje descansar en paz.

Más información en: pacto de las catacumbas

 

 

Sigue leyendo «Pacto de las catacumbas: la urgencia de volver a la Iglesia de los pobres»

Adviento 2015: Conversión ecológica con la encíclica Laudato Si

ecologiaHoy damos comienzo al tiempo de Adviento, una invitación a conectar con lo mejor que hay en cada ser humano para prepararnos a la celebración de la Navidad.

Este año, os proponemos vivir este tiempo en clave de  “Conversión Ecológica “ apoyada con reflexiones de la Encíclica LAUDATO SI que irán apareciendo diariamente en el blog Cristianismo y ecología.

A lo largo del adviento: la primera semana nos centraremos en el VER; la segunda, en el JUZGAR; la tercera,  en las LÍNEAS DE ACCIÓN. Además, se añade la dimensión de ACTITUDES, no la cuarta semana  sino a partir del 17 de diciembre, en que comienza la octava previa a la Navidad con lecturas propias para la eucaristía. Puesto que hablamos de “conversión”, son fundamentales las actitudes.

El esquema de cada día (además de incorporar una imagen y las citas de las lecturas de la misa del día) es:

– Convertir la mirada y la manera de pensar (equivalente al VER y al JUZGAR). Una cita de la encíclica junto con un breve comentario que puede incluir algún enlace de internet.

 Convertir el estilo de vida y comportamiento (equivalente al ACTUAR). Un texto, no necesariamente de la encíclica, que invite al cambio personal, junto con una propuesta práctica en esa línea.

 Convertir el corazón y el espíritu (equivalente a las ACTITUDES). Una breve oración.

He aquí el esquema de contenidos de las cuatro semanas (las cifras entre corchetes representan párrafos de la encíclica):

Primera semana. Convertir la mirada: VER

– Domingo 29: Cómo ver: una mirada compasiva [17-19]
– Lunes 30: Contaminación, basura y cultura del descarte [20-22]
– Martes 1: Cambio climático: el clima como bien común [23-26]
– Miércoles 2: La cuestión del agua [27-31]
– Jueves 3: Pérdida de biodiversidad [32-42]
– Viernes 4: Deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social [43-47]
– Sábado 5: Inequidad planetaria [48-52]

 Segunda semana. Convertir la manera de pensar: JUZGAR
– Domingo 6: La luz que ofrece la fe [63-64]
– Lunes 7: La sabiduría de los relatos bíblicos [65-75]
– Martes 8: Misterio, mensaje, comunión [76-92]
– Miércoles 9: La mirada de Jesús [96-100]
– Jueves 10: La tecnología: creatividad y poder [102-105]
– Viernes 11: Gobalización del paradigma tecnocrático [106-114]
– Sábado 12: Crisis y consecuencias del antropocentrismo moderno [115-121]

 Tercera semana. Convertir el comportamiento: LÍNEAS DE ACCIÓN
– Domingo 13: Aceptar la necesidad de decrecimiento [193]
– Lunes 14: Cultivar la simplicidad voluntaria [222-225]
– Martes 15: La necesaria dimensión social [138-142]
– Miércoles 16: Las imprescindibles redes comunitarias [219]

 Octava previa a la Navidad. Convertir el corazón: ACTITUDES
– Jueves 17: Conciencia de comunión universal [220, 240]
– Viernes 18: Desarrollo de la creatividad [131, 148, 191, 192, 211, 220]
– Sábado 19: Conversión integral [137, 218]
– Domingo 20: Salir de sí mismo, superando el individualismo [208]
– Lunes 21: Gratitud y gratuidad [220]
– Martes 22: Asombro y alabanza [11, 97]
– Miércoles 23: Esperanza [61, 212
– Jueves 24: Gozo y celebración [244]

 

Si queréis recibir en vuestro correo la oración para cada día no tenéis más que subscribiros en el Blog. cristianismoyecologia.wordpress.com

Esperamos que este recorrido nos ayude en nuestra conversión ecológica, preparándonos así a la celebración de la Navidad.