Hna. Paciencia Melgar en Granada

 

Hna-Paciencia (1)

La revista Mundo Negro, de los Misioneros Combonianos  ha concedido el Premio a la Fraternidad 2014 a la Hna. Paciencia Melgar, misionera de la Inmaculada Concepción  que se contagió del Ébola en el Hospital de San José de Monrovia, la capital liberiana y que logró superar la enfermedad.

La hermana Paciencia ha sido galardonada por el trabajo de cuidado y atención a los enfermos del Hospital San José, gestionado por los  hermanos de San Juan de Dios, donde el ébola provocó la muerte de buena parte del personal sanitario, entre ellos, el hermano Miguel Pajares y la hermana Chantal, también misionera de la Inmaculada Concepción y que obligó a su cierre temporal.

Desde que llegó a España la hermana Paciencia ha desarrollado una intensa labor divulgativa sobre la incidencia del virus en África Occidental, así como del trabajo de los misioneros en crisis humanitarias como la que se ha producido a causa del virus.

La revista ‘Mundo Negro’ concede desde 1994 el Premio a la Fraternidad, que se otorga a personas que destaquen por la defensa de los derechos humanos, del medio ambiente, la promoción de la democracia, de la cultura o de los valores africanos, así como por el trabajo a favor de colectivos desfavorecidos.

Tras recibir el premio el pasado fin de semana, la hna. Paciencia estuvo  esta semana en Granada donde  compartió su testimonio  y nos habló de la  salud en África, más allá del Ébola. En su charla nos animó a todos los asistentes a seguir luchando contra las desigualdades e injusticias que son la causa de muchos de los males que azotan al continente africano.

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«Estoy preparada para volver. Cuando ves la necesidad de los demás, te olvidas de ti mismo».

Hna. Paciencia Melgar

Óscar Romero declarado mártir y beato

romeroEl Papa ha proclamado beato al arzobispo de San Salvador (El Salvador), Óscar Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980, al reconocer que el obispo es mártir, ya que fue asesinado in odium fidei (en odio por su fe) mientras oficiaba una misa en la iglesia de la Divina Providencia en San Salvador. Según ha informado el Vaticano en una nota de prensa, Francisco autorizó a la Congregación de la Causa de los Santos del Vaticano, tras una reunión con el Prefecto cardenal Angelo Amato, la promulgación del decreto de martirio de Romero.

La disposición del Papa representa la última etapa en la sorprendente aceleración que ha caracterizado la última parte del camino de Romero hacia los altares: los peritos teólogos del dicasterio vaticano para los santos habían expresado, unánimemente, su visto bueno para la beatificación el pasado 8 de enero. Mientras los obispos y los cardenales de la Congregación manifestaron su aprobación hoy. La confirmación del Papa en relación con la promulgación del decreto estaba prevista para el próximo jueves, pero decidió reducir los tiempos y firmar inmediatamente. Una decisión que contrasta con las lentitudes, los sabotajes y los obstáculos que acompañaron la causa de beatificación, a pesar de que desde hace tiempo los católicos latinoamericanos lo llamen «San Romero de América».

La causa de beatificación de Romero llegó a Roma en 1996, después de que en El Salvador hubiera concluido la fase diocesana. Desde entonces, los tiempos se dilataron a pesar de las cartas con las que el episcopado salvadoreño, superando antiguas divisiones, había comunicado a Roma los votos unánimes para que se reconociera rápidamente el martirio de Romero; y a pesar de las numerosas peticiones de los fieles, que esperaban ver beatificado a Romero en el año del jubileo.

En esos años, en Roma, existía una influyente facción de altos prelados que alimentaban resistencias subterráneas a la canonización de Romero. Un episodio notable sucedió al cardenal Francisco Javier Nguyen Van Thuan: justo en el año 2000, mientras predicaba los ejercicios espirituales para la Curia Romana y el Papa, el ya fallecido purpurado vietnamita había recordado a Romero, como uno de los grandes testimonios de fe de nuestros tiempos. Y justamente por ello, al final de las meditaciones, recibió duras recriminaciones por parte de algunos purpurados latinoamericanos, que lo acusaban de haber exaltado frente al Papa a una figura que, según sus opiniones, era controvertida, cuando no «subversiva». Pocos meses después llegó la publicación de las meditaciones de Cuaresma y en ellas no figura el nombre de monseñor Romero, ni siquiera en citas o alusiones fugaces.

Durante mucho tiempo, lo que había justificado el retraso en la causa fue el examen que hizo el ex-Santo Oficio sobre las homilías, el diario y los escritos públicos de monseñor Romero. Se pretendía constatar la absoluta conformidad con la doctrina católica. Muchos años y miles y miles de páginas. Y la conclusión fue que en el magisterio episcopal de Romero no había errores doctrinales.

Durante esos años, quien asumió un papel preponderante en la gestión del expediente Romero fue en particular el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, influyente asesor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que falleció en 2008. Y por influencia suya, llegaron a la Congregación para las Causas de los Santos algunas disposiciones en contra de la beatificación. Desde entonces no había llegado al mismo dicasterio ninguna indicación que fuera en sentido opuesto y que fuera capaz de desbloquear el curso del proceso, para que pudiera encausar los procedimientos ordinarios del resto de las causas.

En mayo de 2007, mientras volaba hacia Brasil para su primer viaje a Latinoamérica, Benedicto XVI respondió a una pregunta sobre el proceso de beatificación de Romero. El Papa respondió con una pequeña apología del obispo asesinado: lo describió como «un gran testimonio de fe» y recordó que su muerte había sido «verdaderamente increíble», frente al altar. No se refirió en esa ocasión a la categoría del martirio, pero dijo que la persona de Romero «es digna de beatificación». Increíblemente, estas palabras pronunciadas por el Papa Ratzinger ante las cámaras televisivas y ante varias grabadoras fueron olvidadas en las versiones oficiales de las transcripciones de la entrevista publicadas en los medios vaticanos.

Según algunos sectores, llevar a Romero a los altares habría significado beatificar la Teología de la Liberación, o, incluso, algunos movimientos populares de inspiración marxista y las guerrillas revolucionarias de los años setenta. Prejuicios refutados desde hace tiempo, gracias a los estudios del historiador Roberto Morozzo della Rocca. Romero era un religioso devoto y atormentado, que conoció la conversión pastoral frente al sufrimiento dramático del pueblo en los años de la dictadura y de los escuadrones de la muerte.

La aceleración que se ha verificado bajo el Pontificado de Francisco anula todas las cautelas y resistencias alimentadas por prejuicios de orden político. El verdadero Romero no era un agitador o seguidor de nuevas teorías políticas. Incluso sus textos y discursos más «radicales», cuando desde el púlpito decía los nombres y apellidos de quienes oprimían al pueblo, surgían de esa pasión por la suerte de los pobres, que es elemento ineludible de la Tradición de la Iglesia.

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Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2015

El papa Francisco, con motivo de la celebración de la 101 Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, del año 2015, ha dirigido a toda la Iglesia un mensaje estimulante, luminoso y profético. Los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones, siguiendo el surco abierto por el santo padre, quieren también invitarnos a acoger su palabra, a releerla desde nuestras realidades concretas y a llevarla a la práctica. 773 Migraciones 2015
Nos invita el santo padre, en primer lugar, a contemplar a Jesús, «el evangelizador por excelencia y el Evangelio en persona»[1], a dejarnos sorprender por su solicitud en favor de los más vulnerables y excluidos, a reconocer su rostro sufriente en las victimas de la nuevas formas de pobreza y esclavitud, a acoger su palabra, tan clara, tan contundente: «Fui forastero y me hospedasteis» (Mt 25, 35-36).
La Iglesia, heredera de la misión de Jesús, a la vez que anuncia a los hombres que «Dios es amor» (1 Jn 4, 8.16) abre sus brazos para acoger a todos, sin discriminaciones. Ya en Pentecostés, los discípulos, empujados por el Espíritu, vencen miedos, superan dudas, se arriesgan al encuentro con quienes los judíos conocían como nacionalidades diversas, y, a pesar de las diferencias de lenguas, se entendían. Los hombres podemos entendernos cuando hablamos el lenguaje de Dios, que es el amor. Y cuando nos encerramos en nuestra torre, para evitar al que consideramos extranjero, pretendiendo preservar así nuestras seguridades, no hay entendimiento, sino división, violencia y marginación.
Hoy, como ayer, hemos de salir al encuentro de los hermanos emigrantes, haciendo visible la maternidad de la Iglesia, que, superando razas y fronteras, a todos acoge y «abraza con amor y solicitud como suyos»[2]. Es lo que resume admirablemente el lema elegido para esta Jornada del Emigrante y del Refugiado: «Iglesia sin fronteras, Madre de todos». La Iglesia en su conjunto y cada cristiano en particular hemos de practicar y difundir la cultura del encuentro, de la acogida, de la reconciliación, de la solidaridad.
Para una madre ningún hijo es inútil, ni está fuera de lugar, ni es descartable. Las madres, cuando se trata de los hijos, no saben de fronteras, como no lo sabía Jesús, al que vemos pasar al otro lado del lago, país extranjero, adentrarse en territorio sirio-fenicio, atravesar el país de los samaritanos, comer con publicanos y pecadores. No son las fronteras lo que le detiene, sino, más bien, los reencuentros, donde las diferencias son asumidas y transformadas en una acogida enriquecedora recíproca. Admira la fe de la sirio-fenicia (Mt 15, 21-28), hace que la samaritana se encuentre consigo misma y se convierta en evangelizadora para sus convecinos (Jn 4, 1-26). Al hilo de sus reencuentros Cristo reacciona, y a veces se irrita por el uso duro e ideologizado de las diferencias (Mc 1, 40-45; Mt 15, 1-20, Mt 9, 9-13).

El Papa en Filipinas: “la Iglesia está llamada a reconocer y combatir las causas de la desigualdad”

El Papa Francisco se encuentra de viaje apostólico en Sri Lanka y Filipinas. Este celebróviernes una Misa con los obispos y sacerdotes de Filipinas en la Catedral de la Inmaculada Concepción, en Manila, donde los alentó a “preparar caminos nuevos para el Evangelio en Asia”, combatir la desigualdad social, ser testigos creíbles del Señor rechazando la mundanidad, y estar cerca de los jóvenes y las familias.

El Santo Padre presidió la Misa luego del encuentro privado con el presidente Benigno Aquino y el discurso a las autoridades del país.

En su homilía, Francisco recordó el llamado de Cristo a los sacerdotes y obispos, “¿me amas?…apacienta mis ovejas”, y la cercanía de la celebración de los 500 años de la evangelización de Filipinas. “Hoy ustedes continúan esa obra de amor. Como ellos (sus obispos y sacerdotes predecesores), están llamados a construir puentes, a apacentar las ovejas de Cristo, y preparar caminos nuevos para el Evangelio en Asia, en los albores de una nueva era”, señaló.

En ese sentido, también recordó que los sacerdotes “estamos llamados a ser ‘embajadores de Cristo’” a través de su ministerio de la reconciliación. “Proclamamos la Buena Nueva del amor infinito, de la misericordia y de la compasión de Dios. Proclamamos la alegría del Evangelio”, afirmó.

“Ser un embajador de Cristo significa” invitar a un renPapa Francisco Sri Lankaovado encuentro personal con el Señor, “pero el Evangelio es también una llamada a la conversión, a examinar nuestra conciencia, como individuos y como pueblo”, señaló.

En ese sentido, indicó que “la Iglesia está llamada a reconocer y combatir las causas de la desigualdad” que contradicen las enseñanzas de Cristo, pues cada cristiano está llamado a vivir una vida honesta, íntegra e interesada el bien común.

“Como embajadores de Cristo, nosotros, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, debemos ser los primeros en acoger en nuestros corazones su gracia reconciliadora. San Pablo explica con claridad lo que esto significa: rechazar perspectivas mundanas y ver todas las cosas de nuevo a la luz de Cristo; ser los primeros en examinar nuestras conciencias, reconocer nuestras faltas y pecados, y recorrer el camino de una conversión constante”, indicó.

En ese sentido, recordó que los santos enseñan que el “encuentro diario con el Señor en la oración” es la fuente “de todo el celo apostólico”.

Vivir la novedad del Evangelio, “para todos nosotros, significa vivir de modo que se refleje en nuestras vidas la pobreza de Cristo, cuya existencia entera se centró en hacer la voluntad del Padre y en servir a los demás. El gran peligro, por supuesto, es el materialismo que puede deslizarse en nuestras vidas y comprometer el testimonio que ofrecemos. Sólo si llegamos a ser pobres, y eliminamos nuestra complacencia, seremos capaces de identificarnos con los últimos de nuestros hermanos y hermanas”.

Asimismo, pidió a los seminaristas estar “cerca de los jóvenes que pueden estar confundidos y desanimados, pero siguen viendo a la Iglesia como compañera en el camino y una fuente de esperanza”.

“Proclamar la belleza y la verdad del mensaje cristiano a una sociedad que está tentada por una visión confusa de la sexualidad, el matrimonio y la familia. Como saben, estas realidades sufren cada vez más el ataque de fuerzas poderosas que amenazan con desfigurar el plan de Dios sobre la creación y traicionan los verdaderos valores que han inspirado y plasmado todo lo mejor de su cultura”, exhortó.

Francisco afirmó que los filipinos son conocidos “por su amor a Dios, su ferviente piedad y su cálida devoción a Nuestra Señora y su rosario. Este gran patrimonio contiene un poderoso potencial misionero”.

“Queridos hermanos obispos, sacerdotes y religiosos: pido a María, Madre de la Iglesia, que les conceda un celo desbordante que los lleve a gastarse con generosidad en el servicio de nuestros hermanos y hermanas. Que de esta manera, el amor reconciliador de Cristo penetre cada vez más profundamente en el tejido de la sociedad filipina y, a través de él, hasta los confines de la tierra”, concluyó.

Un momento emotivo fue cuando el Papa, al momento del saludo de la paz, se bajó del altar para acercarse a un grupo de religiosas discapacitadas y a un sacerdote anciano, que se esforzó para ponerse de pie y con emoción recibir el saludo del Santo Padre.

 

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Blog de Justicia y Paz de Misioneros Combonianos de la Provincia de Norte America

988445_272853989505269_2657838303771424015_n (1)Justicia, Paz e Integridad de Creación(JPIC)  habla de la realidad desalentadora a la que nos enfrentamos en este pobre, maltratado y herido mundo. La pobreza y el hambre, la violencia, la degradación del medio ambiente, el calentamiento global, las guerras por el agua, la actual violencia en nombre del petroleo, las batallas por la tierra y los alimentos, todo esto nos llama a cambiar.

La crisis es real, mas la primera y la última palabra es la esperanza: esperamos ya que hay cosas por las que vale la pena vivir, cosas que dan valor a la vida- el amor, la reconciliación, la compasión, la justicia, la paz, la solidaridad y la sanación-. En efecto, hemos creado un mundo que está en riesgo: si prestamos atención al mensaje de Jesús podemos volver a vivir de manera diferente: en vez de cultivar violencia, se debe cultivar la paz.

Que significa JPIC?

Es una espiritualidad que viene del Evangelio, expande la compasión de Dios rechazando las guerras y desorden económico y trabajando por la justicia social. JPIC es una forma de hacer misión comprendida como un compromiso con la justicia y la paz, y una metodología de trabajo en la promoción del desarrollo y en la realización de los proyectos asumidos. JPIC transforma la promoción de un mundo nuevo, la denuncia de la injusticia y la protesta contra el poder en una actividad evangélica donde la lucha es sin violencia.

La espiritualidad de JPIC

Puede ser resumida con las palabras de Pablo VI en la inauguración del comité que será luego la Comisión JPIC: “A nuestros ojos ustedes representan la realización del ultimo deseo del Concilio (GS 90). En otros tiempos –y también hoy- una vez construida la Iglesia o la torre de las campanas, se colocaba un gallo en la parte superior del techo como un símbolo de vigilancia en la fe y de toda vida cristiana. De la misma manera esta Comisión no tienen otra misión que “mantener los ojos de la Iglesia abiertos, su corazón sensible y sus manos prestas a la caridad que la Iglesia está llamada a cumplir en el mundo.” (Pablo VI)

Los Misioneros Combonianos, siguiendo el ejemplo de San Daniel Comboni, hemos hecho una opción por los más pobres y débiles de la tierra. Para cumplir con nuestro compromiso, tratamos de llamar por su nombre y analizar las causas profundas de las estructuras sistémicas de la opresión en los ámbitos económico, político, social, cultural y religioso, y buscamos construir la cultura de la no violencia y de la paz, y promover el respeto y la defensa de los Derechos Humanos y de la Creación, en consonancia con la Doctrina Social Católica. Por esta razón estamos comprometidos con JPIC.

Los Misioneros Combonianos trabajamos en estrecha colaboración con VIVAT International en la Naciones Unidas, con la Red África Fe y Justicia (AFNJ) en Washington, D.C., y con la Red África Europa Fe y Justicia(AEFNJ) en Bruselas. “En su actividad evangelizadora el misionero se compromete a una total liberación del hombre del pecado y del egoísmo, de la guerra y de la injusticia y de las estructuras de opresión”. (RV n.60)

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