Sostener la Esperanza en Etiopía
Compartimos el testimonio misionero del P. Marco, desde Etiopía, enviado hace dos semanas. Nuestro compañero David ha participado en la misión de Gilgel Beles, pero ha retornado a España por la situación de violencia abierta, que se describe en el texto.
Queridos amigos, familiares y benefactores todos. Pido disculpas por esta larga ausencia debido, en primer lugar, a la pandemia, que bloqueó las comunicaciones postales entre Etiopía e Italia, y, después, a la guerra civil que se desarrolla desde hace un año, no sólo en la región norte, sino también en gran parte del país, que está siendo desgarrado por diversos grupos étnicos de liberación, o supuestos grupos de liberación. También en nuestra zona Gumuz, las consecuencias del odio étnico hacia la población negra e indígena, que tratamos de atender particularmente han dado lugar a la formación de una guerrilla de rebeldes gumuz que están sembrando el terror y la muerte en el campo. Mientras que hace unos años estaban equipados con los «infames arcos y flechas» para defender sus tierras, ahora disponen de municiones y armas más potentes. ¿Armas suministradas por quién? Fácil de imaginar, en esta compleja batalla por conseguir el poder en Etiopía o el control de nuestra zona, muy rica en recursos minerales y donde fluye toda el agua de la cuenca del Nilo.
Como saben, nuestra segunda misión entre los Gemer, Gublak, fue evacuada hace un año, y ahora el ejército federal también ha abandonado la ciudad. También estamos asediados en la misión de Gilgel Beles. Sin posibilidad de poder visitar los 27 pueblos donde teníamos escuelas, capillas y otros atractivos sociales. Los propios habitantes, por miedo a los rebeldes, han abandonado estos pueblos y se han refugiado en el bosque. Para salir de Gilgel y llegar a las tierras altas de Amara, necesitamos una escolta armada de soldados. Las hermanas combonianas también han estado refugiadas con nosotros durante dos meses, pero ahora han regresado a su misión en Mandura, a 10 km de nosotros, porque algunas personas han vuelto al pueblo. Probablemente no podrán reabrir la escuela y la clínica este año porque los profesores y las enfermeras no son gumuz y arriesgarían sus vidas, al igual que los gumuz que se aventuran en las ciudades vecinas.
En cambio, en Gilgel Beles, al estar protegida por soldados, hemos reabierto la escuela y este año tenemos muchos más niños gumuz que de costumbre, porque se han desplazado en los ataques desde sus aldeas destruidas por el conflicto étnico. Otro pueblo, en el que teníamos una escuela, fue arrasado hace unos meses. Los supervivientes se han instalado en casas a las afueras de nuestra misión.
Cuando regresé de Italia, en marzo, me centré en proporcionar asistencia inmediata a los innumerables refugiados gumuz que huyeron de sus pueblos destruidos por las incursiones de las milicias de las tierras altas. Alimentamos a miles de personas, mujeres, niños, jóvenes, distribuyendo también ropa y jabón a los que no tenían, especialmente a los menores y a los más débiles
Hemos abierto una clase especial para niños con dificultades auditivas en nuestra escuela. También atendemos a personas gravemente enfermas que llegan a la misión sin ningún tipo de apoyo y que proceden de zonas de la guerrilla donde no hay asistencia médica y escasea la comida. Hemos puesto en marcha una especie de albergue para estudiantes refugiados a los que pagamos el alquiler de la casa, la comida y la escuela, sin apoyo de sus familias, que también se encuentran en situaciones difíciles.
No hay agua y a menudo no hay electricidad en la ciudad. Suministramos agua de nuestro pozo, bombeada con nuestro generador a todo aquel que la necesite, sin importar la raza o la religión. Al principio, venían las mujeres gumuz, porque nos conocían. Ahora, incluso los no gumuz, ortodoxos y musulmanes, se han animado a venir por agua. El ecumenismo del agua. La Iglesia católica se muestra como la única institución no étnica, sino verdaderamente universal, abierta a las necesidades de todos. Son pequeños gestos, esenciales para la supervivencia de las personas.
¡Cuántos muertos incluso entre nuestros jóvenes católicos! Algunos de ellos son gumuz que creyeron correcto defender su tierra o sus derechos con las armas, enviados al frente sin ninguna experiencia, asesinados por rebeldes de su propia raza, o por rebeldes del Frente de Liberación Oromo. Seguimos llorando nuestras a todos los muertos de esta guerra insensata y fratricida.
A pesar de este clima de tensión, hemos continuado nuestras actividades pastorales y sociales en la ciudad, en Gilgel Beles, junto a las Hermanas Combonianas. Preparación de matrimonios, sacramentos… A pesar del luto, la vida sigue, porque nadie debe perder la esperanza en un futuro mejor, cuando los gumuz puedan vivir en paz en su tierra, cuando todos los pueblos de Etiopía puedan abandonar los rencores del pasado, finalmente como verdaderos hermanos.
¡Y esta es la esperanza de la Navidad! La esperanza que el niño de Belén nos regala cada año, para recordarnos que el Amor de Dios triunfa al final.






Etiopía es un país muy diferente al resto, en muchos aspectos. Entre ellos, el calendario propio, tanto el civil como el religioso. Los cristianos siguen el calendario Ortodoxo (tanto los ortodoxos como los católicos), en el cual, la Semana Santa comenzó ayer domingo 25 de abril (día 17 del mes Miaziah para los etíopes).
Abstinencia de comida, porque huyeron con lo puesto, pensando que sería temporal; y estuvieron días, sino semanas, sin poder entrar en ninguna aldea, deambulando por los bosques, sin comer durante largos periodos, para poder alimentar con lo escaso que tenían a los bebés y a los niños y niñas de menos edad. Ese ayuno obligado les ha mantenido sin apenas fuerza durante más de una semana, y la malnutrición ha aflorado, así como problemas de salud relacionados.
Por eso, la Última Cena tiene que recobrar todo el sentido, cuando Jesús, antes de comenzar, se puso a servir a los suyos y les lavó los pies, un gesto entendido en su época como una humillación del que debe reverenciar al que está por encima. Sin embargo, Él le dio un significado nuevo, escenificando una de las mayores obras de misericordia que existen: sirva nuestra fe en Dios para buscar servir y no ser servidos. No podemos quedar impasibles ante el sufrimiento del hermano, de la hermana. Que no nos sea ajeno, sino “prójimo” el padecer de nuestra gente (entendido desde la fraternidad universal).
Los medios son insuficientes, las fuerzas flaquean, el número de personas que llega a diario aumenta, las necesidades se multiplican, los días pasan y las situaciones se agravan. Pero al final del día, cuando nuestra esperanza está a punto de ser superada, nos percatamos de que todos los niños y niñas han recibido al menos una comida, los enfermos han sido medicados y como mínimo, reconocidos, las mujeres han recibido atención, y el reparto de ropa y medios para protegerse ha concluido. Que donde no había comida para todos llegó, y donde no había plan la solución surgió.