LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI

La santidad solo puede ser radical (más sobre Francisco en Lesbos)

Welcomerefugees Ya he escrito en otro lugar sobre el viaje del papa Francisco a Lesbos y su regreso a Roma, acompañado de tres familias de refugiados, acogidas en el Vaticano. He leído también cómo algunas personas, creyentes y comprometidas, andan incómodas con el gesto. Yo mismo sigo notando cierta incomodidad, en parte por cómo me interpela este hecho, en parte porque hay interpretaciones que me parecen distorsionadas e injustas. Una de ellas se puede ver en este artículo de Ruth Toledano, de quien tomo el título y varias de las frases entrecomilladas que cito a continuación. A ver si consigo aclararme en tres pasos y medio.

Lo que se ve. Me parece indudable que el viaje del Papa ha servido para visibilizar una realidad sufriente e injusta, para llevarla al centro del debate. Quizá sea excesivo decir que la ha llevado al centro de los corazones y de las decisiones, pero ahí está, visibilizando lo invisible y a los invisibles. Poniendo rostro, palabra y llanto. Ya sé yo (y lo sabe Francisco) “que las autoridades ‘adecentaron’ el recorrido que haría el Papa, llegando a encalar muros en los que había pintadas de apoyo a los refugiados y de denuncia de su indecente situación”. Ya sé yo que hay ambigüedad cuando se televisan estas cuestiones (“que no sepa tu mano derecha lo que hace tu mano izquierda…”). Pero me parece que lo que hemos visto ha sido nítido. Solo que no hay peor ciego que quien no quiere ver. Hemos podido ver palabras, gritos, plegarias, pancartas, silencios, lágrimas, anhelos, abrazos, dibujos. Lo que se ve es lo que se vive.

Lo que se hace. Si el Papa habla de la situación de los refugiados, dicen que es palabrería; si los visita, le acusan de ‘postureo’; si toma una medida concreta como acoger a doce refugiados, dicen que “no pasa de ser un gesto caritativo y no una solución justa”. Pero, ¿por qué se oponen caridad y justicia? Cuando alguien está perseguido, encerrado, estigmatizado o amenazado de expulsión, sentir una palabra cercana y un gesto cálido es algo muy importante. Lo hemos vuelto a ver este sábado en Lesbos. ¿Eso es caridad o justicia?  Dicen que lo ha hecho “para acallar las conciencias”. ¿Para acallarlas o para incomodarlas, movilizarlas, agitarlas? Dicen que las Iglesias no han hecho caso a la petición del Papa, ya hace meses, de abrir las puertas de sus parroquias y conventos. “No lo ha hecho ni uno”. Eso es sencillamente falso y solo se puede afirmar por ignorancia o por mala fe. Lo cierto es que, a pesar de las trabas de los Estados a la reubicación de refugiados, en estos meses las Iglesias han acogido ya a cientos de personas (sin llamar la atención ni tocar la trompeta, trabajando en red con otras entidades y movimientos ciudadanos, como veníamos haciendo desde hace años), practicando la hospitalidad.

Lo que se dice. “¿Por qué no se refirió explícitamente a los acuerdos de la vergüenza?”. La pregunta es razonable. Incluso puedo pensar que el Papa “podía y debía” haberlo hecho. No siempre es fácil medir las palabras. Pero de ahí a decir que “la caridad es complaciente con los culpables” y que, por ello, el Papa “acaba por ser cómplice”, me parece excesivo. El Papa  debía “lanzar un mensaje a los gobiernos” sin “permitirse la tibieza”. Pero, ¿de verdad se la permitió? ¿Acaso no recordamos las palabras vigorosas del Papa denunciando que “esta economía mata” y criticando “la globalización de la indiferencia” que genera tanta muerte y exclusión? ¿O  es que no sabemos leer entre líneas? ¿O tampoco sabemos leer lo que explícitamente dice la Declaración firmada en Lesbos el sábado en la que pide urgentemente desarrollar un programa internacional de asistencia, “para sostener el estado de derecho, para defender los derechos humanos fundamentales, para proteger las minorías, combatir la trata y el contrabando de personas, eliminar las rutas inseguras, como las que van a través del mar Egeo y de todo el Mediterráneo, y para impulsar procesos seguros de reasentamiento”? ¿O tampoco recordamos las manifestaciones, explícitas y contundentes, de la Iglesia católica contra el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía, incluyendo recogida de firmas y declaraciones de obispos?

Dicho esto, vuelvo al título. La santidad solo puede ser radical. Radical porque va a la raíz. Radical, pues, en el sentido místico del término, que nos enraíza en la Raíz más honda (para los cristianos, Jesús de Nazaret, el Cristo). Radical, también, en el sentido político, que nos exige luchar por la justicia social, no ceder ante poderes injustos y generar alternativas radicales. Para ello, la santidad debe ser radical también en el sentido eclesial, para alimentar una comunidad creyente que sea verdadera alternativa al sistema dominante. (Si alguien quiere, puede seguir leyendo en este post y en este libro). Pero, aún más importante que leer, es vivir, ver, hacer y decir.

Welcomerefugees

Publicado por Daniel Izuzquiza en Cristianismo y Justicia

Campo de misión en Semana Santa

Campo mision MexicoConfirmamos que Dios es ternura y misericordia y que los jóvenes están muy comprometidos con la gente que sufre.

El grupo LMC de Guadalajara atendimos a la invitación de los padres Gustavo Covarrubias y David Tena, para asistir al campo misión 2016, en Tala Jalisco. Nos integramos con el grupo juvenil éxodo. La preparación se llevó a cabo algunas semanas antes por medio de lecturas y un retiro espiritual durante el cual acordamos con los jóvenes y los padres el programa de trabajo. Reconocemos la buena logística pues nos entregaron horarios, material y rosarios benditos para ofrecerlos a los enfermos; así como las instrucciones por si alguien quería confesarse, recibir la comunión o la extrema unción.

Durante la Semana Santa, por las mañanas acudíamos de forma individual cada quien a un centro de catequesis para apoyar a las catequistas en la exposición del tema central que fue la misericordia, hacíamos dinámicas y tareas con los niños. A media mañana, nos dividíamos en equipos de 6 o 7 personas para ir al hospital, asilo o centro penitenciario respectivamente.

En el hospital visitamos a los pacientes en su cama individualmente, hacíamos oración y cantos. Los enfermos agradecían nuestra presencia, algunos nos compartían sobre su enfermedad y la relación con su familia. Al principio, los jóvenes entusiasmados querían hacer actos de magia y vestirse de payasitos pero no se pudo, aún así hacían sentir un ambiente muy alegre.  Llegamos a pasar hasta más de una hora con algún paciente que no quería que lo dejáramos de escuchar.  Llevamos cartas de aliento a los enfermos y de felicitación a las señoras que acababan de tener a su bebé.

En el asilo, de igual forma, saludábamos y reuníamos a los ancianos, hacíamos oración y dinámicas para conocernos, leer la biblia, o jugar algún juego de mesa como la lotería. La gente tuvo mucha apertura y confianza para compartir sus dolores, sus alegrías y lo que estaban viviendo. Se notó siempre la ayuda del espíritu santo para iluminarnos con palabras de amor y de paz.

En el centro penitenciario sólo nos autorizaron convivir con un grupo de presos. Con ellos hacíamos dinámicas y reflexiones sobre pasajes de la escritura como el hijo prodigo, la crucifixión y muerte de Jesús. Una actividad fue leer la carta que la presa de Cd. Juárez dirigió al papa Francisco. Algunos recibieron el sacramento de la confesión y el Padre David celebraba la eucaristía. Al terminar la visita, comíamos algo con ellos para fomentar la convivencia. Se notaba que les alegraba nuestra presencia, les daba esperanza y ganas de seguir adelante.

Campo mision MexicoPor las tardes, las familias del pueblo nos recibían en sus casas para darnos de comer, ofreciéndonos siempre lo mejor que ellos tenían. Después de comer nos trasladábamos a la capilla que nos correspondía en grupos de tres o cuatro para dar charlas a jóvenes y adultos sobre el triduo pascual y la misericordia de Dios, durante las cuales hubo muy buena participación.

Cada una participó en las actividades del triduo pascual en las diferentes capillas; sólo algunos nos reunimos el viernes durante la participación en el viacrucis en la parroquia del centro. Esta experiencia fue muy agradable, el haber conocido jóvenes sanos con ideas muy solidarias y que expresaban mucha ternura. También creemos que ellos estuvieron muy contentos de interactuar con nosotras y con todo el trabajo que realizamos. Nos adaptamos al trabajo en equipo y había responsabilidad en su forma de trabajar, eran muy activos y atentos, compartían su alegría, bailando, cantando y gritando. Nos quedamos con esa dulzura de saber que si siguen perseverando con esa entrega y amor, llegaran muy lejos en el amor a Dios y a sus hermanos.

Campo mision Mexico

 

Adri, Oli y Mire. LMC México

¡Dad gracias en todo!

Priscila-na-Carapira

¡Llegué a Carapira en plena celebración de la Pascua! ¡Fue un gran regalo! Una misa muy festiva en la noche del sábado y otra el domingo por la mañana, ambas con bailes y canciones que toda gran Pascua merece. Después un buen almuerzo con el equipo de la misión, la familia comboniana.

Es la primera vez que salgo de mi país, mi amado Brasil. ¡Y ya se pasó el primer mes! El trabajo al que estoy llamado es para acompañar a los jóvenes de la escuela / Instituto Técnico Industrial de Carapira dirigido por los Combonianos. 130 son los jóvenes que estudian y viven aquí. Aprender las técnicas profesionales que se ofrecen en los cursos, aprender a ser familia, ser personas inteligentes y capaces de construir un mundo mejor son los principios a seguir con estos jóvenes. Asumí la enfermería de la escuela, una sala con camas para el descanso de los niños enfermos y otra con medicamentos y utensilios básicos para su cuidado. Permanezco una gran parte de mi tiempo en este cuarto (la farmacia) y aquí realizo mi ministerio, mi entrega, la renovación diaria de mi sí a la misión. Acompaño a los estudiantes al hospital cuando lo necesitan, les llevo la medicación, cuidado de heridas y lesiones diversas.

Cuando era niña en la catequesis soñaba en ser médica para para venir a África… Estudié psicología y no medicina, pero ¡fue una gran elección! Y ahora me miro y para lo que he sido llamada y me veo en una enfermería al cuidado de heridas y dolores. ¡Hay una paz que invade el alma! Hay una sonrisa que se muestra cuando busco mejorar la manera de hacer las curas, o incluso cuando llamo la atención a un chico por saltarse su medicación. Y el alma se regocija cuando nuestra farmacia ya no es sólo el espacio físico para administrar medicamentos sino que se convierte en espacio donde compartir, hablar sobre una variedad de temas posibles, se habla de la familia, hablamos de la pesada situación que viven Mozambique y Brasil en la política, hablamos de las dificultades en la escuela, sueños y amores; sonreímos juntos y jugamos, y además también tenemos un tiempo para corregirnos y buscar el mejor camino para cada día. Tengo dos estudiantes que trabajan conmigo, Cacossane y Mendes. Ellos me ayudan en todo y siempre tratan de mejorar nuestra comunicación para comprender mejor y optimizar el servicio a todos los demás alumnos. Me complace ver los pequeños logros, cortinas, olla para preparar el té, portavasos, cazones de sopa, etc. ¡Las pequeñas cosas que hacen la diferencia, que animan!

Por ahora somos dos en casa, Beatriz (México) y yo. Ella trata de enseñarme y guiarme en las cosas aquí, me demuestra las realidades y corrige, si es necesario, mi manera rápida de hablar que genera incomprensión. ¡El portugués en realidad es mucho! ¡La misión comienza en casa! La vida comunitaria es una invitación al amor que perdona y el perdón que ama, es un crecimiento conjunto, un aprendizaje constante. Y así vamos construyendo y preparándonos para recibir a Kasia de Polonia y Bárbara de Italia que estarán con nosotros pronto y mi corazón ya está en fiesta con su llegada.

¡Somos un equipo misionero grande y muy rico: sacerdotes, religiosos, hermano y laic@s! Venimos de diferentes lugares, culturas y formas de ser diferentes y este es un hermoso tesoro para la misión. Mis raíces brasileñas se encuentran con estas raíces italianas, mexicanas, portuguesas, Mozambiqueñas… La añoranza de Brasil habita en el corazón, anhelo de personas, lugares, incluso más de la comida! La nostalgia también sustenta la misión porque me recuerda que la misión no se realiza sola, la misión es colectiva. Yo vine a Mozambique, pero hay muchas personas que se encuentran en otros lugares y rezan por mí y la misión sin el apoyo en oración se desvanece. Tal vez por eso mi corazón está lleno de gratitud, porque tengo mucha gente que me apoya en muchos rincones de este gran mundo. Por tanto, también en nombre de todas estas personas renuevo cada día mi Sí a la misión, mi sí a Dios, mi sí a esta escuela en la que vivo y trabajo y mi sí a cada uno de estos chicos.

Aquí se dice “Vacani, Vacani” poco a poco. ¡Y así es! Un paso de cada vez, sin prisa pero sin perder el tiempo cuando se trata de mejorar, de ir adelante, de evolucionar. Un paso de cada vez para mejorar la comunicación, las cosas concretas que se necesitan para hacer un buen camino misionero, las cosas prácticas del trabajo, en todo paso a paso. Recordando que cuidar de mí es el primer paso para estar completa junto a la gente que estoy llamada a servir. Y así, mi camino se va recorriendo paso a paso y puedo dormir tranquila por la noche, con el corazón lleno de alegría por todo lo que se me ha permitido vivir en esta tierra santa. Doy las gracias a tod@s ustedes que me acompañan en la oración y les deseo lo mejor. ¡Estamos junt@s!

 

Priscila-na-Carapira

¡El bueno y tierno Dios, Padre y Madre, nos cuide y nos fortalezca!

¡Madre África, que me acoges, enséñame a vivirte!

Priscilla Garcia – LMC

Terremoto en Ecuador. Acción Misionera

Presentamos un especial  de Vida Misionera sobre la mayor tragedia que ha sufrido el Ecuador en los últimos 100 años y hacemos un acercamiento a la labor de misioneras y misioneros que han decidido dar la vida a su pueblo para superar los momentos difíciles. No hemos podido conversar con todas y todos los misioneros que se encuentran en las zonas afectadas pero sabemos del gran amor a su pueblo.

SUBEN LAS VÍCTIMAS DEL TERREMOTO DE ECUADOR

El terremoto de 7,8 en la escala abierta de Richter ha dejado una cifra provisional de 273 muertos. La cantidad de heridos ya ha pasado la barrera de los 2500. Las autoridades no descartan que aumente ese número. “No existe dolor más grande que el ver sufrir a la persona que uno ama. Y en esa experiencia lo que más duele es querer ayudarla y ser frenado/a por la propia fragilidad e impotencia”, escribe en un comunicado el comboniano P. Rafael González Ponce, presidente nacional de la Conferencia Ecuatoriana de Religiosos/as (CER). “Les invitamos como CER – continua el comunicado – a crear redes de amor, sanación y solidaridad concreta, ahí en el lugar donde se encuentren, particularmente en las áreas más dañadas. La gente necesita víveres y asistencia médica, pero también ser escuchada y sentir el abrazo de Dios que les vuelva a la Vida.”

Queridas/os hermanas/os,
No existe dolor más grande que el ver sufrir a la persona que uno ama. Y en esa experiencia lo que más duele es querer ayudarla y ser frenado/a por la propia fragilidad e impotencia.

Eso forma parte – lo sabemos muy bien – de la esencia de nuestra Vida Consagrada: cuántas veces en nuestra misión nos encontramos sorprendidos por la hondura de la cruz que azota la espalda de aquellos seres queridos a los que servimos, y al mismo tiempo sentimos que no podemos hacer nada sino estar cerca, escuchar sin prejuicios, orar sinceramente y sobre todo consolar, consolar y consolar… con la humildad de Jesucristo Buen Pastor. Esto es lo que nos está sucediendo frente al terrible terremoto que la tarde del 16 abril, golpeó a nuestro pueblo ecuatoriano.

Ciertamente estamos tristes y dolidos por las escenas trágicas que estamos viendo y viviendo. Sin embargo, debemos asumir el desafío que nos corresponde: organizar con valentía y consolar a nuestra gente y abrirles a la esperanza. Dios está sufriendo con los que lloran a sus muertos y está luchando con los que intentan levantar los escombros en busca de algún sobreviviente. El proyecto de amor de Dios es más fuerte y eso nos devuelve la confianza. Entonces que nuestra angustia se transforme en compromiso solidario.

Les invitamos como Conferencia Ecuatoriana de Religiosos/as (CER) a crear redes de amor, sanación y solidaridad concreta, ahí en el lugar donde se encuentren, particularmente en las áreas más dañadas.

La gente necesita víveres y asistencia médica, pero también ser escuchada y sentir el abrazo de Dios que les vuelva a la Vida. Necesita la fidelidad de María al pie de la cruz, ella lo sostiene durante toda la prueba para aportar al mundo su liberación.

Mucho están haciendo los consagrados y consagradas con su presencia y testimonio en los lugares más difíciles y tocados por el terremoto. Aunque no tenemos toda la información, les hacemos conocer que  hay Hermanas ya ha dado su vida y se ha ganada la eternidad: una Hna. Mercedaria en Calceta: Hna. BLANCA VICTORIA AVELLÁN, rescatada apenas en horas de esta mañana,  una Hermana de las Siervas del Hogar de la Madre, CLAIRE y cuatro postulantes en Playa Prieta; muchas comunidades de religiosas y religiosas han tenido fuertes pérdidas materiales. No obstante todo, con radical firmeza, continúan enraizados en medio de su gente como faros de redención. Gracias por su donación total, estamos orgullosos de Ustedes.

Permítanos pedirles que nos informen sobre lo que les está sucediendo.

Queremos que la CER, como siempre, sea un punto de referencia de nuestro ideal en la Iglesia. Igualmente les pedimos que nos unamos en oración para que este momento sea transformado en gracia de caridad y dignidad para todos los hijos e hijas de Dios, sin distinción alguna.

El amor es creativo y ya vemos surgir las iniciativas de ayuda concreta, sigamos acompañando la vida; conocemos el gran corazón de nuestro pueblo y damos gracias a Dios porque con el esfuerzo de cada uno volverá a levantarse. Por ahora queríamos decir que la CER está viva realizando su misión de misericordia entre los más pobres.

Dios nos bendiga a todos/as y María nuestra Madre, fuerza y esperanza, nos dé la certeza de descubrir la presencia actuante de Dios, por los senderos de misión ahora devastados.
P. Rafael González Ponce, mccj
Presidente Nacional