Arequipa, Misión bajo el volcán

La cima del impresionante volcán Misti está a casi seis mil metros de altitud. En faldas de este gigante se encuentra la parroquia del Buen Pastor, en el distrito de Selva Alegre, periferia de Arequipa. La parroquia está regida por los misioneros combonianos y nació hace 21 años cuando la congregación dejó la anterior misión que ya estaba bien organizada y asentada.

Arequipa sigue creciendo en esta periferia de barrancos y piedras volcánicas. La población, necesitada de vivienda, se va asentando sobre estos terrenos ocupados por el sistema de las invasiones, como ocurre en tantas ciudades peruanas. Unas 30.000 personas viven en la parroquia comboniana que se extiende a lo largo de varios kilómetros y por diferentes sectores, lo que hace muy difícil el trabajo misionero.

Junto a los Misioneros Combonianos, están presentes en Arequipa los Laicos Misioneros Combonianos que con su trabajo y testimonio hacen presente el Reino de Dios en medio de una población donde existen altos índices de pobreza, trabajo mal pagado, violencia familiar, falta de servicios básicos…pero con un gran espíritu de lucha y las ganas de progresar.

Arequipa

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Noticias desde Centro África

Maria Augusta Hola a todos,
Espero que se encuentren así como toda su familia.
Estoy en Bangui, llegué anoche. Yo y toda la comunidad apostólica estamos bien gracias a Dios.
Pasé hoy por la puerta Santa de la catedral de Bangui. Yo estuve allí el día de su apertura, pero no pude pasar, salimos por una de las puertas laterales. Me gustó mucho pasar por allí hoy.
¡En Centro África fue abierta en primer lugar la puerta de la catedral de Bangui, por el Papa, antes que las demás! El 20 de diciembre se abrió la puerta Santa de la catedral de Mbaiki, nuestra diócesis. El día de Navidad abrió la puerta Santa cada parroquia. Del 17 de enero hasta ayer, las puertas Santas se abrieron en todas las capillas que tenían puerta y el Santísimo Sacramento estuvo expuesto en todas ellas para la adoración, en la custodia que el Santo Padre ofreció a nuestra diócesis y que también ofreció a todas las otras de Centro África. Las personas fueron en peregrinación a pie las capillas cercanas. Nosotros, el domingo, fuimos a entregarla a la parroquia de Safa. Vinieron a buscarla a 6 km de la ciudad y luego fuimos en procesión a la iglesia y permanecieron en adoración. La custodia con el Santísimo visitará todas las parroquias de la diócesis hasta terminar “El Año Santo de la Misericordia”.
Desde el 13 de diciembre, no vengo a Bangui, siempre hay mucho que hacer en la Misión…
Desde principios de enero un profesor y yo estamos dando algunas clases por la tarde a los estudiantes para ver si empiezan a leer. Hay muchos estudiantes en CE2 (4º grado y que no leen nada). Gracias a Dios, parece que comienzan a leer un poco las primeras letras. Con la ayuda de Dios, que nos da la fuerza y paciencia para el trabajo, y el deseo los estudiantes de aprender, vamos a conseguir que aprendan. Este mes estuve con una clase tres días, pero es muy difícil porque los estudiantes no entienden francés y yo no sé Sango para traducirles lo que digo. A partir de mayo estaré como directora de la escuela. Recen para que Dios me ayude en este nuevo trabajo.
Desde el 2 de diciembre no llovía, solamente el 17 de febrero se produjo un aguacero como de costumbre aquí. Fueron 75 días sin lluvia… Ya había arbustos secos, algún aguacatero también, veremos si todavía dan frutos. Hubo muchos incendios en el bosque y muchos campos de yuca se quemaron. Muchos árboles cayeron quemados. La atmosfera estaba llena de humo sólo olía eso. ¡Era tanto que hasta te hacía llorar! Esperamos que no cause más hambre de la que ya hay. Gracias a Dios que llegaron dos aguaceros y toda la naturaleza ha cambiado… pasadas 34 horas ya se veían diminutas hierbas a salir donde parecía que todo estaba seco. En realidad, ¡el agua es la sangre de la tierra! Aquí a la lluvia le dicen “ngu ti Nzapa” = agua de Dios, y es verdad. Aquí, en Bangui, no ha llovido y todo está muy seco… ¡hace mucho calor!
Elia sigue cuidando a los niños desnutridos y no sólo. En enero comenzó a ir a Batalimo y encontró casos muy graves, niños muy enfermos. Cuando las madres hacen lo que se les pide (dar a los niños todo lo que se distribuye se pueden recuperarse bien). Cuando se trata de casos más graves son hospitalizados algún tiempo en el hospital.
Los Pigmeos siguen siendo ayudados con medicamentos cuando están enfermos. Menos mal, porque muchos morirían pues no tienen dinero para comprarlos.
En la misión que tenemos un hogar para que los estudiantes pigmeos pueden aprovechar mejor la escuela. Aquí comer, duermen, por la mañana van a la escuela y por la tarde vienen a estudiar durante una hora a la biblioteca. Son una docena de estudiantes.
La semana pasada estuvieron cuatro días en la misión el médico Omnimos y su esposa, como siempre muy amables. Fueron operadas, 16 personas (adultos y niños). Gracias a Dios todo salió bien. Esta semana aquí en Bangui también están operando. ¡Si hubiera más gente como ellos, el mundo sería mejor!
Les deseo una Cuaresma bien vivida.
Unidos por la Oración
Besos
Maria Augusta LMC portuguesa

 

 

 

 

100 días

 

100 días del mayor crimen ambiental en la historia de Brasil.

17 personas muertas, una comunidad completa destruida, lodo tóxico que destruye Rio Doce, caminando 600 km hasta llegar al océano Atlántico y contaminarlo.
100 días sin ningún plan concreto para la recuperación del Río Doce.
100 días de impunidad absoluta.
100 días sin que nadie vaya a la cárcel.

El día 5 de noviembre de 2015 se presentaba un día tranquilo en la comunidad de Bento Rodrigues, un pequeño pueblo del interior de Minas Gerais, con 600 habitantes. Ese día, a las 16:30 de la tarde, los teléfonos móviles de los habitantes comenzaron sonar como gritos que venían de lejos. Gritos que advertían la rotura de la presa que contenía el barro de la minera Samarco (Vale).
Un río de lodo a una velocidad terrible, que se dirigió hacia la comunidad, y en poco tiempo, golpeó otra para entrar en el Rio Doce y luego en el océano y contaminarlo.
Un lodo tóxico con sus 15 metros de altura de violencia y destrucción.
La violencia que destruyó para siempre el río, la vegetación, la fauna, la comunidad, dejando lodos rojos que ya no permiten generar vida.
100 días han pasado y todavía permanece inmune, la noticia se dejó a un lado como si nada hubiera pasado, como algo que no importa más, para volver a una normalidad aparente y falsa.
Pero la normalidad es aquella de la injusticia, la normalidad es la que reina en las ganancias de esta multinacional, Vale y compañía, que no todavía no se ha responsabilizado por lo que cometió.
Ante esta grave situación, el gobierno del estado no trató esto como una emergencia, dejando a la empresa la tarea de resolver el problema con sus medios, abogado, sus ingenieros de control operativo y científicos… su beneficio e interés.
En 2013 una comisión denunció la irregularidad de la presa debido a un aumento en la erosión de la montaña que puso en peligro la seguridad de la misma. Un aviso de peligro causado por la explotación del territorio. En el momento de la catástrofe se descubrió que la compañía no tenía un plan de emergencia y no se tomaron medidas de seguridad.
En Minas Gerais, hay 754 presas que contienen residuos de lodo de las compañías mineras y de ellas, 42 no tienen certificación de seguridad. Dándose corrupción, balances falsos, intereses…
Estamos hablando de compañías multinacionales que hacen miles de millones.
En Minas, empresas mineras y políticos siempre fueron socios, como dos viejos amigos juntos, en un sistema que crea ventajas, ganancias, pero no para el bien común, no para el pueblo, no para nuestra tierra sagrada.
Este desastre ambiental nos involucra a todos, porque el daño es global, no sólo local, y siempre será una gran herida abierta en la historia de este país.
Daños permanentes irrecuperables, tales como la muerte de personas y de un ecosistema que nunca será el mismo.
La campaña de fraternidad de este año de la Iglesia Católica en Brasil, tiene como lema «casa común: nuestra responsabilidad”. «Scorra come acqua il diritto e la giustizia come un torrente perenne».
(Amos 5: 24). La Casa Común es nuestra Tierra, una casa tan destruida, maltratada y explotada. Tenemos que trabajar por una cultura ecológica que sepa defender, amar y sanar el mundo y donde todos somos responsables de esta curación.
Y al cuidar de la tierra, también hay que desafiar al sistema capitalista que explota, mata y crea desigualdad colocando en primer lugar el dinero y no el valor de la vida.
100 días pasaron, 100 días que no se han olvidado, y no debemos olvidar, no podemos construir el futuro con un presente cojo y enfermo, ni debemos dejar de denunciar.
La casa común: ¡nuestra responsabilidad!
La extracción de minerales por las empresas mineras destruyen las montañas de Minas Gerais, así como en otros países del mundo.
Durante el trabajo de extracción se utilizan productos químicos altamente peligrosos que contaminan la tierra, el agua y crean presas de lodos tóxicos que ponen en peligro la población y las comunidades.

Emma Chiolini LMC

Más allá de los Andes

En San Martín de Pangoa, una población de la selva central peruana, están trabajando los misioneros Combonianos desde hace 14 años.

El programa nos muestra   una de las comunidades nativas nomatsiguengas de la parroquia, su modo de vida y las dificultades que tiene esta población para sobrevivir, así como el gran trabajo educativo que se realiza en el Centro San Daniel Comboni que acoge a 800 alumnos.

En 1938 los primeros misioneros combonianos llegaron a Perú y comenzaron su trabajo no muy lejos de aquí, en Pozuzo. En estas décadas se multiplicó la presencia comboniana en varios lugares del país. 77 años más tarde, la misión continúa.

Más allá de los andes

Misioneros de la Misericordia

 Papa Francisco explica qué es un misionero de la misericordia

El Papa Francisco recibió el pasado 9 de febrero a 650 de los más de 1000 misioneros de la misericordia, los sacerdotes que durante el Año Santo perdonarán en todo el mundo los pecados reservados a la Sede Apostólica y que predicarán de manera especial el perdón y el amor de Dios.

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¿Cuál es la misión de los misioneros de la misericordia?    

“Ser misionero de la misericordia es una responsabilidad que les es confiada a ustedes porque se les pide ser en primera persona testimonio de la cercanía de Dios y de su modo de amar”, dijo el Santo Padre a los presentes en la Sala Regia del Palacio Apostólico del Vaticano en donde los recibió en audiencia luego de la procesión que hicieron los sacerdotes hasta el lugar.

Los misioneros han sido seleccionados en todo el mundo y tienen como misión perdonar algunos pecados reservados a la Sede Apostólica.

La Santa Sede ha precisado al respecto que si bien todos los sacerdotes pueden perdonar el pecado del aborto en este Año Santo, los misioneros de la misericordia están “limitados exclusivamente” a otros cuatro pecados graves.

Estos son: la profanación de las especies (hostias y vino consagrado) de la Eucaristía robándolas o guardándolas para algún propósito sacrílego, el uso de la fuerza física contra el Romano Pontífice, la absolución de un cómplice en un pecado contra el sexto mandamiento (por ejemplo si un sacerdote tiene relaciones sexuales con una mujer o con otro hombre, luego lo confiesa y lo absuelve de ese pecado); y la violación del secreto de confesión.

El día de mañana, Miércoles de Ceniza, estos misioneros de la misericordia serán enviados por el Santo Padre para realizar su misión en todo el mundo.

 

Por lo especial de su ministerio, estos sacerdotes viajarán constantemente para atender a la mayor cantidad de personas que necesiten la absolución sacramental.

¿Cómo debe ser el misionero de la misericordia?

En su discurso, Francisco ofreció algunas reflexiones “para que el mandato que recibirán pueda ser realizado de manera coherente y como una ayuda concreta para tantas personas que se acercarán a ustedes”.

El Papa destacó que todos los misioneros que han sido elegidos para esta misión están llamados “a expresar la maternidad de la Iglesia”. “La Iglesia es Madre porque genera siempre nuevos hijos en la fe”, añadió. “La Iglesia es Madre porque nutre la fe; y la Iglesia es Madre también porque ofrece el perdón de Dios, regenerando a una nueva vida, fruto de la conversión”.

También dijo que “no podemos correr el riesgo de que un penitente no perciba la presencia materna de la Iglesia que lo acoge y lo ama”. “Si viniera a menos esta percepción, a causa de nuestra rigidez, sería un daño grave en primer lugar para la fe misma, porque impediría al penitente verse insertado en el cuerpo de Cristo”. Además, “limitaría mucho el que se sintiera parte de un comunidad”, dijo el Papa.

Francisco pidió a los sacerdotes que “entrando en el confesionario, acordémonos que es Cristo quien acoge, es Cristo quien escucha, es Cristo quien perdona, es Cristo quien dona la paz”.

“Nosotros somos sus ministros, y somos los primeros en necesitar ser perdonados por Él”, afirmó.

“Por tanto, cualquiera que sea el pecado que sea confesado, cada misionero está llamado a recordar la propia existencia de pecador y a servir humildemente como “canal’ de la misericordia de Dios”.

Otro aspecto del que el Papa habló fue el de “saber observar el deseo de perdón presente en el corazón del penitente”. “Es un deseo fruto de la gracia y de su acción en la vida de las personas, que permite sentir la nostalgia de Dios, de su amor y de su casa”.

En la confesión, “el corazón se vuelve a Dios reconociendo el mal hecho, pero con la esperanza de obtener el perdón”, subrayó.

“Este deseo se refuerza cuando se decide en el propio corazón cambiar de vida y no querer pecar más”.

Francisco pidió dar “gran espacio a este deseo de Dios y de su perdón” así como hacerlo “emerger como verdadera expresión de la gracia del Espíritu que lleva a la conversión del corazón”.

El último tema que trató fue “un componente del que no se habla mucho”: “la vergüenza”. “No es fácil ponerse delante de otro hombre, sabiendo que es Dios y confesar el pecado”, agregó.

“La vergüenza es un sentimiento íntimo que incide en la vida personal y requiere de parte de confesor una actitud de respeto y ánimo”.

El Pontífice aprovechó entonces para destacar “qué importante es nuestro papel en la confesión”. “Ante nosotros hay una persona ‘desnuda’, con su debilidad y sus límites, con la vergüenza de ser pecador”.

“No olvidemos –pidió– que ante nosotros no existe el pecado, sino el pecador arrepentido”, dijo entonces.

“Una persona que siente el deseo de ser escuchada y perdonada. Un pecador que promete no querer alejarse más de la casa del Padre y que, con las pocas fuerzas que encuentra, quiere hacer todo lo posible para vivir como hijo de Dios”.

El Papa concluyó recordando una vez más que “no estamos llamados a juzgar, con un sentido de superioridad, como si fuésemos inmunes al pecado” sino todo lo contrario: “ser confesor según el corazón de Cristo equivale a cubrir al pecador con la cubierta de la misericordia, para que no se avergüence más y pueda recuperar la alegría de su dignidad filial”.

“Un misionero de la misericordia lleva sobre sus propias espaldas al pecador y lo consuela con la fuerza de la compasión”.