Ecologismo de frontera

laudato-siPublicado por GABRIEL Mª OTALORA en ECLESALIA,

Leí hace algún tiempo a González Faus una reflexión sobre que los obispos del s. XXI deberán ser hombres de frontera y no hombres de barreras. Esta es la actitud que ha tomado el obispo de Roma, a la sazón papa Francisco, al escribir su primera encíclica centrada en el problema ecológico que le hemos creado a nuestro planeta y sobre el cuidado de lo que él llama “la casa común”.

En una primera lectura, me quedo con su escritura diáfana y clara, alejada de otro tiempo en el que las encíclicas eran para iniciados en teología y que además estuvieran familiarizados con el lenguaje formalista y curial; el texto que nos ocupa es accesible a cualquier laico -incluido el precio, que no llega a tres euros- por lo directo y de difícil doble interpretación. En su llamada de atención, el papa recuerda textos de los papas anteriores denunciando este problema estructural, a los que desborda por cantidad y claridad hasta el punto de haber incomodado ya a algunos que se dicen cristianos. Francisco nos señala que muchos de los esfuerzos por buscar soluciones a la crisis medioambiental y al agotamiento de los recursos naturales se frustran no solo por el rechazo egoísta de los poderosos sino, atención, “por la falta de interés de los demás”; es decir, de los cardenales, obispos y de todos nosotros.

Francisco analiza una realidad incómoda para quienes vivimos en el Primer Mundo abusando de una huella ecológica varias veces superior a la que nos podemos permitir, al tiempo que señala a los que más pierden, que son los desheredados de la Tierra como un sinónimo de los predilectos del Maestro; y les hemos apartado de una vida digna por nuestras prácticas del consumismo extremo y selectivo de una minoría consumista que entre otras cosas nos permitimos desperdiciar casi un tercio de los alimentos. Por eso afirma que frente al cambio climático, hayresponsabilidades diversificadas (sic) donde los pueblos más vulnerables deben ser objeto de atención prioritaria.

Recuerda con valentía el sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas que logran que el interés económico prevalezca sobre el bien común. Escribe desde la esperanza -“el amor social”-, la necesidad de diálogo en serio y la educación porque lo cierto es que el actual sistema mundial es insostenible desde diversos puntos de vista. Dedica un capítulo entero a “la raíz humana de la crisis ecológica” donde la ciencia y la tecnología no son neutrales en nuestra cultura del relativismo. Él lo resume en una idea troncal muy clarificadora de que no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental que incluye también a la ecología de la vida cotidiana.

El papa echa en falta con urgencia la presencia de otra globalización que tenga una  visión de futuro en la que emerja una verdadera autoridad política mundial sin recetas uniformes y no, añado yo, el poder omnímodo de la codicia que todo lo envenena. Reitera lo contrario de lo que hoy es la hoja de ruta bendecida por no pocos católicos: la política no debe someterse a la economía  y ésta no debe someterse a los dictámenes de la tecnocracia. Llega a proponer que tenemos que convencernos de que desacelerar un determinado ritmo de producción y de consumo puede dar lugar a otro modo de progreso y desarrollo. Exactamente lo contrario al modelo de globalización materialista que llevan con mano de hierro el Banco Mundial, el FMI, la troika, los mercados, los actuales dirigentes de la UE, de Estados Unidos, de España…

Naturalmente que también nos habla de Dios y de Francisco de Asís (el título de la encíclica es una alabanza que cantaba el santo) afirmando que la espiritualidad cristiana propone un modo alternativo de entender la calidad de vida capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo, convertido en el modelo omnipresente y obsesivo actual. Nos habla del amor social como fuente del verdadero desarrollo más humano, más digno, en suma más cristiano. Acaba la encíclica con dos bellas oraciones acordes con la sensibilidad ecológica.

En definitiva, estamos ante un análisis en clave de denuncia profética pero que no ha querido cargar sobre los posibles culpables o responsables (en alguna medida todos lo somos) sino en la urgencia de mirar el mundo con una mirada diferente, responsable y madura, sintiéndonos amados por el amor del Dios de la vida y por el sufrimiento de la mayoría de los seres humanos como sufridores que son del grave atentado estructural a nuestra ecología. A quien le piquen las palabras del papa, lo mejor es que se rasque la conciencia.

Los obispos africanos piden “medidas valientes para salir de la pobreza”

«Deben adoptarse medidas valientes para liberar de la pobreza extrema a comunidades enteras». Lo ha afirmado Su Exc. Mons. Abraham Desta, Vicario Apostólico de Meki (Etiopía), que hablaba en nombre de Mons. Gabriel Anokye, Arzobispo de Kumasi (Ghana) y segundo Vice Presidente del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), en su intervención en la Conferencia sobre la financiación del desarrollo que se ha celebrado en Addis Abeba del 13 al 16 de julio.

«La promoción del bien común, y en especial la liberación de las comunidades pobres de la pobreza absoluta, requiere de medidas y posiciones valientes por parte de los respectivos gobiernos liderados por los valores y los principios de respeto a la dignidad humana, la transparencia, la rendición de cuentas mutua, la integridad de la creación, la participación democrática y el principio de subsidiariedad, que son parte de la doctrina social de la Iglesia».

El SECAM recomienda crear un foro en el que todos los interesados en el proceso de desarrollo puedan desempeñar un papel en la implementación de los nuevos objetivos de desarrollo que se adoptarán en septiembre, durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York. El SECAM también pide medidas concretas para combatir la evasión fiscal mediante la creación de un organismo de la ONU que regule la materia de los impuestos a nivel global.

Sin embargo, esta última disposición ha sido rechazada por la oposición de los países más ricos, que favorecen así a las multinacionales para que puedan pagar impuestos en países con sistemas fiscales que les convienen. La conferencia ha concluido con el compromiso asumido por los países ricos y los que están en desarrollo de encontrar 2,5 billones de dólares para financiar los objetivos de desarrollo 2015-2040 que se establecerán en septiembre.

Siete claves como prólogo para entender «Laudato Sii»


“El cambio climático se ha convertido en un crisis existencial para la especie humana” alerta la periodista y divulgadora Naomi Klein en su reciente libro “Esto lo cambia todo”. No se trata de alarmismo apocalíptico, sino de un hecho reconocido por el consenso científico, más allá de algunas voces discordantes, frecuentemente ligadas a las empresas energéticas que pugnan por conservar su “status”.

La encíclica del papa Francisco supone una aportación en un momento crucial para la humanidad. La experiencia cristiana de Dios viene a iluminar esta hora donde la civilización esta retada a emprender un giro que afecta a su forma de vida y al modelo de la relación del ser humano y el mundo. Trastocada esta relación básica, la relación con el otro, la dimensión social queda radicalmente cuestionada, no solo y primariamente en las formas de producción y consumo, sino también en las vertientes políticas, sociales y comunitarias tanto nivel local como en la dimensión planetaria.
La urgencia de este llamamiento ético exige al ser humano cuestionarse también desde su fe. ¿En qué medida el Dios creador nos ofrece su palabra y su presencia para acompañar este “kairós”? ¿Cómo podemos recobrar nuestra memoria de criaturas para así relanzar nuestra confianza en el futuro de la promesa de Dios?

1. La crisis de la Tierra supone un emplazamiento del Creador a los seres humanos
Parece que el movimiento ecologista, que ha tenido tan variadas fuentes de inspiración, reclama ahora, con especial prioridad, la dimensión espiritual. Cuando la humanidad entra en una fase de no retorno en su relación con el planeta, esta pregunta se traslada especialmente a los dos tercios de la población de la Tierra que se reconocen vinculada a la experiencia religiosa, y que muy mayoritariamente confiesa a Dios, creador del universo.
Ciertamente que desde el Dios bíblico, entre el Creador y las criaturas hay una especial relación que se concentra en la experiencia de amor y libertad del ser humano. La actual situación crítica donde el factor humano puede afectar a las condiciones de vida de todas las criaturas supone un llamamiento de Dios a la responsabilidad de la humanidad.

En el relato bíblico, al que acuden las tres religiones abrahánicas, Dios ofrece a los seres vivos la tierra como morada. La exégesis discute hoy el sentido de “Dominad la tierra” (Gn 1,28) cuando alguna vez se ha interpretado a favor del expolio realizado por los seres humanos. Lejos de esta interesada interpretación, el ser humano es reconocido como imagen y representante de Dios en la creación, tanto en el trabajo como en el disfrute, tanto a la hora de procurarse las condiciones para vivir como cunado se responsabiliza con el cuidado para conservación de todas las criaturas. La tierra es el espacio o casa para la vida donde el Dios creador y trascendente está dispuesto a morar.

Los seres humanos desde el don recibido de ser criaturas y participar de la creación somos responsables y colaboradores de la creación continua de Dios. La imagen del “préstamo” nos recuerda el servicio de administradores, de ecónomos se podría decir, que tenemos que rendir cuentas ante Dios.


2. La alabanza confiada traspasa el miedo al colapso

El dilema entre destruir o conservar ha llegado de la mesa de nuestras cocinas y de nuestros encuentros a las mesas adornadas de flores de las fracasadas cumbres del clima. Sin embargo, y de forma un poco sorprendente, la fe en el Creador antes de reclamar la exigencia ética es una invitación a alabar. El creyente es invitado, en primer lugar, a vivir en el asombro agradecido por la creación. No es extraña la llamada al canto de Francisco como la primera disposición para venir a la fuente de la que mana la responsabilidad ética exigida para este momento.

El agradecimiento supone un cambio de mirada, desde el consumo a la contemplación, desde el ídolo a la imagen. Aprender a mirar permite descubrir en lo oculto la latencia del Espíritu vivificador que contra los desastres ambientales y las masacres a la vida de la que somos responsables muestra un Dios que sigue preguntando: “¿Dónde estabas tú cuando eché los cimientos de la tierra? (Job 38,4) a la vez que promete “el cielo y tierra nuevas” que será “la morada de Dios entre los hombres” (Ap.21, 1-5). La fuente no está en la exigencia imprescindible sino en el don inmerecido y testarudo de Dios que sostiene la bondad de la creación


3. Los pobres primeras víctimas del deterioro ambiental

La misma creación que “sufre” la explotación es la “nueva pobre” que gime en dolores de parto. La destrucción de la naturaleza supone una relación de saqueo véanse el agotamiento de los recursos naturales, los riesgos destructivos del fraking (fracturación hidráulica para obtener gas natural) o la extensión desbordante a toda la población mundial del consumo desmedido.
En esta situación las víctimas primeras de la crisis ecológica y del cambio climático serán nuevamente los pobres, por ejemplo las poblaciones indígenas que viven de los recursos naturales. El afrontamiento del cambio climático supone conjuntamente abordar el abismo de desigualdad que pone en riesgo el derecho a la vida degradando el empleo, la vivienda, la salud o la seguridad. La ecología ha de ir de la mano de la justicia ya que ambas han de ser protagonistas en la restauración de la vida.

4. Las generaciones futuras, herencia de muerte o esperanza de vida

Las generaciones futuras tiene el derecho de heredar un planeta habitable y una forma de vida compatible con el cuidado de la creación. Es responsabilidad humana la apuesta por la vida que es anterior al nacimiento y que se extiende a los que vendrán después. La defensa de la vida de los no nacidos se extiende a los que están por venir, ellos son de la esperanza humana.
El consumo energético, las industrias del armamento, el crecimiento de los residuos o la gestión del agua son verdaderas amenazas. Una cultura de muerte reclama la vigencia del que “no es Dios de muertos, sino de vivos” (Mc 12,27). Solo la trasformación hacia una cultura de vida, que asume la dignidad y trascendencia de la creación, abre la brecha hacia el futuro que viene del Dios que ha cumplido su promesa.


5. El pecado humano en la tierra herida

El saqueo de la creación es pecado. Es un mal que es infligido a todas las criaturas. Que actúa como un pecado estructural con responsabilidad personal que genera medios malignos que olvidando las personas ofendiendo a Dios. Ciertamente que tiene su origen mucho más atrás en formas de ambición que se van trasformando y que cada vez concentran más el poder.

La cadena de responsabilidades tiene diferentes grados quedando encubierta por la banalidad, donde las responsabilidades personales se diluyen en la trama. En esta ruptura con la creación, Dios invita y reclama la conversión en los distintos niveles de culpabilidad abarcando la responsabilidad de los que tiene los medios de producción, de los que realizan la administración política, de los funcionarios o de los consumidores. La cuestión climática pasa, desde el punto de vista cristiano, por una conversión general de múltiples implicaciones.

6. Poner límites al mal del calentamiento global

Ya la inspiración bíblica pone límites a las elecciones de los seres humanos. El Creador es el que pone límites entre la luz y las tinieblas, entre el caos y el orden. También el ser humano tiene sus límites en la mortalidad y en la capacidad de trasgredir el plan de Dios. Cuando traspasa estos límites daña la armonía de la creación, así en relato de Gén 1 señala que en el ámbito natural hay cosas de las que no se puede disponer (prohibiciones) porque ponen en riesgo la vida creada por Dios.

La ciencia y la técnica asociadas el progreso abren las fronteras de lo posible, pero ¿dónde comienzan los límites del progreso? La ciencia del clima nos ha mostrado las consecuencias de superar unos límites en el calentamiento global. Aquí la ciencia, en sus certezas e incertezas, nos señala los límites nos hacen recordar el viejo mandato divino donde asumirlos es cuestión de vida o muerte.


7. Ética y política para la reconciliación con la creación

El ser humano que ha herido a la creación está llamado a restaurarla. Esto es posible en Cristo como dice Ireneo “Es él, en efecto, el que pone luz en la altura, el que prolonga la profundidad que se hunde muy radicalmente en la tierra, el que extiende la longitud del Este y el Oeste”. Esta acción reconciliadora abre permanentemente procesos de reconciliación que son oportunidades para volver a empezar.

Desde aquí la fe se pone al servicio de la ética que cuidando del ambiente restaura las relaciones humanas desde la llamada a la vida de una nueva creación que está viniendo. Ésto supone una opción política que dé forma jurídica a las exigencias mínimas ineludibles y que facilite las otras exigencias que permitan dar razón al progreso desde la sostenibilidad.

La encíclica «Laudatio sii», una invitación a defender la Creación

La encíclica hablará también sobre el acceso al agua en África

LA ENCÍCLICA HABLARÁ TAMBIÉN SOBRE EL ACCESO AL AGUA EN ÁFRICA

La carta papal, que ya ha suscitado las críticas preventivas de algunos ambientes políticos en los Estados Unidos, afrontará el tema de la «inequidad» en la distribución de los recursos, en el desperdicio de la comida, en la explotación de la naturaleza y tendrá como eje la ecología humana

 

 La encíclica de Papa Bergoglio dedicada a la defensa de la Creación será publicada el próximo 18 de junio. Lo indicó ayer la Sala de prensa de la Santa Sede. El título, que normalmente corresponde a las primeras palabras del teto latino, esta vez será en italiano, y retomará la expresión «Alabado seas» del Cántico de las Criatiras de San Francisco de Asís, como anticipó el director de la Libreria Editrice Vaticana (LEV), don Giuseppe Costa.

 El tema de la defensa de la Creación es un tema muy importante para Papa Francisco. Dos expresiones se encuentran frecuentemente en sus discursos. La primera la escuchó decir a un anciano campesino, hace muchos años: «Dios perdona siempre, las ofensas, los abusos, Dios siempre perdona. Los hombres perdonan a veces. ¡La tierra no perdona nunca!», por lo que «hay que custodiar a la hermana tierra, la madre tierre, para que no responda con la destrucción». La segunda expresión es: «La tierra no es una herencia que recibimos de nuestros padres, sino un préstamo que nos hacen nuestros hijos, para que nosotros la defendamos y la saquemos adelante para devolvérsela a ellos. La tierra es generosa, no hace faltar nada a los que la defienden. La tierra, que es madre para todos, pide respeto y no violencia o, peor, arrogancia de dueños. Debemos devolverla a nuestros hijos mejorada, custodiada, porque fue un préstamo que nos hicieron».

  La mirada de Francisco sobre los temas ambientales no parte de visiones ideológicas, como la que considera al hombre como el principal problema del planeta y espera políticas de reducción de la población. El punto de partida de sus ideas son las palabras del Libro del Génesis, «en donde se afirma –explicó el mismo Francisco en junio de 2013, en ocasión de la Jornada Mundial del Medio Ambiente– que Dios puso al hombre y a la mujer sobre la tierra para que la cultivaran y la custodiaran». Con el ser humano en el centro. Y este cultivar y custodiar son «indicación de Dios, dada no solo al inicio de la historia, sino a cada uno de nosotros; forma parte de su proyecto; quiere decir hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos».

 La defensa de la Creación, el cuidado del medio ambiente, no puede separarse de lo que el Papa llama «ecología humana». La crisis actual no es solamente económica, o solamente ambiental, sino una crisis también ética y antropológica: «La vida humana, la persona ya no son percibidas como valor primario que hay que respetar y tutelar», y se acaba poniendo en el centro «la idolatría del dinero». «Quisiera que todos tomáramos el serio compromiso de respetar y custodiar la Creación, de estar atentos con cada persona, de contrarrestar la cultura del desperdicio y del descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro».

 La encíclica “verde”, que ya ha suscitado las críticas preventivas de algunos ambientes políticos de los Estados Unidos, se ocupará también del tema de las «injusticias» a la hora de acceder a los recursos y en su distribución, por ejemplo como sucede con el agua en el continente africano. También hablará sobre el problema del hambre, del desperdicio de comida, y de eso que el mismo Papa Bergoglio definió, frente al cuerpo diplomático, la «ávida explotación de los recursos naturales», que representa una «herida a la paz en el mundo». También afrontará los daños provocados por el calentamiento global, la deforestación y la contaminación ambiental.

 Y también será una encíclica “ecuménica”, en la que dará valor a las palabras del Patriarca de Constantinopla, Bartolomeo I. Algunos incluso habían pensado que habría sido promulgada con firmas conjuntas de ambos líderes cristianos: no fue posible, pero el mensaje ambientalista del Patriarca ortodoxo debería encontrar un poco de espacio en el texto de la encíclica “Laudatio sii».

 

Mensaje del papa para la 89ª Jornada Mundial de las Misiones

«La misión no es proselitismo o mera estrategia«, sino pasión por Cristo, por la gente y el Evangelio.

Lo escribe el Papa Francisco en su mensaje para la 89ª Jornada Mundial de las Misiones que este año se celebrará el domingo 18 de octubre, en el contexto del Año dedicado a la Vida Consagrada y que se ha hecho público  hoy en la Solemnidad de Pentecostés.

En este amplio documento el Papa Bergoglio subraya el «fuerte vínculo» existente entre la vida consagrada y la misión, a la vez que anima a los jóvenes y a los laicos a comprometerse cada vez más en la obra misionera de la Iglesia.

Francisco recuerda en su Mensaje que «la dimensión misionera, al pertenecer a la naturaleza misma de la Iglesia, es también intrínseca a toda forma de vida consagrada«, por lo que no puede ser descuidada sin que deje un vacío que desfigure su carisma. La misión – escribe el Papa – es parte de la «gramática» de la fe, es algo imprescindible para los que escuchan la voz del Espíritu que susurra «ven» y «ve».

De modo que quien sigue a Cristo «se convierte necesariamente en misionero», y sabe que Jesús «camina con él, habla con él, respira con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera», tal como el mismo Santo Padre afirma en su Exhortación apostólica Evangelii gaudium.

El Santo Padre también destaca que para muchas congregaciones religiosas de vida activa el anhelo misionero que surgió del Concilio Vaticano II se puso en marcha con una apertura extraordinaria a la misión ad gentes, a menudo acompañada por la acogida de hermanos y hermanas procedentes de tierras y culturas encontradas durante la evangelización, por lo que hoy en día se puede hablar de una interculturalidad generalizada en la vida consagrada.

Precisamente por esta razón, es urgente volver a proponer el ideal de la misión en su centro: Jesucristo, y en su exigencia: la entrega total de sí mismo a la proclamación del Evangelio. Por esta razón – escribe el Papa – no puede haber ninguna concesión sobre esto: «Quien, por la gracia de Dios, recibe la misión, está llamado a vivir la misión».

Dirigiéndose especialmente a los jóvenes, el Papa también recuerda que en los Institutos misioneros los formadores están llamados tanto a indicar clara y honestamente esta perspectiva de vida y de acción como a actuar con autoridad en el discernimiento de las vocaciones misioneras auténticas. De ahí que pida a la juventud que no se dejen robar el sueño de una misión auténtica, de un seguimiento de Jesús que implique la entrega total de sí mismo.

E invita a los jóvenes a preguntarse, en el secreto de su conciencia, cuál es la razón por la que han elegido la vida religiosa misionera y a evaluar la disposición a aceptarla por lo que es: un don de amor al servicio del anuncio del Evangelio, recordando que, antes de ser una necesidad para los que no lo conocen, el anuncio del Evangelio es una necesidad para los que aman al Maestro.

Dentro de esta compleja dinámica, el Santo Padre también invita a preguntarse: «¿Quiénes son los destinatarios privilegiados del anuncio evangélico?». Y responde que la respuesta es clara y la encontramos en el mismo Evangelio: los pobres, los pequeños, los enfermos, los que a menudo son despreciados y olvidados, los que no tienen como pagarte (cf. Lc 14,13-14). La evangelización, dirigida preferentemente a ellos, es signo del Reino que Jesús ha venido a traer.

Por esta razón escribe que «existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres». Y pide, tal como lo hace en su Exhortación apostólica, que «nunca los dejemos solos». Lo que debe estar claro especialmente para las personas que abrazan la vida consagrada misionera; puesto que «con el voto de pobreza se escoge seguir a Cristo en esta preferencia suya, no ideológicamente, sino como Él, identificándose con los pobres, viviendo como ellos en la precariedad de la vida cotidiana y en la renuncia de todo poder para convertirse en hermanos y hermanas de los últimos, llevándoles el testimonio de la alegría del Evangelio y la expresión de la caridad de Dios».

Francisco también escribe que «para vivir el testimonio cristiano y los signos del amor del Padre entre los pequeños y los pobres, las personas consagradas están llamadas a promover, en el servicio de la misión, la presencia de los fieles laicos».

Y recuerda que las Instituciones y Obras misioneras de la Iglesia están totalmente al servicio de los que no conocen el Evangelio de Jesús. Además, en el inmenso campo de la acción misionera de la Iglesia, el Papa reafirma que «todo bautizado está llamado a vivir lo mejor posible su compromiso, según su situación personal». Y antes de impartir su Bendición Apostólica, el Papa concluye su Mensaje encomendando a María, Madre de la Iglesia y modelo misionero, a todos los que, ad gentes o en su propio territorio, en todos los estados de vida cooperan en el anuncio del Evangelio.