Tras las huellas del Resucitado (IV)

A veces, en el hospital, los días transcurren inmersos en la cotidianidad, en el trabajo rutinario. En muchas ocasiones, resulta difícil romper la monotonía. Aunque tratamos con personas distintas, se repiten los mismos momentos: el llanto, la desorientación, la espera agotadora antes de una despedida que no queremos que llegue, un diagnóstico que nos detiene la vida, una soledad no deseada, dolores persistentes y crónicos…

En medio de todo este sufrimiento, y en el contexto del tiempo pascual que estamos celebrando, me pregunto una y otra vez: ¿Dónde estás, Señor? ¿Cómo verte y descubrirte resucitado? ¿Qué signos de Vida puedo encontrar en medio de tanto dolor?

Y entonces te veo. Te descubro en esas palabras llenas de ternura que piden permiso para asear a un paciente en la cama, para tomarle una analítica. Te reconozco en las manos que acarician con consuelo las mejillas de quien sufre, en los ojos de la persona postrada que, con una mirada y una sonrisa, nos da los buenos días. Estás en las manos siempre dispuestas a ayudar, en quienes, a pesar del ajetreo diario, encuentran tiempo para escuchar.

Sí, Señor, habitas en todas esas situaciones. Y es ahí donde te reconozco y te veo Resucitado, dando VIDA en medio de tantas experiencias de muerte que a veces nos toca vivir como sanitarios.

Esther Nieto, LMC

Tras las huellas del Resucitado (III)

Seguimos transitando este tiempo pascual, descubriendo el paso del Señor resucitado que camina junto a nosotros. Hoy, Mª Carmen Tomás, LMC de Sevilla, nos comparte la historia de vida de JJ, una verdadera historia de Pascua y resurrección.

Vivimos en un mundo en el que las personas migrantes solo encuentran barreras físicas, políticas, relacionales… Nos cuesta mirar más allá de lo que vemos, de lo que creemos, de lo que juzgamos…

Hoy me gustaría compartir el proceso migratorio de JJ, un chico colombiano de 25 años. Tuvo que salir de su país y se vino a España, con las manos en los bolsillos, huyendo de situaciones de violencia, de miseria, rompiendo lazos con su familia de origen sin saber cuando y cómo los podría recuperar.

Llegó a Madrid, y ahí “no tuvo suerte”, no encontró ninguna puerta, ventana o resquicio, y como había sido militar en su país, se fue a Ucrania, a unirse al ejército, buscando una solución desesperada. Pero la realidad de la guerra, la destrucción, el dolor que veía a su alrededor, le hizo tomar conciencia de estar arriesgando su vida y tuvo que salir de allí, pues la seguridad que le proporcionaba un alojamiento y un salario (que poder enviar a su familia) no compensaba.

Así llega a París, deshecho, y se encuentra con otros tres chicos (también latinoamericanos), que como él estaban viviendo en la calle, sin recursos, sin conocer el idioma…, y crean una nueva familia, de esas que unen más que la sangre. El invierno allí es muy duro, con temperaturas muy bajas, así que deciden venir a España, donde al menos conocían el idioma, y acaban llegando a mi ciudad, donde los inviernos son muy suaves, hace siete meses. Desde la entidad en la que trabajo, mis compañeros del proyecto de personas sin hogar los atienden en calle y los animan a acudir por la mañana a una cita en nuestra oficina. Y ahí poco a poco, con mucho esfuerzo y perseverancia por parte de mis compañeros se van consiguiendo pequeñas cositas, y sobre todo ellos va recuperando poco a poco la esperanza y la ilusión.


No os quiero cansar, pero desgraciadamente los recursos para personas sin hogar están bastante saturados, y no es fácil encontrar plaza para una persona, así que menos para un grupo de cuatro. El recurso no era el adecuado, pero les permitía tener una cena, cama y ducha. Se le pudo solicitar el empadronamiento en calle y la asistencia médica, que son la base para poder acceder a los recursos más básicos.

Allí otras personas, en su misma situación, les ayudaron a buscar trabajo en el campo, a pesar de lo difícil que es trabajar cuando estás en situación irregular administrativa. Y ellos no dudaban en levantarse a las 5 de la mañana para llegar a los puntos de recogida de trabajadores, como ya ocurría en los tiempos de Jesús…
La relación con los otros jornaleros, les ayudó también a ir sanando heridas, a recuperar su autoestima,… a sentir que la vida les empezaba a dar una oportunidad y a luchar por ella y no
abandonar.


La campaña de frío acababa, y tenían que salir del recurso. Durante todo ese tiempo se había trabajado con ellos, acompañándolos en sus procesos. JJ empezaba a tener una vida más regulada, trabajando, pero sin posibilidad de pagar la fianza para meterse en una habitación… Se le ayudó pagándole un mes de alquiler, dándole la oportunidad de ahorrar durante ese mes y así poder continuar en la habitación. Y lo consiguió.


Ahora lleva ya tres meses autónomo, sigue trabajando en el campo, tiene su habitación de alquiler, ha recuperado el contacto con su familia, mantiene su amistad con sus compañeros, de los que uno volvió a su país, pero los otros dos también están bien. Y sigue viniendo a ver a mi compañero, para contarle como está, como le van las cosas….


Esta mañana me acerqué a su mesa y le pedí si me podía contar alguna historia de esperanza y de resurrección que compartir con vosotros, y me dijo, pues mira, te voy a contar la historia de JJ, que acaba de salir ahora mismo de aquí….

Mª Carmen Tomás, LMC

Tras las huellas del Resucitado (II)

Pues sí, a veces vemos a personas como nosotros y no nos podemos imaginar la vida que tienen detrás. En Cáritas atendemos a mucha gente, casi a “todos” los que llegan esperando soluciones inmediatas, comida, ayuda, consuelo, o lo que sea. Cuando vienen muchos corres el riesgo de no “ver” a la persona, sino al número, de no ver por dónde han pasado, ni lo que han vivido, sino “lo que piden”.

Se presentan historias de familias, de chicos que vienen solos, de mujeres con hijos…

Vienen a España heridos y con expectativas. Algunos por decisión y otros empujados por los conflictos que los echan de tierras, de casas y del abrazo de sus familias. Cuando escuchas historias que no te imaginas ni en una película, te das cuenta de lo grande que es el mundo y de la maldad humana, pero también de lo que necesitamos a Dios, y tener una mente y un corazón dispuestos.

En medio de ese acompañamiento, a veces en el desahogo se verbaliza estar “peleado con Dios”, “¡cómo un Dios bueno, ha permitido que yo haya sufrido tanto!”. “¿Dónde estaba Dios cuando he estado amenazado de muerte?” “¿Dónde estaba Dios cuando me han echado de mi casa y robado todo lo que tenía?”

Me ha pasado…por inspiración, está en la oficina y se me ocurre invitar a una de estas personas heridas a participar de la Pascua en la parroquia. Un Triduo vivido en Comunidad. No dice que no, pero no estoy segura de que vendrá. Tiene la valentía de hacerlo. Se sienta en el último banco de la iglesia, como queriendo ver pero de lejos, cerca de la puerta. Yo respeto la distancia, y el espacio, pero estoy atenta.

Jueves Santo. Se emociona y dice haber estado tranquila, después de seis años sin pisar una iglesia. Le ha gustado, ha sentido paz. Dice que sus problemas se han quedado por un momento en la puerta, se ha parado todo. Lleva meses medicándose para poder dormir, dice que ha respirado.

Viernes Santo. En la cruz se clavan todas las noticias que hablan de los Cristos que se siguen crucificando cada día. Y se responde a su famosa pregunta “¿Dónde está Dios?” y resulta que Dios está sufriendo al lado de cada persona, y lo que nos toca preguntar es ¿dónde están los hombres y mujeres de buena voluntad para acercar la caricia y el consuelo de Dios a los que están desesperados?”

Sale muy tocada de esta celebración, dice que ha sentido que lo que ha pasado en la iglesia “era verdad”… pero que necesita tiempo para digerir y entender. Necesita tanto tiempo, que no da el salto para participar del Sábado, de la fiesta de la Resurrección.

Me ha dado las gracias por invitarla, a través del móvil. Dice que duerme mejor, que se siente mejor. Quiero pensar que la puerta de la reconciliación se está abriendo, y en ese camino, en esa experiencia ojalá se encuentre pronto con el resucitado que no abandona nunca, que siempre sostiene, que nos ama con locura.

Seguiremos acompañando despacio y atentos.

Carmen Aranda, LMC

PASCUA LMC 2025

Compartimos algunos momentos de la Pascua que hemos celebrado este año junto a la Comunidad parroquial de las Cinco Villas en Ávila, el grupo de Combojoven y dos LMC italianos que nos han visitado estos días.

Gracias a todos/as los que nos habéis acompañado.

¡Feliz PASCUA!

Os deseamos una Feliz Pascua

«Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo… Pusieron allí a Jesús»

(Juan 19,41-42)

Queridísimos hermanos,

obreros de la esperanza y compañeros de misión, sembradores de vida donde a menudo parece que solo hay muerte, en estos días santos, mientras celebramos la Pascua, sentimos con fuerza el deseo de llegar hasta vosotros con un pensamiento, una oración, un abrazo fraterno.

Estáis donde la vida a menudo parece ceder ante la muerte, donde la dignidad humana es humillada, aplastada, ofendida, a veces completamente negada. Y, sin embargo, precisamente allí, estáis llamados a ser presencia viva del Resucitado de muchas formas: al elegir estar junto a los últimos, al levantar a quien ha caído, al devolver la dignidad a quien ha sido pisoteado…

Muchas veces el mundo os puede parecer un desierto árido, pero es entonces cuando debéis creer que, sostenidos por el Espíritu, podéis contribuir a transformarlo en un “jardín” exuberante de vida. Sí, porque la Resurrección no es solo un acontecimiento del pasado que recordamos con devoción. Es un fuego que aún arde, una fuerza que sigue abriendo sepulcros, rodando piedras demasiado pesadas, haciendo brotar vida incluso en los terrenos más áridos.

Vosotros lo sabéis bien, aunque a veces os cueste creerlo. A veces os sentís solos, abrumados por el cansancio, desanimados por la dureza de la realidad y por los escasos frutos de vuestro compromiso. Y sin embargo, seguís dando testimonio cada día de la victoria de Cristo sobre la muerte con gestos simples y silenciosos: un niño alimentado, una herida curada, una mano tendida, una palabra dicha en la oscuridad, una división sanada, un odio borrado… Cada uno de vuestros actos de amor es una negación de la lógica de la muerte.

¡Es Pascua, es vida nueva! Aunque muchas veces estéis rodeados de ambientes fétidos y venenosos, sabéis seguir creyendo – y viendo – que incluso el más terrible y oscuro “sepulcro” está siempre situado – de modo misterioso pero real – en un “edén”. No todos creen y ven esto. ¡Vosotros sí!

En medio de un mundo que a veces parece enloquecido – marcado por guerras, muertes, miserias, violencias, indiferencia, opresión y explotación, desastres ecológicos, y terribles crisis humanitarias y ambientales, causadas en su mayoría por la humanidad – vosotros seguís creyendo en “jardines en el desierto”, plantándolos y expandiéndolos, en el espíritu de una verdadera “ecología integral”, y sembrando belleza incluso donde parece imposible, apostando por el bien, la fraternidad, la vida plena, el Evangelio.

Sabemos bien que no es fácil. A veces el peso del dolor que os rodea parece mayor que vuestras fuerzas. Pero no lo olvidéis: el sepulcro está vacío. El Señor ha resucitado. Y con Él, cada uno de vuestros gestos tiene sentido. Cada decisión es luz. Cada paso es Evangelio encarnado. Cada niño que vuelve a sonreír, cada enfermo sanado, cada injusticia combatida, cada acto de amor realizado es señal de que la piedra del sepulcro puede ser rodada y que la vida vuelve a florecer.

No estáis solos. Cristo camina con vosotros.

Y nosotros, vuestros hermanos, estamos a vuestro lado con la oración, la amistad, la admiración y la gratitud. El mundo os necesita a vosotros, que no os rendís ante la oscuridad, sino que persistís en encender lámparas, aunque parezcan inútiles.

La Pascua es precisamente esto: saber que, a pesar de todo, la Vida tiene la última palabra; que donde el mundo pone una tumba, Dios construye una cuna; que hay salvación incluso donde parece haber solo desesperación y muerte.

Os llevamos en el corazón. Os encomendamos al Resucitado. Y rezamos para que viváis una verdadera Pascua: de luz, de esperanza, de consuelo y de renovado impulso. ¡Es Pascua! El Amor ha vencido. Y seguirá venciendo. Con vosotros, en vosotros, gracias a vosotros.

Con afecto y solidaridad, os deseamos una Feliz Pascua de esperanza y vida nueva.

El Consejo General MCCJ