Los días del puente de la Inmaculada fueron estupendos para los laicos misioneros combonianos reunidos en la casa Emaús (Torremocha de Jarama, Madrid). Nos sentimos profundamente agradecidos a Dios por la experiencia: un entorno precioso, en medio de la naturaleza, con una gente fabulosa que nos acogió de brazos abiertos (#encuentroysolidaridad). Somos dos grupos de iglesia que buscan muchas cosas en común, sobre todo la principal: seguir a Jesús.
Agradecemos profundamente a Dios por este regalo, no hay mejor manera de pasar unos días de vacaciones que entre personas apasionadas por Jesús. Ser misionero es una suerte y seguir los pasos de Jesús, todavía mejor. ¡Anímate a conocernos!
El fin de semana que se celebraba el Domund a nivel mundial tuvimos la suerte de realizar un encuentro con algunas personas que se han acercado al grupo LMC de España para conocernos y realizar un discernimiento vocacional.
Siempre es una suerte poder compartir nuestra vocación y, en la medida de nuestras posibilidades, servir de ayuda en el camino vocacional de nuevos misioneros.
Creemos que en este tiempo de Pandemia muchas cosas pararon, pero no así el Espíritu que siempre está presente y no descansa. Si el Señor sigue llamando nuevos obreros a su mies, nosotros queremos estar abiertos a acompañar este camino en la medida de nuestras posibilidades.
El año pasado tuvimos varios encuentros online con el grupo pero finalmente este año, y dado que los niveles de contagio de la pandemia han descendido, nos animamos a realizar un encuentro presencial donde todos nos pudiéramos encontrar. Siempre manteniendo las medidas de prevención necesarias en estos tiempos.
Fue un bonito fin de semana donde nos desplazamos de todas partes del país para compartir el tiempo, para compartir lo que nos ha traído y comenzar a caminar.
En el inicio del año nos parece importante establecer el camino propuesto, el calendario de encuentros y la temática que ofrecemos. Sabemos que es un esfuerzo para todos el desplazarse, el preparase los temas, el liberar los diferentes fines de semana de los encuentros para poder participar, pero creemos que debe ser un camino serio. Requiere de un esfuerzo por parte de todos, pero si el Señor nos llama la respuesta debe ser también seria y comprometida.
El fin de semana lo dedicamos a conocernos más, a empezar a trabajar sobre nuestra línea de vida, nuestra historia de vida con el Señor y los acontecimientos que nos han traído a este momento vital. También a entender nuestra relación con Dios, pues de eso trata discernir una vocación.
Esperamos haber establecidos las bases del camino a recorrer. Este camino se hará con encuentros presenciales y online pero también con el acompañamiento personalizado de cada candidato y el poder participar tanto en encuentros de zona como en encuentros nacionales con el resto de LMC de España.
Como nos tocó el día del Domund, no pudimos sino compartir nuestra alegría con la parroquia Santa Angela de la Cruz en Madrid que nos acogió para dicho evento. Pudimos ayudar a animar la celebración, trayendo algo de nuestra vida en África y América Latina, acercando la realidad de alguno de estos países y nuestras experiencias vitales.
Preparamos la celebración entre candidatos y LMC junto al coro (que nos hizo un bonito regalo sorpresa) y los catequistas de la parroquia. Creo que fue un momento bonito y participativo donde los niños y niñas así como el resto de la comunidad puedo acercarse de manera diferente a este Domund.
Seguimos pidiendo para que el Señor siga llamando a nuevos misioneros y para que nosotros sepamos acompañarles en su camino vocacional.
Sigue habiendo mucha necesidad de misioneros y misioneras, así que os animamos a cualquiera que sienta esa llamada a acercarse a alguno de nuestros grupos y hacer un camino vocacional. Sepamos decir Sí como Maria.
Durante el mes misionero y ante la inminente llegada del DOMUND, son muchas las iniciativas misioneras en estos días. Por ejemplo, Carmen Aranda, laica misionera comboniana, que ha visitado el Colegio Cristo Rey (Murcia) para compartir su experiencia misionera en Uganda. Los zagales le han acogido de brazos abiertos, con multitud de preguntas.
Si quieres que tu parroquia o colegio reciba la visita de un misionero, ponte en contacto con nosotros.
Reproducimos el mensaje que P. Tesfaye Tadesse comparte el 10 de octubre con motivo de nuestra fiesta a los 140 años de la muerte de Daniel Comboni.
Queridos hermanos, saludos y oraciones desde Roma y ¡FELIZ FIESTA de nuestro Padre y Fundador San Daniel Comboni!
San Daniel Comboni escribió el 23/09/1867: “Mi plan es aprobado por un gran número de obispos…, por lo tanto, intento todos los caminos. Si no tengo éxito en nada, Dios se contentará con las buenas intenciones. Ciertamente, no escatimaré esfuerzos, ni viajes, ni mi vida para tener éxito en la empresa: moriré con África en los labios” (Escritos 1441). San Daniel murió el 10 de octubre de 1881, hace 140 años, rodeado de sus misioneros, a los que pidió fidelidad a la misión, fijando su mirada en Jesús y repitiendo “Jesús mío, misericordia”.
Regresé hace unos días de Jartum, donde murió San Daniel Comboni y donde su presencia continua gracias a la vida, el testimonio y el servicio de los misioneros combonianos y a la vida cristiana de toda la Iglesia local. San Daniel Comboni ha llegado a nosotros hoy porque, antes que nosotros, muchos hermanos, hermanas y laicos, que siguieron a Jesucristo a la manera de San Daniel Comboni, nos han transmitido su carisma; nuestro corazón está lleno de gratitud por su fidelidad y les dice: ¡GRACIAS!
Hoy celebramos a nuestro Fundador que, en el cielo, vive y goza de la comunión de los santos. Lo celebramos también porque con el don de su carisma, don del Espíritu Santo, sigue actuando en la vida cotidiana de los miembros de la Familia Comboniana, de nuestros amigos, colaboradores, bienhechores y sigue estando presente en nuestras comunidades y actividades.
En este día concreto de 2021 también celebramos, con gran alegría y renovada gratitud, varios aniversarios. En Ellwangen finaliza el año dedicado al centenario de nuestra presencia en Alemania, y nuestras comunidades de Venegono y Padua celebran 100 años de presencia. El mismo día, en Brasil, comienza el año dedicado a la reflexión sobre el 70º aniversario de la presencia comboniana, que se celebrará en 2022. Bajo los auspicios de este día, pensando tanto en el presente como en el futuro, se abre en Nairobi una nueva comunidad y casa para hermanos estudiantes.
Al celebrar a San Daniel Comboni, todos estamos llamados a dejarnos renovar por el Espíritu Santo, que nos forma continuamente para ser discípulos misioneros combonianos, llamados a caminar en el mundo de hoy y a encarnarnos cada vez más en las situaciones de nuestros hermanos.
San Daniel nos recuerda todavía hoy la tarea de anunciar y compartir a Jesucristo, nuestra Esperanza, cuyo Corazón late siempre por la humanidad que sufre; nos exhorta a dar testimonio de Él en nuestra vida cotidiana con espíritu de ministerialidad en fraternidad; nos insta a vivir en comunión y en el espíritu de sinodalidad que nos hace partícipes de la misma misión y nos enseña a enriquecernos mutuamente en nuestro testimonio y compromiso por la construcción del Reino de Dios, donde todos estamos llamados a dejarnos convertir y a continuar nuestro camino hacia la santidad, que nos hace cada vez más humanos…
“Para un cristiano no es posible pensar en su misión en la tierra sin concebirla como un camino hacia la santidad, ya que ‘esta es, en efecto, la voluntad de Dios, vuestra santificación’ (1 Tes 4,3). Cada santo es una misión; es un plan del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio” (Papa Francisco en GE 19).
Encomendemos nuestras comunidades y nuestros hermanos a nuestra Madre María y a San Daniel Comboni, para que obtengamos las gracias necesarias para vivir bien nuestro camino y la celebración del próximo Capítulo General, que celebraremos en junio de 2022. ¡¡¡Feliz fiesta de San Daniel Comboni!!!
P. Tesfaye Tadesse Gebresilasie MCCJ, por el Consejo General
Un cierto día, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.» Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.» Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.» A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!» Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.» Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús se les quedó mirando. y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.» Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna.»
UN DINERO QUE NO ES NUESTRO
En nuestras iglesias se pide dinero para los necesitados, pero ya no se expone la doctrina cristiana que sobre el dinero predicaron con fuerza teólogos y predicadores como Ambrosio de Tréveris, Agustín de Hipona o Bernardo de Claraval.
Una pregunta aparece constantemente en sus labios. Si todos somos hermanos y la tierra es un regalo de Dios a toda la humanidad, ¿con qué derecho podemos seguir acaparando lo que no necesitamos, si con ello estamos privando a otros de lo que necesitan para vivir? ¿No hay que afirmar más bien que lo que le sobra al rico pertenece al pobre?
No hemos de olvidar que poseer algo siempre significa excluir de aquello a los demás. Con la «propiedad privada» estamos siempre «privando» a otros de aquello que nosotros disfrutamos.
Por eso, cuando damos algo nuestro a los pobres, en realidad tal vez estamos restituyendo lo que no nos corresponde totalmente. Escuchemos estas palabras de san Ambrosio: «No le das al pobre de lo tuyo, sino que le devuelves lo suyo. Pues lo que es común es de todos, no solo de los ricos… Pagas, pues, una deuda; no das gratuitamente lo que no debes».
Naturalmente, todo esto puede parecer idealismo ingenuo e inútil. Las leyes protegen de manera inflexible la propiedad privada de los privilegiados, aunque dentro de la sociedad haya pobres que viven en la miseria. San Bernardo reaccionaba así en su tiempo: «Continuamente se dictan leyes en nuestros palacios; pero son leyes de Justiniano, no del Señor».
No nos ha de extrañar que Jesús, al encontrarse con un hombre rico que ha cumplido desde niño todos los mandamientos, le diga que todavía le falta una cosa para adoptar una postura auténtica de seguimiento suyo: dejar de acaparar y comenzar a compartir lo que tiene con los necesitados.
El rico se aleja de Jesús lleno de tristeza. El dinero lo ha empobrecido, le ha quitado libertad y generosidad. El dinero le impide escuchar la llamada de Dios a una vida más plena y humana. «Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios». No es una suerte tener dinero, sino un verdadero problema, pues el dinero nos impide seguir el verdadero camino hacia Jesús y hacia su proyecto del reino de Dios (José Antonio Pagola)