FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

Este tiempo,
que es tiempo de encuentros y de abrazos,
se llama Pascua
y es tiempo de paso
porque Tú caminas
por los caminos de la tierra,
caminos de historia y vida,
a nuestro encuentro
para pacificarnos
y dar sentido a nuestros pasos.

Este tiempo, siendo de paso,
es tiempo definitivo
para encontrarnos y abrazarnos,
para que nos arda el corazón
y los ojos dejen de estar cegados,
para gozar tu presencia
y hacernos presencia tuya
y buena noticia para los hermanos.

Este tiempo, siendo definitivo,
es tiempo abierto
para probarlo todo
y quedarnos con lo mejor,
que para eso hemos nacido
y Tú nos has creado.

Ya no es tiempo leyes
ni de amos y padres
ni de otros señores,
porque sólo el amor
y la fraternidad permanecen,
abren los corazones
y dejan al Espíritu libre.

Este tiempo, Señor,
es tu tiempo
y es mi tiempo,
es nuestro tiempo
libre de las trabas
que nos hemos creado.

¡ESTE TIEMPO ES TIEMPO RESUCITADO!

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

 

 

África en su Viernes Santo

Me levanto hoy con el pesar de la terrible jornada de ayer, donde el recuento de víctimas de estudiantes en el ataque de la Universidad de Garissa no ha dejado de crecer durante todo el día. Abro el twitter y me llegan decenas de fotos de pasos procesionales que han salido durante esta última noche.

CBmlnzZUkAEx3ie

Pienso que el real y verídico Viernes Santo tiene lugar en este olvidado continente africano. Hace pocos días los extremistas de Boko Haram volvían a secuestrar a un grupo de chicas que se unen al ya primero del cual por desgracia nadie habla. El ataque de ayer contra la Universidad de Garissa – el más sangriento de entre los perpetrados Al-Shabaab – apenas llega a los titulares de los medios de comunicación occidentales y menos aún goza de una atención mediática medio decente, porque aparentemente los 147 estudiantes muertos y las decenas de heridos no iban en un avión europeo ni hubo occidentales entre las víctimas. Si un suceso así hubiera sido en otra universidad, en los medios occidentales se escribirían páginas reales o digitales sin fin pero, claro… “nos pilla lejos y además son negros…”

Una vez más el fundamentalismo violento se ensaña contra víctimas inocentes y Kenia vuelve a ser la diana de estos grupos. La tragedia del centro comercial Westgate en Septiembre de 2013 – más de 60 víctimas mortales – se une a los diversos y mortíferos ataques contra asentamientos humanos o transportes en la región fronteriza de este país con la revuelta Somalia, donde en los últimos meses han muerto decenas de personas. Unidades de la milicia somalí de Al-Shabaab reaccionan así ante el avance que la coalición de la Unión Africana y de las mismas tropas kenianas están teniendo en los bastiones de esta milicia en Somalia. Hoy, si de una macabra vuelta de tuerca más se tratara, se cuentan casi 150 víctimas mortales en un ataque perpetrado contra el campus universitario en un momento en el que los estudiantes se preparaban para los exámenes.

Ayer los atacantes de nuevo jugaron la “carta religiosa” y separaron a los musulmanes de los no-musulmanes. A los primeros les dejaron ir y a los segundos los mataron. Es curioso que hagan esto cuando en otras circunstancias Al-Shabaab no ha tenido reparo alguno en ejecutar a cualquier oponente sea de la religión que sea. Las víctimas por tanto de este grupo son también los musulmanes, aunque el ataque de ayer pareciera indicar lo contrario. Para complicar más las cosas, la reacción de las fuerzas de seguridad kenianas tampoco ha ayudado a mejorar las cosas: episodios de dura represión se han vivido en las zonas costeras del país, donde se han llevado a cabo detenciones masivas de grupos y líderes religiosos sospechosos de alentar a fieles yihadistas. En varias ocasiones la población de Mombasa y de otras ciudades se ha rebelado contra el grado de violencia ejercido por el ejército y la policía.

Es una etapa más del doloroso calvario que está viviendo esta región. Y si a esto añadimos todo el sufrimiento que está siendo causado por Boko Haram y por las diferentes milicias en la República Centroafricana, pues se pueden imaginar la dimensión del problema. Como si no fuera suficiente luchar contra la pobreza, la desnutrición, la corrupción o los deficientes servicios, también el africano medio tiene que enfrentarse a la violencia sectaria. En este Viernes Santo, muchos de los crucificados de hoy se encuentran en este continente. Acuérdense también de ellos, que no caigan en el olvido. (AE)

Viernes Santo: su Cruz en su mirada amante

Y lo ofreció todo.

Y lo amó todo.

Y lo entregó todo.

Por entero.

Todo está cumplido.

Amén.


   MI VICTORIA ES MÁS FIRME QUE LA MUERTE

   No dejarás de oír lo que te quiero,
   que te quiero sin norma y con locura;
   locamente te quiero, sin cordura,
   hasta morir de amor como me muero.

   He colgado en la cruz este letrero:
como el mar, mi costado es ancha hondura;
 se rompe el mar, y el Dios de la ternura

se derrama a raudales todo entero.
Quiero anegarte con mi amor, quererte,
   Tenerte entre mis brazos, mirar: verte.
   ¿Qué impide nuestro gozo consumado?
¿Muerte? ¿Pecado? Estoy crucificado.
   Mi victoria es más firme que la muerte,
   y más fuerte es mi amor que tu pecado.

                                  Francisco Contreras, cmf

Miércoles Santo: en su deseada esperanza

 Preparar la mesa. Saborear el encuentro. Acallar los rencores y dejar paso a lo que una tarde les unió entre redes y barcas. Y en medio, el deseo de que quisieras celebrar la Pascua, tu Pascua, con ellos… con nosotros. No inútilmente esquivaron tu discurso. No inútilmente se hallaron dormidos. Pues «haber llevado el fuego un solo instante razón nos da de la esperanza».

   NO INÚTILMENTE

   Contemplo yo a mi vez la diferencia
   entre el hombre y su sueño de más vida,
   la solidez gremial de la injusticia,
   la candidez azul de las palabras.
   No hemos llegado lejos, pues con razón me dices
   que no son suficientes las palabras
   para hacernos más libres.
Te respondo
   que todavía no sabemos
   hasta cuándo o hasta dónde
   puede llegar una palabra.
   Quién la recogerá ni de qué boca
   con suficiente fe
   para darle su forma verdadera.
 Haber llevado el fuego un solo instante
   razón nos da de la esperanza.
   Pues más allá de nuestro sueño
   las palabras, que no nos pertenecen,
   se asocian como nubes
   que un día el viento precipita
   sobre la tierra
   para cambiar, no inútilmente, el mundo.
                                                          José Ángel Valente

Un Dios crucificado

m_imagenesdedios_crucificado-1Hay algo muy perturbador en la idea de un Dios crucificado. Escándalo para unos, contradicción para otros, absurdo para muchos… ¿Dónde queda la grandeza, la fuerza, el poder? ¿Qué sentido tiene aún hoy en día, arrodillarse o reverenciar a un ajusticiado? ¿Cómo mirar a la cara a la derrota? ¿Cómo aceptar la muerte del Justo? ¿Cómo comprender el silencio del Padre ante la muerte del Hijo? Y ahí surge la eterna pregunta por la cuestión del mal, por el sufrimiento de los inocentes, por la tragedia que atraviesa a la creación. ¿Cómo es posible? Y un grito que se alza al cielo, entre la queja y la incomprensión: «¿Por qué?»

El Dios crucificado, imagen que no es metáfora, sino realidad, es, junto a la resurrección, la intuición más radical de nuestra fe. Nos habla de la fragilidad humana, asumida por el mismo Dios. Nos habla de la paz como único camino, frente a otras sendas construidas sobre el rencor, la violencia o la ley implacable. Nos habla del amor como la mayor transgresión en un mundo que a demasiadas personas las etiqueta como indignas de ser amadas. Nos habla del dolor de Dios. Un Dios que no es lejano, ajeno ni indiferente a la creación que salió de su corazón; un Dios cercano hasta el punto de vaciarse en nosotros, con nosotros, por nosotros. Y de las entrañas de misericordia de quien no puede no conmoverse ante los sentimientos humanos. Nos habla de compromiso, de una alianza inquebrantable, y de riesgo. De víctimas inocentes, y verdugos inconscientes que no saben lo que hacen. Pero ni para verdugos ni para víctimas ha de tener la cruz la palabra definitiva. Todo eso, y mucho más, es lo que podemos ver cuando miramos al crucificado.

José María R. Olaizola sj