Arequipa, un lugar magnífico

Misner in Peru¡Saludos a todos de la Familia Misner desde Perú!

Nuestras hijas se están adaptando muy bien. Lydia nuestra hija mayor va a cumplir 7 años en próximo día 26 de mayo. Ella está estudiando en el colegio de los Sagrados Corazones donde está aprendiendo español, inglés, y francés.  Nuestra hija menor tiene 4 años y está estudiando en la cuna jardín para los niños aquí en la parroquia del Buen Pastor. Las dos quieren mucho a los padres y a las hermanas que están trabajando con los misioneros Combonianos.

Karissa y yo empezamos nuestro trabajo médico hace una semana en Villa Ecológica, que está a las afueras de la ciudad. Karissa está especializada en los adultos y yo soy pediatra. Tenemos mucho amor y respeto por el Padre Conrado y su pasión por hacer este lugar especial para poder atender a estas personas sin cuidados médicos.

Por favor, ténganos presentes en sus pensamientos y oraciones.

Gracias por la posibilidad de este servicio misionero y por la gente de Arequipa.

 

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Rosario misionero

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El Santo Rosario

El santo Rosario es una devoción mariana de las más antiguas y conocidas entre el pueblo cristiano. Una tradición muy remota atribuye a santo Domingo de Guzmán, fundador de los Dominicos, la composición de este rezo. Pero fue el Papa san Pío V quien, con una Bula publicada en el año 1569, le dio la forma que se utilizó durante cinco siglos, con 15 misterios de gozo, dolor y gloria. El Papa Juan Pablo II, en Carta apostólica «Rosarium Virginis Mariae» agregó al rosario tradicional 5 nuevos misterios llamados «misterios de luz».

El Rosario Misionero

Su Santidad el Papa Juan XXIII rezaba el Rosario Misionero todos los días por el mundo entero, dedicando una decena a cada continente: «Como Papa debo orar por la humanidad entera y lo hago al rezar el Santo Rosario Misionero: la primera decena por África, la segunda por América, la tercera por Europa, la cuarta por Oceanía y la quinta por Asia».

A mediados del siglo XX el obispo norteamericano, Monseñor Fulton Sheen, ideó este “Rosario Misionero” con el fin de ofrecer un material práctico para orar por las misiones y los misioneros. Convirtiéndose en un medio concreto para cumplir con el deber de la cooperación misionera espiritual que nos pide la Encíclica Redemptoris misio

Indicaciones para rezar el Rosario Misionero

El Rosario Misionero es una forma de oración que toma como base al Rosario tradicional, en la cual, por intercesión de María, se pide al Padre por las intenciones y necesidades de todo el mundo.

Es una oración mariana universal y misionera, que consiste en rezar los cinco misterios de cada día teniendo presentes los cinco continentes, pensando en la situación concreta de cada continente desde el punto de vista de la evangelización y de la presencia cristiana. Orando por los misioneros y misioneras, agentes pastorales, y por todos los que aún no conocen la Buena Nueva de la salvación, para que se abran a la luz del Evangelio.

Los colores del Rosario Las cinco decenas son de colores diferentes, representan a cada uno de los cinco continentes desde el punto de vista misional, y recuerdan al que reza, la intención misional de cada decena. «El Rosario Misionero: la decena blanca es por la vieja Europa, para que sea capaz de recuperar la fuerza evangelizadora que ha engendrado tantas Iglesias; la decena amarilla es por Asia, que rebosa de vida y de juventud; la decena verde es por África, probada por el sufrimiento, pero disponible al anuncio; la decena roja es por América, promesa de nuevas fuerzas misioneras; la decena azul es por el continente de Oceanía, que espera una difusión más profunda del Evangelio» (Carta de Juan Pablo II a la Infancia Misionera). Descargar guión litúrgico para el rezo del Rosario Misionero

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Algo en los ojos les impedía reconocerlo

‘ALGO EN SUS OJOS LES IMPEDIA RECONOCERLO’
A propósito de Lucas 24,16

El texto viene precedido y seguido de expresiones sobre conversaciones y discusiones… algo demasiado frecuente en nuestro modo de relacionarnos. Hablamos y discutimos, pero ¿nos enteramos?

El misterio de la Vida, en todo el cosmos desde la persona de Jesús, se está manifestando delante de nuestros ojos. Estos ojos que miran y van descubriendo chispas de eternidad, de amor gratuito, de belleza renovada cada primavera, de sentimientos compasivos que transforman una mirada dura y crítica en una mirada llena de bondad que se concreta con gestos de generosa hospitalidad.

Algo en sus ojos les impedía reconocerlo. Miraban para otro lado, como nosotros cuando no sabemos ver lo que hay de verdad. Porque, ¿qué hay que ver? ¿De qué se está hablando?

Intuyo con tristeza que para muchos cristianos y cristianas este tiempo de Pascua se queda un poco sin chispa por falta de descubrir experiencias pascuales en nuestra propia vida. Siempre ha sido más popular la cuaresma que el tiempo de pascua. Esta realidad es indicativa de que nos es difícil la mirada de fe, ya que asumir el dolor y la muerte es inevitable, pero abrirnos al Espíritu y navegar a su impulso, es harina de otro costal.

El Evangelio nos narra experiencias de personas para que, desde su experiencia podamos comprender y vivir la nuestra.

Para las personas que queremos más sólo hay una receta: ponernos en camino, y si lo estamos, seguir caminando porque el paisaje cambia continuamente y aunque nos parezca conocido no es el mismo.

Algo en nuestros ojos nos impide re-conocerlo, conocerlo de nuevo hoy, desde nuestra situación y realidad vital. Desde la situación política y social. Desde los forros del alma a las capas del cosmos que están pendientes de cuidar y proteger la vida. Nuestra vida y la vida de todo.

Te propongo que te adentres en el silencio, si quieres, y desde ahí, te dejes guiar.

El silencio es el alimento de toda vida. Es donde se gesta la vida. Tanto es así que cuando entras en un bosque se te invita a callar para respetar la gran orquesta del silencio, donde cada uno realiza su tarea y en una armonía total recrean, sin saberlo, la belleza, el oxígeno, la energía, sin lo que la vida no existe.

Pero el silencio va más allá de capacitar para la vida. El silencio es la vida, porque es el cordón umbilical que nos une con Dios y desde Él con el universo.

Algo en sus ojos-oídos, les impedía reconocerlo. ¡Claro! Las habladurías, las interpretaciones, los miedos proyectados…

Jesús es el varón del silencio. Y tiene un secreto para desearlo, buscarlo, pasar sus noches sumergido en él. El silencio de Jesús no es un respirar vacío o la repetición de un mantra… lo que puede o no ayudar. El silencio de Jesús es silencio porque está habitado.

Su silencio es posible porque es experiencia de amor. No es ausencia y soledad. Es presencia y vida. Tal vez inexplicable. Tal vez incompresible e inefable, o sea, imposible de explicar en palabras.

El silencio de Jesús, y el nuestro, es una experiencia de amor. ¿Puedes explicar el amor que tú sientes con palabras acertadas? Posiblemente sean vanos esfuerzos para explicar una realidad que te envuelve pero que siempre que la quieres expresar, dices más sin decir que diciendo.

Pues eso es el silencio. Y ya me callo. Te invito a “sentarte y sentirte para que le puedas escuchar en el silencio y en silencio”

Algo en su corazón les permitía experimentarlo cuando en silencio “cogió el pan, se lo dio y desapareció, dejándoles en un silencio, lleno de ausencia-presencia”. ¡Cosas del Resucitado!

¡Estate atenta! Posiblemente también te esté ocurriendo si te quedas en su silencio

¡Feliz tiempo de Pascua!

Publica Eclesalia por MAGDALENA BENNÁSAR OLIVER

ECOS DE LA PASCUA

 DSC03234Nuestra vida está plagada de momentos. Unos los consideramos más importantes y otros no. Aunque puede que todos sean necesarios. Tal vez esos de los que no nos damos cuenta de que existen en nuestra vida, sean de los más importantes. Solo que los hacemos mecánicamente, sin darnos cuenta. Nuestro corazón palpita desde mucho antes de nacer. Es mecánico. Nunca lo oímos, pero si en algún momento deja de hacerlo, ah! Entonces si que tendríamos problemas… En un segundo, en un momento. Otros momentos muy importantes -para nuestra consciencia- son todas las celebraciones puntuales a lo largo de nuestra vida como protagonistas o invitados. Y otros que pueden ser importantes o no: los momentos de celebrar nuestra fe.

Todos los años -desde que tengo memoria- celebramos la Pascua. Varios días que antaño eran de tristeza, o, al menos, se aparentaba. Un poco de miedo cuanto más chico eras, por los nazarenos y las imágenes que veíamos pasar, sangrantes los Cristos o dolientes las vírgenes. Y si reías o cantabas ese Cristo sufría más por tu culpa. O por tus pecados. Los niños nos acongojaba pensar que nuestros terribles pecados habían llevado a «ese hombre» a tan terrible muerte… ¡Con siete años!

 Y el tren de la vida ha seguido recorriendo su camino. Y en cada estación se ha ido bajando y subiendo gente. Y muchos de los que aun continuamos el viaje seguimos celebrando la Pascua cada año. Gracias a nuestro Padre-Abba ya no es triste ni nos da miedo. Al contrario. A algunos pocos nos ha concedido la Gracia de celebrar a lo grande el misterio de nuestra salvación. Celebrar el triduo más impresionante que una persona pueda encontrar en su vida. Cada año. En Collado Mediano nos encontramos todas las primaveras una pequeña familia, un pequeño cenáculo. Con ese Jesús Hermano sufriente al centro de nuestras vidas. Pero sin mantos ni potencias doradas, sin pasos, profusión de flores o cirios. Nos encontramos con Cristo en el hermano, el que tenemos al lado y, sobre todo, el que sufre en nuestro hoy: los refugiados que mueren de frío a la intemperie bajo la lluvia en Grecia y Turquía. Los inmigrantes que pasaron su vía crucis entre África y Europa, vía que para miles terminó en las aguas de los muchos mares que nos separan, por no tener un travesaño de Cruz a la que agarrarse. Cristo que mal vive y mal muere en el continente más rico del mundo; continente que hemos vendido por treinta monedas de plata, por barriles de petróleo, por minas de coltán donde trabajan niños, por piedras brillantes que adornen manos de personas que, tal vez y solo tal vez, van a misa. Cristo -Nuestro Señor- que camina descalzo en Sudamérica, doblado bajo el peso de otras maderas que calienten su frío y su soledad. Cristo. Este es el Cristo de nuestra Pascua, de nuestra vida. Siempre Resucitado. Inyectando Vida, con mayúsculas, a unos pobres laicos misioneros Combonianos que seguimos creyendo en la utopía del Evangelio porque la realidad de nuestro mundo es ya increíble. Que seguimos celebrando, cada año, la Buena Noticia de la vida a la que nos invita la misma Vida. Que reconocemos nuestros pecados, ahora sí que son pecados, nuestra debilidad. Y el Viernes Santo noche no procesionamos, nos tiramos al suelo, al «humus», mostrándome humilde, débil, para acompañar de la misma forma a nuestros Cristos sangrantes, a sus Madres dolorosas y doloridas como otro Cristo más sufriente aún por el solo hecho de ser mujer. Tirados por los suelos «como esclavos a los pies de sus señores». Pero ricos, muy ricos, por el tesoro de mi hermana que comparte conmigo su experiencia de Vida. Por mi hermano que me remueve el alma con su experiencia de injusta muerte. Riquísimos porque Cristo está en medio de nuestra pequeña familia, con nuestros niños dormidos sobre las alfombras y cojines, como fue en aquel cenáculo hace tantos siglos.

12439092_10153628153534702_1449991055822212245_n Mucho más ricos nos sentimos el sábado Santo. «No tengáis miedo, soy Yo». Yo Resucitado. Y para que creáis no miréis mis manos traspasadas, o miréis mi costado ni mis pies. Mirad mi frio de patera, mi llanto de niño en descampados de refugiados, mi angustia de inmigrante bajo un puente de la M-30, mi soledad de anciano olvidado. Mi dolor y mi llanto en todo el mundo. Yo os envío a curar mis heridas. Mis manos, costado y pies. Os envío a Mozambique, Os envío a Uganda y a Etiopía. A Madrid, a la Mancha y Castilla, Andalucía y Extremadura. No tengáis miedo. Yo he resucitado pero sigo sufriendo en esos lugares y en todo el mundo. Vosotros sois la cura a tanto sufrimiento. No llevéis alforja, ni ningún equipaje. Cargad con la escucha, la compañía, la sonrisa y el abrazo. Estad alegres, estad alegres porque si Yo estoy Vivo, vosotros sois enviados a dar mi Vida.

  No tengáis miedo. Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo

 ¡Que paso! ¡Que Pascua! Gracias Señor por tanta Gracia.

Juan Eugenio de las Heras. LMC

Vocación misionera

01_06_misionLa misión necesita misioneros y misioneras que permitan llevar el amor de Dios a los rincones más lejanos y a las personas más necesitadas.

Inauguramos esta sección en nuestro blog con el ánimo de animar a aquellas personas que puedan sentirse llamadas a esta vocación. Iremos colgando testimonios, canciones, videos, documentos, artículos… y por supuesto estamos abiertos a cualquier consulta o sugerencia.

Arrancamos con este tema del Curso de Animadores Misioneros de las OMP  La vocación misionera