Campaña Manos Unidas 2021

LMC Manos Unidas

Como ya os hemos contado este fin de semana Manos Unidas celebra un año más la Campaña contra el Hambre. Y a pesar de las dificultades no se echan atrás y se reinventan para que la Solidaridad se contagie y nos contagie a todos/as.

Esta mañana hemos tenido la suerte de participar en una mesa redonda en Sevilla, el pistoletazo de salida para la campaña en nuestra provincia. Siempre me emociona escuchar el testimonio de los misioneros que han estado más de 30 años en primera línea, compartiendo toda su vida con los pueblos más olvidados, y cómo gracias a la generosidad de tantas personas anónimas se puede hacer realidad la construcción de tantos sueños, y de tantas escuelas, centros de salud…

LMC Manos Unidas

Esta tarde, compartiendo nuestra experiencia en Mozambique con la parroquia de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache, les hablaba de un proyecto muy pequeñito con el que Manos Unidas había colaborado con la parroquia Ntra. Sra. De la Paz en Namapa, donde los LMC estuvimos trabajando durante cuatro años.

Fue la construcción de una sala de usos múltiples, cuatro paredes muy bien aprovechadas, llenas de vida y de esperanza. Y les contábamos cómo ese espacio servía de biblioteca, dónde podían sentarse en una mesa y una silla a escribir, frente a la opción de hacerlo en el suelo, sobre una estera, dentro de una pequeña choza a la luz de una vela. Donde los alumnos de Secundaria podían encontrar algunos libros donde consultar la química, las matemáticas, … en una región donde ni siquiera los profesores tenían libros de textos, y todo su material de apoyo eran los cuadernos que guardaban como un tesoro de cuando habían hecho su formación y que intentaban transmitir a sus alumnos a base de pizarra y aprenderse de memoria.

Y les hablábamos del trabajo de promoción de la mujer que se hacía allí. Gracias también a la generosidad anónima habían llegado unas máquinas de coser (sí, de esas a pedales, como las de nuestras abuelas), y se les enseñaba un oficio, dándoles la oportunidad de ganarse la vida, además de crear círculos de apoyo, en el que trabajar con ellas la autoestima y el empoderamiento en una sociedad donde la igualdad entre hombres y mujeres es una utopía.

Y les contábamos la alegría y la vida que se transmitía en los ensayos del coro parroquial, en ese grupo de jóvenes con los que se trabajaban esos valores de compañerismo, de escucha, de trabajo en equipo, intentando acompañarlos en sus procesos de crecimiento como miembros activos de su sociedad, en su momento histórico concreto.

Y les explicábamos cómo una vez cada dos meses, los catequistas de las 86 comunidades que constituían la parroquia, venían un fin de semana a recibir formación cristiana que llevar y compartir con sus comunidades. Muchos venían andando desde largas distancias, con muchas ganas de encontrarse y de profundizar en el conocimiento y en la experiencia de ese Jesús de Nazaret que les estaba cambiando la vida. Y durante esos días la sala se convertía en el lugar de encuentro y acogida, dormitorio y comedor. Pan compartido y Vida compartida.

Y recuerdo esas tardes tranquila, sentada en esos bancos de piedra a la entrada de la sala, desde dónde veías pasar a la gente sencilla, camino del mercado, de regreso a casa, …. disfrutando de esos bonitos atardeceres africanos, y dando gracias al Padre por toda esa VIDA compartida.

LMC Manos Unidas

Maricarmen Tomás, LMC

Domingo 6º T.O. (B) 14 de febrero de 2021

Marcos 1,40-45
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

EXTENDER LA MANO

La felicidad solo es posible allí donde nos sentimos acogidos y aceptados. Donde falta acogida, falta vida; nuestro ser se paraliza; la creatividad se atrofia. Por eso una «sociedad cerrada es una sociedad sin futuro, una sociedad que mata la esperanza de vida de los marginados y que finalmente se hunde a sí misma» (Jürgen Moltmann).

Son muchos los factores que invitan a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a vivir en círculos cerrados y exclusivistas. En una sociedad en la que crece la inseguridad, la indiferencia o la agresividad es explicable que cada uno tratemos de asegurar nuestra «pequeña felicidad» junto a los que sentimos iguales.

Las personas que son como nosotros, que piensan y quieren lo mismo que nosotros, nos dan seguridad. En cambio, las personas que son diferentes, que piensan, sienten y quieren de manera diferente, nos producen inquietud y temor.

Por eso se agrupan las naciones en «bloques» que se miran mutuamente con hostilidad. Por eso buscamos cada uno nuestro «recinto de seguridad», ese círculo de amigos, cerrado a aquellos que no son de nuestra misma condición.

Vivimos como «a la defensiva», cada vez más incapaces de romper distancias para adoptar una postura de amistad abierta hacia toda persona. Nos hemos acostumbrado a aceptar solo a los más cercanos. A los demás los toleramos o los miramos con indiferencia, si no es con cautela y prevención.

Ingenuamente pensamos que, si cada uno se preocupa de asegurar su pequeña parcela de felicidad, la humanidad seguirá caminando hacia su bienestar. Y no nos damos cuenta de que estamos creando marginación, aislamiento y soledad. Y que en esta sociedad va a ser cada vez más difícil ser feliz.

Por eso el gesto de Jesús cobra especial actualidad para nosotros. Jesús no solo limpia al leproso. Extiende la mano y lo toca, rompiendo prejuicios, tabúes y fronteras de aislamiento y marginación que excluyen a los leprosos de la convivencia. Los seguidores de Jesús hemos de sentirnos llamados a aportar amistad abierta a los sectores marginados de nuestra sociedad. Son muchos los que necesitan una mano extendida que llegue a tocarlos.

José Antonio Pagola

El amor de Dios no entiende ni de grises, ni de etiquetas. Es hora de pintar de colores la vida que Él pone en nuestras manos.

Campaña Manos unidas contra el hambre: «Contagia solidaridad para acabar con el hambre»

Mañana Domingo 14 de febrero, celebramos la Campaña contra el Hambre organizada por Manus Unidas con el lema «Contagia solidaridad para acabar con el hambre». en esta ocasión,  Manos Unidas se centrará en denunciar las consecuencias que la pandemia de coronavirus está teniendo entre las personas más vulnerables del planeta y en promover la solidaridad entre los seres humanos como única forma de combatir la pandemia de la desigualdad, agravada por la crisis sanitaria mundial, que castiga con hambre y pobreza cientos de millones de personas en todo el mundo.

Todos los materiales de la campaña en:

https://www.manosunidas.org/campana/campana-62-contagia-solidaridad-acabar-hambre

Filmoteca Misionera. Febrero 2021

Comenzamos este mes una nueva sección de nuestro blog.  Cada mes compartiremos una  reseña de una película o documental de temática misionera y que nos acerque a la realidad y problemática de los países del sur.

En esta ocasión comenzamos recomendándoos la película ADÚ dirigida por Salvador Calvo que aborda el tema de la inmigración.

Sinopsis

En un intento desesperado por alcanzar Europa y agazapados ante una pista de aterrizaje en Camerún, un niño de seis años y su hermana mayor esperan para colarse en las bodegas de un avión. No demasiado lejos, un activista medioambiental contempla la terrible imagen de un elefante, muerto y sin colmillos. Al norte, en Melilla, un grupo de guardias civiles se prepara para enfrentarse a la furibunda muchedumbre de subsaharianos que ha iniciado el asalto a la valla.

Tres historias unidas por un tema central, en las que ninguno de sus protagonistas sabe que sus destinos están interrelacionados y que sus vidas ya no volverán a ser las mismas.

 

Domingo V T.O. (B) 07 de febrero de 2021

Marcos 1,29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron. «Todo el mundo te busca.» Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

ALIVIAR EL SUFRIMIENTO

La enfermedad es una de las experiencias más duras del ser humano. No solo padece el enfermo que siente su vida amenazada y sufre sin saber por qué, para qué y hasta cuándo. Sufre también su familia, los seres queridos y los que le atienden.

De poco sirven las palabras y explicaciones. ¿Qué hacer cuando ya la ciencia no puede detener lo inevitable? ¿Cómo afrontar de manera humana el deterioro? ¿Cómo estar junto al familiar o el amigo gravemente enfermo?

Lo primero es acercarse. Al que sufre no se le puede ayudar desde lejos. Hay que estar cerca. Sin prisas, con discreción y respeto total. Ayudarle a luchar contra el dolor. Darle fuerzas para que colabore con los que tratan de curarlo.

Esto exige acompañarlo en las diversas etapas de la enfermedad y en los diferentes estados de ánimo. Ofrecerle lo que necesita en cada momento. No incomodarnos ante su irritabilidad. Tener paciencia. Permanecer junto a él.

Es importante escucharle. Que el enfermo pueda contar y compartir lo que lleva dentro: las esperanzas frustradas, sus quejas y miedos, su angustia ante el futuro. Es un respiro para el enfermo poder desahogarse con alguien de confianza. No siempre es fácil escuchar. Requiere ponerse en el lugar del que sufre, y estar atentos a lo que nos dice con sus palabras y, sobre todo, con sus silencios, gestos y miradas.

La verdadera escucha exige acoger y comprender las reacciones del enfermo. La incomprensión hiere profundamente a quien está sufriendo y se queja. De nada sirven consejos, razones o explicaciones doctas. Solo la comprensión de quien acompaña con cariño y respeto puede aliviar.

La persona puede adoptar ante la enfermedad actitudes sanas y positivas, o puede dejarse destruir por sentimientos estériles y negativos. Muchas veces necesitará ayuda para confiar y colaborar con los que le atienden, para no encerrarse solo en su dolor, para tener paciencia consigo mismo o para ser agradecido.

El enfermo puede necesitar también reconciliarse consigo mismo, curar heridas del pasado, dar un sentido más hondo a su sufrimiento, purificar su relación con Dios. El creyente puede entonces ayudarle a orar, a vivir con paz interior, a creer en su perdón y a confiar en su amor salvador.

El evangelista Marcos nos dice que las gentes llevaban sus enfermos y poseídos hasta Jesús. Él sabía acogerlos con cariño, despertar su confianza en Dios, perdonar su pecado, aliviar su dolor y sanar su enfermedad. Su actuación ante el sufrimiento humano siempre será para los cristianos el ejemplo a seguir en el trato a los enfermos.

José Antonio Pagola