Compartimos la Reflexión de fin de año del equipo de Cristianismo y Justicia que nos invita a mirar el futuro con esperanza.
Iniciamos el 2021 con la mirada puesta en el fin de la pandemia. Parece que ahora la pregunta ya no recae sobre cuándo acabará todo esto, sino sobre cómo lo hará y cómo será la vida después de este tiempo tan intenso. La inminencia de la vacuna –al menos para los denominados «países del Norte» – nos hace creer que podremos volver a la misma rutina de antes. Sin embargo, por el camino, el virus de la pobreza sigue haciendo estragos. ¿Habremos aprendido alguna cosa del tiempo que hemos pasado confinados? Aprovechemos este momento para detenernos y revisar aquello que hemos vivido. Podemos hacerlo recorriendo esos lemas que nos han acompañado todos estos meses. Cuando una expresión se populariza es porque esconde algo esencial del espíritu de nuestro tiempo. Hallarle el significado profundo debe ayudarnos a rearmarnos interiormente para poder vivir el año 2021 con más serenidad, lucidez y compromiso.
Así como llamó Dios a los pastores, también nos llama a nosotros, porque nos ama. Y, en las noches de la vida, a nosotros como a ellos nos dice: “No temáis”. ¡Ánimo, no hay que perder la confianza, no hay que perder la esperanza, no hay que pensar que amar es tiempo perdido! Acojamos el don que es Jesús, para luego transformarnos en don como Jesús.
Queridos todos, queridas todas. Un saludo de corazón desde Etiopía, y, como dicen aquí: «egziabhier bebereket yimulachihu» (que Dios os colme de bendiciones).
La mayoría de los que recibiréis este mensaje me conocéis, pero como es difícil saber el verdadero alcance de los medios, me presento. Mi nombre es David, y os escribo como Laico Misionero Comboniano, desde Gilgel Beles, al noroeste de Etiopía, donde fui enviado hace más de año y medio a compartir vida con todas este pueblo, y ya de vuelta en este segundo periodo.
En primer lugar, a través del enlace que a continuación os dejo, os comparto cómo son los hermanos y las hermanas que me acogen por estas tierras (viviendas, aldeas y caminos, modo de vida, cultura, etc.), así como un resumen de cuáles fueron nuestros primeros pasos en los diferentes proyectos que se nos plantearon ante las enormes necesidades que nos encontramos.
Podéis vivir unos minutos con el pueblo Gumuz y conocer nuestra realidad en este click (todas las fotos y videos que aparecen están hechas por mí o por mis compañeros/as):
A mi vuelta, la situación ha empeorado bastante. Por un lado, en algunas regiones el conflicto armado entre las fuerzas del Gobierno y las locales está dejando tras de sí miles de muertos, heridos y cientos de miles de desplazados.
Por otro lado, en otras regiones (y muy especialmente la mía) los conflictos étnicos han paralizado la vida (administración, colegios y otros centros educativos, hospitales y centros sanitarios, mercado básico, transporte, etc.), provocado también la huida de miles de familias a lugares donde no puedan ser perseguidos o reclutados por las guerrillas locales, y mantienen a la población viviendo en el miedo. En esta tesitura, los problemas ya existentes (y que habéis podido comprobar en el video) se han visto agravados por la nueva situación de enfrentamiento.
Nuestra labor aquí pretende ser el soporte social y estructural a los proyectos que los Padres Combonianos y las hermanas Combonianas desarrollan; no obstante, la situación actual (conflicto, precariedad, gran dificultad de movimiento, falta de medios e inseguridad) nos obliga a replantear aquí nuestra presencia, pero procurando siempre poner en el centro a estos hijos e hijas de Dios, a su servicio.
Por esa razón, son los tres los aspectos que vamos a intentar atender:
-Por un lado, la pastoral del enfermo: manteniendo los tratamientos comenzados y/o empezando nuevos tratamientos que sean requeridos; acudiendo a las aldeas para acercar a los enfermos al centro sanitario más cercano, colaborando en su transporte, asistencia, pago del precio del médico y los medicamentos (para quien no pueda afrontarlo, total o parcialmente), seguimiento de dicho tratamiento y consultas posteriores.
-Por otro lado, la pastoral de la infancia y la juventud: nuestro primer objetivo era la colaboración con los colegios y guarderías (material escolar, alimentos diarios para los estudiantes, etc.), así como atender a casos de especial abandono que hemos ido encontrando; no obstante, la nueva realidad nos hace abrir el abanico y estar disponibles para todas las situaciones que puedan surgir (sostenimiento de menores abandonados o en familias sin recursos, urgencias alimentarias, apoyo a los centros educativos en cualquier actividad que desarrollen, etc.).
-Por último, la pastoral de la mujer: son numerosas las situaciones de vulnerabilidad que nos encontramos entre las mujeres por múltiples razones (viudedad, abandono del marido, situaciones relacionadas con los conflictos, escasos o nulos recursos para mantener a la familia y mantenerse, imposibilidad de trabajar, enfermedad, etc.). Por esa razón, nuestro objetivo será atender las urgencias, pero también plantear algún proyecto, en cooperación con las hermanas Combonianas, que permita dar trabajo y salida digna a estas mujeres a largo plazo.
Estos tres puntos son las propuestas para llevar a cabo; la nueva situación de conflicto no permite concretar más, ni ser precisos en su planteamiento. No obstante, todo los medios que podamos obtener se pondrán al servicio de estas tres pastorales, en cualquiera que sea su desarrollo. Incluso, si la realidad demorara excesivamente la continuación de todos los proyectos, pondríamos los medios a disposición de los Padres Combonianos y de las hermanas Combonianas para que sean ellos y ellas los que den continuidad y sigan construyendo en este sentido, en estas pastorales (enfermos, infancia/juventud y mujeres), asentándolas a largo plazo.
Somos conscientes de que la situación que se vive en todo el mundo no es fácil, tanto por la Pandemia como por sus consecuencias económicas y sociales. Que sea el discernimiento personal y la libertad de cada uno los que sustenten la colaboración que se pueda dar.
Para ello, os hago llegar el número de cuenta de AMANI, la asociación creada hace años por nuestro movimiento de los Laicos Misioneros Combonianos; ésta quiere servir de cauce para las ayudas recibidas, así como sostener los proyectos que desde los diferentes lugares en los que estamos presentes se envían para el desarrollo de nuestros hermanos y hermanas.
El número de cuenta es: ES5514910001203000059881 (Triodos Bank, banca ética).
Si vuestra colaboración es para Etiopía y los proyectos arriba presentados, os pedimos lo especifiquéis en el envío (por ejemplo, Donativo Etiopía o Donativo Gumuz). No obstante, también se puede hacer una colaboración general, que será enviada a los proyectos en los que como Laicos Combonianos estamos presentes (Mozambique, Brasil, República Centroafricana, Perú, etc.). Podéis conocerlos también entrando en la web de la asociación (Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI). Cualquier colaboración será recibida con enorme gratitud.
Si queréis mantener el contacto conmigo durante mi periodo en Etiopía, os hago llegar el correo electrónico que, cuando me sea posible, leeré con mucho gusto y contestaré con alegría: davidap.etiopia@gmail.com
Desde Etiopía, os envío un abrazo enorme a todos y todas. Estamos unidos/as en la causa que el Padre nos encomendó: hacer de este mundo su Reino.
¿Estamos dispuestos?
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le podrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.
ACOGER A JESÚS CON GOZO
El evangelista Lucas temía que sus lectores leyeran su escrito de cualquier manera. Lo que les quería anunciar no era una noticia más, como tantas otras que corrían por el imperio. Debían preparar su corazón: despertar la alegría, desterrar miedos y creer que Dios está cerca, dispuesto a transformar nuestra vida.
Con un arte difícil de igualar recreó una escena evocando el mensaje que María escuchó en lo íntimo de su corazón para acoger el nacimiento de su Hijo Jesús. Todos podemos unirnos a ella para acoger al Salvador. ¿Cómo prepararnos para recibir con gozo a Dios encarnado en la humanidad entrañable de Jesús?
«Alégrate». Es la primera palabra que escucha el que se prepara para vivir una experiencia buena. Hoy no sabemos esperar. Somos como niños impacientes, que lo quieren todo enseguida. No sabemos estar atentos para conocer nuestros deseos más profundos. Sencillamente se nos ha olvidado esperar a Dios, y ya no sabemos cómo encontrar la alegría.
Nos estamos perdiendo lo mejor de la vida. Nos contentamos con la satisfacción, el placer y la diversión que nos proporciona el bienestar. Sabemos que es un error, pero no nos atrevemos a creer que Dios, acogido con fe sencilla, nos puede descubrir nuevos caminos hacia la alegría.
«No tengas miedo». La alegría es imposible cuando vivimos llenos de miedos, que nos amenazan desde dentro y desde fuera. ¿Cómo pensar, sentir y actuar de manera positiva y esperanzada? ¿Cómo olvidar nuestra impotencia y cobardía para enfrentarnos al mal?
Se nos ha olvidado que cuidar nuestra vida interior es más importante que todo lo que nos viene desde fuera. Si vivimos vacíos por dentro, somos vulnerables a todo. Se va diluyendo nuestra confianza en Dios y no sabemos cómo defendernos de lo que nos hace daño.
«El Señor está contigo». Dios es una fuerza creadora que es buena y nos quiere bien. No vivimos solos, perdidos en el cosmos. La humanidad no está abandonada. ¿De dónde sacar verdadera esperanza si no es del Misterio último de la vida? Todo cambia cuando el ser humano se siente acompañado por Dios.
El pasado domingo celebramos nuestro día los Laicos Misioneros Combonianos.
Este año y debido a la pandemia las celebraciones presenciales han sido bastante difíciles y reducidas.
Pero desde Europa surgió la iniciativa de festejar todos juntos vía internet nuestro día. Y así lo hicimos.
Nos reunimos más de 100 LMC de todas las partes del mundo para compartir juntos nuestra fiesta y celebrar nuestra vocación. Es verdad que nuestros compañeros de África tuvieron más dificultad para unirse debido a los problemas de Internet.
Comenzamos con un saludo en varias lenguas a cargo de Carmen Aranda (coordinadora del comité europeo) y pudimos recordar en un pequeño video realizado en Brasil el instante en el que el papa Francisco nos saludó durante nuestra asamblea internacional celebrada en Roma. Fue un momento emotivo.
Después pudimos rezar un rato juntos usando cada uno la lengua propia y así hacer presentes nuestras diferentes realidades personales, familiares y de servicio misionero que están y han estado presentes durante este año. Pedimos al Señor por las dificultades que está atravesando todo el planeta y las situaciones más difíciles de algunos países, así como también agradecer por todo lo aprendido en este tiempo y por los momentos de solidaridad vividos durante el año.
Tuvimos muy presentes también al resto de la Familia Comboniana, que se unió para felicitarnos en este día.
Seguidamente continuamos compartiendo los videos de presentación que los diferentes países habían enviado para este día especial. En ellos pudimos saludar a los hermanos y hermanas de los diferentes países y ver parte de su labor misionera así como alguna música y cosas propias del país de cada uno.