En camino hacia la misión

David Aguilera, LMC (2º por la izquierda)

Mi nombre es David Aguilera, Laico Misionero Comboniano de Granada, España, con próximo destino a Etiopía.

En esta etapa, que se plantea dentro de mi preparación, he sido alumno de la Escuela de Formación Misionera de San Pio X.

Desde mi experiencia, ha sido una gracia y un regalo, puesto que supone un punto de inflexión este proceso encaminado a mi misión en Etiopía, o en cualquier lugar donde Dios me ponga.

El curso de Misionología está compuesto por multitud de módulos, que podemos agrupar en varios bloques temáticos: análisis de la realidad, fenómeno religioso y religiones, teología y misión, talleres prácticos de aspectos importantes en misión, conocimiento de la realidad en los distintos continentes y espiritualidad de misión e inculturación.

Pero más allá de recibir un compendio de conocimientos teórico-prácticos, muy útiles para un proceso de misión, este curso lo considero imprescindible para desestructurarnos de tanta carga sistémica y estructural, y poder recomenzar dicho proceso desde una óptica de apertura y comprensión.

La espiritualidad misionera debe partir de un proceso de reconversión, desde una experiencia de encuentro liberadora que nos permita caminar con el hermano; desde una espiritualidad de la fraternidad, una espiritualidad de la alegría por la experiencia de la misericordia; y desde la comprensión del Kerigma del “Amar a Dios y a los hermanos hasta el extremo y en todas las circunstancias”.

Este curso nos ayuda comprender que el misionero debe basar su evangelización en un mensaje que se transmite con la vida, que acompaña los procesos de los hermanos como una ligera lluvia que va empapando y calando suave, pero con intensidad.

Propuestas de vida, propuestas de encuentro, propuestas de afecto, propuestas que tengan su raíz en el AMOR vivido y compartido de Dios.

Agradezco desde aquí a los cuatro coordinadores, Isidoro, Felipe, Teresa y Benjamín; a tantos profesores y profesoras que han dedicado su tiempo, su espacio, su esfuerzo y su corazón para ser transmisores de la buena nueva, y de una experiencia de fe renovadora. Y, sobre todo, a mis compañeras y compañeros, con quienes he compartido este proceso de desestructuración y recomposición personal y espiritual, esta vivencia del Amor de Dios desde lo sencillo y lo cotidiano, y esta reafirmación de mi vocación. Sois parte de mí, haya donde vayamos, y así lo sentiré siempre.

A la Escuela de Formación Misionera, GRACIAS DE CORAZÓN.

Ú

2º Domingo T.O. (C) 20 de enero de 2019

Juan 2, 1-11
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.» Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.» Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.» Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.» Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.» Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

UN GESTO POCO RELIGIOSO

Había una boda en Galilea. Así comienza este relato en el que se nos dice algo inesperado y sorprendente. La primera intervención pública de Jesús, el Enviado de Dios, no tiene nada de religioso. No acontece en un lugar sagrado. Jesús inaugura su actividad profética «salvando» una fiesta de bodas que podía haber terminado muy mal.

En aquellas aldeas pobres de Galilea, la fiesta de las bodas era la más apreciada por todos. Durante varios días, familiares y amigos acompañaban a los novios comiendo y bebiendo con ellos, bailando danzas festivas y cantando canciones de amor.

El evangelio de Juan nos dice que fue en medio de una de estas bodas donde Jesús hizo su «primer signo», el que nos ofrece la clave para entender toda su actuación y el sentido profundo de su misión salvadora.

El evangelista Juan no habla de «milagros». A los gestos sorprendentes que realiza Jesús los llama siempre «signos». No quiere que sus lectores se queden en lo que puede haber de prodigioso en su actuación. Nos invita a que descubramos su significado más profundo. Para ello nos ofrece algunas pistas de carácter simbólico. Veamos solo una.

La madre de Jesús, atenta a los detalles de la fiesta, se da cuenta de que «no les queda vino» y se lo indica a su hijo. Tal vez los novios, de condición humilde, se han visto desbordados por los invitados. María está preocupada. La fiesta está en peligro. ¿Cómo puede terminar una boda sin vino? Ella confía en Jesús.

Entre los campesinos de Galilea el vino era un símbolo muy conocido de la alegría y del amor. Lo sabían todos. Si en la vida falta la alegría y falta el amor, ¿en qué puede terminar la convivencia? María no se equivoca. Jesús interviene para salvar la fiesta proporcionando vino abundante y de excelente calidad.

Este gesto de Jesús nos ayuda a captar la orientación de su vida entera y el contenido fundamental de su proyecto del reino de Dios. Mientras los dirigentes religiosos y los maestros de la ley se preocupan de la religión, Jesús se dedica a hacer más humana y llevadera la vida de la gente.

Los evangelios presentan a Jesús concentrado, no en la religión sino en la vida. No es solo para personas religiosas y piadosas. Es también para quienes viven decepcionados por la religión, pero sienten necesidad de vivir de manera más digna y dichosa. ¿Por qué? Porque Jesús contagia fe en un Dios en el que se puede confiar y con el que se puede vivir con alegría, y porque atrae hacia una vida más generosa, movida por un amor solidario.

José Antonio Pagola

El agua (claridad) y vino (vida) son dos símbolos que nos abren a la VIDA. Desde allí podemos descubrir el valor del vivir en esperanza y alegría.

Apoyar lo local crea más riqueza que el discurso de las grandes empresas

La Voz de Galicia (Paco Rodríguez)

Compartimos un artículo que ha aparecido hoy en el diario «La vos de Galicia» en  el que se recoge el trabajo y experiencia misionera que nuestro compañero XoánCar  lleva realizando como LMC en Brasil desde hace 19 años.

 

Xoán Carlos Sánchez Couto, ingeniero agrónomo, dejó hace 19 años su barrio de San Pedro, y se fue «solo» a un pueblo del norte de Brasil, llamado Maranhao, para poner en marcha una escuela agrícola que «ofrece formación para sacar un mejor rendimiento a las explotaciones locales, sin abandonar el respeto a la naturaleza y al medio ambiente». Sus sueños fueron cumpliéndose y poco a poco, destaca, «se van consiguiendo pequeños éxitos, que ofrecen nuevas oportunidades a las personas». Su experiencia en Brasil, y sus conocimientos sobre las consecuencias de la implantación de grandes empresas mineras en la zona, fue objeto ayer de una conferencia en la Facultade de Filosofía, organizada por Enlázate por la Justicia y la USC, junto a otras entidades como Manos Unidas y Redes.

La primera vez que su familia gallega llegó a Maranhao «respiró tranquila», porque pensaban que era un sitio inhóspito y peligroso, pero encontraron «unas personas que están dispuestas a ayudar y a compartir lo que tienen. Son humildes y pobres, pero son gente agradecida y hospitalaria. Son buena gente, que se convirtió en mi familia». Explica Sánchez que ese pueblo «nada tiene que ver con la imagen que se tiene de Brasil en España. No tiene nada que ver con Copacabana», asegura. Cuando llegó, hace 19 años, «el 60 % de la población del rural se iba a la ciudad, y ahora el porcentaje se invierte. El 60 % se queda en el rural, y tiene unas explotaciones agrícolas más modernas, pero son respetuosas con el medio ambiente». Pese al avance, «queda mucho por hacer. Allí también tenemos una mina a cielo abierto, de hierro, que dicen que es la más grande del mundo, y que tiene un ferrocarril con 900 kilómetros de vía que saca el hierro para ser cargado hacia China». Subraya que el 95 % del hierro se exporta al gigante asiático. «El discurso de las grandes empresas sobre su creación de empleo sabemos bien allí que es falso. Cuando dicen que crearán 1.000 empleos, se quedan en 300, y luego alegan que eran indirectos, pero no es así. El apoyo a la economía local genera un empleo seguro y que deja la riqueza en la zona. La empresa de la mina, Vale, tiene su sede fiscal en un pequeño pueblo suizo de 1.200 habitantes». Sánchez sostiene que la situación tiene su paralelismo con «la mina de Touro. Y aunque no conozco en detalle el proyecto, deberían estar atentos. Todo está conectado en este mundo».

Sánchez Couto considera que para «plantarle cara a las grandes firmas es necesario trabajar con sumo cuidado y buscar los pequeños resquicios que hay en las leyes para proteger los intereses y derechos de las personas».

Xoán Carlos Sánchez tiene en marcha el proyecto «Justicia nos Trilhos (vías), con el que trabajamos en cuatro zonas afectadas por empresas mineras en Perú, Argentina, Colombia y Brasil, y con el que queremos plantarles cara y conseguir la garantía de derechos mínimos. Qué menos que el derecho a ir y venir, el derecho a acceder a sus propiedades con garantías de seguridad».

Este proyecto cuenta con financiación de la Unión Europea, lo que deja ver «las dos caras de Europa. Por un lado, ayudan a las economías locales y financian proyectos para avanzar en sus derechos; y por otro lado, se benefician de la explotación de esas regiones. Las grandes fortunas están en manos de europeos. Aunque también es cierto que aquí también hay grandes capitales de Brasil. Todo está conectado e interrelacionado».

MARGA MOSTEIRO 
SANTIAGO / LA VOZ 

Misioneras Combonianas atacadas y robadas en su comunidad en Rep. Centroafricana

Bangui (Agencia Fides) –

«El 5 de enero de 2019, la comunidad del Foyer de las Hermanas Misioneras Combonianas, en Bangui, República Centroafricana, sufrió un ataque y posterior robo perpetrado por una banda de unas 9 personas», narra a la Agencia Fides la superiora general de las Hermanas Misioneras Combonianas, Sor Luigia Coccia. Las tres hermanas de la comunidad acababan de terminar la oración de vísperas alrededor de las siete de la tarde cuando fueron atacadas, inmovilizadas y amenazadas durante unas tres horas. Los ladrones buscaron por todas partes y robaron todo lo que pudieron. Las religiosas, conmocionadas, abandonaron momentáneamente la misión y se refugiaron en la casa provincial, siempre en Bangui.

Son innumerables los ataques contra comunidades católicas, parroquias o campos de refugiados, con casas e iglesias incendiadas y civiles brutalmente asesinados. Durante 2018 en la República Centroafricana fueron asesinados cinco sacerdotes: Joseph Désiré Angbabata, de la diócesis de Bambari, murió poco después de ser herido durante un asalto a su parroquia; Albert Toungoumale-Baba, asesinado en la parroquia de Notre Dame de Fátima durante una masacre perpetrada por un grupo armado que atacó la parroquia; Firmin Gbagoua, vicario general de la diócesis de Bambari, asesinado por criminales que entraron en el episcopado; Blaise Mada, vicario general de la diócesis de Alindao; y Celestine Ngoumbango, párroco de Mingala, asesinados durante el asalto al episcopado de Alindao, donde se habían refugiado con otras personas. En esta última ocasión, los ex rebeldes Seleka de las UPS (Unité pour la Paix en Centrafrique) mataron al menos a 60 personas, en su mayoría personas desplazadas alojadas en un campo de recepción cerca de la Catedral (ver Fides 17/11/2018).
(SL) (Agenzia Fides 7/1/2019)