Asamblea Anual LMC España

Algunos momentos de la Asamblea Anual de los LMC de España que se celebró durante la primera semana de Agosto.

Han sido días de encuentro y oración , de compartir en familia, y disfrutar de nuestra amistad con momentos de charla, aprovechando la presencia de las personas que retornan o están en misión, para aprender unos de otros, rezar y celebrar la vida juntos.

Gracias a todos/as por participar.

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«Vuestro soy, para vos nací, ¿qué mandáis hacer de mi?»

Como ya anunciamos en nuestro blog, hace unas semanas se  hizo público el nombramiento del misionero comboniano Jesús Ruiz como nuevo obispo auxiliar de Bangassou en República Centroafricana.

Su relación con los LMC de España siempre ha sido muy intensa y cercana, desde el inicio de nuestra andadura de nuestro Movimiento en España, hasta el último periodo de tiempo en el que ha formado parte de la Comunidad Apostólica de  la misión de Mongoumba  en Repúbica Centroafricana.

A continuación transcribimos parte del último Diario de misión que nos ha llegado  que nos hace sentirnos en comunión con la Iglesia de Bangassou y pedimos al Señor por ella,  por su gente y por su nuevo obispo. Que el Señor le acompañe y guíe en esta nueva tarea que le ha sido encomendada.

 “…Llevo ya tres noches sin dormir como Dios manda; algo se ha alterado en mi organismo desde que el día 28 de junio, en mitad del consejo parroquial, la voz telefónica de David, secretario del Nuncio Apostólico, me dijera que tengo que presentarme lo más rápido posible a la Nunciatura.
Los rumores circulaban desde octubre de 2015 cuando, estando de vacaciones en España, los delegados del Capítulos venían de Roma con un rumor que a mí me sonaba algo surrealista…
Hoy lunes 3 de julio de 2017, el nuevo Nuncio Apostólico de Bangui, Santiago, acaba de darme la noticia: “el Santo Padre ha decidido nombrarte obispo auxiliar de Bangassou. Tiene prisas pues la situación de Bangassou está que arde y la salud de Juanjo nos preocupa. Dinos cuándo quieres que hagamos público tu nombramiento: este sábado o la semana próxima, pero lo antes posible…;Si necesitas unos días de reflexión…, pero dinos cuanto antes cuando pueden publicarlo en el Observatorio Romano y Radio Vaticana…”
Consciente de que esto no es para mí, que nunca se me había pasado por la mente y que no me podía ocurrir algo parecido, pensaban que se habrían olvidado de mí y estaba preparando maletas para regresar a España antes de final de año para estar un poco más cerca de mis ancianos padres después de casi veinticinco años en África.
Ante el Nuncio, no he necesitado más tiempo para discernir y decidir lo que ya he rumiado y orado mucho a salto de mata en estos últimos dos años. No me apetece lo más mínimo pero he dado mi “fiat”, acepto. Alguna alarma física se ha saltado en mi interior y por ello no llego a conciliar el sueño, pero estoy con una gran paz interior fruto de una decisión cara a cara con Aquél que es el fundamento de mi vida. Ahora encajo mejor aquellas vacaciones de 2015 donde tuve un subidón espiritual acompañado por la experiencia de la vida y obra de Teresa de Jesús: “vuestro soy, para vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?” Ahora comprendo que el Señor me ofrecía mi Tabor particular antes de ir a Jerusalén. El Señor me estaba metiendo el caramelo en la boca antes de indicarme la ruta hacia Jerusalén.
Humanamente hablando no me apetece lo más mínimo y hasta me suena algo a “kamikaze”; mi oración estos últimos días ha sido la misma: “si es posible aparta de mí este cáliz…, pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres…” Sé que será mi cruz, pero no me siento obligado… Soy consciente de dónde me va a llevar esta decisión, pero confío que será una cruz gloriosa…
Hace más de treinta y dos años, en Moncada, entregué mi vida al Señor; la entregué toda entera, no el 50 ó el 75%; no voy ahora escatimar o renegociar lo que hace muchos años entregué gratuitamente. “El que pierda gana…”, decía el Evangelio de este domingo. Mi aceptación es una cuestión de amor: “me amó y se entregó por mí”. En cuestiones de amor no caben medias tintas, ni porcentajes; o todo, o nada.
“¿Dime cuándo quieres que se publique?”, me insiste el Nuncio. Todos mis planes se fueron al garito: acompañar a mis padres; regresar a España y hacer un tiempo sabático; una discreta pre-jubilación antes de un último regreso a África; el descanso del guerrero después de la batalla… Por mucha exégesis que quiera hacer, el evangelio del domingo pasado resuena una y otra vez: “quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí…”.
 El nuncio valenciano, Santiago, me anima contándome su recién estrenada misión en Centroáfrica (llegó de la Nunciatura de Madrid la semana pasada) Intuyo que para un diplomático vaticano no es muy apetecible ser enviado al país más pobre del mundo, y encima con la que está cayendo… Sí, he pensado, hay una gran diferencia entre él y yo: para él serán 2-3 años, 4 al máximo, y luego le darán nueva misión en otro país del planeta; para mí, pensaba, esto es mi desposorio con este pueblo, al que quiero mucho, y que tanto me duele su sufrimiento; mi desposorio es por el resto de mis días. Para el Nuncio, he pensado, sería como un «noviazgo» más o menos forzado, luego cambiará de «novia» cambiando de país…; yo me desposo por amor para el resto de mis días con este pueblo que está muy enfermo, en la UVI. Sí, quiero.
Bangassou es ahora mi heredad, aunque siguiendo el parangón del noviazgo esto me suena a ‘agencia matrimonial por correspondencia’. Nunca antes he puesto el pie en esas tierras a unos 1000 km de donde yo vivo… No conozco ni sus gentes, ni sus lenguas, ni el clero, ni sus costumbres…Solo sé que hoy es una de las zonas más conflictivas del planeta, con masacres diarios ante un abandono internacional que no te deja más que suplicar al cielo para que este horror de muerte se pare.
Con el salmista quiero hoy cantar “Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad…”

Domingo 18 T.O.(A) 6 de agosto de 2017

Mateo 17,1-9
Su rostro resplandecía como el solEn aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

EL RIESGO DE INSTALARSE

Tarde o temprano, todos corremos el riesgo de instalarnos en la vida, buscando el refugio cómodo que nos permita vivir tranquilos, sin sobresaltos ni preocupaciones excesivas, renunciando a cualquier otra aspiración.

Logrado ya un cierto éxito profesional, encauzada la familia y asegurado, de alguna manera, el porvenir, es fácil dejarse atrapar por un conformismo cómodo que nos permita seguir caminando en la vida de la manera más confortable.

Es el momento de buscar una atmósfera agradable y acogedora. Vivir relajado en un ambiente feliz. Hacer del hogar un refugio entrañable, un rincón para leer y escuchar buena música. Saborear unas buenas vacaciones. Asegurar unos fines de semana agradables…

Pero, con frecuencia, es entonces cuando la persona descubre con más claridad que nunca que la felicidad no coincide con el bienestar. Falta en esa vida algo que nos deja vacíos e insatisfechos. Algo que no se puede comprar con dinero ni asegurar con una vida confortable. Falta sencillamente la alegría propia de quien sabe vibrar con los problemas y necesidades de los demás, sentirse solidario con los necesitados y vivir, de alguna manera, más cerca de los maltratados por la sociedad.

Pero hay además un modo de «instalarse» que puede ser falsamente reforzado con «tonos cristianos». Es la eterna tentación de Pedro, que nos acecha siempre a los creyentes: «plantar tiendas en lo alto de la montaña». Es decir, buscar en la religión nuestro bienestar interior, eludiendo nuestra responsabilidad individual y colectiva en el logro de una convivencia más humana.

Y, sin embargo, el mensaje de Jesús es claro. Una experiencia religiosa no es verdaderamente cristiana si nos aísla de los hermanos, nos instala cómodamente en la vida y nos aleja del servicio a los más necesitados.

Si escuchamos a Jesús, nos sentiremos invitados a salir de nuestro conformismo, romper con un estilo de vida egoísta en el que estamos tal vez confortablemente instalados y empezar a vivir más atentos a la interpelación que nos llega desde los más desvalidos de nuestra sociedad.

José Antonio Pagola

 

 

María Trost, en el corazón de los combonianos

El programa pueblo de Dios  nos acerca a  la primera misión de los combonianos en Sudáfrica. Aquí llegaron los misioneros hace más de 90 años, un 11 de febrero de 1924. Desde entonces no han dejado de trabajar por el Reino de Dios al servicio de la iglesia local.  María Trost es la piedra angular de los 35 misioneros misioneros combonianos que trabajan hoy en Sudáfrica. Tres de ellos, españoles. Es también el pilar en el que se sustentan sus nueve misiones; el alma de la diócesis de Witbank; un centro de espiritualidad; y el pulmón de la formación católica en una región eminentemente protestante.

ver programa

 

III Encuentro Africano LMC: Frutos

Nuestro encuentro ha traído al grupo las realidades de nuestra vocación misionera.

Hemos dialogado sobre temas como la comunicación, vocación, economía, formación y muchos otros. A través de estas discusiones hemos evaluado nuestro caminar y analizado dónde hemos cumplido nuestras metas, las áreas en que necesitamos mejorar y los desafíos que enfrentamos al hacerlo.

Al igual que San Daniel Comboni, todos hemos encontrado algunas dificultades para anunciar el Reino de Dios. En el carisma de nuestro fundador e intercesor, encontramos la fuerza para continuar en nuestra misión y hallar el camino para hacerlo. Como la palmera que lleva fruto de cocos, no es fácil compartir el dulce sabor de la salvación, pero encontramos la fuerza para escalar, a través de nuestra fe y nuestra comunidad.

LMC África