«Testigos de la esperanza: ¡Juntos, nosotros podemos!»

108282(1)Testigos de la Esperanza  es un grupo que se reúne, hace cinco años, en la casa comboniana Justicia y Paz, en Contagem (MG – Brasil). Se trata de un grupo de autoayuda integrado por personas con problemas de adicción al alcohol, las drogas, la depresión o a cualquier adicción que aprisiona y no permite vivir bien. Es frecuentado en su mayoría por mujeres, madres, esposas, con hijos o esposos para hacer frente a la terrible adicción al alcohol y las drogas”, en él pariticipa activamente Emma Chiolini , laica misionera comboniana italiana, que trabaja en Brasil.

La herramienta de este grupo Testigos de la Esperanza es simplemente la palabra y compartir. Narrar, hablar de uno mismo, como una forma terapéutica para compartir el dolor, para encontrar fuerza y apoyo. Aprender a aceptarlo y aprender a escuchar. Porque al compartir una persona no se siente sola, las historias descritas son historias comunes como madres, mujeres, muchas familias que luchan con la dependencia física y emocional que esclaviza. La belleza de este grupo es que se trata de una “pequeña familia”, donde las personas están unidas por la confianza y las relaciones de amistad. Todo lo que viven es compartido en el grupo, la confianza y la credibilidad son los fundamentos que lo construyen.

Hace más de dos años que participo como voluntaria y yo soy parte de “esta familia”, cada martes por la noche a las 19:30 voy a conocer y escuchar. Hay momentos en que muchas personas participan otros son pocas, pero cualquiera que sea el número cada martes por la noche la Casa Comboni permanece abierta para crear un espacio donde se puede acoger y compartir no sólo el dolor, sino también momentos de sonrisas y momentos de risa. Hay pesos que es difícil cargar solos, hay que superar la vergüenza de decirlo, para esto nació Testigos de Esperanza, para ayudar a las personas que caminan juntas y encontrar ayuda con gestos simples y concretos. Regina y yo (psicóloga y voluntaria) comenzamos desde la provocación de un tema, a partir del cual se puede empezar a pensar en los problemas que la gente vive y en su propia experiencia, un trabajo que lleva al auto-conocimiento, a reconocer la propia historia y en especial a valorar a las personas, para volver a tomar la vida en sus propias manos, con coraje y determinación.

Yo salgo siempre, cada encuentro, emocionada, tanto al compartir momentos de alegría, como momentos intensos y profundos, hechos de heridas aún abiertas. Cada historia es una lectura del Evangelio del día, hecho que luchas, batallas, victorias, derrotas, decepciones, en busca del amor que cuida, ya que sólo el Amor salva: el amor a uno mismo, el amor a los demás, el amor por la vida.

En la periferia del mundo donde no hay servicios, es maravilloso ver como se organizan las personas, sin perder el corazón y simplemente en busca de soluciones, tales como dar a luz a un grupo de auto-ayuda para encontrar la fuerza y el deseo de cambiar. ¡Juntos, nosotros podemos!

Emma Chiolini, LMC

Otro día terrible en Juba (Sudán del Sur)

108275Juba, 10 de julio de 2016

Creo que no deseo escuchar más bombardeos en mi vida. Ayer por la noche un avión seguía sobrevolando, pero al menos no ha bombardeado. En medio de la noche, hemos oído un rumor extraño, como de camiones transportando material pesado. Sin embargo hemos conseguido dormir de algún modo. Ha llegado la mañana y todo parecía tranquilo.

8:30 am: eucaristía en nuestra capilla. Había poca gente, al mismo tiempo, se iniciaron bombardeos a distancia. El celebrante acortó la misa y, al finalizar, la gente corrió a sus casas porque los bombardeos se volvieron más fuertes y frecuentes y se oía el ruido de armas automáticas. Esto ha seguido así toda el día. La gente dice que algo se está quemando en una parte de la ciudad. También nos han informado de que una bomba ha caído sobre un campo de personas desplazadas gestionado por las Naciones Unidas y muchas personas han muerto. 

La gente en aquel campo no tiene un lugar donde refugiarse, nadie en Juba puede huir, estamos todos atrapados en nuestras casas. Las tiendas están cerradas y las calles vacías. 

Mientras os escribo un coche armado está disparando y las repercusiones de sus disparos sacuden nuestra casa que, con lo vieja que es, con todas sus grietas ya presentes en las paredes, no le hace falta mucho para ser derribada, aunque sea a por el temblor que causan las bombas.

No estamos solas. Mucha gente nos sigue llamando y comparten lo que están viviendo y viendo y nos preguntan si estamos bien. También estudiantes del Sur Sudán que estan en Uganda nos llaman y nos envían SMS. Intentamos no usar mucho el teléfono ya que no hay manera de recargarlo. Se están verificando saqueos en algunas partes de Juba, en particular a las tiendas que pertenecen a ugandeses.

Dicen que son tres ejércitos los que luchan por el control. Las fuerzas gubernamentales SPLA, SPLAIO (la oposición) y otro grupo que apenas ha emergido. Parece que la oposición ha tomado el control de una parte de la ciudad, pero todo esto solo lo sabemos de oídas. Otras voces dicen que son Kiir y Machar los que han perdido el control de sus ejércitos y que ahora lo guían otros líderes. Solo Dios sabe lo que realmente está aconteciendo. Lo siento por la gente sencilla. El personal del hospital desapareció para estar con sus familias.

Hay helicópteros que están constantemente en movimiento y esta mañana también pequeños aviones. Solo esperamos que la noche sea tranquila y podamos dormir. No hay manera de procurar comida, la que tenemos es la que debe durar. Además, cuando esta situación termine, pasará tiempo hasta que algún camión de reabastecimiento desde Uganda o Kenia pueda llegar.

Mientras tanto rezamos. Rezad por la paz, para que las muertes terminen y se vuelva a la normalidad. También nosotras empezamos a ser probadas por la falta de sueño y lo continuos bombardeos; algunas veces esto provoca nerviosismo entre nosotras. Esto no debería suceder, pero desafortunadamente pasa cuando se está estresado. 

Gracias por estar con nosotras en la oración. ¡Tenemos mucho por lo que estar agradecidas!

Sr Evette, Misionera Comboniana, Provincial de Sur Sudan.

Experiencia Misionera en Gulu (Uganda)

Hace una semana llegaba a Uganda David, LMC de Granada. Durante todo el verano compartirá experiencia con la comunidad de LMC que trabaja en el orfanato de St. Jude. Él mismo nos comparte sus primeras vivencias:

«Buenos días Familia. Perdonad por no haber escrito antes, y eso que aquí sí tenemos WiFi más o menos disponible en St Jude, pero el día a día aquí para mí está siendo de adaptación.

Os cuento: en la Comunidad estoy con Carmen y Ewa, y Joana se incorpora el jueves que viene. Sinceramente, la compenetración entre ellas es para mi un ejemplo, y el acogimiento admirable. Carmen y Ewa están siendo para mi todo un descubrimiento como comunidad y como personas.
Carmen se dedica a la organización de los almacenes, que son muy grandes, ya que contabiliza, apunta y reparte tanto lo que cada casa recibe, como lo que necesitan para los animales y lo que venden al exterior. Es un trabajo de disposición absoluta, en el que emplea bastantes horas. Además, tiene un taller de Handcraft (cosas hechas a mano), típicas africanas, para venderlas (libretas, peluches, etc., ).  Ewa se encarga de la gestión de todo el personal de St Jude, que no es poco, la verdad.

Por supuesto, la labor evangelizadora es encomiable: oraciones semanales con los jóvenes, las madres, etc., misas (incluso en Acholi) y celebración de la palabra, catequesis, Adoración, etc.

Mi labor por las mañanas es de disponibilidad para lo que se necesite (hoy por ejemplo vamos a limpiar un almacén con Ewa y a pintarlo), aunque todo el tiempo que pueda por las mañanas quiero pasarlo con los niños discapacitados, una bendición de Dios. Y por las tardes tengo una clase de repaso del colegio (niños de primaria), y que hacemos lo que podemos, con mucha alegría, la verdad.

Carmen y Ewa además controlan el Acholi, el idioma de aquí junto con el inglés, pero que es más usado entre ellos que el inglés (tendríais que verlas). Aquí todo está muy bien organizado, y lo que surge se encarga la providencia de que se solucione. Conocí al hermano Elio y al padre Ramón, dos personas increíbles que están por la zona (en St Jude no hay sacerdotes, pero reciben su apoyo personal y su visita constantemente).
Con nosotros además están viviendo en comunidad un amigo de Carmen, Fulgencio, y una chica, Diana, española también, que reside aquí y hace comunidad por otros motivos. Son encantadores y súper serviciales los dos.

Me despido por ahora con un fuerte abrazo, ya os iré contando más cosas desde estas tierras africanas.»

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David junto con Carmen, LMC españolaa la derecha y Ewa, LMC polaca a la izquierda

Familia Comboniana en el Camino de Santiago

Os compartimos una pequeña reflexión en torno a la experiencia comunitaria que como Familia comboniana se está teniendo en el camino de Santiago.  Tanto la acogida a los peregrinos como la posibilidad de mostrar la dimensión misionera de nuestra fe está siendo toda una riqueza.

20160712_111229  “…Llama la atención como la Eucaristía está teñida del camino. Las homilías o las introducciones a la misma, siempre nos hacen referencia a todo camino. Al de Santiago, al de nuestra vida… Experimentar en este camino físico cómo debería ser nuestro camino vital: con poco equipaje. Cuanta más sea la carga que llevemos, más difícil sera avanzar, más tardaremos en llegar a donde quiera que vallamos. Las mochilas del peregrino tiene que ser ligeras. Y si comenzó el camino muy cargado, se irá dando cuenta de las cosas superfluas que ha de ir dejando atrás, quedarse con lo esencial, desprenderse. Y así es el camino de nuestra vida. O así debería de ser, porque la realidad nos dice que estamos haciendo lo contrario. Acumulamos y acumulamos peso y más carga sobre nuestras espaldas, sobre nuestros hombros, haciéndose el camino de la vida más y más pesado cada día. Y nos resistimos a desnudarnos de todo lo que nos estorba para ser felices, porque seguramente es eso lo que no nos deja ver el camino con claridad.

Nos parecería ridículo ver a un peregrino por estos parajes con unas anteojeras, con gafas de sol, con las orejas tapadas por música, con una gran mochila cargada de cosas a todas luces innecesarias. No disfrutarían del camino, de la naturaleza tan exuberante y verde que nos ofrece esta tierra. Ni del canto de los pájaros, ni el poder hablar y relacionarse con otros caminantes. ¡Que anormalidad!  Y sin embargo vemos normal andar por la vida cargados, doblados por el peso, no de la existencia, sino de nuestras posesiones más preciadas; esas que no nos acompañarán como no lo han hecho a lo largo de la historia del hombre, al final de nuestro camino vital. Posesiones que no nos dejan disfrutar de la vida a todo color, de la sinfonía continua del camino y de las personas que se agregan a nuestra vida, pasan por ella o las vamos perdiendo de vista poco a poco. O de golpe. Y es, en este último caso, cuando reflexionamos y caemos en la cuenta de que estamos muy cargados en la vida. De que perdemos el tiempo en escuchar nuestra propia música, viendo la vida a través de nuestras gafas, no más allá de lo que nos permiten nuestras orejeras. De que estamos encerrados en nosotros mismos y en los problemas que nos creamos también nosotros.

IMG-20160711-WA0002 La parroquia está a tope de gente. Muchos jóvenes que vienen de otras parroquias de España, de movimientos cristianos, sacerdotes que les acompañan, monitores, religiosos en bicicleta o religiosas caminando con sus bastones o palos. Tanta diversidad de gente y tanta gente diversa, que uno, ni dos ni los cinco que estamos por aquí podemos poner en pie. Nos llama la atención la mucha devoción y piedad de tantos y tantos jóvenes, de otras tantas personas no tan jóvenes. ¿Es solo una semilla  que se planta en este camino? ¿Caída al borde del camino o entre zarzales? ¿O caída en buena tierra, que dará mucho fruto? Pedimos a Dios Padre para que la Palabra ofrecida en estas palabras caigan, como la semilla,  aunque sea al borde del camino. Al menos servirá para alimentar a los pájaros, de esos que no tienen que preocuparse por la comida ni por el vestir. Y las que Él considere necesario o prudente, caigan en tierra buena o menos buena.

 Y después de la Eucaristía volvemos a casa. Y a esperar otro nuevo día, que nos traerá nuevas personas, con sus cargas, con sus vidas; a las que esperamos “aliviar” de alguna manera. O que ellos nos iluminen a nosotros. Es cuestión de irnos pasando la luz y la sal. De compartir lo que de poco tenemos para llegar al final de nuestro camino».

Juan Eugenio Escobar. LMC

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Domingo 16 T.O. (C) 17 de julio de 2016

Lucas 10, 38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.» Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»

NECESARIO Y URGENTE

Mientras el grupo de discípulos sigue su camino, Jesús entra solo en una aldea y se dirige a una casa donde encuentra a dos hermanas a las que quiere mucho. La presencia de su amigo Jesús va a provocar en las mujeres dos reacciones muy diferentes.

María, seguramente la hermana más joven, lo deja todo y se queda «sentada a los pies del Señor». Su única preocupación es escucharle. El evangelista la describe con los rasgos que caracterizan al verdadero discípulo: a los pies del Maestro, atenta a su voz, acogiendo su Palabra y alimentándose de su enseñanza.

La reacción de Marta es diferente. Desde que ha llegado Jesús, no hace sino desvivirse por acogerlo y atenderlo debidamente. Lucas la describe agobiada por múltiples ocupaciones. Desbordada por la situación y dolida con su hermana, expone su queja a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano».

Jesús no pierde la paz. Responde a Marta con un cariño grande, repitiendo despacio su nombre; luego, le hace ver que también a él le preocupa su agobio, pero ha de saber que escucharle a él es tan esencial y necesario que a ningún discípulo se le ha de dejar sin su Palabra «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán».

Jesús no critica el servicio de Marta. ¿Cómo lo va a hacer si él mismo está enseñando a todos con su ejemplo a vivir acogiendo, sirviendo y ayudando a los demás? Lo que critica es su modo de trabajar de manera nerviosa, bajo la presión de demasiadas ocupaciones.

Jesús no contrapone la vida activa y la contemplativa, ni la escucha fiel de su Palabra y el compromiso de vivir prácticamente su estilo de entrega a los demás. Alerta más bien del peligro de vivir absorbidos por un exceso de actividad, en agitación interior permanente, apagando en nosotros el Espíritu, contagiando nerviosismo y agobio más que paz y amor.

Apremiados por la disminución de fuerzas, nos estamos habituando a pedir a los cristianos más generosos toda clase de compromisos dentro y fuera de la Iglesia. Si, al mismo tiempo, no les ofrecemos espacios y momentos para conocer a Jesús, escuchar su Palabra y alimentarse de su Evangelio, corremos el riesgo de hacer crecer en la Iglesia la agitación y el nerviosismo, pero no su Espíritu y su paz. Nos podemos encontrar con unas comunidades animadas por funcionarios agobiados, pero no por testigos que irradian el aliento y vida de su Maestro.

José Antonio Pagola