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Dulce Navidad

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estrDULCE NAVIDAD

Publicado en ecleSALia.net por GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@euskalnet.net BILBAO (VIZCAYA).

Es una tradición que al acercarse las fechas navideñas, las empresas se vuelquen en campañas de publicidad omnipresentes para llevarse la mayor parte de la paga extra; y qué mejor argumento que centrarse en los mensajes entrañables navideños si tenemos en cuenta cómo se incrementa la agresividad comercial, año tras año -y mira que es difícil- manteniendo la Navidad como un telón de fondo para recordarnos las fechas consumistas más importantes del año.

El escenario es más crudo de lo que parece: iluminación festiva ahora recortada por la crisis, mensajes ininterrumpidos que nos prometen ambiente festivo y felicidad de cartón piedra si compramos cosas y servicios para regocijarnos la inmediatez. Ante un escenario tan consumista, es difícil sustraerse al estar bombardeados por tierra, mar y aire. Pero resulta cada vez más visible la otra realidad del patio de butacas: personas cercanas con muchas cruces y dolores, sin que tengamos que irnos a los nichos de exclusión social a los que Cáritas nos reclama la atención urgente.

La cercanía de las fechas navideñas agrava la soledad existencial que suelen producir muchas personas, aunque no estén con problemas económicos. Crece la brecha entre la superficialidad festiva y la realidad que viven tantas familias: estrechez económica, desamor, desesperanza, soledad y tristeza; mucha tristeza existencial. Como los años no perdonan y las enfermedades tampoco, empeñarse en mostrarnos una Arcadia feliz donde solo se ofrece la eterna lozanía y la alegría del consumismo, resulta ser el perfecto abono para la frustración y el regocijo de los colegiados en psicología y psiquiatría.

Existe otra manera menos simple y frustrante de entender la vida. No se vende tan bien ni es noticia destacada, pero no es un placebo ya que tiene consecuencias positivas reales: se puede resumir llamándola solidaridad con quien la necesita de lo que tenemos de sobra. No suena a fiesta pero es la dulce Navidad. El papa Francisco ha enmarcado este mensaje con la audacia que le caracteriza ante las comunidades indígenas, hace escasas semanas. Proponía tierra, techo y trabajo para todos (las tres tes). No ha sido muy noticiable, no sea que pudiera estropear entre nosotros unas buenas tardes de compras.

No hace falta ser cristiano para vivir la Navidad en clave más humana. En lugar de ser un tiempo materialista de compras y buenos deseos que en la mayoría de los casos no pasan de ser una mera formalidad, podemos probar a convertirla en el calor que vuelve al corazón de las personas, a la generosidad de compartirla con otros y la esperanza de seguir adelante. Como todavía faltan algunas fechas, tenemos tiempo para entrenarnos un poco. A lo mejor merece la pena y las compras navideñas reducidas en favor de una mayor solidaridad, incluso nos saben a gloria. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Autor: remamaradentro

remando mar adentro

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